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Homilía de Mons. Raúl Rossi Nuestra acción de gracias (70 años de la ACA)Estamos celebrando 70 años como institución de Iglesia. Estamos de fiesta, porque celebrar la vida, siempre es una fiesta. Por eso, brota de nuestro corazón agradecido, una sola palabra ¡Gracias! Gracias a Dios, por todo lo vivido en estos 70 años Gracias, porque suscitó en la Iglesia a la Acción Católica, para ayudarlo en la instauración de su Reino entre los hombres. Gracias, por el llamado y la confianza que nos tuvo a cada uno de nosotros y por el regalo de invitarnos a trabajar junto a El. Gracias, por la entrega generosa de tantos laicos y asesores; gracias, por el testimonio de tantos santos anónimos, que entregaron su vida al servicio de la Iglesia, de la Acción Católica y de los hermanos. Gracias Señor, porque hiciste fecundas tantas vidas; y gracias, por el bien, no siempre conocido o valorado, que hiciste a través de ellos. Gracias Señor, por tu ternura, tu misericordia y tu perdón. Perdón por tantas veces, en que alguno de nosotros cedió a la tentación de sentirse los mejores; buscó sus propios proyectos; dio mal testimonio o fue incoherente; y por los hermanos que creyeron más en la fuerza de las armas o de la violencia, que en la fuerza y la eficacia de tu amor. Perdón, Señor, por el encierro de algunos; la tristeza y la resignación de otros ante el mal; perdón por la ceguera de no ver donde nos necesitabas o por pasar indiferente a tu lado y al lado del hermano. Perdón por las pequeñeces personales o de entrecasa, que a veces nos separan; por la pobreza en nuestra formación y por contentarnos con ser buenos, solamente buenos y gracias por volver a llamarnos, por medio de Juan Pablo II, a comenzar el nuevo milenio, teniendo como perspectiva de nuestra vida, lo que nunca debió dejar de serlo: la santidad . Nuestra
respuesta Pero
bien sabemos que el agradecimiento verdaderamente no es solo decir gracias, sino
asumir los compromisos que nos lleven a responder con amor a tanto amor; a
responder a la fidelidad de Dios, a pesar de nuestros errores y debilidades, con
una renovada y gozosa fidelidad. Sí, como decía el querido e inolvidable Padre
que fue el Cardenal Pironio: el Señor nos llama, el mundo nos necesita, la
Iglesia nos envía, el Espíritu Santo nos ilumina y fortalece; sólo se nos
pide, que seamos gozosamente fieles, como María. Se
necesitan corazones magnánimos. Nuestros
Obispos nos pedían hace poco, un corazón magnánimo, es decir, un corazón
grande, un corazón que sueñe y se juegue por sus sueños, que deben ser los de
Dios; un corazón capaz de sacrificios, cuando las cosas valen la pena. Y Cristo
vale la pena, su Reino vale la pena, los hermanos valen la pena, los que sufren
valen la pena. El magnánimo se lanza a emprender con valor lo que se le pide,
aunque sea difícil, porque no confía en él, sino en el Dios que se lo pide. El momento que nos toca vivir Llegamos
a este 70 aniversario, viviendo en una sociedad y en una Patria en crisis;
crisis que implica desafío y oportunidad de cambiar y empezar de nuevo. Por
eso, podemos hacer nuestra la pregunta del Episcopado Argentino de si no llegó
el momento de poner grandes gestos que fortalezcan la identidad de nuestro
pueblo y llevar a un crecimiento sostenido y solidario, privilegiando a los más
necesitados. Lo que hoy se necesita La
Iglesia y la Patria necesitan hoy que la Acción Católica forme laicos, que
profundicen y radicalicen su vocación laical, que sin duda, lleva consigo la
colaboración con los Obispos y Párrocos, pero sobre todo, que implica una
apertura apostólica y solidaria en el mundo, en los ambientes y actividades en
que les toca actuar. Se
necesita que afrontemos con grandeza la situación actual, acordando entre
todos, que la deuda social, que no admite postergación, debe ser prioridad
fundamental para todos, por muy chicos o mayores que seamos. Nos
sentimos convocados, o somos de los que estamos cansados, desesperanzados,
descreídos, encerrados como los Apóstoles después de la muerte de Jesús, y
resignados como ellos a que el Maestro y Señor, en quien tantas esperanzas habían
puesto, ahora estaba muerto, había fracasado?. Tenemos
ojos de fe, para descubrir la vida de Dios, en medio de tantos signos de muerte
que nos rodean o como Tomás, necesitamos meter nuestros dedos en las llagas del
Señor para pode creer? Si
lo necesitamos, metámoslos, porque las llagas están, y están a nuestra vista,
en tantos hermanos que sufren porque no tienen trabajo, o temen perderlo; porque
