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Una fría mañana de invierno, un soldado
norteamericano acantonado en Londres durante la segunda guerra mundial
se dirigía al cuartel en su vehículo, después de terminar una
fatigante guardia nocturna. Al girar en una esquina observó a un niño
abandonado que pegaba su carita al vidrio de una panadería en cuyo
interior se horneaba un apetitoso pan. El soldado frenó su vehículo,
tomó al niño, lo llevó dentro, lo alimentó y luego le obsequió una
bolsa de humeante pan. . |