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MARCOS
ALONSO NO PUDO DEBUTAR CON VICTORIA
El
nuevo técnico zaragocista le lavó la cara al
equipo y apostó por un once corredor y mordedor.
Si el lunes Lainez decía que no le habían podido
llevar a su afición ni los dientes de Zidane,
ayer bien le pudo ofrecer en los primeros cinco minutos un
par de piernas de los jugadores del Valladolid tras dos entradas
muy feas de Vellisca y Pablo.
La
revolución Marcos no empezó del
todo bien. César y Rebosio, inédito tándem
de centrales, no se coordinaban lo suficiente para sujetar
a los mediapuntas vallisoletanos, Esquerdinha, que tiene el
mismo cuerpo que el Piraña en Verano
Azul, no daba una a derechas y Juanele estaba más
preocupado de presionar que de crear (conste que como casi
todos sus compañeros).
El
Zaragoza encaraba el partido al borde del ataque de nervios
y esa desesperación provocó tres ocasiones del
Valladolid en el primer cuarto de hora, pero (igual que la
semana pasada ante el Barça) los pucelanos volvieron
a ejercer de hermanitas de la caridad y le perdonaron
la vida a su rival, cosa que también hicieron después
Milosevic y Galletti (éste dos veces) en las tres mejores
ocasiones zaragocistas. Y es que el equipo de Marcos le metió
al partido tanta presión que fue ahogando al Valladolid
hasta que, cuando el agua le llegaba al cuello, Puentes Leira
pitó el final del primer tiempo.
La
segunda parte empezó igual que la primera, con el Zaragoza
tocando a rebato y el Valladolid perdonando un gol, esta vez
Tote. Marcos se decidió a hacer el más
difícil todavía en su paseo por la cuerda
floja: colocó a la defensa en línea en el centro
del campo y empezó a encerrar al equipo pucelano en
su área. El problema era el riesgo de una contra que
podía dejar K.O. a los maños.
La
apuesta no le salió bien a Marcos, porque su equipo
fue incapaz de hacer ocasiones claras pese a que tuvo el balón
y tres cuartas partes del campo a su merced. Tampoco le funcionó
meter a todos los delanteros de su plantilla al mismo tiempo,
puesto que Drulic y Bilic olieron los mismos balones que Milosevic,
es decir, ninguno.
Por
cierto, que Puentes Leira, posiblemente el peor árbitro
del mundo, se tragó un penalti de Pablo a Sales en
la prolongación. Al final, lo dicho: la ilusión
de un Zaragoza que marque goles, sigue siendo eso, una ilusión.
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