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Cuando
pablo redacto la epístola a los romanos (=ro) la mas extensa de todas
las suyas, aun
no se le había presentado la ocasión de visitar a los creyentes
residentes en roma. Pero ahora al considerar a España como campo de su
labor misionera ve la oportunidad de realizar la anhelada visita. En
esas circunstancias, el apóstol pareció entender que su presencia allí
contribuía a supurar algunas tensiones que se estaban presentando en la
iglesia. Pasajes como cap. 11 y 14 revelan que sobre la comunión
fraternal se cernía un serio peligro de división, a c causa de
rivalidades entre creyentes de distinta procedencia: unos del
judaísmo y otros del paganismo. Romanos fue escrita
probablemente alrededor del año 55 durante una permanencia de pablo en
la ciudad de corinto. Tanto por su contenido por sus características
literarias se aproxima a la epístola enviada a las iglesias de galacia.
Las dos pertenecen a la misma época y revelan similares intereses
doctrinales. Lo que no se sabe es cual de ellas fue redactada primero.
Como quiera que sea ambos escritos deben considerarse desde una
perspectiva común puesto que en definitiva se trata de la transmisión
de un mismo mensaje que incluye idénticos conceptos fundamentales: el
dominio del pecado sobre todos los seres humanos, la incapacidad de la
ley de moisés para salvar al pecador, la gracia de Dios revelada en
cristo, la justificación por la fe y los frutos del espíritu. Estos
temas teológicamente densos los expone pablo de un modo ameno y hace fácil
su lectura al introducir variados recursos estilísticos: diálogos,
preguntas, y respuestas, citas del AT, ejemplos y alegorías. En cuanto
a la estructura literaria esta
epístola
se divide en dos partes principales: la primera es propiamente
doctrinal y la segunda de exhortación. Contiene además una introducción
rica en conceptos teológicos y una conclusión que completa el texto
aportando gran numero de notas de carácter personal. |
Epístola
del apóstol San Pablo a los Romanos
1
Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio
de Dios, que el había prometido antes por sus profetas en las santas
escrituras: evangelio que se refiere a su hijo, nuestro señor Jesucristo, que
era el linaje de David según la carne, que fue declarado hijo de Dios con
poder, según el espíritu de santidad, por su resurrección de entre los
muertos. Por medio de el recibimos la gracia y el apostolado para conducir a
todas las naciones a la obediencia de la fe por amor de su nombre; entre las
cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo. A todos los que
estáis en roma, amados de Dios y llamados a ser santos: gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro padre y del señor Jesucristo. Primeramente doy
gracias a mis Dios, mediante Jesucristo , por todos vosotros, porque vuestra fe
se divulga por todo el mundo. Dios, a quien sirvo en mi espíritu anunciando el
evangelio de su hijo, me es testigo de que sin cesar hago mención de vosotros
siempre en mis oraciones, rogando que de alguna manera, si es la voluntad de
Dios, tenga al fin un prospero viaje para ir a vosotros, porque deseo veros,
para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis fortalecidos; esto
es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a
mi. Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir
a vosotros para tener también entre vosotros algún
fruto, como lo he tenido entre los demás gentiles, pero hasta ahora he
sido estorbado. A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así
que, en cuanto a mi, pronto estoy a
anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en roma. No me avergüenzo
del evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que
cree, del judío primeramente y también del griego, pues en el evangelio, la
justicia de Dios se revela por fe y para fe, como esta escrito: “Mas el justo
por fe vivirá”. La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad
e injusticia de los hombres que detienen con
injusticia la verdad, porque lo que Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios
se lo manifestó: lo invisible de el, su eterno poder y su deidad, se hace
claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio
de las cosas hechas. Por lo tanto, no tiene excusa,
ya que , habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le
dieron gracias. Al contrario, se envanecieron
en su razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Pretendiendo
ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por
imágenes de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por
lo cual, también los entrego Dios
a la inmundicia, en los apetitos de sus corazones, de modo que deshonraron entre
si sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira,
honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador, el cual es bendito
por los siglos. Amen. Por eso Dios los entrego a pasiones vergonzosas, pues aun
sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la
naturaleza. Del mismo modo también los hombres, dejando la relación natural
con la mujer, se encendieron en su lascivia unos contra otros, cometiendo hechos
vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en si mismos la retribución
debida a su extravió. Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los
entrego a una mente depravada, para hacer cosas que no deben. Están atestados
de toda justicia, fornicacion, perversidad, avaricia, maldad; llenos de
envidia, homicidios, contiendas, engaños y perversidades. Son murmuradores,
calumniadores, enemigos de Dios, injuriosos, soberbios, vanidosos, inventores de
males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural,
implacables, sin misericordia. Esos , aunque conocen el juicio de Dios, que los
que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que
también se complacen con los que las practican.
