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El
titulo de este libro procede de la septuaginta. Allí se denomina zroni
(cantos fúnebres, lamentaciones, endechas). La destrucción de Jerusalén
por nabucodonosor en el 586 a.C. constituye el
transfundo histórico de los cinco poemas que componen
lamentaciones (=lm). Aquel triste episodio comenzó algún tiempo después
a ser recordado por el pueblo que mostraba su
aflicción con oraciones, ayunos y otras expresiones de duelo.
Además junto a las ruinas del templo celebraba determinadas ceremonias
para mantener despierta la memoria de aquella gran tragedia y al propio
tiempo, la esperanza de la restauración nacional anunciada por los
profetas. Este libro esta constituido por cinco poemas que recogen el
espíritu y los sentimientos que animaban tales luctuosas celebraciones.
Pero lamentaciones no se reduce a llorar el desastre de juda y de
Jerusalén sino que una y otra vez lleva al pueblo a reconocer su propia
responsabilidad y a confesarse culpable delante de Jehová. Ahora bien
el libro contiene no solo expresiones de dolor personal o colectivo,
sino también el testimonio de la profunda fe del autor. A estas
expresiones se unen cánticos de alabanza acciones de gracias y
exhortaciones a reconocer con sinceridad de corazón que los
acontecimientos adversos que nos sobrevienen son a menudo la
consecuencia ineludible de nuestras propias rebeldías. Los primeros
cuatro poemas son acrósticos en el original hebreo y corresponden a los
primeros cuatro capítulos del libro .el quinto no presenta tal característica
aunque curiosamente también fue compuesto sobre un esquema de 22
estrofas o (sea el numero de letras del alfabeto hebreo). |
Lamentaciones
1
¡Que sola ha quedado la ciudad
populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como una viuda; la señora
de provincias ha sido hecha tributaria. Amargamente
llora en la noche y las lagrimas corren por sus mejillas. Entre
todos sus amantes no hay ninguno que la consuele; todos sus enemigos le
faltaron, se le volvieron enemigos. Juda ha ido en cautiverio afligida y en dura
servidumbre; ha habitado entre las naciones, sin hallar descanso; todos sus
perseguidores la alcanzaron y pusieron en estructuras. Las calzadas de sion están
en luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes; todas sus puertas están
asoladas, sus sacerdotes gimen, sus vírgenes están afligidas y ella esta llena
de amargura. Sus enemigos fueron hechos príncipes, sus aborrecedores fueron
prosperados, porque Jehová la afligió a causa de sus muchas rebeliones. Sus
hijos fueron en cautividad delante del enemigo.
Desapareció toda la hermosura de la hija de sion; sus príncipes, como ciervos
que no hayan pasto, anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor. Jerusalén,
cuando cayo su pueblo en manos del enemigo y no hubo quien le ayudara,
se acordó de los días de su aflicción,
de sus rebeliones, y de todas las
cosas agradables que tuvo desde los tiempos antiguos. La miraron los enemigos y
se burlaron de su caída. Gravemente ha pecado Jerusalén, por lo cual ha sido
movida de su lugar; cuantos la honraban la desprecian al ver su vergüenza, y
ella suspira y se vuelve atrás. Su inmundicia esta en sus faldas. No pensó en
su fin. Cayo de manera sorprendente sin tener quien la consolara. Mira, Jehová,
mi aflicción, porque en enemigo se ha engrandecido. Extendió su mano el
enemigo a todas sus cosas preciosas; ella ha visto entrar en su santuario a las
gentes acerca de las cuales mandaste que no entraran en tu congregación. Todo
su pueblo busco gimiendo su pan; por la comida, para seguir viviendo, dijeron
todas sus cosas preciosas, ¡ mira, Jehová, y ve cuan abatida estoy! ¿ no os
conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad y ved si hay dolor como el dolor
que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente
furor. Desde lo alto envió un
fuego que consume mis huesos, han tendido una red a mis pies, me ha vuelto atrás,
me dejo desolada y con dolor todo el día. El ha atado con su mano el
yugo de mis rebeliones: ataduras ha echado sobre mi cuello y ha debilitado mis
fuerzas. ¡El señor me ha entregado en manos contra las cuales no podré
levantarme!. El señor pisoteo a todos mis hombres
fuertes en medio de mi; llamo a gente contra mi, para destruir a mis jóvenes;
pisoteo el señor, como en un lugar, a la virgen hija de juda. Por eso estoy
llorando; por eso de mis ojos fluyen lagrimas, porque de mi se ha alejado el que
me consuela y da reposo a mi alma. Mis hijos han sido destruidos, porque el
enemigo prevaleció. Sion extendió sus manos, mas no tienen quien la consuele;
Jehová ordeno contra Jacob que sus vecinos fueran sus enemigos, y Jerusalén
fue objeto de abominación entre ellos. Pero Jehová es justo, pues yo,
me había rebelado contra su palabra. Oíd ahora, pueblos todos, ved mi
dolor: mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio. Llame a voces
a mis amantes, mas ellos me han engañado. Mis sacerdotes y mis ancianos
perecieron en la ciudad, mientras buscaban comida para seguir viviendo. Mira,
Jehová, que estoy atribulada, que mis entrañas hierven; mi corazón se
trastorna dentro de mi, porque me ha rebelado en gran manera. Por fuera hace
estragos la espada; por dentro se enseñorea la muerte. Me han oído gemir, mas
no hay quien me consuele. Todos mis enemigos han sabido de mi mal y se alegran
de lo que tu hiciste; pero tu harás venir el día que has anunciado, y serán
como yo. Venga ante ti toda su mandad, y haz con ellos como hiciste conmigo por
todas mis rebeliones, porque muchos son mis suspiros y mi corazón esta
adolorido.
