Albores de la Salud mental
Francisco J. Fuentes
Profesor de Psico-Yogoterapia
Almer�a. Hispania.
Uni�n Europea
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Creadores, por orden cronol�gico, de los conocimientos que actualmente se tienen acerca de la salud mental.
1) La India, con el Yoga. El origen de este sistema se pierde en el tiempo
2) China, con la acupuntura
3) Grecia, con Hip�crates
4) Roma, con Galeno
5) Espa�a, con fray Gelabert. Crea en 1409 en Valencia el primer manicomio del mundo
6) Francia, con Pinel. Estableci� los fundamentos de una salud mental cient�fica
"En el a�o 3000 a.J.C. aparecen los primeros escritos chinos sobre medicina general. La India y China se consideran la cuna de la medicina cient�fica o racional frente a la primitiva. Estas medicinas cl�sicas asi�ticas han persistido en sus pa�ses de origen, conviviendo e influyendo a la medicina europea. Ejemplo de ello es la difusi�n popular de la acupuntura china y del yoga indio. En la Grecia del s. V a.J.C. Hip�crates, en su �Corpus Hippocraticum�, relacion� la enfermedad mental con causas biol�gicas, como la melancol�a o tristeza patol�gica con un exceso de bilis negra. En Roma, Galeno tambi�n consider� que los trastornos mentales ten�an origen cerebral. Con el inicio de la Edad Media desaparece esta incipiente actitud cient�fica ante la enfermedad mental y llega una �poca de oscurantismo y, en ocasiones, horror, que se extiende hasta el s. XVIII. Se vuelve a considerar a la enfermedad mental como fruto de una posesi�n diab�lica y se practican tratamientos brutales y punitivos por parte de los inquisidores (torturas, hogueras...). Una excepci�n en esta �poca de oscurantismo fue la fundaci�n en Valencia del primer manicomio del mundo por parte de fray Gelabert Jofr�, quien en 1409 cre� el Hospital de Foles e Inocents. En Londres, desde 1547 se utiliz� el Hospital de Bethlem para el tratamiento de los enfermos mentales. El neerland�s J. Weyer realiz� una gran cr�tica a la visi�n demonol�gica de la enfermedad, y reclam� que los enfermos mentales fueran tratados por m�dicos. Tuvieron que pasar m�s de dos siglos hasta que el psiquiatra franc�s P. Pinel sentara las bases de una psiquiatr�a cient�fica al liberar a los enfermos de las cadenas y estudiarlos mediante una observaci�n cl�nica rigurosa. Su sucesor, Esquirol, continu� las reformas de la asistencia hospitalaria del enfermo mental iniciadas por Pinel.
-Hip�crates
M�dico griego (Isla de Cos hacia 460 a.J.C.-Larisa, en Tesalia, hacia 377 a.J.C.). La fama que ha conservado durante m�s de dos mil a�os contrasta con la carencia de referencias antiguas a sus escritos y con el hecho de que su primera biograf�a se haya escrito quinientos a�os despu�s de su muerte. Las pocas referencias de sus contempor�neos se deben a Plat�n, que se refiere a �l en sus di�logos �Prot�goras� y �Fedro�, y a Arist�teles, que lo menciona en �La Pol�tica�. Sabemos, precisamente por Plat�n, que pertenec�a a una familia de asclep�ades (sacerdotes dedicados al culto de Asclepio, hijo de Apolo y disc�pulo del centauro Quir�n, quien le ense�� la medicina).
Su fama se debe, sobre todo, a los comentarios de Galeno, que hicieron de Hip�crates el padre de la medicina.
A juzgar por sus escritos, Hip�crates debi� de viajar mucho por el mundo griego, residiendo sucesivamente en la isla de Tasos, en Tracia y en Tesalia. Fue consultado por P�rdicas II, rey de Macedonia, y por Artajerjes II Mnem�n, rey de Persia. La idea central de su medicina es la concepci�n de la salud como un equilibrio, mantenido en el organismo sano merced a la existencia de una fuerza natural que tiende a restablecerlo autom�ticamente cuando se producen alteraciones leves. Cuando este equilibrio se rompe, a causa de la enfermedad, el m�dico debe acudir en auxilio de la fuerza curativa de la naturaleza, por lo que su acci�n debe consistir, sobre todo, en recomendar el r�gimen de vida adecuado: descanso f�sico y espiritual, calmantes cuando hay dolor, dieta, ejercicios moderados y una terap�utica basada en el uso de purgantes, em�ticos, cordiales, emenagogos, enemas, lavativas, sangr�as (sin recurrir a las sanguijuelas), fomentos, ba�os, fricciones y masajes. Consideraba importante el equilibrio de los cuatro humores del cuerpo: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, que aparecen en diferentes proporciones seg�n el temperamento de cada individuo. Su teor�a se conserv� pr�cticamente hasta el s. XIX".
Fuente: Enciclopedia PlanetaDeAgostini
-El juramento hipocr�tico
Por Apolo m�dico y Esculapio, juro: por Higias, Panacea y todos los dioses y diosas a quienes pongo por testigos de la observancia de este voto, que me obligo a cumplir lo que ofrezco con todas mis fuerzas y voluntad.
Tributar� a mi maestro de Medicina igual respeto que a los autores de mis d�as, partiendo con ellos mi fortuna y socorri�ndoles en caso necesario; tratar� a sus hijos como mis hermanos, y si quisieran aprender la ciencia, se las ense�ar� desinteresadamente y sin otro g�nero de recompensa. Instruir� con preceptos, lecciones habladas y dem�s m�todos de ense�anza a mis hijos, a los de mis maestros y a los disc�pulos que me sigan bajo el convenio y juramento que determinan la ley m�dica y a nadie m�s.
Fijar� el r�gimen de los enfermos del modo que le sea m�s conveniente, seg�n mis facultades y mi conocimiento, evitando todo mal e injusticia.
No me avendr� a pretensiones que afecten a la administraci�n de venenos, ni persuadir� a persona alguna con sugestiones de esa especie; me abstendr� igualmente de suministrar a mujeres embarazadas pesarios o abortivos.
Mi vida la pasar� y ejercer� mi profesi�n con inocencia y pureza.
No practicar� la talla, dejando esa operaci�n y otras a los especialistas que se dedican a practicarla ordinariamente.
Cuando entre en una casa no llevar� otro prop�sito que el bien y la salud de los enfermos, cuidando mucho de no cometer intencionalmente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitando principalmente la seducci�n de las mujeres j�venes, libres o esclavas. Guardar� reseva acerca de lo que oiga o vea en la sociedad y no ser� preciso que se divulgue, sea o no del dominio de mi profesi�n, considerando el ser discreto como un deber en semejantes casos.
Si observo con fidelidad mi juramento, seame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesi�n, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre m� la suerte adversa.
-Regreso a Psico-Yogoterapia.
-Correo.