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Datos del Mensaje
De  "Manuel Ossa" <[email protected]Agregar dirección
Fecha  2001/09/27 Thu PM 05:21:06 GMT-04:00
Para  "yenive cavieres" <[email protected]>
Asunto  reenvío; anulación texto anterior
  
 

Declaración de los Colectivos de Trabajadores CC.TT.

frente a la actual situación política internacional.

Los pueblos pueden y tienen que responder a la barbarie

  1. Estamos en contra de todo uso del terror como práctica política. Es cierto que los conflictos entre sectores sociales antagónicos no se pueden resolver por la vía de la armonización de sus intereses, pero tampoco el terror lleva a una solución estable, pues este medio de lucha es deudor del mismo afán de sometimiento que pretendería alejar. Los trabajadores del mundo tenemos clara conciencia de esta verdad histórica.

  2. Los sectores dominantes estadounidenses y afganos acuden en estos momentos a argumentos propios de todos los "fundamentalismos", es decir, de ideologías que identifican intereses económicos y políticos particulares con poderes o potencias absolutas y casi extramundanas o sobrenaturales. Tanto el capital mundial como el integrismo talibán declaran cruzadas de "justicia infinita" o "guerras santas", demonizando al enemigo y endiosando la propia causa. El uso del terror o la amenaza fundada en él, tal como ocurre en estos instantes, es una expresión de esos fundamentalismos.

  3. Los trabajadores chilenos somos parte de aquella mayoría de la humanidad que ha sido explotada y excluida, también bajo la fórmula del terror. Somos parte de los pueblos pobres del planeta y de los trabajadores precarizados afectados por las orientaciones económicas actuales, que buscan imponer en el mundo el fundamentalismo neoliberal. Entre esta mayoría de la humanidad se encuentran los pueblos afgano, pakistaní e iraquí contra quienes ahora el Presidente Bush y sus consejeros militares y militaristas quieren dirigir en primera línea su respuesta de terror. A la opresión política, militar o religiosa que estos pueblos soportan ya por largo tiempo, el occidente quiere sumarle la de una guerra sin limitaciones para defender sus propios intereses. Nos oponemos con toda fuerza a esta acción guerrera y nos declaramos en rebeldía y resistencia contra quienes en nuestro país o en el mundo se alinien a los Estados Unidos en esta campaña.

  4. Cabe recordar que fueron los militares estadounidenses quienes, con sus "bombardeos alfombra" realizados desde más de cinco mil metros de altura sobre toda la población de ciudades alemanas y con sus bombas atómicas sobre Nagasake e Hiroshima, cambiaron el concepto de la guerra al involucrar masivamente a la población civil entre las víctimas. Antes hubo el genocidio de la población indígena en los Estados Unidos. Después de la segunda guerra mundial, tuvieron lugar las invasiones a Corea y Vietnam en el Asia, a Santo Domingo, Granada y Panamá en América Latina; el apoyo a las dictaduras de Duvalier en Haití, de Somoza en Nicaragua y de Batista en Cuba; las acciones encubiertas de apoyo a los golpes locales (en Guatemala el 54, en Brasil el 64, en Bolivia en sucesivas ocasiones, en Chile y Uruguay el 73, en Argentina el 76); la intervención en el mismo Afganistán en la década de los ochenta y en el conflicto de Yugoslavia durante los noventa; las intervenciones en contra de Libia y del Sudán; la guerra permanente contra Irak; y los actuales programas de intervención, como el Plan Colombia, para nombrar sólo algunos de los más conocidos.

  5. Es posible interpretar, pues, lo sucedido como una descomunal protesta contra un poderío también descomunal. Tal poderío se tiene su merecido, por mucho que le haya llegado en forma tan reprobable. Signo de que no se puede sostener más una tal acumulación de poder, como tampoco el uso soberbio y arrogante que han hecho de él los sectores dirigentes de los Estados Unidos y sus aliados: un gigante de oro con los pies de barro.

  6. Por ello hay que denunciar que la preparación de intervenciones militares en Asia, el anuncio de acciones encubiertas incluidos los asesinatos y el bloqueo económico, todos por tiempos prolongados y sin limitaciones de ninguna especie, salvo las que arbitrariamente EE.UU. decida, ponen en peligro la vida de los pueblos afectados y la propia paz mundial. Además, exacerbar el nacionalismo y el miedo del pueblo estadounidense y del resto del mundo apelando a un enemigo omnipotente, busca legitimar la violación del propio derecho internacional burgués y permite ampliar y extender las facultades policiacas a nivel mundial de los organismos de seguridad y militares estadounidenses convirtiéndolos en los grandes gendarmes del planeta.

  7. El discurso de Bush y la burocracia política y militar dominante está aprovechando la situación no sólo para recuperar su capacidad ofensiva a nivel internacional, sino también para preparar las condiciones subjetivas que legitimen una gran ofensiva contra las luchas antiglobalizadoras de los pueblos y movimientos de trabajadores y sociales opuestos al imperialismo estadounidense y las transnacionales.

  8. Hacemos un llamado al pueblo estadounidense: a los trabajadores también explotados, a los sectores sociales oprimidos, a los históricamente discriminados por su procedencia étnica u opciones culturales y a los intelectuales comprometidos con los derechos de los pueblos y la paz mundial, a levantar la voz contra el militarismo de Bush y la coalición cívico-militar que está administrando el poder y llevando al mundo a una crisis cuyo costo para la humanidad es inimaginable. Es hora que los trabajadores y el pueblo estadounidense salgan de su enclaustramiento, reflexionen profundamente sobre su historia reciente, asuman su responsabilidad por los gobernantes que tienen, se conecten solidariamente con las luchas de los demás pueblos explotados y oprimidos por el gran capital mundial y levanten su voz para poner freno a las tendencias militaristas e imperialistas de los sectores civiles y militares dominantes estadounidenses.

  9. Hacemos un llamado a los pueblos del mundo a movilizarse por la paz y contra la política internacional imperialista, a denunciar la actitud de sus gobernantes que casi sin excepción -como en el caso de Chile- han sido obsecuentes con el fundamentalismo, cinismo y prepotencia militarista adoptada por el Gobierno de Bush y los sectores dominantes de EE.UU. Los pueblos pueden y tienen que responder a la barbarie a que nos conduce el individualismo y la pulsión voraz del capital mundial. Los pueblos pueden y tienen que anteponer la lucha por la vida y la paz a la estrategia belicista del capital mundial que, comandado desde Wall Street, reclama más sacrificios humanos para seguir reproduciéndose sin límites.

Colectivos de Trabajadores CC.TT.,

Santiago de Chile, septiembre 24 de 2001

  
 
   
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