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.La Forma Sobre El Concepto Por lo pronto, el Teatro Nacional le rinde
homenaje con la puesta en escena de “Los Ruperto”, una de sus piezas más célebres. A pesar del tiempo transcurrido, el
corrosivo y agudo humor de Rivera Saavedra se mantiene vigente, humor que tiene
cercanía con algunos elementos de la literatura del absurdo, presumiblemente
kafkianos, aunque un estudio acucioso debe confirmar tal hipótesis. En Rivera,
lo desconocido y fuera de toda lógica que determina la vida de los seres
humanos actúa en la cotidianeidad de sus personajes y se manifiesta en hechos y
circunstancias propios de nuestra idiosincrasia de manera hiperbólica o
desmesurada, para generar un humor simple pero vital; es el caso de la
burocracia en “La cosa”; o el agobio de las deudas de “El crédito”. En “Los Ruperto”, este factor
determinante resulta en la desaforada apetencia sexual del padre y de la madre,
que dará lugar al nacimiento del hijo 354, y por consiguiente a la acentuación
de las miserables condiciones de vida de la familia. Ruth Escudero, directora de este nuevo
montaje, encuentra en la hipérbole el mejor apoyo para la denuncia y la crítica,
pero la aborda en sus características formales antes que conceptuales; la hipérbole
es el punto de partida para recurrir a ciertas convenciones del clown y efectos
sonoros que anteceden a cualquier acción física, aun a costa de poner en
riesgo el ritmo de la puesta. Escudero recrea la tensión dramática
entre la lujuria de la alcoba que deriva en la procreación y la angustia de una
miseria que colinda con la muerte, sin embargo, ve en dicha tensión una imagen
extrema y lacerante de una realidad inmediata que hasta hace pocos meses ha sido
motivo de debate dentro de la sociedad peruana, a partir de la puesta en marcha
de programas de control de natalidad, y condiciones de pobreza extrema en que se
debate un amplio sector de la población. La expresión de una suerte de condición
existencial en que lo irracional, lo ilógico y desmesurado determina la condición
del sujeto, que como hemos visto puede rastrearse en algunas obras de Rivera,
encuentra restringido su enfoque en el montaje del Teatro Nacional. Más allá de cualquier valoración que
pueda hacerse en este sentido, de los que podamos discrepar con esta propuesta,
es una opción muy particular que, al fin y al cabo, cumple su cometido. Santiago Soberón El Comercio, Noviembre del 2000 |