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UNA HORA DE TIEMPO Un día cualquiera de la semana un padre descansaba
de su jornada laboral; mientras leía el periódico, observaba las
noticias por el telenoticiero. Su pequeño hijo de escasos 5 años se le
acercó y comenzaron el siguiente diálogo: --Papá, cuánto ganas por hora? El padre dirigió un gesto muy severo al niño y
repuso: --No me molestes, que estoy cansado. --Pero papá! , insistía, dime, por favor, cuánto
ganas por hora. La reacción del
padre fue menos severa.
Solo contestó: --Ochocientos pesos por hora --Papá, me podrías prestar cuatrocientos pesos? El padre montó en cólera y le dijo: --Vete a dormir y no me molestes. Había caído la noche. El padre había meditado lo
sucedido y se sentía culpable, y queriendo descargar su conciencia
dolida, se asomó al cuarto de su hijo. En voz baja preguntó al pequeño: --Duermes hijo mío? --Dime papá, contestó entre sueños. --Aquí tienes el dinero que me pediste, respondió
el padre. El pequeño le dio las gracias y metiendo su manita
bajo la almohada sacó unos billetes. --Ahora ya completé el dinero; tengo ochocientos
pesos. . |