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12 de Junio de 2001

SEMANA 10 DEL TIEMPO ORDINARIO - Año impar

Color Verde
San Juan de Sahagún

Primera lectura 2 Cor. 1, 18-22:
Dios sabe que nuestro modo de proceder con ustedes no es sí y no, al igual que el Hijo de Dios, Cristo Jesús, el que tanto yo como Silvano y Timoteo predicamos, no fue sí y no; en él no hubo más que un sí. En él todas las promesas de Dios han llegado a ser un sí, y por eso precisamente decimos «Amén» en su nombre cuando damos gracias a Dios. Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu.

Salmo Sal. 118, 129-135:
 Dichosos los que sin yerro andan el camino
 y caminan según la Ley del Señor.
  Dichosos los que observan sus testimonios
 y lo buscan de todo corazón,
  que sin cometer injusticia
 caminan por sus sendas.
  Tú eres quien promulgó tus ordenanzas
 para que las observen totalmente.
  Ojalá sea firme mi conducta
 en cumplir con tus preceptos.
  Entonces no tendré vergüenza alguna
 en respetar todos tus mandamientos.
  Te daré gracias con rectitud de corazón
 cuando vaya aprendiendo tus juicios justos.

  Tus preceptos, yo los quiero guardar,
 no me abandones, pues, completamente.
  ¿Cómo un joven purifica su camino?
 Basta con que observe tus palabras.
  ¡Con todo mi corazón te he buscado,
 no me desvíes de tus mandamientos!
  En mi corazón escondí tu palabra
 para no pecar contra ti.
  ¡Bendito seas, Señor,
 enséñame tus preceptos!
  Con mis labios he enumerado
 todos los juicios de tu boca.
  Me he complacido en seguir tus testimonios
 más que en tener toda una fortuna.
  Quiero meditar en tus ordenanzas
 y tener ante mis ojos tus senderos.
  En tus preceptos me deleitaré,
 jamás me olvidaré de tus palabras.

  Sé bueno con tu servidor y viviré,
 pues yo quisiera guardar tu palabra.
  Abre mis ojos para que yo vea
 las maravillas de tu Ley.
  En la tierra soy sólo un pasajero,
 no me ocultes pues tus mandamientos.
  Mi alma se consume deseando
 tus juicios en todo tiempo.
  Tú amenazas a los arrogantes malditos,
 que desertan de tus mandamientos.
  Ahórrame el desprecio y la vergüenza
 pues tus testimonios he guardado.
  Aunque príncipes sesionen en mi contra,
 tu servidor meditará en tus maravillas.
  Tus testimonios son también mis delicias,
 tus preceptos son mis consejeros.

  Mi alma está adherida al polvo,
 vivifícame conforme a tu palabra.
  Te expuse mis proyectos y me respondiste:
 enséñame tus preceptos.
  Haz que tome el camino de tus ordenanzas
 para que medite en tus maravillas.
  Mi alma está deprimida de pesar,
 levántame de acuerdo a tu palabra.
  Aleja de mí el camino engañador,
 y dame la gracia de tu Ley.
  He elegido el camino de la verdad,
 y tus juicios he deseado.
  Me he apegado, Señor, a tus testimonios,
 que no me decepcione.
  Corro por el camino de tus mandamientos,
 ahí me ensanchas el corazón.

  Señor, enséñame el camino de tus preceptos,
 que los quiero seguir hasta el final.
  Dame la inteligencia para guardar tu Ley,
 y que la observe de todo corazón.
  Guíame por la senda de tus mandamientos,
 pues en ésa me complazco.
  Inclina mi corazón hacia tus testimonios
 y no hacia la ganancia.
  Guarda mis ojos de mirar cosas vanas,
 me darás vida en tus caminos.
  Cumple con tu siervo tu promesa
 dirigida a aquellos que te temen.
  Aparta de mí el desprecio que temo
 pues tus juicios son para mi bien.
  Mira cómo deseo tus ordenanzas,
 tú que eres justo, vivifícame.