2
Por eso eres inexcusable, hombre, tu que juzgas, quienquiera que seas, porque al
juzgar a otro, te condenas a ti mismo, pues tu que juzgas, quienquiera que seas,
porque al juzgar a otro, te condenas a ti mismo, pues tu, que juzgas,
haces lo mismo. Pero sabemos que el juicio de Dios contra los que
practican tales cosas es según la verdad. Y tu, hombre a los que hacen
tales cosas y haces lo mismo, ¿piensas que escaparas del juicio de Dios?
¿ O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y generosidad,
ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y
por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la
ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagara a cada uno
conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en hacer el bien,
buscan gloria, honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos
y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Tribulación y
angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, sobre el judío en primer
lugar, y también sobre el griego; en cambio, gloria, honra y paz a todo el que
hace lo bueno: al judío en primer lugar y también al griego, porque para Dios
no hay acepción de personas. Todos los
que sin la ley han pecado, sin la ley también
perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la
ley serán juzgados, pues no son los oidores de la ley los justos ante
Dios, sino que los que obedecen la ley serán justificados. Cuando los gentiles
que no tienen ley hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos,
aunque no tengan ley, son ley para si mismos, mostrando la obra de la ley
escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándola o defendiéndolos
sus razonamientos en el día en que Dios juzgara por medio de Jesucristo
los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio. Tu te llamas judío,
te apoyas en la ley y te glorias en Dios; conoces su voluntad e instruido por la
ley, apruebas lo mejor; estas convencido de que eres guía de ciegos, luz de los
que están en tinieblas, instructor de los ignorantes, maestro de niños y que
tienes en la ley la forma del conocimiento y de la verdad. Tu, pues,
que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tu que predicas que no
sea ha de robar, ¿robas? Tu que
dices que no sea de adulterar, ¿adulteras? Tu que abominas de los ídolos, ¿cometes
sacrilegio? Tu que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a
Dios?, pues, como esta escrito: “
El hombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”.
La circuncisión, en verdad, aprovecha si guardas la ley; pero si eres
trasgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncision. Por tanto, si
el incircunciso guarda las ordenanzas de la ley, ¿no será considerada su
incircuncision como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero
guarda perfectamente la ley, te condenara a ti, que con la letra de la ley y la
circuncisión eres trasgresor de la ley. No es judío el que lo es
exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;
sino que es judío el que lo es en
lo interior, y la circuncisión es la del corazón, espíritu
y no según la letra. La alabanza del tal no viene de los hombres, sino
de Dios.
3
¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿De que aprovecha la circuncisión? De
mucho, en todos los aspectos. Primero, ciertamente, porque les ha sido confiada
la palabra de Dios. ¿Pues que, si algunos de ellos han sido incrédulos?, Su
incredulidad, ¿habrá hecho nula la fidelidad de Dios? ¡ de ninguna manera!.
Antes bien, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso; como esta escrito: “ Para
que seas justificado en tus palabras, y
venzas cuando seas juzgado”. Y
nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será
injusto Dios al dar el castigo?(hablo como hombre.) ¡ De ninguna manera!
De otro modo, ¿cómo juzgara Dios al mundo?. Pero si mi mentira la
verdad de Dios abundo para su
gloria, ¿por qué aun soy juzgado como pecador? ¿ y porque no decir(como se
nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros
decimos): “ hagamos males para que vengan bienes”?. ¿Qué, pues? ¿Somos
nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues hemos demostrado que
todos, tanto judíos como gentiles, están bajo el pecado. Como esta escrito:
“No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no
hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan.
Veneno de víboras hay debajo de sus labios; su boca esta llena de maldición y
de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; destrucción y miseria
hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante
de sus ojos”. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están
bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio
de Dios, porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado
delante de él, ya que por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero
ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por
la ley y por los profetas: la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,
para todos los que creen en el, porque no hay diferencia, por cuanto todos
pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, y son justificados
gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a
quien Dios puso como apropiación por medio de la fe en su sangre, para
manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los
pecados pasados, con miras a manifestar en este tiempo
su justicia, a fin de que el sea el justo y el que justifica al que es de
la fe de Jesús. ¿ donde, pues,
esta la jactancia? Queda excluida. ¿por cual ley? ¿ por la de las obras? No,
sino por la ley de la fe. Concluimos, pues,
que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios
solamente Dios de los judíos? ¿no es también Dios de los gentiles?
Ciertamente, también de los gentiles, porque Dios es uno, y el justificara por
la fe a los de la circuncisión, y
por medio de la fe a los de la incircuncision. Luego, ¿por la fe invalidamos la
ley? ¡ de ninguna manera! Mas
bien, confirmamos la ley.
