En realidad no me gusta
acampar, no me gusta dormir en una carpa con toda clase de insectos, reptiles o
cualquier bicho raro que pueda entrar con facilidad en la carpa. Entonces él me
invitó a acampar sí, pero en un trailer y yo acepté, ya que pensaba estar mucho
más cómoda dentro del vehículo que durmiendo sobre la tierra.
Juntamos algunas cosas que
pudiéramos necesitar como por ejemplo los trajes de baño -aunque quizás no
fueran necesarios-, ropa de abrigo también, comida preparada y alguna otra cosa
que uno siempre lleva consigo y que en realidad al final no utiliza.
Con todo pronto nos pusimos
en camino para pasar nuestro viajecito de fin de semana esperando pasarlo bien.
Solos los dos disfrutando el tiempo a solas -ya que no tenemos demasiado debido
a sus largas jornadas de trabajo-. Hacía dos semanas que estábamos saliendo y
no habíamos tenido mucho tiempo para intimar hasta ahora; cada vez que nos
disponíamos a pasar un rato en paz, el teléfono sonaba y teníamos que esperar a
la siguiente vez, cuando la situación se repetía. Así que teníamos muchas
expectativas para estos días.
Luego de carretear un buen
rato, finalmente llegamos a nuestro destino. Era un hermoso lugar, tranquilo,
cerca de un lago y sólo para nosotros; no había nadie alrededor para
interrumpir nuestra privacidad. Debo confesar que estaba nerviosa, ansiosa,
quería estar a solas con él, por supuesto, pero conociendo su reputación con
las chicas, tenía miedo de no ser lo que él esperaba cuando finalmente
pudiéramos estar juntos.
Era un hermoso día, sin mucho
calor ni tampoco mucho frío, una suave brisa, todo era perfecto. Estábamos
vestidos con shorts y unas t-shirts y así cómodos como estábamos, fuimos a
caminar un rato para respirar esa paz y recorrer el lugar. El pasó su brazo
sobre mis hombros y yo puse el mío alrededor de su cintura y así caminamos
lentamente disfrutando el estar juntos. De vez en cuando él me daba un beso, a
veces sólo un roce en la mejilla o los labios y otras veces un beso más
profundo manteniendo sus ojos azules fijos en mí. Como siempre era tan dulce,
tierno y cariñoso que me seguía costando aceptar que mi sueño se había hecho
realidad y habíamos empezado a salir juntos. Y sentía que me derretía en sus
brazos.
Después de un rato regresamos
a nuestro campamento para comer algunos sandwiches sentados en una sábana que
él amorosamente había estirado sobre el pasto. Compartimos nuestra comida,
dándonos de comer en la boca, riéndonos y comentando todo lo que nos viniera a
la mente. Trabajo, la vida, sueños, tonterías y otras cosas más serias.
Cuando terminamos de comer
nos recostamos sobre la sábana. El me abrazó y yo me acurruqué contra su cuerpo
fuerte, absorbiendo su esencia; era grandioso.
"¿Crees que al menos
podrás dormir una siesta recostada en el suelo?", me preguntó sonriendo.
"Mi problema verdadero
parece ser durante la noche. No le gusta la oscuridad y me siento insegura
estando al aire libre conde cualquier animal me podría atacar", respondí
sonriendo tímidamente.
"Bueno, ¿no me crees
capaz de poder cuidarte?", preguntó haciendo una mueca como ofendido.
"¡Claro que sí!...Es
sólo que no me gusta sentir una araña o alguna otra cosa así que se deslice por
mi cuerpo", agregué mirándolo a los ojos.
"Es mejor otra clase de
cosas, ¿no?", preguntó con sonrisa pícara y apoyando su mano en el escote
de mi t-shirt.
"Cr-Creo que s-sí",
respondí hundiéndome en su mirada. El siguió mirándome fijamente y lentamente
fue acercando su rostro hasta que sus labios estaban sobre los míos. Me sentí
mareada sólo con ese suave contacto.
