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I. PREPARACION (Te ayudará a
tener una actitud corporal y espiritual):
Por la Señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor Dios
Nuestro+ Amén.
Pónte en presencia de Dios : "Señor mío y Dios mío, creo firmemente que
estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido
perdón de mis pecados y Gracia para hacer con fruto este rato de oración.
Madre mía Inmaculada, San José mi padre y señor, ángel de mi guarda
interceded por mí".
II. DIALOGANDO CON EL SEÑOR:
Realiza una oración personal... con tus propias palabras...que salgan de
tu corazón. Puedes dar pie al diálogo con el Señor apoyándote en las
siguientes reflexiones del Santo Padre Juan Pablo II:
Nuestro corazón busca la felicidad y quiere experimentarla en un contexto de
amor verdadero. Pues bien; el cristiano sabe que la satisfacción auténtica de
esta aspiración sólo se puede encontrar en Dios, a cuya imagen el hombre fue
creado. «Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que
descanse en Ti.»
Cuando Agustín, de vuelta de una tortuosa e inútil búsqueda de la felicidad
en toda clase de placer y de vanidad, escribía en la primera página de sus
Confesiones estas famosas palabras, no hacía sino dar expresión a la exigencia
esencial que surge de lo más profundo de nuestro ser.
/// Reflexiona el párrafo anterior y dialoga con el Señor ///
El mundo donde vivimos está sacudido por diferentes crisis, entre ellas, una de
las más peligrosas es la pérdida del sentido de la vida. Muchos de nuestros
contemporáneos han perdido el verdadero sentido de la vida y lo buscan en sucedáneos,
como el desenfrenado consumismo, la droga, el alcohol o el erotismo.
Buscan la felicidad, pero el resultado es siempre una profunda tristeza, un
vacío del corazón y muchas veces la desesperación. ¿Cómo vivir la propia
vida para no perderla? ¿Sobre qué fundamento edificar el propio proyecto de
existencia? Jesucristo se nos presenta como la respuesta de Dios a nuestra búsqueda,
a nuestras angustias. Él dice: «Yo soy el pan de la vida, capaz de saciar toda
hambre; Yo soy la luz del mundo, capaz de orientar el camino de todo hombre; Yo
soy la resurrección y la vida, capaz de abrir la esperanza del hombre a la
eternidad.» Ciertamente no es fácil seguir a Cristo, no es fácil arriesgar
por Él toda la propia vida, pero precisamente en esta capacidad de riesgo
reside la nobleza y la grandeza del hombre. No nos arriesgamos en el vacío,
sobre la nada; nos arriesgamos en Jesucristo y en su Evangelio; nos arriesgamos
en el amor desinteresado a los hermanos.
/// Reflexiona el párrafo anterior y dialoga con el Señor ///
La consecución de la felicidad exige, por tanto, también una rigurosa ascética
personal que se proponga poner orden en el ser humano. Es una trágica mentira
enseñar al hombre que la felicidad pueda, o incluso deba, alcanzarse mediante
el abandono a las inclinaciones del instinto, sin ninguna renuncia, puesto que
es un trágico error confundir la felicidad con el placer o con la utilidad. ¿No
está este trágico error en la base de tanta desesperación, de tanto
aburrimiento, de la vida que demasiado a menudo podemos constatar sobre todo en
los espíritus juveniles?
Decidles que la fe y la felicidad no se excluyen mutuamente, sino que son
distintos nombres dados a una misma meta. Pues la fe se le revela al hombre para
su felicidad! Y una felicidad que se busca lejos de la palabra evangélica no
será capaz de mantener sus promesas.
Decidles que la fe está al servicio de la vida, a la que da un sentido en sus
diversas expresiones de amor, dolor, trabajo, estudio, compromiso familiar y
social, búsqueda de la paz y de la solidaridad entre los pueblos.
/// Reflexiona el párrafo anterior y dialoga con el Señor ///
III. ALIMENTANDO AL ESPIRITU:
Jesucristo:
Venid a Mí todos los que tenéis, trabajos y estáis cargados, y yo os aliviaré,
dice el Señor. El pan que yo os daré, es mi carne, por la vida del mundo.
Tomad y comed: este es mi cuerpo; que será entregado por vosotros. Haced esto
en memoria de Mí. El que come mi carne y bebe mi sangre, está en Mí, y yo en
él.
Las palabras que os he dicho, espíritu y vida son.
Imitación a Cristo. Tomas de Kempis
IV. DESPEDIDA
Concluye este momento de oración diciendo:
"Te doy gracias Dios Mío por los buenos propósitos, afectos e
inspiraciones que me has proporcionado en este rato de oración. Te pido ayuda
para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José mi padre y señor, ángel
de mi guarda interceded por mí. Santa María esperanza nuestra, asiento de la
sabiduría, ruega por nosotros."
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