Zona Arqueológica de Altavista
Zona Arqueológica de La Quemada
Debido a la distancia que existe entre La Quemada y el centro de Mesoamérica, esta zona arqueológica ha sido objeto de distintas interpretaciones por parte de historiadores y arqueólogos, quienes han intentado correlacionarla con otras culturas arqueológicas. Se ha supuesto que este lugar pudo ser: el legendario Chicomostoc, un sitio Caxcán, un enclave teotihuacano, un centro tarasco, un bastión contra chichimecas, un emporio tolteca o, simplemente, un desarrollo independiente y capital de los grupos indígenas asentados al norte del río Grande de Santiago. En 1615, fray Juan de Torquemada identificó a La Quemada como uno de los lugares visitados por los aztecas en su migración hacia la cuenca de México, donde dejaron ancianos y niños. Clavijero, en 1780 asoció este lugar con Chicomostoc, donde los aztecas permanecieron nueve años durante su viaje al Anáhuac. Esta especulación dio paso a la tradición popular que identifica La Quemada como el lugar mítico llamado “Las Siete Cuevas”. Los trabajos arqueológicos efectuados en esta zona a partir de la década de 1980, principalmente, han permitido precisar que La Quemada se desarrollo entre los años 500 y 900 d.C. (periodo Clásico) y que fue contemporánea a la cultura chalchiuites, caracterizada desde los primeros siglos de nuestra era por una intensa actividad minera.
Por las huellas de incendio que se han encontrado en varias partes del sitio se infiere un abandono repentino del asentamiento
A poco tiempo de su llegada, acaecida en 1616, los Jesuitas establecieron un templo que fue construido en una sola nave. El templo actual fue reconstruido y ampliado a tres naves, bajo la dirección del Padre Ignacio Calderón, cuyos trabajos se iniciaron en 1746, concluyéndose tres años más tarde; en él participaron muchos zacatecanos, en mayor o menor medida, a veces con dinero, otros aportando su fuerza de trabajo y las mujeres tejiendo y bordando lo necesario para los altares y el vestuario de las imágenes sagradas. El 24 de mayo de 1750, el templo fue dedicado y bendecido. Tras la expulsión de los jesuitas (1767), fue ocupado por los dominicos en el año de 1785, quienes convirtieron este templo en el más importante de la ciudad, después de Catedral. Desde entonces, este hermoso edificio aún dedicado al culto, ha superado con éxito el paso del tiempo y la destrucción de los hombres.
En el templo de Santo Domingo destaca su portada de estilo barroco y sabio labrado de cantera. Al estar montada en un basamento que compensa el declive propio de la colina sobre la que se construyó, la iglesia preside la plaza donde está ubicada. En su interior pueden admirarse ocho retablos de exquisito gusto. Uno de los más bellos es el dedicado a la Virgen de Guadalupe. El retablo principal, fue sustituido en el siglo XIX por el actual altar de influencia neoclásica, perdiéndose el que fuera el más bello e importante de sus retablos barrocos y dos retablos más: el de la Capilla de Loreto y el lateral de las Animas. Sobre el muro lateral izquierdo del presbiterio se encuentra el escudo de armas del Maestre de Campo don Vicente Zaldívar y Mendoza, el cual sobrevivió a la destrucción de estos emblemas, según los dictados del Presidente Guadalupe Victoria, gracias a que estuvo cubierto con argamasa. En la sacristía se conservan los cuadros que arman las ocho paredes de ese sitio y que son obra de Francisco Martínez. No puede dejar de mencionarse el claro espacio que envuelve al feligrés o al visitante; majestuosas proporciones que dan fe de las sabias manos que construyeron y que aún provocan la admiración de los ojos sensibles sin importar si son profanos o religiosos.
