LAS PROVINCIAS DE SANTA MARTA Y CARTAGENA. 1501 - 1554

Santa Marta, la hermana mayor de las ciudades colombianas, la capital de nuestro actual departamento del Magdalena, la que llena muchas páginas de nuestra historia y cuenta entre sus glorias la magna de haber recibido en su seno los sagrados despojos del Libertador, que guardó por varios años, surgió a la vida un día del año de 1525, a virtud de una capitulación celebrada por el rey de España con el sevillano don Rodrigo Bastidas el 6 de noviembre del año anterior, cuando el gobierno de la Península se dio por fin cuenta de la necesidad de sentar pie firmemente en nuestro territorio.

 

RODRIGO BASTIDAS: Cronológicamente el segundo de los conquistadores del suelo colombiano, como que vino después de Ojeda en 1501, pero por su rectitud y discreción y por el trato suave y humano que dio a los indios, fue sin lugar a duda el primero entre todos.  Recorrió en su primer viaje la costa atlántica, del cabo de la Vela al cabo Tiburón, reconoció de paso las costas de Riohacha, la hermosa bahía de Santa Marta, las bocas de nuestro gran río de la Magdalena, las costas de Cartagena y el golfo de Urabá.  Más adelante, en costas panameñas, se vio en la necesidad de regresar a Santo Domingo para carenar sus navios, pero allí fue apresado por el gobernador Bobadilla, de la Española, despojado de gran parte de los tesoros conseguidos en la expedición y enviado preso a España, en donde no solamente fue absuelto, sino que le fueron devueltas sus riquezas y se le otorgó además una importante pensión vitalicia.

  En febrero de 1525 llegó a la bahía de Santa Marta y procedió a fundar la ciudad, en la cual instaló cincuenta labradores con sus familias.  Conservó siempre la mejor armonía con los indios, sin cambiar nunca su política humanitaria y honorable con ellos, lo que vino a determinar la conjuración del teniente Villafuerte y de Pedro de Porras, que Bastidas dominó, aunque saliendo de ella con graves heridas que lo obligaron a emprender viaje a Santo Domingo, en busca de salud y a consecuencia de las cuales murió en Cuba.  Sus agresores fueron ejecutados en Santo Domingo.

 

RODRIGO ÁLVAREZ PALOMINO Y PEDRO BADILLO: el primero quedó encargado del mando en la ausencia de Bastidas, cuya política benévola con los indios continuó, pero permitió a sus tenientes extralimitarse con las tribus apartadas, habiendo recibido como consecuencia un violento rechazo de la parcialidad de los bondas.

  Entre tanto la audiencia de Santo Domingo había nombrado sucesor de Bastidas a Pedro Badillo, quien con 200 hombres llegó a Santa Marta, pero Álvarez Palomino se negó a reconocerle y entregarle el mando.  Sus respectivas tropas estuvieron a punto de irse a las vías de hecho, cuando la intervención de los capellanes respectivos arreglaron las cosas, mediante un convenio en el cual los dos jefes ejercerían el mando simultáneamente, mientras la corte resolvía la diferencia.

  Unidos así, emprendieron campaña contra Pocigüeica, la capital tairona, pero fueron estruendosamente derrotados; luego abrieron operaciones sobre las costas de la Ramada, de abundante población indígena, en el curso de las cuales Álvarez Palomino pereció ahogado en el paso de un río, quedando como único Badillo, quien ya sin ningún freno, volvió sobre Valledupar, asolando la región; regresó a Santa Marta cargado de oro y execrado por todos.  García de Lerma lo reemplazó, residenció y remitió a España.