"Quizás podría mostrarte
alguna de esas otras cosas que podrías preferir", dijo con voz seductora y
yo sólo pude asentir con mi cabeza, estaba sin aliento. "Pero...no es
necesario apurar las cosas", me besó dulcemente otra vez. "Por
primera vez desde que nos conocimos, tenemos todo el tiempo para
nosotros...,¿estás de acuerdo?"
"E-Esa...era...nuestra...i-idea
para este...fin de semana", le dije acariciando su mejilla. "Y es lo
que espero". El me sonrió y volvió su rostro para besar la palma de mi
mano. Luego me abrazó con más fuerza y me envolvió en sus brazos y así ambos
nos quedamos dormidos.
*******
Nos despertamos sintiendo
algunas gotas sobre nuestros rostros. Cuando abrimos los ojos, no había más sol
y no porque ya hubiera anochecido. El azul del cielo estaba ahora cubierto con
espesas nubes anunciando que se acercaba mal tiempo. Nos apuramos a levantar
todo lo que teníamos afuera y entramos al trailer, no sin empaparnos, ya que
las gotas se convirtieron en una fuerte lluvia rápidamente.
"Esto no estaba en mis
planes", dijo frustrado una vez adentro chorreando agua.
"Tampoco en los
míos", agregué sintiéndome congelada. "Brrr...y se puso frío
también".
"Mejor nos sacamos esta
ropa mojada antes que nos dé pulmonía", dijo él quitándose su t-shirt y
tirándola hacia un rincón. "¿Te vas a quedar ahí congelándote y
mirándome?", me preguntó haciéndome reaccionar de mi distracción.
"No", respondí
avergonzada sintiendo mis mejillas ruborizarse dándome cuenta que había sido
muy obvia. Siempre me había atraído su físico, su cuerpo bien formado. No es
que no me interesara su personalidad, pero por supuesto su cuerpo era...bueno
sólo perfecto, todo en su lugar, hasta sus cicatrices marcándolo en forma muy interesante
guardando una historia especial detrás de cada una.
"¿Puedo ayudarte,
entonces?", me preguntó y notó que estaba algo avergonzada, así que tomó
una toalla y se acercó a mí. No podía perderme ni uno solo de sus movimientos y
mientras me sacaba la t-shirt por la cabeza, él muy solícito me envolvió con la
toalla seca y me agrazó dándome confort.
Sintiéndome segura y tan bien
a su lado, continué sacándome el resto de la ropa mojada con él sosteniéndome
para evitar que me cayera. Mi cuerpo estaba entrando en calor por la toalla,
bueno más bien por su abrazo y su proximidad. Me masajeó la espalda para
quitarme el frío y así dejé de temblar. "Aún...tienes pu-puestos...tu
sh-short y tu ropa in-interior mojadas...",
dije levantando la mirada hacia sus ojos.
El sonrió con su dulzura de
siempre y me besó en la punta de la nariz. "Entonces, será mejor que me
las quite...No creo que me quieras conocer cuando estoy enfermo. No soy muy
fácil de tratar", agregó separándose un poco para tener espacio para
moverse.
"No me molestaría
cuidarte -además de tu compañero, por supuesto-", le respondí sonriendo.
"Pero es mejor que pasemos un tiempo conociéndonos primero sin estar
enfermos, ¿no?"
"Supongo que sí".
Entonces tomó otra toalla seca y luego de envolverla alrededor de su cintura se
inclinó para quitarse el resto de su ropa mojada. Al verlo hacer malabares
sosteniendo su ropa e intentando evitar que se cayera la toalla, extendí mi
mano para retribuir el gesto de ayudarlo como él lo había hecho conmigo y lo
sostuve del brazo. El tropezó -bueno, eso fue lo que él quería que yo creyera-
y ambos caímos en la cama.
