.La Forma Sobre El Concepto

  Juan Rivera Saavedra cumple cincuenta años como autor teatral, ostentando la condición del dramaturgo más prolífico de nuestro medio. Sin embargo, aún su obra dramatúrgica o es estudiada con la rigurosidad del caso.

Por lo pronto, el Teatro Nacional le rinde homenaje con la puesta en escena de “Los Ruperto”, una de sus piezas más célebres.

A pesar del tiempo transcurrido, el corrosivo y agudo humor de Rivera Saavedra se mantiene vigente, humor que tiene cercanía con algunos elementos de la literatura del absurdo, presumiblemente kafkianos, aunque un estudio acucioso debe confirmar tal hipótesis. En Rivera, lo desconocido y fuera de toda lógica que determina la vida de los seres humanos actúa en la cotidianeidad de sus personajes y se manifiesta en hechos y circunstancias propios de nuestra idiosincrasia de manera hiperbólica o desmesurada, para generar un humor simple pero vital; es el caso de la burocracia en “La cosa”; o el agobio de las deudas de “El crédito”.

En “Los Ruperto”, este factor determinante resulta en la desaforada apetencia sexual del padre y de la madre, que dará lugar al nacimiento del hijo 354, y por consiguiente a la acentuación de las miserables condiciones de vida de la familia.

Ruth Escudero, directora de este nuevo montaje, encuentra en la hipérbole el mejor apoyo para la denuncia y la crítica, pero la aborda en sus características formales antes que conceptuales; la hipérbole es el punto de partida para recurrir a ciertas convenciones del clown y efectos sonoros que anteceden a cualquier acción física, aun a costa de poner en riesgo el ritmo de la puesta.

Escudero recrea la tensión dramática entre la lujuria de la alcoba que deriva en la procreación y la angustia de una miseria que colinda con la muerte, sin embargo, ve en dicha tensión una imagen extrema y lacerante de una realidad inmediata que hasta hace pocos meses ha sido motivo de debate dentro de la sociedad peruana, a partir de la puesta en marcha de programas de control de natalidad, y condiciones de pobreza extrema en que se debate un amplio sector de la población.

La expresión de una suerte de condición existencial en que lo irracional, lo ilógico y desmesurado determina la condición del sujeto, que como hemos visto puede rastrearse en algunas obras de Rivera, encuentra restringido su enfoque en el montaje del Teatro Nacional.

Más allá de cualquier valoración que pueda hacerse en este sentido, de los que podamos discrepar con esta propuesta, es una opción muy particular que, al fin y al cabo, cumple su cometido.

Santiago Soberón

El Comercio, Noviembre del 2000

 

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