| El tiempo Hace ya una semana que Lelo est� contento. Vino la nieve. Un lunes de diciembre, sobre del d�a, empez� a nevar. Cayeron copos de nieve y copos de nieve. Al amanecer, Vilanova estaba blanqueada. Lelo fue a la escuela y a las doce la acab�. Las bolas cruzaron el aire en todas maneras y muchas dieron donde deb�an dar. El fr�o desapareci� r�pido. En cambio, el abuelo, despu�s del buen oto�o de noviembre, se le anubl� el �nimo y se dispuso a soportar una invern�a de agua e hielo. No llovi� ni hel� pero nev� mucho. T�o Pepe se acerc� al lado del fuego a esperar la primavera. Ni diciembre ni febrero con su carneval, le prestataba una migaja. Tampoco le gustaba el mal tiempo al m�dico. El fr�o siempre tra�a enfermos, y tener que salir al intemperie noche tras noche lo dejaba tan aterido como un car�mbano. A Rosario le daba tanto julio como agosto o marzo. Dec�a siempre, fuese mi�rcoles, jueves o domingo, que estaba atareada de trabajo. Carme le saltaba que de verano se pod�a ir a la playa, disfrutar del sol y ponerse negra como un carb�n. A Henrique, ecl�ctico, todo le daba igual. En una noche clara, sin viento, con las estrellas alumbrando en las charcas de las carreteras al fin de una fiesta, ven�a tan contento como a la luz de la luna del A�o Viejo, despu�s de cortejar a una muchacha bonita. Carme dice que la luna lo atonta, que pierde el norte y que lo mejor es buscarlo al abrigo de una taberna, al calor de la lareira. Pero, aunque no lo digan, junio y julio, con sus tardes largas, con las puestas de sol tibias y con la ca�da de la noche fresca son del agrado de todos. Por algo es el buen tiempo. |