"¡Ouch!", exclamé
sorprendida.
"Perdona...Creo que me
enganché el pie en el elástico de la cintura de mi ropa interior", dijo
con sonrisa pícara y mirada de niño que hizo una travesura.
"Seguro...eso es lo que
pensé", le respondí sonriendo aceptando su excusa.
"¿Te sientes mejor? ¿No
tienes más frío?", me preguntó masajeando nuevamente mi espalda y
sosteniéndome muy cerca de él.
"E-Estoy mejor,
sí", respondí casi sin aliento debido a su cercanía y sintiendo el calor
emanando de su cuerpo.
El levantó su mano y me
acarició la mejilla y pasó su pulgar sobre mis labios sin dejar de mirarme
fijamente a los ojos y haciéndome sentir completamente derretida en sus brazos.
Luego rozó sus labios con los míos y me sostuvo fuertemente contra su cuerpo.
Ese suave beso fue seguido por otros en mis mejillas, mi nariz, mis ojos, todo
alrededor de mi rostro hasta que nuevamente estaba sobre mis labios y esta vez
sentí su lengua pidiendo permiso para entrar a mi boca hasta que mis labios se
separaron dándole paso y ambas lenguas comenzaron a bailar juntas haciendo
crecer la tensión entre ambos.
Cuando nos separamos para
recuperar el aliento, nos reímos animadamente sintiéndonos muy bien, felices de
estar juntos. Habíamos olvidado por completo la lluvia afuera, estando seguros
dentro del trailer. De pronto todo se iluminó con gran intensidad y sonó un
fuerte trueno seguido por otro. Yo me sorprendí tanto que salté y mi corazón se
aceleró y me acurruqué contra su pecho intentando esconderme.
"Hey, sí que le tienes
miedo a las tormentas!", dijo tiernamente sosteniéndome con fuerza.
"Vas a pensar que soy
una tonta", dije levantando mi rostro para enfrentarlo.
"No, está bien...A mí
tampoco me gustan las tormentas eléctricas", dijo y me besó en la cabeza.
"Pero aquí estamos a salvo...Además yo puedo cuidarte muy bien...tú sólo
tienes que relajarte y no preocuparte...yo estoy a tu lado, linda", me
aseguró y me abrazó bien fuerte otra vez.
Lentamente comenzó a
hamacarnos y luego de unos instantes comencé a relajarme, sintiéndome de verdad
segura en sus brazos. Se sentía tan bien estar con él. El se quedó en silencio
por unos minutos y creí que se había dormido. Entonces me moví despacio para no
despertarlo y apoyé una mano sobre su pecho sintiendo sus músculos fuertes y lo
besé suavemente junto a mi mano. El entonces retrocedió un poco para mirarme a
los ojos.
"Perdona que te
desperté", me disculpé.
"No estaba durmiendo,
sólo disfrutaba lo bien que se siente tenerte en mis brazos", me dijo con
una mirada llena de amor.
"A mí también me
gusta", dije pero sin poder poner en palabras todo lo que sentía en verdad
estando allí con él y esperaba que mis ojos pudieran expresar más que mis
palabras.
El se inclinó para besarme
tan tiernamente como antes. Lentamente el beso se fue haciendo más profundo y
cuando nuestros labios se separaron, un gemido escapó de ambos. Cuando nos
separamos para respirar pude ver más que amor en sus ojos. Había pasión, deseo
y tenían un brillo especial el que yo esperaba que mis ojos también tuvieran
porque yo me sentía igual por él.
"Ningún teléfono que nos
interrumpa esta vez, ¿no?", me susurró sin sacarme los ojos de encima.
"Na-Nada en
absoluto", respondí temblando con anticipación porque nuestro momento al
fin había llegado.
El sonrió y me besó nuevamente y nuestras manos comenzaron a reconocer
el cuerpo del otro de la forma que debía ser.