Declaración de los Colectivos de Trabajadores CC.TT.
frente a la actual situación política internacional.
Los pueblos pueden y tienen que responder a la
barbarie
- Estamos en contra de todo uso del terror como práctica política. Es
cierto que los conflictos entre sectores sociales antagónicos no se
pueden resolver por la vía de la armonización de sus intereses, pero
tampoco el terror lleva a una solución estable, pues este medio de lucha
es deudor del mismo afán de sometimiento que pretendería alejar. Los
trabajadores del mundo tenemos clara conciencia de esta verdad
histórica.
- Los sectores dominantes estadounidenses y afganos acuden en estos
momentos a argumentos propios de todos los "fundamentalismos", es decir,
de ideologías que identifican intereses económicos y políticos
particulares con poderes o potencias absolutas y casi extramundanas o
sobrenaturales. Tanto el capital mundial como el integrismo talibán
declaran cruzadas de "justicia infinita" o "guerras santas", demonizando
al enemigo y endiosando la propia causa. El uso del terror o la amenaza
fundada en él, tal como ocurre en estos instantes, es una expresión de
esos fundamentalismos.
- Los trabajadores chilenos somos parte de aquella mayoría de la
humanidad que ha sido explotada y excluida, también bajo la fórmula del
terror. Somos parte de los pueblos pobres del planeta y de los
trabajadores precarizados afectados por las orientaciones económicas
actuales, que buscan imponer en el mundo el fundamentalismo neoliberal.
Entre esta mayoría de la humanidad se encuentran los pueblos afgano,
pakistaní e iraquí contra quienes ahora el Presidente Bush y sus
consejeros militares y militaristas quieren dirigir en primera línea su
respuesta de terror. A la opresión política, militar o religiosa que
estos pueblos soportan ya por largo tiempo, el occidente quiere sumarle
la de una guerra sin limitaciones para defender sus propios intereses.
Nos oponemos con toda fuerza a esta acción guerrera y nos declaramos en
rebeldía y resistencia contra quienes en nuestro país o en el mundo se
alinien a los Estados Unidos en esta campaña.
- Cabe recordar que fueron los militares estadounidenses quienes, con
sus "bombardeos alfombra" realizados desde más de cinco mil metros de
altura sobre toda la población de ciudades alemanas y con sus bombas
atómicas sobre Nagasake e Hiroshima, cambiaron el concepto de la guerra
al involucrar masivamente a la población civil entre las víctimas. Antes
hubo el genocidio de la población indígena en los Estados Unidos.
Después de la segunda guerra mundial, tuvieron lugar las invasiones a
Corea y Vietnam en el Asia, a Santo Domingo, Granada y Panamá en América
Latina; el apoyo a las dictaduras de Duvalier en Haití, de Somoza en
Nicaragua y de Batista en Cuba; las acciones encubiertas de apoyo a los
golpes locales (en Guatemala el 54, en Brasil el 64, en Bolivia en
sucesivas ocasiones, en Chile y Uruguay el 73, en Argentina el 76); la
intervención en el mismo Afganistán en la década de los ochenta y en el
conflicto de Yugoslavia durante los noventa; las intervenciones en
contra de Libia y del Sudán; la guerra permanente contra Irak; y los
actuales programas de intervención, como el Plan Colombia, para nombrar
sólo algunos de los más conocidos.
- Es posible interpretar, pues, lo sucedido como una descomunal
protesta contra un poderío también descomunal. Tal poderío se tiene su
merecido, por mucho que le haya llegado en forma tan reprobable. Signo
de que no se puede sostener más una tal acumulación de poder, como
tampoco el uso soberbio y arrogante que han hecho de él los sectores
dirigentes de los Estados Unidos y sus aliados: un gigante de oro con
los pies de barro.
- Por ello hay que denunciar que la preparación de intervenciones
militares en Asia, el anuncio de acciones encubiertas incluidos los
asesinatos y el bloqueo económico, todos por tiempos prolongados y sin
limitaciones de ninguna especie, salvo las que arbitrariamente EE.UU.
decida, ponen en peligro la vida de los pueblos afectados y la propia
paz mundial. Además, exacerbar el nacionalismo y el miedo del pueblo
estadounidense y del resto del mundo apelando a un enemigo omnipotente,
busca legitimar la violación del propio derecho internacional burgués y
permite ampliar y extender las facultades policiacas a nivel mundial de
los organismos de seguridad y militares estadounidenses convirtiéndolos
en los grandes gendarmes del planeta.
- El discurso de Bush y la burocracia política y militar dominante
está aprovechando la situación no sólo para recuperar su capacidad
ofensiva a nivel internacional, sino también para preparar las
condiciones subjetivas que legitimen una gran ofensiva contra las luchas
antiglobalizadoras de los pueblos y movimientos de trabajadores y
sociales opuestos al imperialismo estadounidense y las transnacionales.
- Hacemos un llamado al pueblo estadounidense: a los trabajadores
también explotados, a los sectores sociales oprimidos, a los
históricamente discriminados por su procedencia étnica u opciones
culturales y a los intelectuales comprometidos con los derechos de los
pueblos y la paz mundial, a levantar la voz contra el militarismo de
Bush y la coalición cívico-militar que está administrando el poder y
llevando al mundo a una crisis cuyo costo para la humanidad es
inimaginable. Es hora que los trabajadores y el pueblo estadounidense
salgan de su enclaustramiento, reflexionen profundamente sobre su
historia reciente, asuman su responsabilidad por los gobernantes que
tienen, se conecten solidariamente con las luchas de los demás pueblos
explotados y oprimidos por el gran capital mundial y levanten su voz
para poner freno a las tendencias militaristas e imperialistas de los
sectores civiles y militares dominantes estadounidenses.
- Hacemos un llamado a los pueblos del mundo a movilizarse por la paz
y contra la política internacional imperialista, a denunciar la actitud
de sus gobernantes que casi sin excepción -como en el caso de Chile- han
sido obsecuentes con el fundamentalismo, cinismo y prepotencia
militarista adoptada por el Gobierno de Bush y los sectores dominantes
de EE.UU. Los pueblos pueden y tienen que responder a la barbarie a que
nos conduce el individualismo y la pulsión voraz del capital mundial.
Los pueblos pueden y tienen que anteponer la lucha por la vida y la paz
a la estrategia belicista del capital mundial que, comandado desde Wall
Street, reclama más sacrificios humanos para seguir reproduciéndose sin
límites.
Colectivos de Trabajadores CC.TT.,
Santiago de Chile, septiembre 24 de 2001 |