Distinciones
entre mar y océano
Los
términos mar y océano se emplean a menudo como sinónimos para referirse
a las extensiones de agua salada. Sin embargo, desde el punto de vista
geográfico, el mar es una masa de agua sustancialmente menor que un océano.
Los océanos han sido divididos -de manera convencional y utilizando un
criterio geográfico que en realidad no existe- en Océano Glacial Artico,
Océano Atlántico, Océano Pacífico, Océano Indico y Océano Glacial
Antártico. Los
mares son, por otra parte, porciones determinadas en los océanos; tienen
dimensiones menores que éstos y, según sus características, han
recibido diferentes nombres,aunque tal nomenclatura es completamente
arbitraria y se utiliza indistintamente y con tal precisión. Sin embargo,
los mares se pueden clasificar en tres grandes grupos: mares cerrados o
interiores, mares litorales, y mares continentales. Observaciones sobre los lagos: n Los lagos Erie y Ontario están unidos por un río y su diferencia de nivel es salvada por sus famosas cataratas, las cataratas del Niagara. n El mar Muerto no destaca por su extensión sino por su altitud por debajo del nivel del mar y por ser tremendamente salado, por lo que no hay vida en él. Su alta densidad hace que sea difícil sumergirse, flotando más que en otros mares o lagos. Alcanza 401 m de profundidad máxima en su cuenca septentrional pero solo 10 u 11 en la parte meridional. n El lago Baikal es el que alcanza mayor profundidad del Mundo, seguido del Tanganica. n El lago Nam Co destaca por su gran altitud, situado en el Himalaya y rodeado de templos y conventos budistas. LOS
océanos, conformados por grandes extensiones de agua salada, cubren las
tres cuartas partes de la superficie de la Tierra. Para
los antiguos habitantes del planeta, el mar fue, durante cientos de años,
un lugar impenetrable y hasta cierto punto hostil. Según
la tradición bíblica, Dios empleó barro para crear al hombre, y se
supone que, a partir de esta creencia, se le dio el nombre de Tierra al
planeta que habitamos. A
lo largo del tiempo, el hombre empezó a conocer el mar conforme se atrevía
a realizar cortas navegaciones, motivado por afanes de aventura o por la
necesidad de buscar alimento. Así comenzó también a darse cuenta de la
verdadera dimensión de los océanos y, años después, descubrió que
ocupan una mayor extensión en la Tierra que los continentes. Lo
anterior ha llevado a muchos pensadores a proponer que el nombre Tierra
sea cambiado por el de Agua, Mar, Planeta Acuático u Oceanía. Sin
embargo, dichas propuestas no han prosperado. Gracias
a la tecnología moderna se pueden apreciar mejor estas proporciones de
agua y tierra en nuestro planeta, que ha sido observado desde los satélites
artificiales. El comandante Frank Borman, cuando viajaban en la cápsula
Apolo VIII, que se encontraba a 380000 kilómetros de distancia del globo,
exclamó: "¡La Tierra parece una gema azul sobre seda negra!"
Tal expresión se comprende, pues la escena que vio el astronauta estaba
dominada por los océanos. Los
continentes, tierras que emergen por su altura, son sumamente pequeños en
comparación con las profundas depresiones de la corteza terrestre, que
son llenadas por las aguas océanicas. Se ha dicho que, en los abismos del
Océano Pacífico occidental, el fondo del mar se aproxima al núcleo en
fusión de nuestro planeta. Cuando
la Tierra se encontraba en formación y toda su materia estaba en estado
cambiante, el mar la abarcaba en absoluto y no permitía que sobresaliera
ninguna cumbre terrestre; sin embargo, cuando se presentaron fenómenos
como las glaciaciones, las aguas se fueron concentrando hasta dejar
superficies al descubierto donde quedaron las huellas del oleaje sobre las
rocas, depósitos de agua salada y multitud de esqueletos y conchas. Estos
continentes emergidos de los mares han llegado a ocupar 139 millones de
kilómetros cuadrados que, sumados a los 11 millones constituidos por las
islas grandes —que tienen una longitud de más de 2 500 kilómetros— y
los islotes de menor dimensión, alcanzan un total de 150 millones de kilómetros
cuadrados, que representan el 30 por ciento de la superficie terrestre.