Palacio de La Mala Noche
Este edificio es uno de tantos bellos lugares con que cuenta la ciudad de Zacatecas. Construido hacia el siglo XVIII esta finca fue propiedad de Don Manuel de Rétegui, distinguido minero, personaje de origen vasco, rico, tenaz y esforzado, sabedor de las riquezas que el subsuelo de Zacatecas guardaba con tanto afán, supo encontrar nuevas vetas en la Mina de la Mala Noche, nombre que por analogía adquirió este edificio que fuera su casa-habitación. Fue construido con material típico de la región como lo son: cantera, piedra braza, hierro forjado, etcétera. Como la mayoría de los edificios de esta ciudad, fue construido por albañiles y artesanos indígenas, es una muestra de las construcciones de la época de la colonia: suntuosa, majestuosa y llena de misterio, de techos altos y grandes portones de madera, esplendorosos balcones, muestra inequívoca de la calidad artesanal de nuestro pueblo. Durante mucho tiempo esta construcción fue sede del Congreso Local hasta 1985, que pasó a alojar las oficinas del Poder Judicial del Estado, función que a la fecha tiene destinada.
Templo de Fátima
Con la donación de un terreno por parte del Gobierno del Estado y con el patrocinio de algunos creyentes, el Pbro. Manuel de la Hoz comenzó la construcción de este templo, cuya primera piedra fue colocada el 22 de Octubre de 1950 por el Señor Obispo Dn. Ignacio Placencia y Moreira acompañado por el Sr. Canónigo Dn. Antonio M. Aguilar. Algunos de los importantes promotores de esta obra, además de los habitantes de la colonia Sierra de Álica, lugar donde se encuentra el templo, fueron los señores: Manuel Cabrera, Julio Salinas, Agustín Borrego y Román Escalera. El 13 de mayo, día de la festividad de la virgen, fue firmado el Decreto de Erección Canónica de la Parroquia de la Virgen de Fátima, presidiendo el solemne acto el Dr. Dn. Adalberto Almeida y Merino, noveno Obispo de la Diócesis de Zacatecas. El proceso de construcción fue un poco lento, debido a la falta de recursos suficientes, por fin los esfuerzos se vieron coronados en 1998, cuando se culmina el pináculo central y se colocan las esculturas de su fachada.
El Templo de Nuestra Señora de Fátima es uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura religiosa que existe en nuestra ciudad. Su estilo gótico, y la utilización de cantera rosa regional viene a complementar y a enriquecer el fino y reconocido arte de los alarifes zacatecanos. El templo cuenta con amplios vitrales de cristal chino, y en su entrada principal y laterales se aprecian arcos ojivales y rampantes. El edificio es coronado con dos esbeltas torres, exquisitos torreones y un pináculo central; su interior, profusamente iluminado, contiene los mismos elementos góticos, arquitectónicamente hablando, el templo consta de una sola nave con dos cruceros, un cimborrio y una cúpula, se observa el arte excelso en las nervaduras y bóvedas; sus dos capillas adosadas, dedicadas a la Virgen de Guadalupe y al Sagrado Corazón de Jesús, enriquecen su contenido; al centro, resalta con mucho el ornato del altar principal, con la imagen de Nuestra Señora de Fátima ricamente adornada con su corona de oro.
Catedral de Zacatecas
En el lugar que hoy ocupa la Catedral se inició en el año de 1568, un templo parroquial que duró en construcción 17 años. Se ignora la suerte que corrió este templo y sólo se sabe que el 28 de julio de 1612, el Vicario y Juez Eclesiástico de Zacatecas Dr. Cristóbal de Covarrubias, con las facultades necesarias, bendijo la primera piedra de otra nueva iglesia, en el mismo sitio que ocupaba la anterior, habiéndose dedicado con gran pompa el 8 de septiembre de 1625. Amenazando ruinas, esta iglesia parroquial fue demolida y en esta ocasión bendijo y colocó la primera piedra el Sr. Marqués de Uluapa, Chantre de Guadalajara y Visitador del Obispado, el 8 de septiembre de 1718. Al comenzar el año de 1730, se arrasó todo lo que se había construido a fin de levantar un nuevo edificio, ya de tres naves, para que fuera más de acuerdo con la importancia de la ciudad.
