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V (sept 2003)
Deber� ser de tarde. En las primeras horas de la siesta. Para que la luz nos tajee a trav�s de la persiana, para que el sol te azogue el cuerpo. Deber� ser en verano, para que la piel nos lubrique el abrazo, para sumarle al aliento final una frescura. Voy a tratar de hacerlo lento, para inquietarte en cada tacto, para estremecerte sobre el lino. Sin matices al silencio, sin m�s decibeles que los menos, para moverme en los respiros, para escuchar los golpes h�medos. Deber� ocupar el tiempo que decida cada dicha, cada beso. Que no sobre ni que falte, incluyendo hasta el final cada paso de tu huida. Si es breve ser� gloria, si es eterno ser� zenit. Deber� ser como una vislumbre, como un trueno. Tierno como un nacimiento, intenso como una fuga. Ser� un inventario de nuevos escalofr�os y calambres, de caricias viejas y novedosas, de instant�neas de tu cuerpo nunca vistas. Ser� un crisol de la carne, rojos, p�lidos, blancos �ntimos. Enredada entre tus piernas, tus lazos interminables, deber� morir urgente. Sin m�s espasmos que los de tus ganas, sin m�s fronteras que desbordar. En el fin de la jornada, cuando ya no est�s conmigo, deber� aferrarme a las s�banas aspirando el perfume de tu sexo hasta que se desvanezca. |
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