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Vida en Europa (Júpiter)  Página Principal - Astronomía

 

VIDA EN EUROPA *

 Articulo sobre posible existencia de microorganismos en este satélite de Júpiter. *

Ciencia&Tecnología desde hace unos pocos años, a partir del momento en el que se empezaron a analizar con profundidad los datos enviados por la sonda espacial Galileo, Europa se ha convertido en un importantísimo foco de interés para los astrobiólogos, los científicos que buscan vida en lugares distintos a la Tierra. Ahora, un experimento realizado en el Ames Research Center de Astrobiología de la NASA en California acaba de aportar un nuevo dato: una fuente de energía para la síntesis de moléculas orgánicas en un sitio tan inhóspito como este lejano objeto espacial.

Europa, ligeramente más pequeño que nuestra Luna, es uno de los satélites del gigantesco Júpiter. Su superficie es una gruesa capa de hielo, calculada como de más de diez kilómetros de espesor, que cubre un inmenso océano de agua salada. Si un astronauta paseara por la helada y lisa superficie de Europa comprobaría que la temperatura exterior es de alrededor de -190 grados centígrados y que no hay atmósfera. ¿Cómo nadie en su sano juicio puede pensar que en semejantes condiciones alberga vida y que, además, es el lugar -con Marte-donde hay más probabilidades de encontrarla en nuestro sistema solar?

La primera razón la proporcionó el color de Europa. En vez del esperado azul pálido del hielo, el satélite presenta en casi toda su superficie un aspecto rojizo. A finales del año 2001, los científicos determinaron que una muy posible explicación del subido color de cara de la luna de Júpiter era la presencia masiva de microorganismos (algún tipo de bacteria) congelados en las grandes masas de hielo visibles en su superficie.

Claro que esto planteaba otro problema. Si hay microorganismos, estos deberán estar formados, aparte de por hidrógeno y oxígeno que los podría proporcionar el agua, por carbono, nitrógeno, azufre, fósforo y otros elementos. ¿Tiene Europa suficiente cantidad de estos 'ladrillos' esenciales para construir las moléculas orgánicas? Los cálculos demostraron, ya en la primavera de 2002, que los impactos con cometas y asteroides que se hayan encontrado con el satélite desde su formación son suficientes para haber aportado la cantidad necesaria de materiales imprescindibles para una evolución orgánica.

La energía

Claro que disponer de los elementos necesarios para la vida no significa que ésta apareciera. Se necesita energía, no sólo para la inicial formación de las moléculas orgánicas sino también para mantener a los microorganismos. Aunque nadie lo sabe, resulta razonable suponer que en el fondo de los océanos de Europa existan volcanes submarinos similares a los de la Tierra. Ésta podría ser una posibilidad para obtener energía y de aquí desarrollar una evolución biológica. Sin embargo, la vida estaría probablemente circunscrita a estos lugares y, entonces, no colorearía toda la superficie de Europa.

Durante el otoño del año pasado, las imágenes de muy alta resolución enviadas por la sonda Galileo demostraron que la superficie helada está fracturada por gigantescas grietas, debidas a los movimientos de marea del océano subyacente. Lo importante es que estas fracturas, cada una de las cuales duraría miles de años antes de volver a cerrarse, se convierten en un lugar donde podría florecer la vida. En estos sitios, el agua recibiría algo (poco) de luz del sol que, junto con las corrientes de agua caliente que suben desde el océano hacia la superficie, podrían proporcionar suficiente aporte energético y de nutrientes como para soportar una relativamente abundante vida microbiana.

Faltaba por explicar la fuente de energía necesaria para las primeras síntesis orgánicas, las moléculas primordiales de la vida. A mediados de los años cincuenta, Stanley Miller hizo una demostración fundamental: los rayos eléctricos de las tormentas, sobre un caldo adecuado con los elementos químicos oportunos, son capaces de formar aminoácidos, los constituyentes elementales de las proteínas.

Una remota posibilidad

Ahora, los investigadores del Ames Research Center han demostrado que los mismos choques de los asteroides con el hielo producen descargas eléctricas similares a las de los rayos. Han lanzado pequeñas bolas de aluminio contra hielo superenfriado (a -196 grados) y han comprobado que, como consecuencia del impacto, se producen descargas eléctricas considerables.

Lo importante es que de este hallazgo se deriva un posible mecanismo para la síntesis inicial -abiótica, esto es, sin vida-de las moléculas orgánicas en Europa. Los 'rayos' generados por los impactos de los asteroides podrían haber facilitado las reacciones químicas iniciales, como los rayos de las tormentas quizás hicieron en la Tierra.

Aunque muy especulativo todo ello, el conjunto hace muy posible que en esta gigantesca luna jupiteriana haya florecientes colonias de microbios. Merece la pena investigarlo y la Nasa está en ello, desarrollando un plan específico para estudiar las tres lunas heladas de Júpiter: Calisto, Ganímedes y de Europa. Se trata del Proyecto Prometeo. Al fin, encontrar vida fuera de la Tierra es el mayor desafío científico y filosófico de la actualidad.


*Artículo publicado el domingo 2 de marzo de 2003 en el especial VIDA&OCIO del periodico El Norte de Castilla: 

Texto de/José Carlos Pérez Cobo. Fotografía de Reuters.  web


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