no tienen futuro ni esperanza; porque han bajado los brazos; llagas que
encontramos en tantos que sufren en el cuerpo o en el alma, los enfermos, los
solos, los que han caído en la droga o el alcohol; los que viven asustados por
la violencia instalada en nuestras calles; los que sufren las injusticias, los
excluidos, los marginados, los que ven el derroche y el despilfarro de algunos,
mientras ellos no tienen lo necesario para sí y para los suyos. Ante
esa realidad, necesitamos ojos de fe y dirigentes con una formación eficaz y
actualizada, que formen personalidades apostólicas comprometidas. Necesitamos
recuperar una mística y propuestas atractivas y entusiasmantes; necesitamos
proyectos nuevos, no sólo los de siempre, no sólo los que sirven para
mantenernos, sino proyectos atrayentes, que broten de la creatividad del amor y
den respuestas a los reales problemas de los hermanos. Nuestra
propuesta para este año La
propuesta para este cumpleaños de la Acción Católica, es que éste sea para
nosotros, un tiempo de solidaridad y servicio. Les
rogamos que la idea fuerza que les presentamos, no sea sólo una idea teórica,
sino que nos atrape, nos mueva, y dé sentido a todos nuestro trabajo. Solidaridad
y servicio, que no deben ser sólo obra nuestra, sino que debemos incorporar a
nuestra propuestas a toda persona de buena voluntad que desee hacer su aporte,
porque crear comunidad, aun con los no practicantes, también es tarea nuestra. Debemos
ser creativos y dar participación, mirar con realismo lo que nos rodea y ver
que servicio podemos prestar. Hay
800 parroquias y capillas con Acción Católica, debemos regalar a nuestros
barrios y regalarnos a nosotros, no menos de 800 servicios concretos y
duraderos, no meras luces de bengala o cosas hechas solamente para cumplir. Y
no olvidemos que el mayor de los servicios que podemos prestar, es la
evangelización, porque la falta de Dios y por lo tanto la falta de fe, de
esperanza y de amor, es la mayor de las pobrezas, porque sin ellas, no tendrá
sentido pleno ni la vida ni la muerte, ni la alegría ni el dolor, la
enfermedad, el trabajo, la familia, la diversión ni la amistad. Deberá
brotar de nuestra relación en Dios Pero
todo lo que hagamos aunque haga mucha falta, no deberemos hacerlo sólo por
hacerlo o por mera compasión humana. Deberá brotar desde adentro, de un
encuentro profundo, constante, vivo y tierno con el Señor Resucitado, para que
después El nos lleve a su encuentro en los hermanos. Será
necesario arder de amor al Señor, a la Virgen y a la Iglesia. Deberemos ser
contemplativos en el mundo; llenos de la vida que nos dan los sacramentos;
iluminados por la palabra y el magisterio de la Iglesia. En
comunión Eclesial Y
todo eso, con una profunda vivencia de comunión eclesial, como nos pide Juan
Pablo II; con dirigentes con visión de la totalidad de las diócesis o de la
parroquia, porque eso es lo que debe distinguir a un dirigente de Acción católica;
dirigentes que se jueguen por llevar adelante la Pastoral Orgánica y que ayuden
a las otra instituciones y
movimientos a que participen y se integren en el proyecto evangelizador y
solidario de la diócesis o de la parroquia. Actitudes
que nunca podrán faltar En
este día, juntos queremos asumir el compromiso de ser hombres y mujeres de una
profunda y viva relación con Dios; de una sincera vivencia de comunión
eclesial; evangelizadores y solidarios y nos comprometemos a intentar que estas
actitudes se hagan carne en cada uno de nosotros, pero especialmente en nuestros
aspirantes y jóvenes, que nos aseguren una Acción Católica renovada y vital
en los próximos años. Si
callamos, gritarán las piedras. Por
eso, terminemos diciendo a Jesús: nosotros hemos creído en vos, Cristo Jesús
y te hemos elegido y hoy, al cumplir los primeros 70 años y al comienzo de un
nuevo milenio, queremos decirte y queremos gritarle al mundo con nuestras vidas,
la propuesta que un domingo de Ramos no hiciera Pablo VI cuando nos dijo: A
Uds., les toca hacer que se reconozca a su alrededor en nuestro mundo, al
verdadero Cristo’. Esto implica ‘ el paso de un cristianismo de rutina y
pasivo a un cristianismo consciente y activo. El paso de un cristianismo tímido
a un cristianismo audaz y militante. El paso de un cristianismo individual y
disgregado a un cristianismo comunitario y asociado. El
paso de un cristianismo indiferente insensible a un cristianismo fraterno y
comprometido a favor de los más débiles, de los más necesitados’ Y
Pablo VI termina diciendo: ‘¡
Ánimo, esta es la tarea de Uds.!’ Y
Jesús agregaría: Y si ustedes se callan, gritarán las piedras.(Lc. 19-40) |