 

GARCÍA DE LERMA: Vino en 1529 con el primer obispo de la ciudad, fray Tomás Ortiz, y con una expedición de 400 hombres, entre los cuales venían operarios de diversos oficios con los elementos y útiles correspondientes a sus especialidades.  Traía especiales y terminantes instrucciones de Carlos V, de quien era gentil-hombre, sobre protección de los naturales; pero entendió tan mal su misión, que su mayor empeño consistió en implantar en Tierrafirme  (Tierrafirme fue el nombre que se dio a la zona norteña se Suramérica)  el inicuo régimen de las encomiendas, el cual teóricamente consistía en la distribución entre los conquistadores de las tierras habitadas por los indígenas, para que en cada lugar hubiera una persona consciente, encargada de velar por la prosperidad y bienestar de éstos, pero que en la práctica resultó siempre explotación brutal del trabajo humano del indio en forma arbitraria, previo el reparto por meznadas a sus afortunados dominadores, régimen que se generalizó hasta bien entrados los tiempos de la colonia.  De Lerma se adjudicó a sí mismo la encomienda de Pocigüeica, juzgándola seguramente la más atractiva, y para posesionarse de ella llevó una expedición de la que salió tristemente derrotado, herido y con grandes pérdidas.

  Envió don García otros destacamentos a Valledupar, al Magdalena, por el río Cesar hasta Tamalameque y hasta la desembocadura del Lebrija, y a los ríos Cauca y San Jorge, hasta muy cerca de la rica región del Sinú, sin alcanzar desgraciadamente a ella.  El portugués Jerónimo de Melo pasó por vez primera las peligrosas bocas de Ceniza y exploró el río de la Magdalena en unas 35 leguas, hasta Malambo.

  De carácter débil, De Lerma permitió a sus segundos que arrazaran lastimosamente la comarca de su jurisdicción.  A su muerte, ocurrida en Santa Marta en 1532, le sucedió el doctor Rodrigo Infante, ex-oidor de Santo Domingo, de cuyo gobierno, que duró tres años, apenas quedó memoria por las arbitrariedades y exacciones que en él tuvieron lugar.  Presintiendo el juicio de residencia, Infante abandonó el mando en manos de Antonio Besos y se fugó, seguramente a España.

 

AMBROSIO ALFÍNGER: Durante el mando de García de Lerma, en 1530, como una horda de vándalos, pasó por Valledupar una expedición de españoles y de indios al mando de uno de los más sanguinarios entre los conquistadores, el alemán Ambrosio Alfínger, procedente de Coro  (Venezuela), en donde existía una concesión especial, hecha por Carlos V a una empresa o sindicato de alemanes, los hermanos Antonio y Bartolome Welser.  Explica este hecho insólito la circunstancia de ser este monarca, a la vez, rey de España y emperador de Alemania, y los concesionarios sus banqueros.

  La expedición bajó a sangre y fuego por el río Zazari  (Cesar)  a tierras del cacique de Tamalameque, subió luego por Ocaña a Girón hasta Chinácota, siempre sosteniendo grandes luchas con los nativos, y en este último lugar murió Alfínger a manos de sus propios compañeros, según algunos, o por causas de las heridas recibidas por los indios, según otros autores.  La expedición siguió luchando con los indios del valle del Cúcuta y regresó después a Coro, dirigida por Pedro de San Martín.

 

PEDRO FERNÁNDEZ DE LUGO: Como consecuencia de una capitulación celebrada en enero de 1535, llegó a Santa Marta el adelantado, capitán general y gobernador de la provincia, don Pedro Fernández de Lugo en 1536, al mando de una bien equipada expedición de 1.500 hombres de tropa escogida, acompañado de personalidades como el licenciado don Gonzalo jiménez de Quesada y otros, que después habían de llenar más de una página de nuestra historia.

  La escasez de recursos que pronto se hizo sentir y una violenta epidemia de desinteria, obligaron al Adelantado a organizar expediciones para conseguir aquéllos y para descongestionar la ciudad, siendo su primera campaña sobre los ya muy aguerridos bondas, con muy escasos rendimientos.  La segunda expedición, confiada al hijo del adelantado y su presunto sucesor don Luis Alonso de Lugo, fue a tierras taironas con mejor éxito, pero este ambicioso sujeto, se fugó a España con el botín recogido, dejando a su padre en serias dificultades.  Esta falta quedó impune.

