LA GUERRA

La muerte del enemigo no es el objetivo de la guerra. No asocie el resultado de las acciones con el número de combatientes caídos.

Si el enemigo huye, no le de alcance a bala.

Tienda a destruir su posición bélica, no necesariamente su vida.

No descalifique verbalmente, términos como el de bandido o similares no aportan nada a la acción contra el enemigo, que es solamente eso: el enemigo.

No remate al que queda herido. Ceda a la compasión: llévelo en andas.

No entone consignas de muerte, ni se deje llevar a ello durante los ejercicios de tropa.

No practique la venganza con el prisionero.

Piense que la tortura es canalla, pues parte del conocimiento sensible que se tiene del propio cuerpo. Evítela y denúnciela, así se trate de un superior que la ponga en práctica.

No obedezca órdenes inhumanas.

Procúrele al detenido la comida, la habitación y la satisfacción de necesidades básicas. Es un ser humano.

Piense que usted puede ser el prisionero y hallarse en situación de pedir clemencia ante los excesos de quien lo ha vencido.

Respete al desarmado. Es fundamentalmente para su seguridad y sólo eventualmente para su sometimiento. Por lo que a usted se le autoriza a tener un arma en la mano.

No exhiba el cadáver de su enemigo como un trofeo, al lado de pertrechos de guerra.

De paso a los servicios religiosos y a lo que conduzca a la identificación del muerto.

No niegue el acceso a los familiares. Respete su dolor y no les haga seguimientos de guerra.

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