Bodas De Oro De Un Escritor:Juan Rivera SaavedraDebo agradecer a la Asociación Guadalupana, esta noche, por permitirme
hacer una semblanza del gran escritor y dramaturgo Juan Rivera Saavedra, y
su obra. Que bueno que instituciones como la nuestra, sepan que a los artistas se
les debe homenajear en vida, y premiarlos en vida. Sí, porque premiarlos
cuando mueren, homenajearlos cuando mueren... esto es, una necrofilia. A Juan Rivera Saavedra, lo conocí en las gloriosas aulas del colegio de
Guadalupe, allá por el año de 1949. El, bajo la égida de Humberto Pérez
Falcón, le movió la inquietud por el periodismo, y formó parte de esa célebre
revista que se llamó “Suplemento Estudiantil”. Desde que lo conocí
no sé si por la misma afinidad periodística- hicimos una gran y bella
amistad. El, con esa generosidad guadalupana, que lo caracteriza, hizo que
nuestra labor – los que estaban en años inferiores -, fuera agradable y
humana. De él, aprendí muchas virtudes; no sólo el sentido de compañerismo
y la amistad, sino también la tarea de amar, querer y casi,
“idolatrar”, a este centenario colegio. De esta unión, surgió después,
la “Asociación Teatral, Leonidas Yerovi”, que llegó a ser el
principal motivo de preocupación en nuestros años juveniles. Ahí,
Rivera desmostró que tenía claramente la vocación del artista. Ahí,
Rivera demostró que tenía claramente la vocación del artista, de
escritor y dramaturgo. Por eso, cuando me mostró por primera vez los
borradores, de la que iría a ser una de sus primeras obras (“El héroe”),
pensé que Juan Rivera Saavedra, tenía ya trazado su camino. Años más tarde, Rivera Saavedra, presentó una obra que podríamos
calificar perteneciente al realismo fantástico o mágico. En ella,
presenta a un padre que pasaba el número de hijos, de sus años de
existencia. Y presentaba un cuadro de miseria; pero de esas miserias que
claman la presencia divina para resolverlo. “Los Ruperto”, consagró a
Rivera Saavedra, como un dramaturgo serio. Y “Los Ruperto” constituyen
el cimiento de lo que habría de convertirse en una producción incesante
y fecunda: 173 piezas de teatro. Rivera me recuerda a un gran dramaturgo español: Lope de Vega, que le
bastaba 24 horas para escribir una pieza teatral. Así que le creo cuando
dice muchas veces: “si dejo de escribir, muero”. Pero so no es todo:
Juan Rivera Saavedra, nos entrega ahora -al cumplir sus Bodas de Oro como
escritor-, más de 500 cuentos y, también, muchos guiones para cine y
televisión, con igual éxito. Su trayectoria es amplia y fecunda, como vemos. Es una trayectoria que no
sólo enorgullece a los guadalupanos, sino también, al Perú. Porque hace
que la patria, trascienda los linderos. Y por ello, es Juan Rivera
Saavedra, becado en Alemania, e invitado a participar en el Seminario
Internacional de Teatro. Esto –sólo- desde ya constituye una consagración.
Su ciclo - sin embargo – no termina ahí; viaja a otros lugares
difundiendo su obra en América del Sur. Sus obras serán presentadas en
diversos países como, Chile, Colombia, México, Ecuador, etc. Es así
como, se va a convertir en una dramaturgo internacional... ¡Oh!, increíble.
