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EL
BETIS DEJA AL ZARAGOZA CAMINO DE SEGUNDA
El
Zaragoza vive en el sufrimiento, pero es un equipo con corazón.
Un corazón arrítmico, eso sí, porque
los de Costa funcionan a impulsos y tan pronto hilan una combinación
magnífica en ataque como cometen absurdos fallos de
posición o en controles aparentemente sencillos. Tampoco
sorprende: suele ocurrirle a los equipos angustiados por el
fantasma del descenso. En todo caso la afición zaragocista
respondió y abarrotó La Romareda. Cualquier
ayuda será poca en esta apretada recta final.
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La
verdad es que los locales no merecieron marcharse al descanso
con ventaja. Aunque puede que un golazo como el de Bilic merezca
eso y mucho más... Alguna ocasión más
tuvo el equipo maño, con Milosevic casi siempre de
protagonista, muy peligroso cuando caía a las bandas.
Pero era el Betis quien mejor jugaba. Llegaban los de Juande
con relativa facilidad por ambas bandas, su punto fuerte,
y también por el centro, con un inspirado Benjamín.
Además, después del zambombazo del croata, los
maños sufrieron un ataque de pánico y se encerraron
sin orden ni concierto. Le faltó entonces instinto
asesino a los de Juande, porque el cordero se le había
metido solito en el matadero.
La
agonía local, en el campo y en las gradas, se intensificó
en la segunda mitad. El Betis era una máquina de robar
balones y generar peligro. Magnífico el partido de
los verdiblancos. Sólo les faltó acierto en
el remate porque, por lo demás, su segunda mitad fue
para enmarcar. Benjamín intensificó el ritmo
del primer periodo. Un coloso. Un pulpo robando balones, una
gacela conduciéndolos. Y completísimo el partido
de Denilson, generoso y eficaz en las asistencias. Pese a
su mala suerte en el remate, el Betis dio la vuelta al resultado,
porque un gol de Ikpeba fue legal y nadie entiende cómo
lo anuló Mejuto. Antes, Dani hizo su golito, y van
cinco, tras una magnífica combinación del eje
Benjamín-Denilson.
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