4
¿Qué, pues, diremos que hallo Abraham, nuestro padre según la carne? Si
Abraham hubiera sido justificado por las obras, tendría de que gloriarse, pero
no ante Dios, pues ¿qué dice la escritura? Creyó Abraham
a Dios y le fue contado por justicia. Pero al que trabaja no se le cuenta
el salario como un regalo, sino como deuda; pero al que no trabaja, sino cree en
aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Por eso también
David habla de la
bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
“ Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados
son cubiertos. Bienaventurado el hombre a quien el señor no culpa de pecado”.
¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión o también
para los de la incircuncision? Por que decimos que Abraham
le fue contada la fe por justicia. ¿cómo, pues, le fue contada? ¿estando
en la circuncisión , o en la incircuncision? No en la
circuncisión , sino en la incircuncision. Y recibió la circuncisión
como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo cuando aun no había
sido circuncidado, para que fuera padre de todos los creyentes no circuncidaos,
a fin de que también a ellos la fe
les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no
solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe
que tuvo nuestro padre Abraham antes
de ser circuncidado. La promesa de que seria heredero del mundo, fue dada
Abraham o a su descendencia
no por la ley sino por la justicia de la fe, porque si los que son de la
ley son los herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa. La ley produce
ira; pero donde no hay ley, tampoco hay trasgresión. Por eso,
la promesa es fe, para que sea por gracia, a fin de que sea firme para
toda su descendencia, no solamente para la que es por la ley, sino también para
la que es por la ley, sino también para la que es
de la fe de Abraham. El es padre de todos nosotros, como esta escrito:
“ Te he puesto por padre de muchas naciones”.
Y lo es delante de Dios, a quien creyó, el cual
da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran. El
creyó en esperanza contra
esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le
había dicho: “Así será tu descendencia”. Y su fe no se debilito al
considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o
la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco
dudo, por incredulidad de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por
la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso
para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada
por justicia. Pero no solo con respecto a el escribió que le fue contada, sino
también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es
decir, a los que creemos en aquel
que levanto de los muertos a Jesús, Señor nuestro,
el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para
nuestra justificación.
5
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro señor
Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la
cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no
solo esto, sino que también nos
gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;
y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no nos defrauda,
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo que nos fue dado. Cristo,
cuando aun éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente,
apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguien tuviera el
valor de morir por el bueno. Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que
siendo aun pecadores Cristo murió por nosotros. Con mucha mas razón, habiendo
sido ya justificados en su sangre,
por el seremos salvos de la ira, porque, si siendo enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su hijo, mucho mas, estando
reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos
gloriamos en Dios por el señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido
ahora la reconciliación. Por tanto, como el pecado entro en el mundo por un
hombre y por el pecado la muerte, así la muerte paso a todos los hombres, por
cuanto todos pecaron. Antes de la ley ya había pecado en el mundo; pero donde
no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reino la muerte desde Adán
hasta moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la trasgresión
de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue
como la trasgresión, porque si por la trasgresión de aquel uno muchos
murieron, la gracia y el don de Dios abundaron para muchos
por la gracia de un solo hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como
en el caso de aquel uno que peco, porque, ciertamente, el juicio vino a causa de
un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas
transgresiones para justificación. Si por la trasgresión de uno solo reino la
muerte, muchos mas reinaran en vida por uno solo, Jesucristo, los que
reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Así, como
por la trasgresión de uno vino la condenación a todos los
hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los
hombres la justificación que produce vida. Así como por la descendencia de un
hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de
uno, muchos serán constituidos justos. La ley, pues, se introdujo para que el
pecado abundara; pero cuando el pecado abundo, sobreabundó la gracia, porque así
como el pecado reino para muerte, así también la gracia reinara por la
justicia para vida eterna mediante Jesucristo, señor nuestro.
6
¿Qué, pues, diremos? ¿perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?
¡ de ninguna manera! Porque los
que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aun
en el? ¿o no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo
Jesús, hemos sido bautizados en su
muerte?, por que somos sepultados juntamente con el para muerte por el bautismo,
a fin de que como Cristo resucito de los muertos para la gloria del padre, así
también nosotros andemos en vida nueva. Si fuimos plantados juntamente con el
en semejanza de su muerte, así también lo
seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue
crucificado juntamente con el, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a
fin de que no sirvamos mas al pecado, porque, el que ha muerto ha sido
justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también
viviremos con el , y sabemos
que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se
enseñorea mas de el. En cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; pero
en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al
pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, señor nuestro. No reine, pues,
el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus apetitos;
ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos entre los muertos,
y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. El pecado no se enseñoreara
de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿pecaremos
porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡ de ninguna manera! ¿No
sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos
para obedecerlo, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del
pecado para muerte o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios
que, aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella
forma de doctrina que os transmitieron; y
libertados del pecado, vinisteis a
ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana debilidad: así
como para iniquidad presentáis vuestros miembros para servir a la impureza y a
la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para
servir a la justicia. Cuando erais esclavos del pecado, erais libres con
respecto a la justicia. ¿Pero que fruto teníais de aquellas cosas de las
cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Pero ahora que
habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro
fruto la santificación y, como fin, la vida eterna, porque la paga del pecado
es muerte, pero la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, señor
nuestro.