Sólo en su patria, no se le da a Juan Rivera Saavedra, el homenaje que se
merece. Sólo en su patria, su nombre no figura en los textos de
literatura, más sí “otros nombres”, que no tienen la calidad y que,
ni siquiera tienen escritas la décima parte de su obra. Rivera deviene – sin lugar a dudas – de la extirpe de escritores
guadalupanos, como Leonidas Yerovi, Abelardo Gamarra, Eudocio Carrera y
Vergara; y también de la vena de Manuel Ascencio Segura. Sólo que él
supera a todos. Los supera en calidad y los supera en mensaje. Ese mensaje
que plasma con ironía, con sarcasmo, pero .... con realidad, con
humanidad, como afirma el francés Roland Forgues: “siempre con
esperanza”. Juan Rivera Saavedra, penetra en el humor negro pero para
hacernos mirar la realidad descarnada; dentro de esa ironía y dentro de
esa sutileza, siempre nos deja el sabor de una verdad. De esa realidad que
muchos eludimos. ¿Y cómo no decir que hay humor negro en la obra de
Rivera Saavedra? ¿Acaso no bastan algunos de sus títulos: “El general
no tiene quién lo mate”, “¿Por qué la vaca tiene los ojos
tristes?”, o “La mosca doméstica”? El, ha contado muchas veces que,
para poner el título a cualquiera de sus obras se hace una serie de
preguntas, y planteamientos absurdos, como lo solía hacer el escritor
rumano, Eugenio Ionesco – autor de “La cantante calva” -. Y Rivera
Saavedra – si alguno no sabe-, compartió estudios con este gran
escritor. Sin embargo, desde antes de estudiar con él, Rivera Saavedra
hacía teatro de absurdo. Es decir; fue el primero en adelantarse al
teatro de vanguardia en el Perú. En México – el año 85-, Juan Rivera Saavedra presenta, con uno de los
tantos grupos que fundó (“Alondra”) la pieza “¡Ya viene Pancho
Villa!”. Pieza polémica para dicha ciudad y los mexicanos; pero de
calidad y de mensaje. Cierto que hubo sentimientos en pro y en contra, sin
embargo, fue un verdadero éxito. Juan y su grupo, triunfaron, y fueron
invitados a recorrer cada uno de los estados, de tan bello país, debido a
la calidad de – honra para el teatro de Rivera Saavedra- y el Perú que
una vez más ponía el nombre de la patria en el crisol del éxito
internacional. Una universidad de Texas, ha denominado a Juan Rivera Saavedra, el
autor más distinguido y prolífico de América. Este es un título que lo
honra y enaltece; pero también es un título que le hace justicia a su
producción y calidad. Realmente Juan Rivera, hablar de ti, y de tu obra en este honroso
homenaje que te brinda tu casa – la Asociación Guadalupana-, me llena
de una honda y profunda complacencia. No sólo por no conocer de cerca tu
trayectoria sino, también, por la amistad que sembramos en Guadalupe; una
amistad que jamás se rompió o apagó y que estuvo siempre encendida como
llama votiva de la guadalupanidad que practicamos en el colegio del viejo
Guadalupe. Creo, señoras y señores, que rendir un homenaje a un peruano como Juan
Rivera Saavedra, es una forma sagrada de expresar nuestro reconocimiento.
Rendir homenaje a un peruano, que no solamente ha producido infinidad de
obras y montajes; es un homenaje que todo el Perú debe rendir a sus
artistas. A hombres que como él, son artífices de la cultura peruana,
porque lleva en su sangre y venas, el palpitar de un pueblo; y tiene mucho
que ofrecer a la cultura internacional, la cultura universal... Reconocer
hombres de su talla, es prestigiar lo que vale el Perú, romper las
cadenas de la ignorancia, barrer, limpiar con aguas cristalinas el lodo de
las inmoralidades y corrupciones... Es sembrar una patria hermosa como
anhelan todos los peruanos. Por eso, esta noche, debe quedar en el
recuerdo de ustedes el aplauso que se le brinda a un hermano guadalupano,
que nos lleva por el camino donde se encuentran escritores como José
Fiansón, López Albújar, todo ellos guadalupanos... Rivera pertenece a
la extirpe de José Carlos Mariátegui; que cuando escribe, piensa en el Perú y en la
humanidad. Y piensa como Vallejo, cuando escribe su poema MASA : “Y al
fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le
dijo: “¡No te mueras, te amo tanto” pero el cadáver, ay, siguió
muriendo. Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: “¡Quédate,
hermano!”. Pero el cadáver, ay, siguió muriendo. Entonces, todos los
hombres de la tierra lo rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado
incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre y echóse a andar...”
Este poema nos habla de la solidaridad humana, y Juan Rivera Saavedra, es
un mensajero de la solidaridad humana. Saca de las entrañas de la
humanidad la miseria, para mostrarla al mundo, para que los hombres se
junten, se subleven contra ello y desaparezca del globo terrestre.... Esas son tus obras, Juan Rivera Saavedra. Y que quede en la conciencia de
los que me escuchan esta noche, que ... Juan Rivera Saavedra es un autor
de gran calidad, profundo sentido humano, y que sus obras literarias, sus
dramas y comedias, deben ser –por hoy, y siempre- el orgullo de esta
patria que necesita el valor y talla de un Rivera Saavedra, y de hombres
como él. Se Juan, que en tu trayectoria hay mucho más méritos de lo que he
referido, pero con las cosas y hechos mencionados, basta y sobra, para que
ocupes ya un lugar privilegiado en las páginas de la historia de la
literatura peruana. Muchas gracias. GERMAN LIZARZABURO Setiembre, 2000 |