El Descubrimiento volver
Empecé el día dispuesto a comenzar mis inconscientemente tareas predeterminadas durante la noche, la primer puteada al salir el sol, la vestimenta adecuada dependiente del estado de animo arbitrario que consume mis entrañas esos días de terror masivo que invade todo el mi, el putrefacto desayuno de mi señora, el educando de mis hijos, en síntesis, el no placer de vivir correspondido.
Correspondo a no conmoverme con los accidentes vehiculares del medio tiempo del trabajo.
Pertenezco a una raza de personajes no convencionales que se mueren por controversial el mal funcionamiento de los combustibles aireosos del medio oriente, indestinados a nosotros, a los más indescifrables del conurbano porteño de finales del siglo pasado. Corro por medio de personajes ajenos, compiñes educativos de antaño, sobrenombres frívolos, semejanzas adolescentes y sueños de amor jamás cumplidos, pero que vienen en mi al verla diariamente correspondida junta al escritorio pasado de moda y ya varias veces reconstruido con repuestos a mano, e improvisados en el no-sótano de este establecimiento ya no digno, de confianza y de esperanzas de una vida mas prospera, como la creíamos, al igual que aquellos indescifrables sobrenombres educativos del fondo.
La ame eternamente en mis sueños, destinada a compartir el desempeño indiscutible de la vida pasada, compañera incierta de mis virtudes, desprolijamente convertida en mi protocolo humano y versátil al ojo ajeno maduro de mis pares.
Lo peor fue el primer día de trabajo.
Pague la cuenta a medias con Alfredo.
No merezco este traje de terciopelo, ni mis zapatos de fragüe ingles, ni siquiera el conmutador de bolsillo. Merezco algo mas digno y más emblemáticamente personal, como si me mereciera el dominio del miedo, del dolor, de la profunda angustia que siento al verla, al tocar sus finas manos de prostituta, sus finos labios de vagina.
Pechos pequeños, algebraicamente indescifrables, consumidos de proteínas traídas del cuerpo, consoladores del trasnoche trece, penosamente convertidos en rumores ¨ ajenos ¨ y callejeros, sudoríparas cercanas se lamentan al verlos libres, por su belleza, no por lo fastidioso de sus formas convexas.
Mi mujer lo sabe, eran ¨ íntimas ¨ amigas, no interesa lo que paso entre ellas.
Lo que sí es que alguna vez las tuve a ambas, convertidas en fieras dentro de mi humilde e infundamentado lecho no perteneciente. Noche, va... noche, en que las descubrí en su más peculiar perversión de los tiempos, comprobando el desventuramiento que alejaban mis padres de ti.
Eso ya fue.
Pero lo recuerdo, temor al asado le tenia luego.
Se ha repetido últimamente, pero a mi escondida e yncorvada espalda. Sureños deseos de matarlas aparecieron en mis bolsillos a modo de manuscritos hebreos ebrios matutinos.
Lo hice, la mate despues de llevar a los chicos al cole ( injertos de mierda revolcándose entre ellos, consumidos de plástico atravesando su apogeo decadentico, personajes despilfarrados del monederito robado de dios por algún hijo de puta correspondiente a mi ideología), ahora le toca a ella, maldita corresponsal del pasado no pisado.
Escúchame putita:
Sé lo que estas volviendo a hacer con mí (difunta) esposa, y no voy a permitir que esto siga sucediendo a mis espaldas, quiero que la dejes en paz, que te mandes a mudar de acá hija de mil puta.
Pero Marcelo, no seas tan cerrado, no ves que nosotras tenemos una relación muy especial; que no viene de ahora, es algo que lo venimos manteniendo hace mucho tiempo y que vos, como sos derechista, jamás vas a entender.
No quiero decirte que seas un facho, lo que quiero decirte es que Bibiana necesita otro tipo de trato, que vos, no podes dárselo por el momento. Porque trabajas, porque pensas en otras cosas, que nosotras, las mujeres ni siquiera nos preocupamos. ¿Entendes lo que te digo?
Cometí asesinato doble ese día, al partirle y golpearle el cráneo sucesivas veces con una moladora de mano.
Hoy
no me arrepiento, me conmueve el versátil desempeño dentro del desierto.
Viernes 19 de Abril de 2002 volver