2
¡Como oscureció el señor en su ira a la hija de sion! Derribo
del cielo a la tierra la hermosura de Israel; no se acordó del estrado
de sus pies en el día de su furor.
Destruyo el señor, no perdono; destruyo en sui furor todas las tiendas de
Jacob, y derribo las fortalezas de juda: humillo al reino y a sus príncipes.
Corto con ardor de su ira todo el poderío
de Israel, retiro de el su diestra frente al enemigo
y se encendió en Jacob como llama de fuego que devora alrededor. Tenso
su arco como un enemigo, afirmo su mano derecha como un adversario, y destruyo
cuanto era hermoso. En la tienda de la hija de sion derramo como fuego su enojo.
El señor se volvió enemigo y destruyo todos sus palacios, derribo sus
fortalezas y multiplico en la hija de juda la tristeza y el lamento. Arraso su
tienda como una enramada de huerto y destruyo el lugar en donde se congregaban.
Jehová ha hecho olvidar en sion las fiestas solemnes y los sábados, y en el
ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote. El señor desecho su altar y
menosprecio su santuario; entrego los muros de sus palacios en manos de los
enemigos, y ellos hicieron resonar su voz en la casa de Jehová como en día de
fiesta. Jehová determino destruir el muro de la hija de sion, tendió el cordel
y no retiro su mano de la destrucción. Hizo, pues, que se lamentaran el
antemuro y el muro; juntamente fueron desolados. Sus puertas fueron derribadas;
destruyo y quebranto sus cerrojos. Su rey y sus príncipes están entre gentes
que no tienen la ley, y sus profetas no recibieron visión de Jehová. Se
sientan en tierra y callan los ancianos de la hija de sion; echan polvo sobre
sus cabezas y se ciñen ropas ásperas. Las vírgenes de Jerusalén bajan la
cabeza hasta la tierra. Mis ojos se deshacen en lagrimas, mis entrañas se
conmueven y mi hígado se derrama por
tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo; y los niños, ¡aun
los de pecho!, desfallecen entre tanto en las plazas de la ciudad. Dicen
a sus madres: ¿Dónde están el pan y el vino?, mientras desfallecen como
heridos en las calles de la ciudad y derraman el alma en el regazo de sus
madres. ¿qué testigo te traeré? ¿ A quien te haré semejante, hija de
Jerusalén? ¿A quien te comparare para consolarte, virgen hija de sion? Grande
como el mar es tu quebrantamiento, ¿quién te sanara? Tus profetas vieron para
ti vanidad y locura, y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio,
sino que te predicaron vanas profecías y seducciones. Cuantos pasan por el
camino baten palmas al verte, silban y mueven despectivamente la cabeza sobre la
hija de Jerusalén, diciendo: ¿Es esta la ciudad que decían de perfecta
hermosura, el gozo de toda la tierra?. Todos tus enemigos abrieron la boca
contra ti, se burlaron, rechinaron los dientes y dijeron: ¡Devorémosla! ¡Ciertamente
este es el día que esperábamos: lo hemos hallado, lo hemos visto!. Jehová ha
hecho lo que tenia determinado, ha cumplido su palabra, ordenada por el desde
tiempo antiguo. Destruyo y no perdono; hizo que el enemigo se alegrara sobre ti
y exalto el poder de tus adversarios. El corazón de ella clamaba al señor. ¡Hija
de sion, que tus lagrimas corran día y noche como un arroyo! ¡No descanses, ni
reposen las niñas de tus ojos! ¡Levántate, da voces en la noche al comenzar
las vigilias! Derrama como agua tu corazón ante la presencia del señor; alza
al el tus manos implorando la vida de tus niñitos, que desfallecen de hambre en
las entradas de todas las calles. Mira, Jehová, y considera a quien has tratado
así. ¿Habrán de comerse las mujeres el fruto de sus entrañas, a los
niñitos que antes cuidaban tiernamente? ¿Habrán de ser muertos en
el santuario del señor el sacerdote y el profeta? Niños y viejos yacen
por tierra en las calles; mis vírgenes
y mis jóvenes han caído a espada. Mataste en el día de tu furor. Degollaste
y no perdonaste. Como en día de solemnidad, de todas partes has
convocado mis temores. En el día del furor de Jehová no hubo quien escapara
ni quedara vivo. ¡A los que yo crié y mantuve, mi enemigo los
aniquilo!.