La mencionada parroquia, se dedicó solemnemente el 15 de agosto de 1752 y es la que existe hasta hoy. Algunos críticos consideran a esta Catedral, al Sagrario de Metropolitano y al Convento de Tepoztlán, de estilo churrigueresco; otros opinan que la primera pertenece al estilo ultrabarroco; de todos modos la elegante fachada es una maravillosa filigrana de cantera rosa que el tiempo ha deslucido. La torre del lado sur se terminó el 5 de enero de 1782, la campana mayor colocada en esta torre, pesa 134 quintales y algunas libras más, fue fundida en 1782 y colocada en 1790; el fundidor apellidaba Guerra; esta campana lleva el nombre de María Buenaventura del Sacramento. La torre norte fue concluida en el año de 1904, siendo su constructor Don Dámaso Muñetón, alarife lírico originario de Tepetongo.
La dedicación de cada fachada va con la dedicación de los altares y naves del interior, ya que en las piedras claves de los arcos que forman las naves son alusiones al tema que representan: La fachada principal esta dedicada a la Eucaristía, la del lado norte al Santo Cristo y la del lado sur a Nuestra Señora de los Zacatecas, Patrona de la Ciudad. La fachada principal consta de tres cuerpos y un remate; en el remate se presenta una Gloria con un Padre Eterno que preside la escena que se desarrolla en los tres niveles. En el centro del tercer cuerpo se presenta a Cristo y dos apóstoles de cada lado. En el segundo cuerpo se encuentra la ventana del coro, rodeada de un fino encaje de piedras labrado y en los ángulos de la misma, los cuatro doctores de la Iglesia Latina con sus respectivos atributos, (San Gregorio Magno, San Jerónimo, San Agustín de Hipona y San Ambosio de Milán); a los lados de la ventana se pueden ver cuatro apóstoles, dos de cada lado, el primer cuerpo de columnas salomónicas, ornadas con vides y angelitos, alberga a los otros cuatro apóstoles y en el centro la puerta de entrada de madera labrada, cuyo arco con arquivoltas parece de encaje.
La fachada está flanqueada por dos torres esbeltas una de las cuales sostienen una campana que fue forjada con las joyas y monedas de los zacatecanos devotos. La fachada sur consta de dos cuerpos y un remate, trabajada artísticamente en un equilibrado y armonioso estilo barroco europeo y está dedicada a la Virgen de los Zacatecas, Patrona de la Ciudad. La del lado norte, por su parte, presenta una escena tradicional en la iconología cristiana: Jesús acompañado por su madre y San Juan, padece el suplicio de los crucificados. La disposición escenográfica de los elementos que integran esta composición, nos remiten a las figuras que habitan los altares de las iglesias novohispanas, como los sugieren el estatismo de las imágenes y la tela que enmarca la figura del Redentor. En el interior de la Catedral es predominante el estilo dórico con grandes columnas, con altares neoclásicos de piedra, su planta de cruz latina y las dos naves laterales tienen una bóveda de menor altura que la central. Respecto a las piedras claves que cierran sus arcos interiores, resulta interesante realizar una búsqueda explorativa por las alturas donde se podrán encontrar símbolos lauretanos marianos: (Puerta del cielo, Estrella de la mañana, etc.); elementos de la Pasión: (las monedas de Judas, la lanza de Longinos, los dados con que sortean las túnicas, el edicto de Pilatos, etc.); así como las imágenes de santos, mártires, doctores y evangelistas, que ilustran la historia del cristianismo.