7
¿Acaso ignoráis, hermanos (hablo con los que conocen de leyes), que la
ley se enseñorea del hombre entre tanto que este vive? La mujer casada esta
sujeta por la ley al marido mientras este vive; pero si el marido muere, ella
queda libre de la ley que la unía a su marido. Así que, si en la vida del
marido se une a otro hombre, será llamada adultera; pero si su marido muere, es
libre de esa ley, de tal manera que
si se une a otro marido, no será adultera. Así también vosotros, hermanos míos,
habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro,
del que resucito de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
Mientras vivíamos en la carne, las
pasiones pecaminosas, estimuladas por la ley, obraban en nuestros miembros
llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber
muerto para aquella a la que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del espíritu y no bajo el régimen
viejo de la letra. ¿Qué, pues, diremos? ¿La ley es pecado? ¡ de ninguna
manera! Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; tampoco conocería la
codicia, si la ley no dijera: “ No codiciaras” . Pero el pecado, aprovechándose
del mandamiento, produjo en mi toda codicia porque sin la ley, el pecado esta
muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero al venir el mandamiento, el
pecado revivió y yo morí. Y halle que el mismo mandamiento que era para vida,
a mi me resulto para muerte, porque el pecado, aprovechándose del mandamiento,
me engaño, y por el me mato. De manera que la ley a la verdad es santa, y el
mandamiento santo, justo y bueno. Entonces, ¿lo que es bueno, vino a ser muerte
para mi? ¡ de ninguna manera! Mas
bien, el pecado, para mostrarse
como pecado, produjo en mi la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que
el pecado, por medio del mandamiento, llegara a ser extremadamente pecaminoso.
Sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido al pecado. Lo que
hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que detesto, eso hago.
Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya
no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que esta en mi. Y yo se que en mi,
esto es, en mi carne,
no habita el bien, porque el querer el bien esta en mi, pero no el
hacerlo. No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si
hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que esta en mi. Así
que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal esta en mi, pues según
el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis
miembros, que se revela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que esta en mis miembros. ¡ Miserable de mi! ¿Quién me librara
de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo señor nuestro!
Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne, a la
ley del pecado.
8
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,
los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu, porque la ley
del espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de
la muerte. Lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne,
Dios, enviando a su hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado,
condeno al pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en
nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu. Los
que son de la carne piensan en las
cosas de la carne; pero los que son del espíritu, en las cosas del espíritu.
El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del espíritu es vida y paz,
por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se
sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no
pueden agradar a Dios. Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el
espíritu, si es que el espíritu de Dios esta en vosotros. Y si alguno no tiene
el espíritu de Cristo, no es de el. Pero si Cristo esta en vosotros, el cuerpo
en verdad esta muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive a causa de la
justicia. Y si el espíritu de aquel que levanto de los muertos a Cristo Jesús
vivificara también vuestros
cuerpos mortales por su espíritu que esta en vosotros. Así que, hermanos,
deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne, porque si
vivís conforme a la carne, moriréis; pero si el espíritu hacéis morir las
obras de la carne, viereis. Todos los que son guiados por el espíritu de Dios,
son hijos de Dios, pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para
estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción,
por el cual clamamos: “¡Abba, padre!”. El espíritu mismo da testimonio a
nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;
herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con
el, para que juntamente con el seamos glorificados. Tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en
nosotros ha de manifestarse, porque el anhelo ardiente de la creación es el
aguardar la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sujetada a
vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del
que la sujeto en esperanza. Por tanto,
también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción
a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime
a una, y a una esta con dolores de parto hasta ahora. Y
no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las
primicias del espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,
esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza
fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que
alguno ve, ¿para que esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con
paciencia lo aguardamos. De igual manera, el espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad, pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el espíritu
mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Pero el que escudriña los
corazones sabe cual es la intención del espíritu, porque conforme a la
voluntad de Dios intercede por los santos. Sabemos, además, que a los que aman
a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito
son llamados. A los que antes conoció, también los predestino para que fueran
hechos a la imagen de su hijo, para que el sea el primogénito entre muchos
hermanos. Y a los que predestino, a estos también llamo; y a los que llamo, a
estos también justifico; y a los
que justifico, a estos también
glorifico. ¿Qué, pues, diremos esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra
nosotros? El que no escatimo ni a su propio hijo, sino que lo
entrego por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con el todas
las cosas? ¿ quien acusara a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
¿Quién es el que condenara? Cristo es el que murió; mas aun, el que también
resucito, el que además esta a la diestra de Dios, el que también intercede
por nosotros. ¿Quién nos separara del
amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez,
peligro o espada? Como esta escrito: “Por causa de ti somos muertos todo el
tiempo; somos contados como ovejas de matadero”.