4
¡Como se ha engrandecido el oro! ¡Como ha perdido el oro puro su brillo!
Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las
calles. Los hijos de sion, preciados y estimados mas que el oro puro, ¡ son
ahora como vasijas de barro, obra de manos de alfarero!. Aun los chacales dan
las ubres para amantar a sus cachorros, pero la hija de mi pueblo es cruel como
los avestruces del desierto. De sed se le pega al niño de pecho la
lengua al paladar; los pequeñuelos piden pan, y no hay quien se lo de. Los que
comían delicados majares desfallecen por las calles; los que se criaron entre púrpura
se abrazan a los estercoleros. Porque mas fue la iniquidad de la hija de mi
pueblo que el pecado de sodoma, que fue destruida en un instante, sin manos que
se alzaran contra ella. Sus nobles eran mas puros que la nieve, mas blancos que
la leche; mas encendidos sus cuerpos que el coral, mas hermoso su talle que el
zafiro. Oscuro mas que la negrura es ahora su aspecto: no se les reconoce por
las calles; tienen la piel pegada a los huesos, seca como un palo. Mas dichosos
fueron los muertos a espada que los muertos por el hambre, porque estos murieron
poco a poco por faltarles los frutos de la tierra. Las manos de mujeres piadosas
cocieron a sus hijos: ¡Sus propios hijos les sirvieron de comida en el día del
desastre de la hija de mi pueblo!. Cumplió Jehová su enojo, derramo el ardor
de su ira y encendió en sion un fuego que consumió hasta sus cimientos. Nunca
los reyes de la tierra ni ninguno de los habitantes del mundo habrían
creído que el enemigo y el adversario entraría por las puertas de
Jerusalén. Fue por causa de los pecados de sus profetas y las maldades de sus
sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos. Titubeaban
por las calles como ciegos, contaminados con la sangre, de modo que no pudieran
tocar sus vestiduras. ¡Apartaos! ¡Un inmundo!, les gritaban: ¡Apartaos,
apartaos, no toquéis!. Huyeron,
fueron dispersados. Entonces se dijo entre las naciones: Nunca mas moraran aquí.
En su ira, Jehová los aparto y no los mirara mas: No respetaron la presencia de
los sacerdotes ni tuvieron compasión de los viejos. Nuestros ojos desfallecen
esperando en vano nuestro socorro; en nuestra esperanza aguardamos a una nación
que no puede salvar. Espiaban nuestros pasos para que no anduviéramos por las
calles. Se acercaba nuestro fin: se
habían cumplido nuestros días y el fin había llegado. Mas ligeros eran
nuestros perseguidores que las águilas del cielo; sobre los montes no
persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas. El aliento de nuestras
vidas, el ungido de Jehová, de quien habíamos dicho: A su sombra tendremos
vida entre las naciones, quedo
apresado en sus lazos. ¡Goza y alégrate,
hija de edom, tu que habitas en tierra de uz!,
porque también a ti te llegara esta copa y te embriagaras y vomitaras.
Ya esta cumplido tu castigo, hija de sidon: Nunca mas hará el que te lleven
cautiva. Castigara el tu iniquidad, hija de edom, y descubrirá tus pescados.
5
Acuérdate, Jehová, de lo que nos ha sucedido; mira, y ve nuestro oprobio.
Nuestra heredad ha pasado a extraños, nuestras casas a forasteros. Huérfanos
somos, sin padre; nuestras madres son como viudas. Por dinero bebemos el agua;
por la leña pagamos un precio. Padecemos persecución, caen sobre nosotros, nos
fatigamos y no hay para nosotros reposo. Al egipcio
y la asirio extendimos la mano para saciarnos de pan. Nuestros padres
pecaron y han muerto, pero nosotros llevamos su castigo. Los siervos dominan
sobre nosotros, y nadie nos libra de sus manos. Traemos nuestro pan haciendo
peligrar nuestra vida ante la espada del desierto. Nuestra piel se ha
ennegrecido como un horno a causa del ardor del hambre. Violaron a las mujeres
en sion, a las vírgenes en las ciudades de juda. A los príncipes colgaron de
las manos: no respetaron el rostro de los viejos. Llevaron a los jóvenes a
mover el molino, y los muchachos desfallecían bajo el peso de la leña. Ya no
se ven los ancianos en la puerta, y los jóvenes han dejado sus canciones. Ceso
el gozo de nuestro corazón, y nuestra danza se cambio en luto. La corona ha caído
de nuestra cabeza. ¡Ay ahora de nosotros porque hemos pecado! Por eso tenemos
entristecido el corazón y nos han entenebrecido nuestros ojos: por el monte
sion, que esta asolado y las zorras
andan por el. Mas tu, Jehová, permanecerás
para siempre; tu trono, de generación en generación. ¿Por qué te olvidas
completamente de nosotros y nos abandonas por tan largo tiempo? Haznos
volver a ti, Jehová, y nos volveremos; renueva nuestros días como al
principio. ¿O acaso es que ya nos has desechado y estas airado del todo contra
nosotros?.