  Que venga a mí, Señor, tu gracia
 y tu salvación, conforme a tu palabra.
  Entonces responderé a los que se burlan,
 que puedo confiar en tus palabras.
  Que no se me olvide la palabra de verdad,
 pues espero en tus juicios..
  Quiero observar tu Ley constantemente,
 por siempre jamás.
  Estaré a mis anchas en todos mis caminos,
 pues tus ordenanzas he buscado.
  Ante reyes hablaré de tus testimonios
 y no tendré vergüenza.
  Me he deleitado en tus mandamientos
 a los que amaba mucho.
  Alzaré mis manos hacia ti
 y meditaré en tus preceptos.

  Recuerda tu palabra a tu servidor,
 ella ha mantenido mi esperanza.
  Este es mi consuelo en mi miseria
 que tu palabra me vivificará.
  Los soberbios se burlaban mucho de mí,
 pero no me he movido de tu Ley.
  Me acuerdo de tus juicios de otros tiempos
 y eso, Señor, me da aliento.
  Al ver a los impíos me da rabia:
 ¿por qué abandonan tu Ley?
  Tus preceptos son salmodias para mí
 en la casa donde me reciben.
  Por la noche me acuerdo de tu nombre,
 oh Señor, y observo tu Ley.
  Por lo menos esto me quedará,
 haber guardado tus ordenanzas.

  Lo que escojo, Señor, yo lo he dicho,
 es observar tus palabras.
  Con todo mi corazón he procurado
 que tu rostro se enternezca,
 ten piedad de mí según tu palabra.
  He reflexionado en mis caminos,
 a tus testimonios readecuaré mis pasos.
  Me he apresurado, no me he retardado
 en obedecer tus mandamientos.
  Las pecadores intentaron seducirme,
 pero no me olvidado de tu Ley.
  A medianoche me levanto, te doy gracias
 por tus justos juicios.
  Me he aliado con todos los que te temen
 y que observan tus ordenanzas.
  De tu bondad, Señor, está llena la tierra,
 enséñame tus preceptos.

  Has sido bueno con tu servidor,
 Señor, de acuerdo a tu palabra.
  Enséñame el buen sentido y el saber
 pues tengo fe en tus mandamientos.
  Antes de ser humillado me había alejado
 pero ahora yo observo tu palabra.,
  Tú que eres bueno y bienhechor,
 enséñame tus preceptos.
  Los soberbios me recubren de mentira,
 mas, con todo el corazón, guardo tus ordenanzas.
  Su corazón está obstruido como de grasa,
 pero para mí tu Ley es mi delicia.
  Fue bueno para mí que me humillaras
 para que así aprendiera tus preceptos.
  La ley de tu boca vale más para mí
 que millones de oro y plata.

  Tus manos me han hecho y organizado,
 dame la inteligencia para aprender tus mandatos.
  Se alegrarán los que te temen
 al ver que he esperado en tu palabra.
  Sé, Señor, que tus juicios son justos
 y que con razón me has afligido.
  Que tu gracia me asista y me consuele,
 conforme a tu palabra dada a tu siervo.
  Que venga a mí tu ternura y me dé vida,
 porque mis delicias  son tu Ley.
  Confunde a los soberbios que me calumnian,
 mientras yo medito en tus ordenanzas.
  Que se vuelvan a mí los que te temen
 y que saben de tus testimonios.
  Que cumpla mi corazón sin falla tus preceptos
 para que no quede avergonzado.

  Mi alma se desgastó anhelando tu salvación,
 espero en tu palabra.
  Mis ojos se cansaron por tu palabra,
 ¿cuándo vendrás a confortarme?
  Aunque parezco un cuero ahumado,
 no he olvidado tus preceptos.
  ¿Qual será la suerte de tu servidor?
 ¿cuándo harás justicia con mis perseguidores?
  Los soberbios me han cavado trampas,
 lo que estaba en contra de tu Ley.
  Todos tus mandamientos son verdad:
 me persiguen sin razón, ¡ayúdame!
  Por poco no me dejaban en el suelo,
 pero yo no abandoné tus ordenanzas.
  Por tu bondad dame vida,
 para que observe el testimonio de tu boca.

