Entrevistas

Medio Siglo de Vida Intensa

Juan Rivera Saavedra Dramaturgo, Director Y Maestro

 

Se trata del dramaturgo peruano que más ha escrito en toda América Latina; a los 35 años recibió el Premio Nacional de Dramaturgia se le considera iniciador del teatro del absurdo y del humor negro en nuestro país. Juan Rivera Saavedra celebra en este año media centuria como dramaturgo. Recuperado totalmente de una grave enfermedad, el hombre de teatro nos recibió en uno de los ambientes de la Casa Museo José Carlos Mariátegui, donde los fines de semana dictaba seminarios – taller de creación literaria.

Don Juan nos dio la bienvenida leyéndonos un texto del notable titiritero Felipe Rivas Mendo: “Quien desee tener la obra completa de Juan Rivera Saavedra, sólo la conseguirá si de inmediato le pega un tiro, porque de lo contrario cabe la posibilidad de que, al día siguiente, escriba otro libro”. Además, otra ocurrencia de Alfonso La Torre, quien habría dicho que si tuviera la obra de Juan Rivera desparramada por el suelo, hoja por hoja, daría la vuelta al mundo. Indefectiblemente aquí hay, dice el dramaturgo, “mucha fantasía de mis amigos”.

Se le considera el autor más prolífico y distinguido de América Latina. ¿Qué opina?

Esto se debe a un documento que envió la Universidad de Texas, en donde se decía que después de mi había un brasileño con menor cantidad de obras, pero que estaba acercándose. Actualmente tengo 172 piezas de teatro y alrededor de 500 cuentos; además de telenovelas, series de televisión, investigaciones y artículos periodísticos. Sin embargo, hay paradojas. Por ejemplo, cuando estaba en México presentando la obra ya viene Pancho Villa, me sorprendió una periodista: Usted es el autor más prolífico y distinguido de América Latina, entonces significa que debe salir todos los días en las portadas de los diarios y revistas”, me dijo. Yo le contesté: “No señorita, en mi país para estar en la primera plana de un periódico uno tiene que salir calato, meter un gol de nariz o haber matado a alguien más o menos importante. “¿Esto es humor negro?” me respondió. “Nada de eso, es la verdad”, le dije, no con poca pena.

¿En estas “bodas de oro” de su carrera, siente el reconocimiento de la gente?

Bueno, no quisiera dar una respuesta mía, pero si lo que se dijo durante los homenajes recibidos, uno del Instituto Nacional de Cultura, otro de la Universidad Nacional de Cultura, otro de la Universidad Nacional Federico Villarreal y otro, ¡oh increíble!, que hasta me hizo llorar, de mis compañeros del colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Fue hermoso encontrarme con catorce de setenta y nueve compañeros que aún están vivos. algo muy emotivo.

 

¿Cómo nació este afán por el arte de la actuación?

Lo diré por medio de una historia. Mi padre decía que yo había nacido para el teatro y contaba inmediatamente una anécdota: cuando tenía 8 años me llevó a la platea alta del Teatro Segura para ver. Las aventuras de Pinocho; pero me acerqué tanto al borde que caí pasando por el palco a la platea baja. Como en ese tiempo las alfombras eran gruesas, me levanté rapidito para no perderme nada, pero el que pegó el grito fue Pinocho (el gran Lucho Córdova, que luego triunfó en teatros de Chile), quien corrió a verme. Al final de la obra me regaló su espada de madera.

 

Pero este oficio ha sido para usted muchas veces ingrato, ¿no es cierto?

Me parece interesante lo que dijeron algunos amigos en el homenaje que me rindieron en esta Casa Museo. Aseveraban que hay que estar loco para dedicarse 50 años a escribir en el Perú, cuando aquí nadie nos reconoce nada; otro decía que no sólo hay que ser loco, sino estúpido, porque cuántas cosas y sueños quedan atrás por dedicarse a este oficio.

 

Los Ruperto, una de sus obras más recordadas, ha sido respuesta.

¿Qué diferencias encuentra entre la primera visión y la actual?

Cuando terminé de escribir la obra Los Rupertos, en 1960, la llevé inmediatamente al grupo Histrión, que era uno de los mejores grupos de teatro en aquel tiempo. Cuando la vieron sin embargo, me la tiraron por la cara; me dijeron que eso no es teatro. Entonces viaje a Buenos Aires y ahí conocí a Leopoldo Maler, autor y director gaucho que había venido de Europa. Se la entregué y pregunté si era o no teatro. Sentenció: “Pero che”, esto es teatro de vanguardia, te invito a ver en el Torcuato Ditella mi pieza, LA CAPERUCITA ROTA”.

 

Pero la obra tuvo después una gran acogida en Lima...

Cuando regresé en 1965, un director joven, César Urueta, se animó a ponerla en escena. La sorpresa para Histrión fue a fin de año, al ser declarada la mejor obra que se había dado en el Perú hasta esos momentos. ¿Por qué fue rechazada? Porque en el Perú todas las obras estrenadas eran realistas, con influencia del teatro español, inglés o francés, no del absurdo. En la versión de Ureta, la obra era absurda pero el montaje era realista, a diferencia de la propuesta de Ruth Escudero, en donde se conversa con el público y los actores son clowns, y la obra y el montaje son absurdos.

 

Algunos de sus obras han abordado temas futuristas, cuéntenos algún caso

Sí por ejemplo, 1999, en la que hablo de los transplantes. Esta obra la escribí en 1963 y sólo en 1968 el doctor Christian Barnard hizo el primer transplante al corazón. Pero en la pieza digo que el hombre es explotado a tal extremo que hay una empresa que compra a las personas vivas y les impide que se corten cabellos y uñas, mientras los cementerios desaparecen porque hasta los huesos se venden.

 

¿Hay muchas creaciones suyas sin estrenar?

Así es, lo que ocurre es que en el Perú no hay muchos grupos de teatro para montar piezas. Además, hay otro problema: ni los actores, ni los actores ni los directores leen teatro. También es cierto que existen pocas bibliotecas especializadas. Fueron las mejores, por ejemplo, la de la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENADI), que fue una de las mejores bibliotecas de América Latina. Hoy, lastimosamente, no funciona; todos los libros están empaquetados desde hace más de un año, si no me equivoco. Lo mismo sucede con la del Teatro Universitario de San Marcos (TUSM); lo peor de todo es que los libros se pican, se deterioran y a nadie le interesa.

 

¿Sobre qué le gustaría escribir? ¿qué temas le conmueven más?

Todos los escritores nunca salen de diez temas. sobre el amor se han  escrito millones de cuentos, poesías, teatro y falta por escribir otro tanto. Yo tuve la suerte de tener en mis manos, hacia 1970, un libro titulado. El psicoanálisis del escritor, en que se explicaba que un autor sólo aborda uno o dos temas por complejos, traumas y temores. Decidí entonces recrear cada uno para romper con mis taras.

ADA LANDEO TORRES

                                                            (29 de Diciembre del 2000)  

 

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