En
cambio, los océanos, con profundidades mayores de 200 metros, abarcan 332
millones de kilómetros cuadrados, y el agua que se encuentra sobre la
plataforma continental, considerada de cero a 200 metros, cubre 28
millones; o sea que el total de área cubierta por agua marina es de 360
millones de kilómetros cuadrados —de los 510 millones que conforman la
totalidad del planeta—, que representan el 70 por ciento de la
superficie de la Tierra. Las
aguas oceánicas tienen una profundidad media de 4 kilómetros, y alcanzan
hasta 11 kilómetros de profundidad en los grandes abismos del Océano Pacífico,
como la Fosa de las Marianas, que tienen una profundidad de 11 034 metros
y una longitud de 2 550 kilómetros, y cuya dimensión es superior a las más
altas montañas terrestres, como la del Everest, que alcanza 8 800 metros.
El
volumen de las tierras emergidas es inferior al de las sumergidas. Si los
materiales de las montañas rellenaran los valles y los bajos niveles, la
tierra firme alcanzaría solamente una altura uniforme de 700 metros. Si
lo mismo sucediera con las tierras sumergidas, si todas ellas se situaran
en un nivel uniforme, la profundidad de los mares sería de 3.5 kilómetros.
Si
en este momento la superficie de la esfera terrestre se volviera plana y
los hielos de los polos se licuaran, la Tierra quedaría totalmente
cubierta por una masa de agua de 2.4 kilómetros de profundidad y a la
cual se le ha dado el nombre de "nivel medio del planeta". La
distribución actual de la tierra emergida y de los océanos no es
regular, ya que, mientras los continentes se adelgazan hacia el sur, los
océanos se ensanchan en ese mismo punto. Por lo tanto, los continentes se
acumulan principalmente en el Hemisferio Norte —ocupado por toda Europa,
una buena parte de África, toda Asia, América del Norte, América
Central y una parte de América del Sur—, donde la proporción de tierra
es de 40 por ciento, contra 60 por ciento de mar. El Hemisferio Sur, con
80 por ciento de agua, es en consecuencia eminentemente océanico; el
resto de las porciones continentales, como Oceanía, la otra parte de África
y de América del Sur, así como todo el Continente Antártico, ocupan sólo
el 20 por ciento de dicho hemisferio. Los
continentes se extienden en dirección norte-sur, con una repartición de
tierras y mares completamente irregular. En algunas áreas el mar avanza
tierra adentro, semejando grandes laberintos, y en otras se han formado
rosarios de islas, algunos de los cuales alcanzan grandes dimensiones,
constituyendo los archipiélagos. En otros lugares, son las masas
continentales las que invaden cientos de millas en el dominio océanico
formando penínsulas. Con
esta caprichosa distribución, el océano se ha resguardado en el espacio
de su propia grandiosidad, y el hombre, por su pequeñez ante él, se ha
visto obligado a dominarlo por etapas. Como con todas las cosas que
utiliza, el hombre ha clasificado los océanos valiéndose de límites
arbitrarios que le han permitido establecer una jerarquía lógica para el
conocimiento y conquista de sus aguas. Los
factores utilizados para definir esa jerarquía son diversos. Entre ellos
se pueden nombrar la proximidad de las costas, su aislamiento y su tamaño,
así como la distribución y extensión geográfica de las plataformas
continentales y de las regiones abisales.
Esto permite hacer una primera diferenciación entre océanos y mares.
Los
términos mar y océano se emplean a menudo como sinónimos para referirse
a las extensiones de agua salada. Sin embargo, desde el punto de vista
geográfico, un mar es una masa de agua sustancialmente menor que un océano.
En
la Antigüedad, antes de que se iniciaran las grandes travesías marítimas,
se conocían siete superficies de agua. Convencidos de que no existían
otras, los navegantes adoptaron la expresión Siete Mares, que se refiere
a los mares conocidos por los mahometanos antes del siglo XV: el Mar
Mediterráneo, el Mar Rojo, el Mar de África Occidental, el Mar Africano
Oriental, el Mar de China, el Golfo Pérsico y el Océano Índico. Esa
idea se mantuvo durante mucho tiempo, y comenzó a cambiar cuando se
iniciaron las grandes expediciones oceánicas, que fueron descubriendo
otras zonas que recibieron nuevos nombres. Así se fue perdiendo el viejo concepto de los Siete Mares y, en la actualidad, según los datos aportados por la Oficina Hidrográfica Internacional, existen 54 mares distribuidos en cinco grandes océanos.