  Tu palabra, Señor, es para siempre,
 inmutable en los cielos.
  De generación en generación tu verdad;
 igual que la tierra que tú fundaste
  y que se mantiene por tu decisión,
 pues el universo es tu servidor.
  Si en tu Ley no hubiera puesto mis delicias
 habría perecido en mi miseria.
  Jamás olvidaré tus ordenanzas
 pues por ellas me haces revivir.
  Tuyo soy, sálvame,
 ya que he buscado tus ordenanzas.
  Los malvados me espían para perderme,
 pero estoy atento a tus testimonios.
  He visto el fin de todo lo perfecto,
 ¡cuánto más amplio es tu mandamiento!

  ¡Cuánto amo tu Ley!
 En ella medito todo el día.
  Me haces más sabio que mis enemigos
 por tu mandamiento que es siempre mío.
  Soy más agudo que todos mis maestros,
 merced a tus testimonios que medito.
  Superé a los ancianos en saber
 pues guardo tus ordenanzas.
  Aparté mis pasos de todo mal camino,
 pues quería ser fiel a tu palabra.
  De tus juicios no me he apartado,
 pues tú me los enseñas.
  ¡A mi paladar son dulces tus palabras,
 más que la miel para mi boca!
  Tus ordenanzas me han dado la inteligencia,
 por eso odio cualquier ruta mentirosa.

  Para mis pasos tu palabra es una lámpara,
 una luz en mi sendero.
  He hecho un juramento y lo mantendré
 de guardar tus justos juicios.
  He sido hasta el colmo afligido
 vivifícame, Señor, según tu palabra.
  Acepta, Señor, la ofrenda de mi boca,
 y enséñame tus juicios.
  Expongo mi vida a cada instante,
 pero jamás me olvido de tu ley.
  Los malvados me han tendido una celada
 pero no me alejé de tus ordenanzas.
  Tus testimonios han sido siempre mi herencia,
 son la alegría de mi corazón.
  Incliné mi corazón a cumplir tus preceptos,
 siempre y totalmente.

  Odio los corazones repartidos
 y amo tu Ley.
  Tú eres mi refugio y mi escudo,
 he puesto en tu palabra mi esperanza.
  Apártense de mi, agentes del mal,
 para que guarde los mandamientos de mi Dios.
  Sostenme según tu palabra, y viviré
 que no sea en vano mi esperanza.
  Sé mi apoyo y estaré salvado,
 que tus preceptos sean siempre mis delicias.
  Desprecias a los que abandonan tus preceptos,
 sus proyectos no son más que mentira.
  Los malos del país son para ti la escoria,
 por eso yo amo tus testimonios.
  Ante ti mi carne tiembla de miedo,
 tus juicios me llenan de temor.

  He actuado con derecho y con justicia,
 no me entregues a mis opresores.
  Defiende la causa de tu servidor,
 no dejes que me opriman los soberbios.
  Por tu salvación mis ojos languidecen,
 y por tu justa palabra.
  Según tu amor actúa con tu siervo,
 y enséñame tus preceptos.
  Soy tu servidor, dame la inteligencia
 para que conozca tus testimonios.
  Señor, es tiempo de que actúes,
 pues se viola tu Ley,
  al verlo amo más tus mandamientos,
 los aprecio más que el oro fino.
  Me regulo por todos tus preceptos
 y odio cualquier camino de mentira.

  Maravillosos son tus testimonios
 por eso mi alma los guarda.
  Exponer tus palabras es dar luz
 y abrir la inteligencia de los sencillos.
  Abro una boca grande para aspirar
 pues estoy ávido de tus mandamientos.
  Vuélvete a mí y ten de mí piedad,
 como los que aman tu nombre lo merecen.
  Afirma con tu palabra mis pasos,
 no dejes que me domine algún mal.
  Líbrame de la opresión del hombre,
 para que pueda observar tus ordenanzas.
  Haz brillar tu faz sobre tu siervo
 y enséñame tus preceptos.
  De mis ojos han brotado ríos de lágrimas
 al ver que no se observa tu Ley.