  Por último, encontrándose Fernández de Lugo que las tierras de su jurisdicción estaban exhaustas, resolvió expedicionar a las cabeceras del Magdalena, comisionando para tal empresa al licenciado don Gonzalo Jiménez de Quesada, quien al efecto salió de la ciudad el 6 de abril de 1536.  No pudo saber el adelantado el éxito inmenso de la expedición Quesada, pues murió en Santa Marta en octubre del mismo año.

 

JERÓNIMO DE LEBRÓN: Nombrado gobernador de Santa Marta por la audiencia de Santo Domingo y noticiado de la conquista del reino de los chibchas por Quesada, determinó seguir al interior, en cuanto el licenciado Jiménez hubo salido para España, con ánimo de hacerse al gobierno de esos territorios, a los cuales se creía con derecho como sucesor de Fernández de Lugo, con una expedición bien provista y siguiendo la misma ruta de Quesada, se presentó en Vélez después de una marcha de penalidades semejantes a las sufridas por éste.  Le salió al encuentro Hernán Pérez de Quesada quien, sin reconocerlo, lo llevó a desistir de sus pretensiones, pero Lebrón no por eso hizo un viaje inocuo, pues regresó en 1540 con mucho oro, como producto de la venta de la mercancías y efectos que trajo a la naciente colonia del interior.

 

DIÓCESIS DE SANTA MARTA: Por bula de 1531, el papa Clemente Vll erigió en catedral la iglesia de Santa Marta y fue nombrado su primer obispo fray Tomás Ortiz, quien como ya se vio llegó a su sede con el gobernador García de Lerma.  Este virtuoso religioso, cuya consagración episcopal no alcanzó a recibir, nombró las primeras dignidades de la catedral y los primeros curas de los pueblos.  Impulsó las misiones iniciadas por los dominicanos en 1529 y fue un constante defensor de los indios contra las arbitrariedades de que eran víctimas a cada paso.  Durante la administración de Infante, en vista de que la extorsión de los indios aumentaba, se fue a España para llevar sus quejas a la corte y también para recibir la consagración, lo que desgraciadamente no tuvo lugar, por su muerte ocurrida poco tiempo después.

  Vino luego fray Martín de Calatayud, quien emprendió viaje a Lima para recibir la consagración y de regreso ocupó la sede hasta su muerte, en 1548.  Antes de su consagración estuvo en Santafé con Pedro de Ursúa.

  La diócesis de Santa Marta fue trasladada a Santafé con el carácter de arquidiócesis por bula de Pio lV, de abril de 1563, y con tal motivo el obispo fray Juan de los Barrios, sucesor del señor Calatayud y que ocupaba la sede desde 1552, pasó a Santafé en el citado año de 1563.  En su calidad de obispo de Santa Marta el señor Barrios ya había visitado a Santafé hacia 1553, en donde inició y llevó a cabo medidas importantes, como luego se verá.

 

CARTAGENA DE INDIAS: Esta ciudad, cuyas gestas gloriosas así durante la colonia, como en la independencia y en la república, son motivo del más alto orgullo de los colombianos, la capital del hermoso departamento de Bolívar, por haber hecho allí el gran caudillo las primeras armas de su carrera fulgurante, fue fundada el 20 o el 21 de enero de 1533.

 

PEDRO DE HEREDIA: el 14 de este mes y año, entró en la bahía de Calamary una expedición comandada por el madrileño don Pedro de Heredia, a quien le había sido otorgada por la corte una concesión sobre la zona comprendida entre el río de la Magdalena y el golfo de Urabá.  No obstante los esfuerzos del conquistador para atraer a los naturales, éstos lo recibieron como enemigo, ya que la lección de Ojeda no era para olvidarse, y le presentaron una reñida batalla en Turbaco, en la cual se vieron en grave peligro Heredia y su teniente Francisco César, habiendo recibido este último treinta y dos flechazos en una coraza especial que se había preparado.  Vencidos los indios e incendiado Turbaco, procedió Heredia a la fundación de una ciudad, haciendo la demarcación y reparto de solares en el sitio del caserío de Calamary, llamando a la nueva ciudad Santiago de Calamar en un principio, y Cartagena después, por la ciudad del mismo nombre de España.

