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Por Dios y nunca mejor dicho, ¿cómo puede la iglesia católica temer por el “incipiente” laicismo de la sociedad española?
¿Cómo puede ver en el laicismo el origen de la restricción de la libertad religiosa?
Explíquenme, por favor, ¿cómo es posible que si yo no doy importancia a la religión, o mejor dicho, le doy tal importancia que no obligo a nadie a adherirse a ninguna en concreto y que sea la persona la que elija libremente, implique que estoy limitando la libertad religiosa?
No, no puede ser, a no ser que teman y sepan que su religión cojea.
Sufran el crecimiento de otras religiones en España como una derrota que hay que evitar. Como si viviéramos en la Edad Media, época de la que la iglesia no ha salido, época en la que la iglesia desearía que siguiéramos viviendo.
No recuerdo yo a Jesús diciendo “matarás a tu prójimo si sus creencias no son las mías...”, pero la iglesia católica lo ha hecho. Física y literalmente durante siglos, psíquica y disimuladamente ahora, condenando a miles y millones de personas a morir por practicar el amor con riesgo o a sentirse sucios y condenados por Dios por realizarlo seguro.
¿No era Jesucristo el que promulgaba el amor entre las personas? ¿Y cuando el sexo consentido por ambos participantes es motivo de dolor y no de amor mutuo y de felicidad y paz con uno mismo, como de hecho lo es?
¿Cómo pueden ellos interferir en la vida política de un estado, abroncándolo por nimiedades como el uso de los preservativos, las políticas sociales “revolucionarias” o el aborto, y seguir acumulando, amasando y gozando de unas riquezas robadas durante siglos, en lugar de ayudar, dar y compartir, trabajar por la igualdad y alejarse de la rica y devastadora, opresora y elitista derecha?
¿Acaso no promulgó Cristo lo contrario. Acaso no se unió al desfavorecido. Acaso no se alejó de la riqueza y fue condenado por los poderosos y ricos de entonces?
Y finalmente, ¿en qué lugar dejan al resto de religiones, para mí igual de válidas si su propósito es hacer el bien para con los demás?
Si la iglesia católica está perdiendo el partido es por su culpa. Por su planteamiento desfasado y contrario a la preocupación social. Por su alejamiento de los fieles, que son al fin y al cabo cualquier ciudadano medio de este y muchos otros países, la mayoría laicos, gracias a Dios.
SubirRecientemente he recibido una mala noticia:
Un amigo mío ha sufrido un grave accidente con la bicicleta y su estado es preocupante.
Él es un chico sano, alegre, optimista y muy deportista. Tan capaz de enfrentarse con su escaso 1,60 de altura a torres de casi dos metros y salir victorioso, como de subir el primer día que va a los Pirineos 8 “tresmiles”. Amigo de deportes de aventura, como barranquismo o descenso de ríos, o de otros más tranquilos como un paseo en bici.
Un chaval trabajador, honrado y partícipe. Dispuesto con lo que sea a ayudarte y animarte...
Sin embargo ahora él está postrado en una cama de un hospital. Se ve incapacitado, está deprimido y no ve en su vida futuro alguno. Y todo por las ruedas asesinas de las que todos hacemos uso en mayor o menor medida. Todo porque el grande se siente grande y no piensa en el pequeño y pequeño y grande pensamos que nada nos sucederá.
¿Quién no conoce el caso de algún amigo o algún familiar que ha sufrido un accidente de tráfico?
El hombre creó la rueda. Con la rueda llegó la velocidad y con esta el peligro. Somos incapaces de conocer nuestras limitaciones y pretendemos controlar las reacciones de los demás.
Menospreciamos el riesgo y el peligro, tanto el nuestro como el que podemos generar.
No somos conscientes del tiempo y del espacio. Nos creemos dominadores de una situación que en décimas de segundo se nos puede volver en nuestra contra.
Y hasta que no aprendamos a usar los vehículos como aprendemos el manejo de cualquier otra herramienta y sepamos los peligros que conllevan, poniendo siempre la atención necesaria y sabiendo que cualquier despiste puede llevarnos a lo peor; y hasta que no lleguemos a disfrutar las cosas tal y como son y dejemos de buscar esa media vuelta de tuerca más, no cesará esta sangría que hace de los accidentes de tráfico una de las mayores causas de muerte, y la primera en personas jóvenes.
Yo solo espero que este texto sea un granito que ayude a llenar el granero y que cada uno de nosotros cada vez que cogemos el coche, la moto, la bici o simplemente unos patines recordemos lo que aquí se ha dicho y volvamos a casa satisfechos y felices.
Pero sobre todo espero que Oscar no olvide nunca la fuerza vital interior que siempre ha tenido y que no ha dejado de tener. No piense en el pasado, en lo que antes hacía o en lo que ese día pasó. Y piense en el futuro. En todo lo bueno que le espera y que le queda por disfrutar y por vivir. Ponga voluntad donde faltan fuerzas y nos regale a todos los que le apreciamos su energía y optimismo.
Va por ti, OSCAR.
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