Antes, en todas estas cosas somos mas que vencedores por medio de aquel
que nos amo. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles
ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que
es en Cristo Jesús, señor nuestro.
9
Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el espíritu
santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón, porque deseara
yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son
mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción,
la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas. A
ellos también pertenecen los patriarcas, de los cuales,
según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas,
bendito por los siglos. Amen. No que la palabra de Dios haya fallado, porque no
todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de
Abraham , son todos hijos suyos, sino: “En Isaac te será llamada
descendencia”. Esto es: no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino
que somos como descendencia los
hijos según la promesa, pues la palabra de la promesa es esta: “ Por este
tiempo vendré y Sara tendrá un
hijo”. Pero no solo esto, pues
también rebeca concibió de un
solo hombre, de Isaac nuestro padre. No había aun nacido, ni habían hecho aun
ni bien ni mal (para que el propósito de Dios conforme a la elección
permaneciera, no por las obras sino por el que llama), cuando Dios le dijo a
rebeca: “El mayor servirá al menor”. Como esta escrito: “A Jacob ame, mas
a Esau aborrecí”. ¿Qué, pues, diremos? ¿ Que haya injusticia en Dios? ¡
de ninguna manera!, pues a moisés dice: “Tendré misericordia del que yo
tenga misericordia y me compadeceré del que yo me compadezca”.
Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que
tiene misericordia, porque la escritura dice al faraón: “para esto mismo te
he levantado, para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea anunciado por
toda la tierra”. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que
quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: “¿Por qué, pues, inculpa? ¿Quién
ha resistido a su voluntad?” Pero tu, hombre, ¿quién eres, para que
alterques con Dios? ¿dirá el vaso de barro al que lo formo: “porque me has
hecho así”? ¿acaso no tiene potestad el alfarero sobre el barro para hacer
de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?. ¿Y que, Dios,
queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soporto con mucha paciencia
los vasos de ira preparados para destrucción? El,
para hacer notorio las riquezas de su gloria, las mostró para con los
vasos de misericordia que había preparado de antemano para gloria. A estos
también ha llamado, es decir, a nosotros, no solo de los judíos, sino también
de los gentiles. Como también en óseas dice: “Llamare pueblo mío al que no
era mi pueblo, y a la no amada,
amada. Y en el lugar donde se les dijo: “vosotros no sois pueblo mío”, allí
serán llamados “hijos del Dios viviente””. También Isaías proclama
acerca de Israel: “ Aunque el
numero de los hijos de Israel fuera como la arena del mar, tan solo el remanente
será salvo, porque el señor ejecutara su sentencia sobre la tierra con
justicia y prontitud”. Y como antes dijo Isaías: “ Si el señor de los ejércitos
no nos hubiera dejado descendencia como Sodoma habríamos venido a ser y a
gomorra seriamos semejantes”. ¿Qué,
pues, diremos? Que los gentiles, que no iban, tras la justicia, han alcanzado la
justicia, es decir, la justicia que es por la fe; mientras Israel, que iba tras
una ley de justicia, no la alcanzo.
¿por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino dependiendo de las obras de la
ley, de modo que tropezaron en la piedra de tropiezo, como esta escrito: “He
aquí pongo a Sión piedra de tropiezo y roca de caída; y el que crea en el, no
será defraudado”.
10
Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios es por la
salvación de Israel, porque yo soy testigo de que tienen celo por Dios, pero no
conforme al verdadero conocimiento ignorando la justicia de Dios y procurando
establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios, pues el fin
de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Moisés escribe así
de la justicia que es por la ley: “El hombre que haba estas cosas vivirá por
ellas”. Pero de la justicia que
es por la fe, dice así: “no digas en tu corazón: “¿quién subirá al
cielo?” (esto es, para atraer abajo a Cristo); o, “quien descenderá al
abismo?” (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos)”. Pero ¿qué
dice?: “Cerca de ti esta la palabra, en tu boca y en tu corazón”. Esta es
la palabra de fe que predicamos: Si confiesas con tu boca que Jesús es el señor
y crees en tu corazón que Dios lo levanto de entre los muertos, serás salvo,
porque con el corazón se cree para
justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. La escritura dice:
“Todo aquel que en el cree, no será defraudado”, porque no hay diferencia
entre judío y griego, pues el mismo que es el señor de todos, es rico para con
todos los que los invocan; ya que todo aquel que invoque
el nombre del señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el
cual no han creído? ¿ y como creerán en aquel de quien no han oído? ¿y como
oirán sin haber quien les predique? ¿y como predicaran si no son enviados?
Como esta escrito: “ ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian
buenas nuevas!”. Pero no todos obedecieron al evangelio, pues Isaías
dice: “Señor, ¿ quien a creído a nuestro anuncio?”. Así que la fe es por
el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Pero yo pregunto: ¿acaso no han oído?