  El indio Carex, de la inmediaciones  --Tierra-bomba--  rechazó los llamamientos de paz que le hizo Heredia, y habiendo sido vencido y hecho prisionero, pagó al conquistador 100.000 ducados en oro  (como 70.000 pesetas).  Otro indio, el cacique de Bahaire, aprovechando la lección, compró la paz por 60.000 ducados.  Varias expediciones al Magdalena hasta tierras del cacique de Mompós, a Ayapel, y pirncipalmente a la región del Sinú o Zenú, en los cementerios de los tres Zenúes:  Finzenú, Panzenú y Zenufara, produjeron a Heredia tan pingües rendimientos que, llegado el primer reparto de utilidades, fue enorme la proporción correspondiente a los simples soldados, alcanzando a 6.000 ducados, cantidad no superada antes ni después en ninguna distribución de esta clase en el Nuevo Mundo.

  La fama de tales riquezas impulsó extraordinariamente el desarrollo de la ciudad, cuya rada se vio pronto llena de navíos de diversas procedencias; vinieron familias españolas, se hicieron edificaciones de importancia y el movimiento comercial colocó a Cartagena en primera línea entre las recientes fundaciones de Tierrafirme.

  En las últimas campañas asistió como segundo de Heredia su hermano don Alonso, con cuya llegada pasó Francisco César a una situación de manifiesta inferioridad, de todo punto inmerecida.  Con este Heredia llegó el primer obispo de Cartagena, fray Tomás Toro.

  En 1536, después de una expedición al Atrato sin éxito, fue residenciado Heredia por Juan Badillo, nombrado para el efecto por la audiencia de Santo Domingo, quien lo cargó de cadenas y lo mismo a don Alonso, acusados ambos de defraudadores del fisco real y como esclavizadores de los indios.  En esta ocasión los amparó la hidalguía de Francisco César, cuando olvidando antiguos agravios, tales como la sentencia de muerte que dictara contra él don Pedro en reciente época, les trajo sus lotes de utilidades en una expedición a Antioquia y hasta les ofreció sus propios recursos para su defensa en España.  No duró mucho allí don Pedro, pues pocos años después fue restablecido en su gobierno con todas sus preeminencias.

  En su ausencia. Los malos manejos de Badillo, pronto le hicieron presentir el juicio de residencia, para escapar del cual se apresuró a emprender con 400 hombres la audaz travesía de Cartagena a Cali, por las desconocidas tierras antioqueñas, con ánimo de probar fortuna en el sur; pero tal expedición solamente sirvió para engrosar las fuerzas del Cauca, pues Badillo, abandonado por su gente, se vio en el caso de salir solo por Buenaventura a Panamá, en donde fue apresado por la audiencia de esta ciudad y remitido a España.

  El residenciador de Badillo, licenciado Santa Cruz, en cuanto llegó a Cartagena, destacó en presecucion de aquél a los capitanes Bernal y Graciano, quienes no lograron su objeto a virtud de sus disputas, y sus fuerzas se incorporaron a las de Robledo, conquistador de Antioquia.  El licenciado Santa Cruz comisionó a Alonso de Heredia para  fundar a Santa Cruz de Mompós, hecho que tuvo lugar en 1539 y a poco fue residenciado por el oidor Laserna, de la audiencia de Panamá, quien lo llevó a dicha ciudad, quedando encargado del gobierno el cabildo de Cartagena hasta el regreso de don Pedro de Heredia.