  Tú eres justo, Señor,
 y rectos son tus juicios.
  Has dictado tus testimonios con justicia,
 y con toda verdad.
  Me consumo de indignación
 pues mis adversarios olvidan tus palabras.
  Tu palabra está totalmente comprobada
 por eso tu servidor la ama.
  Aunque soy poca cosa y despreciable,
 no me olvido de tus ordenanzas.
  Tu justicia es justicia eternamente
 y tu Ley es verdad.
  Si me asaltan la angustia y la ansiedad,
 tus mandamientos aún son mis delicias.
  Tus testimonios son justicia eterna,
 dame la inteligencia y viviré.

  Te invoco, Señor, con todo el corazón,
 respóndeme, pues quiero observar tus preceptos.
  Yo a ti clamo, sálvame,
 pues quiero guardar tus testimonios.
  Me adelanto a la aurora para clamarte,
 espero en tus palabras.
  Mis ojos se adelantaron a las horas
 y volví a meditar en tu palabra.
  Por tu amor, Señor, oye mi voz,
 hazme vivir según tus juicios.
  Mis perseguidores se adhieren al crimen,
 pero se alejan de tu Ley.
  Tú estás cerca, Señor,
 y todos tus mandamientos son verdad.
  Lo que hace tiempo sé de tus testimonios
 es que los fundaste para siempre.

  Mira mi miseria y líbrame,
 pues no me he olvidado de tu Ley.
  Defiende mi causa y líbrame,
 que me vivifique tu palabra.
  La salvación está lejos de los impíos,
 pues no se interesan en tus preceptos.
  Frecuentes son, Señor, tus misericordias,
 hazme vivir según tus juicios.
  Mis perseguidores y mis enemigos son sin cuento,
 pero no me aparté de tus testimonios.
  Vi a los traidores y me dieron asco,
 pues no respetan tu palabra.
  Mira cuánto amo tus ordenanzas,
 Señor, hazme vivir según tu gracia.
  El principio de tu palabra es la verdad,
 tus juicios son justos para siempre.

  Si bien los príncipes me perseguían sin razón,
 mi corazón temía más a tus palabras.
  Tu palabra me llena de gozo
 como quien encuentra un gran tesoro.
  Detesto la mentira, la aborrezco,
 pero eso sí que amo tu Ley.
  Siete veces al día yo te alabo
 por tus juicios que son justos.
  Una paz grande para los que aman tu Ley,
 nada podrá hacerlos tropezar.
  Espero, Señor, tu salvación,
 y pongo en práctica tus mandamientos.
  Mi alma toma en cuenta tus testimonios,
 los amo totalmente.
  Observo tus ordenanzas, tus testimonios,
 a tu vista están todos mis caminos.

  ¡Que mi grito se acerque a tu faz, Señor,
 según tu palabra, dame la inteligencia!
  ¡Que mi súplica llegue hasta tu presencia,
 líbrame de acuerdo a tu palabra!
  ¡Que mis labios publiquen tu alabanza,
 pues tú me enseñas tus preceptos!
  ¡Que mi lengua celebre tu palabra,
 pues son justos todos tus mandamientos!
  ¡Que tu mano venga a socorrerme,
 pues yo elegí tus ordenanzas!
  He ansiado, Señor, tu salvación,
 y tu Ley ha sido mi delicia.
  ¡Que mi alma viva para alabarte,
 y tus juicios vendrán en mi ayuda!
  Iba errante como oveja perdida,
 ven a buscar a tu servidor,
 pues bien sabes que no olvidé tus mandamientos.


Evangelio Mt. 5, 13-16:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal deja de ser sal, ¿cómo
podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera
y es pisoteada por la gente.
Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.

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