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EL
DEPOR DERROTÓ POR LA MÍNIMA AL ZARAGOZA CON
UN GOL DE TRISTÁN
El
Deportivo recuperó en el momento más delicado
de la Liga el crédito que se le supone en el estadio
de Riazor. Dos partidos sin ganar en casa habían alejado
al Deportivo de la pomada y ante el Zaragoza se jugaban el
quedarse cortados.
El
triunfo lo parió sin brillo, con mucho dolor. Parece
que al Depor las citas grandes de los dos próximos
miércoles (Juventus y final de la Copa) le inducen
a jugar con el freno de mano, sin acelerar y forzar un sprint
más de la cuenta. En el mal partido de los de Irureta
tuvo mucho que ver el orden y esfuerzo del Zaragoza durante
todo el partido. Eso sí, el aseado encuentro de los
maños lo afearon ellos mismos por la incapacidad para
hacer bueno un último pase o un remate. Milosevic,
que tuvo un mano a mano con Molina en el minuto 3, se aburre
aquí como en el Calcio. En todo el partido recibió
un balón en condiciones.
Del
Depor de la primera parte sólo es rescatable el gol
de Tristán y un remate de chilena de Makaay. Hasta
el tanto del sevillano, que le robó hasta los cordones
de la bota a su defensor, Djalminha lo había lanzado
todo. Y a la tercera decidió acariciarla enroscada
para que Diego pusiera el punto y final al partido. Punto
y final en el minuto 20 del encuentro. Porque la incapacidad
del Zaragoza, que sólo dio miedo en los primeros quince
minutos, para acercarse a Molina era tal que al Depor se le
hizo el partido comodísimo. Y tanto se relajó
que en la segunda parte sonaron todas la alarmas.
El
Zaragoza, más profundo y vertical sobre todo por la
banda de Vellisca, metía el cuchillo en el centro del
campo e hizo recular al Depor hasta el área y empezó
a crear peligro de verdad en las inmediaciones de la portería
de Molina. Pero es que Luis Costa debería poner a sus
extremos a centrar mil veces porque toda la elaboración
moría en el último pase. A Jabo le llegó
el olor de la empanada de sus jugadores y tiró de pulmones.
Sergio entró por la derecha, Makaay se fue arriba y
Diego al banquillo. Una vez más quedó demostrado
que al holandés se le asesina jugando en la derecha.
No hay más vuelta de hoja: o juega Tristán o
juega Makaay.
Al
mismo tiempo que Jabo quitaba Costa metía delanteros
para intentar conseguir, al menos, un punto que estaba acariciando
en esos momentos. Dos, por si acaso sonaba la flauta y uno
de los quince centros que sacó Vellisca llegaba por
lo menos dentro del área. El Depor enmascaró
su mal partido con los últimos diez minutos en los
que jugó a la contra y cogió en pañales
al Zaragoza en el repliegue. El asistente unas veces y el
último pase en otras dejaron en pírrica y sosa
la victoria del Deportivo que, sin embargo, se mete en la
pomada.
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