Antes, bien, “ por toda la tierra ha salido la voz de ellos y hasta los fines
de la tierra sus palabras”.
También pregunto: ¿no ha conocido esto Israel? Primeramente moisés
dice: “yo os provocare a celos con un pueblo que no es pueblo; con un pueblo
insensato os provocare a ira”. E Isaías dice resueltamente: “ fui hallado
por los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mi”.
Pero cerca de Israel dice: “ Todo el día extendí mis manos a un pueblo
desobediente y rebelde”.
11
Por tanto, pregunto: ¿ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera!,
porque también soy israelita, descendiente de Abraham , de la tribu de Benjamín.
No ha desechado Dios a su pueblo, el cual desde antes conoció. ¿O no sabéis
lo que dice la escritura acerca de Elías, de cómo se quejo ante Dios contra
Israel, diciendo: “Señor, a tus profetas han dado muerte y tus altares han
derribado; solo yo he quedado y procuran matarme”? pero ¿cuál fue la divina
respuesta? “Me he reservado siete
mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de baal”. Así también aun
en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si es por
gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no seria gracia.
Y si es por obras, ya no es gracia;
de otra manera la obra ya no seria obra. ¿Qué, pues? Lo que buscaba Israel, no
lo ha alcanzado; pero los escogidos si lo han alcanzado, y los demás fueron
endurecidos; como esta escrito: “ Dios les dio espíritu
insensible, ojos que no vean y oídos que no oigan, hasta el día de
hoy”. Y David dice: “ sea vuelto su banquete en trampa y en red, en tropiezo
y justo castigo. Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la
espalda para siempre”. Pero yo pregunto: ¿Será que los israelitas al
tropezar, cayeron definitivamente? ¡de ninguna manera! Al contrario, debido a
su trasgresión vino la salvación a los gentiles, a fin de provocarlos a celos.
Y si su trasgresión ha servido para enriquecer al mundo, y su caída, a los
gentiles, ¿cuánto mas lo será su plena restauración?. Hablo
a vosotros, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi
ministerio, por si en alguna manera pudiera provocar a celos a los de mi sangre
y hacer salvos a algunos de ellos, porque si su exclusión es la reconciliación
del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?. Si las
primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa,
también lo son las ramas. Si algunas de sus ramas fueron desgajadas y tu,
siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas y has sido hecho
participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las
ramas; y si te jactas, recuerda que
no sustentas tu a la raíz, sino la raíz a ti. Tal vez dirás: “ las ramas
fueron desgajadas para que yo fuera injertado”. Bien; por su incredulidad
fueron desgajadas, pero tu por la fe estas en pie. Así que no te jactes, sino
teme, porque si Dios no perdono a las ramas naturales, a ti tampoco te
perdonara. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad
ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces
en esa bondad, pues de otra manera tu también serás eliminado. Y aun ellos, si
no permanecen en incredulidad, serán
injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Si tu fuiste
cortado del que por naturaleza es olivo silvestre y contra naturaleza fuiste
injertado en el buen olivo, ¿cuánto mas estos, que son las ramas naturales,
serán injertados en su propio olivo?. No quiero, hermanos, que ignoréis este
misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: el
endurecimiento de una parte de Israel durara hasta que haya entrado la plenitud
de los gentiles. Luego todo Israel será salvo, como esta escrito: “Vendrá de
Sión el libertador, que apartara de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto
con ellos, cuando yo quite sus pecados”. Así que en cuanto al evangelio, son
enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por
causa de sus padres, porque
irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Como también vosotros
erais, en otro tiempo desobedientes a Dios, pero ahora habéis
alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también estos
ahora han sido desobedientes, para que con la misericordia concedida a vosotros,
ellos también alcancen misericordia, pues Dios sujeto a todos en desobediencia,
para tener misericordia de todos. ¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría
y del conocimiento de Dios! ¡ Cuan insondables son sus juicios e inescrutables
sus caminos!, porque, ¿quién entendió
la mente del señor? ¿ o quien fue su consejero? ¿quién le dio a el primero
para que le fuera recompensado?, porque de el, por el y para el son todas las
cosas. A el sea la gloria por los siglos. Amen.
12
Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentáis
vuestros cuerpos como sacrificio
vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro
verdadero culto. No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de
la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual es la buena
voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es
dada, a cada cual que esta entre vosotros, que no tenga mas alto concepto de si
que el que debe tener, sino que piense de si con cordura, conforme a la medida
de fe que Dios repartió a cada uno. De la manera que en un cuerpo tenemos
muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así
nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de
los otros. Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada: el
que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de
servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la
exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el
que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento. Aborreced
lo malo y seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal;
en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En los que requiere
diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al señor; gozosos
en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración.
