EL ESP�RITU SANTO, LAS CEBs Y EL REINO DE DIOS

Introducci�n

     Hacen tres a�os celebramos el a�o dedicado al Esp�ritu Santo como preparaci�n para la celebraci�n del Tercer Milenio y no queremos perder todo que esa celebraci�n nos trajo. El Papa Juan Pablo II en su Exhortaci�n Apost�lica
Tertio Millennio Adveniente, al invitarnos a celebrar ese a�o del Esp�ritu Santo nos invit� tambi�n a renovar nuestra esperanza en la venida definitiva del Reino de Dios, prepar�ndolo d�a a d�a en nuestro coraz�n y en la comunidad cristiana a la que pertenecemos, en el contexto social donde vivimos y tambi�n en la historia del mundo (46). Y ser� por tanto importante descubrir al Esp�ritu como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia y preparar su plena manifestaci�n en Jesucristo, animando a los hombres en su coraz�n y haciendo germinar dentro de la vivencia humana las semillas de la salvaci�n definitiva que se dar� al final de los tiempos. (45)

1.
El contexto social donde vivimos. (VER)

     El Esp�ritu construye el Reino de Dios en el curso de la historia y a pesar de las fuerzas del mal que existen al mismo tiempo. Estas fuerzas del mal podemos llamar las SOMBRAS o Signos del anti-Reino contra los cuales tenemos que luchar y incluyen:
- El consumismo y el individualismo /y poca solidaridad), consecuencias del modelo econ�mico neo-liberal.
- Los j�venes que han peprdido las esperqanzas para un futuro mejor y la consecuente drogadicci�n y alcoholismo.
- Los ni�os abandonados que vagan por la ciudad y que caen en la delincuencia y la prostituci�n.
- La desigualdad en la sociedad por la mala distribuci�n de los ingresos.
- La violencia intrafamiliar y la desintegraci�n de la familia.
- La delincuencia con violencia.
- La ignorancia religiosa, la consecuente falsa imagen de Dios y el relativismo moral.
- El machismo y la discriminaci�n contra la mujer.
- La poca participaci�n de los bautizados en la Iglesia.

     Pero el Esp�ritu Santo ya est� presente y haciendo germinar dentro de la vivencia humana las semillas de la salvaci�n definitiva y esas podemos llamar LUCES o Signos del Reino y algunas son:
- Las CEBs y otros grupos cristianos, fermento en la masa, luces del mundo, testigos de la verdad de la Palabra, signos de esperanza, misioneros por el Reino de Dios.
- Los cristianos presentes en el mundo compartiendo con los dem�s la Palabra de Dios, haciendo el bien a sus hermanos, promoviendo un cambio de vida...a una vida m�s conforme a las exigencias de Cristo.
- Los esfuerzos de tantos hermanos/hermanas de los pueblos originarios en las Am�ricas quienes luchan para conservar sus tradiciones y derechos a la vida y a la tierra de sus ancestros. Los ejemplos son muchos: los pueblos ind�genas de Chiapas, M�xico, los Mapuches de Chile, Los Sin Tierra de Brasil y tantos otros desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
- Los pobres de nuestros barrios, pueblos j�venes, favelas, poblaciones quienes pratican la solidaridad, la fraternidad, la alegr�a en medio de las dificultades y el compartie con el m�s necesitado.
- Los pol�ticos, cristianos y no-cristianos, y ootras personas de buena voluntad que luchan por un mundo mejor con justicia y paz.
- El gran n�meero de personas y pueblos que han sido v�ctmas de las dictaduras en Am�rica Latina, han perdido sus seres queridos y siguen luchando por la verdad y la justicia para que haya alg�n d�a una reconciliaci�n entre hermanos.

2.
�Qu� debemos hacer frente a esa realidad? (JUZGAR)

     Es en esa vivencia humana, con sus luces y sombras, donde tenemos que
descubrir al Esp�ritu como Aquel que construye el Reino de Dios en el curso de la historia. Y ese Esp�ritu, que empuj� a Jes�s al desierto (Mc 1,12) y con cuyo poder Jes�s proclama su misi�n (Lc4,14.18), es el mismo Esp�ritu que nos invita a nosotros a participar en su obra de construir el Reino de Dios. Nosotros los cristianos hemos sido elegidos por Dios para esta gran obra. Como Jerem�as podemos escuchar la misma palabra del Se�or: Antes de formarte en el vientre de tu madre, ya te conoc�a; antes que t� nacieras, yo te consagr�, y te destin� a ser profeta de las naciones (Jer1,5). Y cuando el Se�or nos pregunta: �A qui�n enviar�?, nosotros, movidos por el mismo Esp�ritu, podemos responder como lo hizo Isa�as en otro tiempo: Aqu� me tienes, m�ndame a m� (Is 6,8).
    
Una pareja cristiana chilena, en su librito "LAICOS: AP�STOLES DE JESUCRISTO Y SU EVANGELIO" (No. 6 de la Colecci�n Tercer Milenio, 1998), nos ofrece algunas palabras que pueden ayudarnos en esta reflexi�n:...la verdad revelada alcanza su cumplimiento al volverse verdad humanizadora (GS 16) y...los cristianos laicos somos actores principales (GS 43) en este servicio eclesial a las personas y a la sociedad. Es por esto que necesitamos con urgencia recuperar la dimensi�n apost�lica de nuestra condici�n laical. Ser ap�sotoles de Jesucristo es algo m�s que una actividad de d�a s�bado; algo m�s que un modo de usar el tiempo libre. Ser ap�stoles es una condici�n de vida, un modo de ser y de vivir, un modo de estar y de actuar en la vida. El ap�stol...es aquel que asume interna y vitalmente el hecho de que vivir es ser enviado. Hemos sido enviados por el Se�or Jes�s a las fronteras donde d�a a d�a, junto con otros, tomamos las peque�as y grandes decisiones que involucran el futuro de nuestros hijos. Por ello, cada vez m�s, ser laico cristiano es participar activamente en la responsabilidad por la suerte de lo verdaderamente humano. Unos lo hacemos en forma m�s oculta; otros en forma p�blica. Todos estamos llamados a esta tarea en la cotidianeidad de la vida. Este es nuestro modo de ser ap�stoles hoy.

3. �Qu� nos pide el Esp�ritu Santo en el d�a de hoy? (ACTUAR)
    
     Cada comunidad tiene que tomar sus propias decisiones, porque el Esp�ritu act�a de modo particular en cada comunidad. Pero recomendamos seguir los siguientos pasos en la toma de decisiones:
1. Conocer bien el/los problema(s) que enfrenta la comunidad y las causas de cada problema.
2. Reflexionar sobre el problema a la luz del Evangelio, las ense�anzas de la Iglesia y las reflexiones que ofrecen los pastores, te�logos y asesores. As� podr�n discer�ir mejor y llegar a conocer lo mejor posible la voluntad de Dios.
3. Planificar bien la acci�n, compartiendo las responsabilidades, fijando las metas y determinando los medios necesarios.
4. Evaluar bien los resultados para replanificar nuevos objetivos.
5. Orar mucho para siempre tener la ayuda de Dios y
6. Tomar el tiempo necesario para celebrtar los resultados.
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