Entrevistas

Conversando con un Teatrero

Juan Rivera Saavedra, un prolífico dramaturgo peruano

Como mencionáramos en su momento, la semana pasada se llevó a cabo en nuestra ciudad el “I Encuentro Nacional de Dramaturgos” que nos trajo, entre otras personalidades, a Juan Rivera Saavedra para hablar sobre “El texto original y la creación colectiva”; además, se quedará en nuestra ciudad para la puesta en escena de su obra “Me moriré en París”, y con la actuación de Mary Oscátegui.

            Rivera Saavedra, tiene una particularidad que él mismo no duda en reconocer a la hora de entablar conversación.... se puede pasar horas y horas hablando sin dejar que los pensamientos de su interlocutor maldigan la hora en que se le ocurrió acercarse a este prolífico escritor que, tras la vivacidad de sus ojos enmarcados por un par de gruesos lentes, encierra más de 160 obras de teatro, 400 cuentos, guiones para cine y TV.

            Desgraciadamente o afortunadamente el espacio en los medios es reducido y sólo conseguimos una interesante conversación de dos horas que, por motivo obvios, nos vimos obligados a reducir. Pese a todo, Rivera Saavedra se defiende comentando, “tú tienes la culpa. Para qué haces preguntas profundas; pregúntame cómo se llama mi perro, y te contesto. “Pichulín”...

M.N.:    ¿Qué trascendencia tiene este encuentro?

JRS.:    Que es la primera vez que los más importantes dramaturgos se van a reunir aquí a disertar sobre teatro y literatura. El Perú está muy bien en cuanto a creación dramática. No sólo el Perú, en América Latina, también.

M.N.:    ¿Qué nuevos rumbos ha tomado el teatro mundialmente?

JRS.:    Que los europeos y americanos ya se agotaron un poco, entonces están tratando de buscar nuevas formas y para suerte nuestra - mala suerte de ellos – las nuevas formas las tenemos nosotros. En este momento, el teatro latinoamericano pasa por un buen momento.

M.N.:    ¿Cómo se justificaría esto?

JRS.:    Que estamos recuperando nuestra imagen a través de temas nuevos y formas nuevas.

M.N.:    Antes era esencial en teatro las grandes escenografías y las obras costosísimas. Ahora ya no. ¿Cree que la escenografía se ha empobrecido para enriquecer las actuaciones....?

JRS.:    Exacto: El actor debe suplir todos los recursos que dan la escenografía, por un trabajo corporal expresivo. Por esta razón, el teatro latinoamericano ha cobrado importancia. Los europeos se han dado cuenta que no hacen falta grandes montajes para lograr un buen espectáculo.

M.N.:    Se dice que usted fue una de las primeras personas que incursionó en el teatro del absurdo, el teatro de humor negro en el Perú...

JRS.:    Bueno, sí. Escribí una obra basada en un hecho real..... A la vuelta de mi casa vivía una familia compuesta por papá, mamá y 14 hijos, todos en un solo cuarto. Contaba las miserias de cómo vivían ellos; pero cuando di a leer la obra, uno de ellos comentó: “conozco una familia más pobre y con más hijos”. Quise impresionarlos con la pobreza de esta familia y.... ¡me sale con tal respuesta! Así que no tuve más remedio que aumentar los hijos a... 384.

M.N.:            ¡¿384...?!

JRS.:    384 hijos impidiendo durante toda la obra, impidiendo que mamá, toque a papá.

M.N.:    ¿Cierto es que eres un autor muy prolífico...?

JRS.:    Sí, según una Universidad de Texas... Alfonso La Torre, crítico de la República, afirma que “si juntamos las hojas que componen tu obra, de seguro darían la vuelta al mundo”. Y según Felipe Rivas Mendo, “para tener la obra completa de Rivera Saavedra, habría que matarlo. De lo contrario, al día siguiente te escribe algo”.

M.N.:    ¿Cómo se da tiempo para escribir tanto?

JRS :    Si lo digo, no lo va a creer... Pasa que todas las ideas están en el espacio. El problema está en, si las vez o no. Yo no suelo derrochar energías en tonteras, no discuto. Es que necesito esa energía para escribir.

M.N.:    Bueno, muchas veces una discusión bien llevada, alimenta...

JRS.:    Sí, pero como tú señalas, “bien llevada”: discusiones positivas, pero no negativas.

M.N.:    ¿Prefiere,  entonces, ser más un observador que participante?

JRS.:    Muy cierto. Sólo que la gente no sabe lo que es ser observador tengo 20 años dedicados al estudio de la mente... Todo comenzó el día que sentí pánico y pensé que me quedaría en blanco. Lo que puedo decir, ahora, es que gracias a la observación, uno desarrolla su sensibilidad, y gracias a ella, la imaginación.

M.N.:    Usted es autor de obras de teatro, guiones para TV, cine, cuentos, etc. ¿Qué es lo que más le apasiona?

JRS.:    Escribir. No sé hacer otra cosa.

M.N.:    El escritor tiene una gran responsabilidad sobre hombros: dar un mensaje. Muchas veces no se trata de cualquier mensaje. En todo caso, hay cúpulas a las que no les conviene que se sepa tal o cual mensaje, tal o cual verdad; aún así, usted dice escribir libremente y además como una necesidad...

JRS.:    Bueno, empezaré diciendo qué entiendo por libertad”. Nada de lo que te rodea, te debe atar y por lo general, no sucede. Te ata tu trabajo, porque si llegas tarde muy seguido, te botan; te ata tu casa, porque no sales de ella por temor que te puedan robar. En conclusión: hay miedo, miedo y mucho miedo.

M.N.:    Claro, pero creo que con esos miedos uno puede seguir viviendo, finalmente hasta por rutina. El caso de la censura me parece que es diferente: uno de pronto, no puede hablar y no por miedo, sino porque simplemente no lo permiten y, es más probablemente no lo permitan por intereses privados, porque no conviene ue ciertas cosas se sepan...

JRS.:    Sí, pero para eso está el arte. El arte te permite decir algo sin decirlo, dejar un mensaje sin explicarlo.

M.N.:    ¿Qué es arte, para ti...?

JRS.:    Decirle a una mujer “te amo” sin decirlo. Hablar de política, “sin hablar de política”.  

                                        Michell Nicholson

                                         (“Arequipa, al día” – 1994)  

 

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