Compartid las necesidades de los santos y
practicad la hospitalidad. Bendecid a
los que os persiguen; bendecid y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan;
llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no seáis altivos, sino
asociaos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis
a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es
posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No
os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lujar a la ira de Dios,
porque escrito esta: “Mía es la venganza, yo pagare, dice el señor”. Así
que, si tu hermano tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber,
pues haciendo esto, harás que le arda la cara
de vergüenza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
13
Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad que
no provenga de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que
quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y a los que
resisten, acarrean condenación para si mismos. Los magistrados no están para
infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer a la
autoridad? Haz lo bueno y serás alabado por ella, porque esta al servicio de
Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la
espada, pues esta al servicio de Dios para hacer justicia y para castigar al que
hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón
del castigo, sino también por causa de la conciencia, pues por esto pagáis
también los tributos, porque las autoridades están al servicio de Dios,
dedicadas continuamente a este oficio. Pagad
a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto,
impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada,
sino el amaros unos a otros, pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley,
porque: “No adulteraras, no mataras, no hurtaras, no dirás falso testimonio,
no codiciaras”, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume:
“Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. El amor no hace mal al prójimo; así
que el cumplimiento de la ley es el amor. Y esto, conociendo el
tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora esta mas
cerca de nosotros nuestra salvación que cuanto creímos. La noche esta avanzada
y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos
las armas de la luz. Andemos como el día, honestamente; no en glotonerías y
borracheras, no en lujurias y libertinaje, no en contiendas y envidia. Al
contrario, vestios del señor Jesucristo y no satisfagáis los deseos de la
carne.
14
Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Uno cree que
se ha de comer de todo; otro, que es débil, solo como legumbres. El que come de
todo no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come,
porque Dios lo ha recibido. ¿Tu
quien eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor esta en pie, o
cae; pero esta firme, porque poderoso es el señor para hacerlo estar firme. Uno
hace diferencia entre el día y día, mientras que otro juzga iguales todos los
días. Cada uno este plenamente convencido de lo que piensa. El que distingue un
día de otro, lo hace para el señor; y el que no distingue el día, para el señor
lo hace. El que come, para el señor come, porque da gracias a Dios; y el que no
come, para el señor no come, y también da gracias a Dios. Ninguno de nosotros
vive para si y ninguno muere para si. Si vivimos, para el señor vivimos; y si
morimos, para el señor morimos. Así pues, sea
que vivamos o que muramos, del señor somos. Cristo para esto murió,
resucito y volvió a vivir para ser señor así
de los muertos como de los que viven.
Tu, pues ¿por qué juzgas a tu hermano? O tu también, ¿ por que
menosprecias a tu hermano?, porque todos compareceremos ante el tribunal de
Cristo, pues escrito esta: “Vivo yo, dice el señor, que ante mi se doblara
toda rodilla, y toda lengua confesara a Dios”. De manera que cada uno de
nosotros dará a Dios cuenta de si. Así
que, ya no nos juzguemos mas los
unos a los otros, sino mas bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al
hermano. Yo se, y confió en el señor Jesús, que nada es impuro en si mismo;
pero para el que piensa que algo es impuro, para el lo es.
Pero si por causa de la comida tu hermano es entristecido, ya no andas
conforme al amor. No hagas que por causa de tu comida se pierda aquel por quien
Cristo murió. No deis, pues, lugar a que se hable mal de vuestro bien, porque
el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el espíritu
santo. El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por los
hombres. Por lo tanto, sigamos lo
que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios
por causa de la comida. Todas las
cosas a la verdad son limpias; pero
lo malo es comer algo que haga tropezar a otros. Mejor es no comer carne ni
beber vino ni hacer nada que ofenda, debilite o haga tropezar a tu hermano. ¿Tienes
tu fe? Tenla para ti mismo delante de Dios. Bienaventurado
el que no se condena a si
mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre
lo que come, se condena a si mismo, porque no lo hace con fe;
y todo lo que no proviene de fe, es pecado.
15
Los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles y
no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo
en lo que es bueno, para edificación, porque ni aun Cristo
se agrado a si mismo; antes bien, como esta escrito: “Los vituperios de
los que te vituperaban cayeron sobre mi”. Las cosas que se escribieron antes,
para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la
consolación de las escrituras, tengamos esperanza. Y el Dios de la paciencia y
el de la consolación os de entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús
, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y padre de nuestro señor
Jesucristo. Por tanto, recibios los unos a los otros, como también Cristo nos
recibió, para gloria de Dios. Os digo que Cristo Jesús vino a ser siervo de la
circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas
a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia,
como esta escrito: “Por tanto, yo te confesare entre los gentiles y cantare a
tu nombre”. Y otra vez dice: “Alegraos, gentiles, con su pueblo”. Y otra
vez: “Alabad al señor todos los gentiles y exaltadlo todos los pueblos”.