  Nuevamente posesionado de su cargo, don Pedro se vio en la necesidad de reprimir enérgicamente una revuelta que se presentó en la naciente Mompós y siguió luego al Atrato tras del mito de ese otro El Dorado, que resultó para los Heredias y para César el imaginario tesoro del Dabaibe, en busca del cual realizaran tantas expediciones infructuosas.  Vino luego la disputa de jurisdicción por la posesión de Antioquia entre Heredia y Belalcázar, durante la cual la ciudad pasó alternativamente de unas manos a otras, habiendo acontecido a Heredia en el curso de esa lucha el caer en poder de Belalcázar, quien lo remitió a la audiencia de Panamá, en donde fue puesto en libertad, sin decidir sobre cuestión de fondo.

  En el periodo de estas disputas, Cartagena sufrió la primera visita de los piratas, cuando en 1544, mientras se celebraban las bodas de una hija de Heredia con el capitán Mosquera, fue la ciudad atacada sorpresivamente por el corsario francés Roberto Val, días después de haber éste saqueado e incendiado a Santa Marta.  Cartagena fue saqueada igualmente, el tesoro real fue robado y solamente escapó del incendio la ciudad, mediante el pago de $ 2.000 que lograron reunir el gobernador y el obispo.

  Algún tiempo después, estando Heredia en Antioquia, tuvo que regresar a Cartagena, para responder al juicio de residencia que le abrió don Miguel Díaz de Armendáriz, nombrado visitador de las cuatro gobernaciones que existían ya en las partes conquistadas de nuestro territorio, a saber:  Santa Marta, Cartagena, Popayán y Río de San Juan  (Santafé de Bogotá teóricamente pertenecía a Santa Marta).  Del juicio resultó la nueva remisión de Heredia a España, para volver al poco tiempo absuelto y restablecido en su gobierno.

  Durante esta ausencia de Heredia, la audiencia de Santo Domingo remitió a Armendáriz las causas que cursaban contra el capitán Suárez Rendón y contra los dos hermanos del licenciado Jiménez de Quesada; un rayo fulminó desgraciadamente a los últimos, en el cabo de la Vela, dejando herido a Suárez y al obispo de Santa Marta, señor Calatayud, según habremos de verlo.

  Como actos importantes de Armendáriz en la época de su residencia en Cartagena se registran:  el reconocimiento del título de mariscal que trajo de España don Jorge Robledo y el nombramiento que le hizo para el gobierno de Antioquia; la designación de don Pedro de Ursúa para el gobierno de Santafé y finalmente, la comunicación que hizo llegar a las cuatro gobernaciones sobre las llamadas Nuevas Leyes, de que se tratará más adelante.  Al poco tiempo siguió Armendáriz para Santafé y Heredia regresó de España, restablecido por segunda vez en su gobierno de Cartagena.

  En este último periodo de Heredia, dejó éste toda actividad conquistadora.  En 1550 recibió cortésmente a Belalcázar, su antiguo rival, y a la muerte de éste, ocurrida en Cartagena, le dio honrosa sepultura.  En 1551 un incendio destruyó la ciudad comenzándose inmediatamente su reconstrucción con edificios de mayor envergadura.  En 1554 finalmente, llegó don Juan Maldonado para residenciar a Heredia por tercera vez, pero éste no queriendo correr de nuevo tal contigencia, salió disimuladamente para España, en el mismo buque en que iban presos los primeros oidores de Santafé, licenciados Galarza y Góngora, a quienes remitía desde Santafé de Bogotá el gobernador Montaño; por desgracia el buque naufragó en la travesía, perdiéndose Heredia y sus compañeros.

 

DIÓCESIS DE CARTAGENA: Vimos ya que, con don Alonso de Heredia, vino el primer obispo de Cartagena fray Tomás de Toro, de la orden dominicana.  Se distinguió por su desinterés, hasta el extremo de dedicar al culto la totalidad de sus haberes y por su energía en defender a los indios de la extorsión de los conquistadores.  Fue además austero luchador contra las relajadas costumbres, en lo cual no vaciló en enfrentarse al mismo Heredia.  Vino en 1534 y murió en su sede en 1536.

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