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I (nov 2003)
Aunque no haya podido jam�s retener ni un color, ni un detalle, ni una curva. Aunque tu cara se extrav�e entre las dem�s. Si el esfuerzo fuera tedioso y aun as�, no pueda enhebrar tu recuerdo. De cualquier sonido, cualquier voz, cualquier desfile de palabras nunca tuyas; se va a regenerar tu voz en mis o�dos en un delirio perpetuo. Van a mecerme tus palabras con tu voz cadente y serena. Y de tu voz, alrededor del aliento de tu voz se ir� formando tu boca. Labio por labio, marca por marca. Pero no van a venir tus besos sino hasta que de tu boca nazcan hacia los costados los bordes rosados de tu cara. Los hoyuelos, la nariz perfectamente aguda. A esta altura, irremediablemente ya existir�n tus manos, existir�n para pegar con sus caricias las pesta�as y las cejas negras sobre tus ojos peque�os y tristes. Con esos dedos vas a recorrer tu pelo, d�ndole existencia, hasta tu cadera. Y as�, piernas torpes, pies delicados, brazos y gestos; vendr�s de m�, hacia m�, de la nada, de mi delirio, con la imagen de tu imagen. Y por fin van a llegar los besos, que nunca llegaron antes pero siempre los agrego. Y aunque a esa imagen no la reciba y la resista. Y la acribille con el odio, el odio que vive en la obsesi�n, el odio que nace del abandono, del rechazo. Y la esconda en la �ltima puerta del pasillo del olvido, aun as�...de cualquier sonido extra�o, de tu propia voz, van a volver tu boca, tu cuerpo, tu piel, la imagen de tu imagen y los besos. |
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