Y otra vez dice Isaías: “Estará la raíz de isai y el que se
levantara para gobernar a las naciones, las cuales esperaran en el”. Y el Dios
de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en
esperanza por el poder del espíritu santo. Estoy seguro de vosotros, hermanos míos,
de que vosotros mismos estáis llenos de bondad y rebosantes de todo
conocimiento, de tal manera que podéis aconsejaros unos a otros. Pero os
he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros
recordar, por la gracia de Dios me es dada para ser ministro de Jesucristo a los
gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles lo sean como
ofrenda agradable, santificada por el espíritu santo. Tengo, pues, de que
gloriarme en Cristo Jesús en lo que Dios se refiere, porque no osaría hablar
sino de lo que Cristo ha hecho por
medio de mi, para conducir a los gentiles a la obediencia. Y lo he hecho de
palabra y de obra, con potencia de señales y prodigios, en el poder del espíritu
de Dios; de manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta ilírico,
todo lo he llenado del evangelio de Cristo. Y de esta manera me esforcé en
predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiera sido anunciado, para no
edificar sobre fundamento ajeno, sino, como esta escrito: “aquellos a quienes
nunca le fue anunciado acerca de el, verán; y los que nunca han oído de el,
entenderán”. Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a
vosotros. Pero ahora, no teniendo mas campo en estas regiones, y deseando desde
hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España, iré a vosotros, pues
espero veros al pasar y ser encaminado hacia allá por vosotros una vez que haya
disfrutado de vuestra compañía. Pero ahora voy a Jerusalén para ministrar a
los santos, porque macedonia y
acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos
que están en Jerusalén. Les pareció bueno hacerla, ya que son deudores a
ellos, porque si los gentiles han sido hechos participes de sus bienes
espirituales, deben también ellos ayudarlos con bienes materiales. Así que,
cuando haya concluido esto, y les haya entregado esta ofrenda, pasare entre
vosotros rumbo a España. Y se que
cuando vaya a vosotros, llegare con abundancia de la bendición del evangelio de
Cristo. Pero os ruego, hermanos, por
nuestro señor Jesucristo y por el amor del espíritu, que me ayudéis orando
por mi a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea y que la
ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea bien recibida; para que,
si es la voluntad de Dios, llegue con gozo a vosotros y pueda descansar entre
vosotros. Que el Dios de paz sea con todos vosotros. Amen.
16
Os recomiendo, además, a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia
en cencrea. Recibidla en el señor, como es digno de los santos, y ayudadla en
cualquier cosa en que necesite de vosotros, porque ella ha ayudado a muchos y a
mi mismo. Saludad a Priscila y a aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que
expusieron su vida por mi, a los cuales no solo yo doy
las gracias, sino todas las iglesias de los gentiles. Saludad también a
la iglesia que se reúne en su casa. Saludad a epeneto, amado mío, que es el
primer fruto de acaya para Cristo. Saludad a María, la cual a trabajado mucho
entre vosotros. Saludad a andronico y a junias, mis parientes y compañeros de
prisiones. Ellos son muy estimados entre los apóstoles, y además creyeron en
Cristo antes que yo. Saludad a amplias, amado mío en el señor. Saludad a
urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a estaquis, amado mío. Saludad
a apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la familia de Aristóbulo.
Saludad a herodion, pariente. Saludad a los de la familia de narciso, los cuales
están en el señor. Saludad a trifena y a trifosa, que trabajan arduamente en
el señor. Saludad a la amada persida, que tanto ha trabajado en el señor.
Saludad a Rufo, escogido en el señor, y a su madre, que lo es también mía.
Saludad a asincrito, aflegonte, a hermas, a patrobas, a Hermes y a los hermanos
que están con ellos. Saludaos los
unos a los otros con beso santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo. Pero
os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y ponen
tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido. Apartaos de
ellos, porque tales personas no sirven a nuestro señor Jesucristo, sino a sus
propios vientres, y suaves palabras y halagos engañan los corazones de los
ingenuos. Vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, y por eso me gozo
de vosotros. Pero quiero que seáis sabios para el bien e ingenuos para el mal.
Y el Dios de paz aplastara muy pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia
de nuestro señor Jesucristo sea con vosotros. Os saludan Timoteo mi
colaborador, y mis parientes lucio, jason y sosipater. Yo tercio, que escribí
la epístola, os saludo en el señor. Os saluda gayo, que me
hospeda a mi y a toda la
iglesia. Os saluda erasto, tesoro de la ciudad, y el hermano cuarto.
La gracia de nuestro señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amen. Y al
que puede fortaleceros según el evangelio y la predicación de Jesucristo, según
la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos
eternos, pero se ha manifestado ahora, y que por las escrituras de los profetas,
según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado
a conocer a todas las naciones para que obedezcan a la fe, al
único y sabio Dios, sea la gloria mediante Jesucristo para siempre.
Amen.