IV                        (dec 2003)

El amor es un atajo. Un atajo para justificar la locura. La reclusi�n perpetua y la combusti�n espont�nea. El vicio de las l�grimas y la necesidad de la piel. A pesar de los suced�neos y la mentira suicida, la mayor�a de las veces el atajo tiene �xito, o al menos evita la muerte u otra locura.
Yo solamente quer�a tu voz para masacrar la nostalgia. Como los charcos que deja la marea entre la arena caliente. Quer�a tu mano como un ancla para no hundirme en el colch�n. Es que a veces, en las noches sin sue�o, las s�banas me tragan y me mastican con muelas filosas. Las paredes se cierran entre ellas y me enjaulan el alma, y sola no puedo empujarlas. Salgo corriendo al patio, y all� me quedo, transpirando soledad, sin conocerme.
Yo solamente quer�a una tregua a los lunes temprano, a las cenas fugaces, a los mon�logos. Quer�a un enojo, un celo, una espalda. Un aroma a comida, otra ropa tirada, un regreso con certezas. Mi amor es un atajo. Pero jam�s me lleva donde quiero. Da vueltas por una ruta, se�alizada con tus caras y a veces con tus desplantes. Me marea en c�rculos varios tramos y arremete con fuerza contra las fauces oscuras y heladas de un t�nel. Me aterro, me espanto, hasta que en el fondo redondo y auspicioso veo la luz de la salida que termina, como no puede ser de otra manera, en tu nombre.
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