Los
océanos han sido divididos —de manera convencional y utilizando un
criterio geográfico que en realidad no existe— en Océano Glacial Ártico,
Océano Atlántico, Océano Pacífico, Océano Índico y Océano Glacial
Antártico. Los mares son, por otra parte, porciones determinadas en los océanos; tienen dimensiones menores que éstos y, según sus características, han recibido diferentes nombres, aunque tal nomenclatura es completamente arbitraria y se utiliza indistintamente sin gran precisión. Sin embargo, los mares se pueden clasificar en tres grandes grupos: Mares cerrados o interiores. Se
encuentran aislados de los océanos y de otros mares, por lo que están
desligados completamente de la vida oceánica. No obstante, por la
característica de sus aguas saladas se les considera mares. Su existencia
es difícil y se mantiene gracias a los ríos que anfluyen a ellos; están
sometidos, pues, a la variación de las crecientes, que les ofrecen su
caudal. Su salinidad es muy variable: disminuye durante las lluvias,
mientras que en época de secas se incrementa por la evaporación. Algunos
de estos mares llegan a quedar aislados en las altas mesetas
continentales, como el Lago Salado de Utah, en Estados Unidos, y el Urmía,
en los limites de Armenia, los cuales tienen poca profundidad, además de
que sus aguas están situadas a altitudes de 100 metros sobre el nivel del
mar. En
cambio, otros mares cerrados, como el Caspio, ubicado entre la Unión Soviética
e Irán, y el Muerto, entre Jordania e Israel, tienen sus aguas bajo el
nivel del mar —el primero a 26 metros, y el segundo a 394—, por lo que
sus aguas se han transformado en grandes depósitos de sales de sodio,
bromo y cloro, de tal manera que en sus orillas sólo se encuentra una
vegetación muy escasa. Mares
litorales. Se
encuentran aislados en el borde de los océanos, formando grandes
escotaduras en los costados de los continentes. Sus límites están
definidos por puntas avanzadas de las tierras que los rodean, y pueden
estar subdivididos en áreas caracterizadas por los accidentes costeros.
Reciben el nombre de golfos, bahías y ensenadas, entre otros. El
comportamiento de estos mares no es autónomo, pues está determinado por
el de los océanos, que los somete a una perpetua servidumbre: les imponen
sus mareas, sus calmas y sus furias. También son influenciados por la
tierra, que les envía tempestades, así como el caudal de los ríos. Estos
mares son más abundantes en el Hemisferio Norte, como el Mar del Norte,
en Europa, y el Mar de Siberia Oriental, en la Unión Soviética. Dentro de la categoría de los golfos, los cuales tienen una dimensión mayor a la de los mares litorales, se pueden citar algunos: el Golfo de California y el Golfo de México, en América; el Golfo Pérsico y el de Bengala, en Asia, y el Golfo de Guinea, en África.
Mares continentales poseen
características singulares, ya que la tierra no los ha podido cerrar por
completo. Además, como se encuentran casi aislados, presentan regímenes
de salinidad y temperatura muy especiales. Uno de los mares continentales
más importantes es el Mediterráneo—limitado por los continentes
europeo y africano—, que apenas hace contacto con el Océano Atlántico,
por el Estrecho de Gibraltar, formando un sistema, ya que contiene seis
diferentes "mares": el de Liguria, el Tirreno el Adriático, el
Jónico, el Egeo y el de Mármara, de modo que uno puede navegar por
varios meses en esas aguas sin aventurarse siquiera en el océano. Estos
mares, aunque son poco influenciados por el océano, tienen largas épocas
de calma —de seis meses de duración que se ven interrumpidas
repentinamente por tempestades de gran intensidad durante los otros seis
meses del año. Otros mares continentales más pequeños que el Mediterráneo son el Mar Rojo, limitado por África y Asia, y el Mar Negro, por Europa y Asia, en el que se encuentra el minúsculo Mar de Azov. OCÉANOS
MARES
MARES
UBICACIÓN
GOLFOS
GOLFOS UBICACIÓN
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