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TRES
PUNTOS VITALES
En
un encuentro en el que se podía determinar el grado
de agonía que les espera en lo que resta de Liga a
dos equipos comprometidos con la permanencia como el Zaragoza
y el Mallorca salió perdiendo el equipo balear. Su
derrota en La Romareda destapa todas las miserias que han
rodeado a una temporada decepcionante y le devuelve a las
catacumbas del descenso. El Zaragoza se tomó ayer un
ligero respiro en su espinado camino por no descender gracias
a su mejor actitud y voluntad de triunfo respecto a un Mallorca
que sólo apretó y arrinconó a su rival
cuando se vio envuelto en un lío monumental con la
derrota a cuestas.
Ayer
se demostró que al Mallorca le fallan su estructura.
Carece de un centro del campo con oficio para sacar los partidos
adelante y, además, la fatalidad se ha asomado con
contundencia. Roa, su mejor jugador en los últimos
partidos, cantó de manera descarada y le regaló
el triunfo al Zaragoza. Lo que le faltaba a los bermellones.
El
mejor recurso para tiempos de crisis y necesidad es arriesgar,
luchar a muerte y no esconderse en el sótano. Zaragoza
y Mallorca salieron decididos a capear el mal momento que
atraviesan con dos apuestas ofensivas y sin tapujos. Los aragoneses
estrenaron una delantera inédita, con dos tanques
serbios del estilo de Drulic y Milosevic, mientras los baleares
rescataron de la cueva a Ibagaza para buscar el enlace con
Luque y Losada.
Más
tensión que juego
El guión se presentaba, en la teoría, espectacular.
Sin embargo, en la práctica no aportó dosis
adicionales de buen juego. Los delanteros de ambos equipos
se hartaron de ver balones aéreos. El fútbol
se redujo a un espacio muy reducido. En treinta metros se
desarrolló un encuentro entre dos equipos que desechaban
el empate pero que no sabían como despojarse de la
tensión que aprisiona a plantillas con aires de grandeza
que en en desgracia.
Los
huecos era ciencia ficción y la contención se
antepuso a la creación. Los ataques de ambos equipos
se frenaban por la escasa aportación del centro del
campo de unos y otros, más preocupados de guardar la
posición que de romper el partido a su favor.
El
Zaragoza dispuso de más control, pero no lo tradujo
en nada destacable. El Mallorca se encomendó a la velocidad
de Luque y Losada, pero con envíos para denunciar en
el juzgado de guardia más cercano en muchos casos.
Roa y Laínez no intervinieron ni una sola vez en situación
de peligro en la primera parte.
En
la segunda mitad el planteamiento no varió un ápice.
El Zaragoza siguió visitando con más asiduidad
en terreno bermellón, pero nunca esperó que
fuera a ganar el partido gracias a un fallo de los que nunca
se presume en un portero de la categoría internacional
de Roa. Un balón manso se convirtió en un regalo
envenenado para el Mallorca, que se vio contra las cuerdas.
Kresic apuró al máximo y sacó al campo
a Etoo, Carlos y Paunovic. Su presión fue intensa pero
nunca llegó a atosigar al Zaragoza, que administró
su renta con mimo.
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