Palacio de gobierno
Este edificio data del siglo XVII y fue casa habitación de dos miembros distinguidos de la realeza virreinal zacatecana. Primeramente, del Maestre de Campo Don Vicente Saldivar y Mendoza, hijo del conquistador del mismo nombre y de Doña Ana Temiño de Bañuelos, hija de uno de los fundadores de la ciudad y, posteriormente, el edificio paso a manos de los Condes de Santiago de la Laguna, título iniciado por Don José de Urquiola; continuado por Don José de Rivera Bernárdez, Don Miguel y Don Pedro de Rivera Bernárdez, siendo éste último quien arrendara y subsecuentemente vendiera el Palacio para establecer la Dirección General de Rentas, la Secretaría de Gobierno y los Almacenes del Estado. En 1834, paso a ser propiedad del Gobierno, siendo desde entonces la sede del Poder Ejecutivo Estatal.
Localizado en la parte central de la Plaza de Armas, este edificio de sobria belleza y pesadas formas, es uno de los pocos ejemplos de la arquitectura civil del periodo colonial, con su característico estilo barroco del siglo XVIII.
El interior cuenta con un patio central rodeado de salones y oficinas en cuyo interior se pueden admirar muebles y candiles originales de distintas épocas, sobresaliendo el gran salón principal, que conserva su techumbre de viguería y ménsulas, iluminado durante el día por la luz natural que se introduce por sus coloniales balcones y de noche, sus elegantes candiles le dan la imagen de un escenario aristocrático colonial. Su simétrica y sencilla fachada está rematada por almenas, formadas éstas por arcos invertidos y adornados. Cuenta demás con una escalera principal donde se puede admirar un mural que contiene la historia de Zacatecas, plasmado por el finado artista zacatecano Antonio Pintor Rodríguez (1937-1988), quien combinara con arte y audacia la pintura y la escultura que se aprecia en el altorrelieve de cantera. Este palacio se comunica por el interior con el edificio anexo a su parte sur, conocido como el "Ex-hotel Francés" y que originalmente fue también residencia particular del Gral. J. Jesús González Ortega, siendo en uno de sus pisos (el superior) en donde se localiza el despacho del C. Gobernador Constitucional del Estado. Así también, este edificio tiene en común una barda con la de Catedral cuya unión forman un majestuoso y romántico callejón denominado “De las campanas”, llamado así por su ubicación y singular conformación. En su parte frontal es poseedor de la Plaza de Armas, la más importante y amplia explanada de la ciudad, en cuyo piso de lozas pétreas se han formado a través de los siglos los ejércitos que han tenido como encomendación la custodia de esta noble y leal ciudad, y así también, como hasta hoy, ha sido el principal marco de los más importantes festivales y celebraciones que se llevan a cabo en nuestra ciudad como el Festival Cultural de Semana Santa, la celebración del Grito de Independencia, por mencionar algunos. El Palacio de Gobierno es, hoy por hoy, uno de los principales edificios de la ciudad y una excelente muestra de la calidad arquitectónica del periodo colonial.
Ex-Convento y Templo de San Agustín
En 1575 el P. Fray Juan de Adrián concede autorización al obispo Pedro de Ayala para que establezca una comunidad de frailes agustinos en Zacatecas. En 1613 los agustinos comenzaron la construcción del templo y convento con recursos proporcionados por el acaudalado minero y protector de los religiosos don Agustín de Zavala, quien los destinaba para la edificación de un convento decente y amplio, ya que habitaban una humilde casa que anteriormente había sido ocupada por los franciscanos.
Don Manuel Correa, aficionado a los juegos de azar, cierto día ganó la cantidad de $18,000 y aportando de su bolsillo $7,000 mas, los deposito en manos del Prior del Convento de san Agustín para que se terminara la construcción de los claustros del mismo. Con el tiempo fueron aumentando las limosnas y los recursos del convento, de manera que a fines del siglo XVIII pudieron los frailes construir el edificio actual.
Respecto al templo, el primer edificio que se construyó fue muy modesto sin embargo, para 1590 ya habían levantado los muros de un templo mayor. En 1617, con las aportaciones de don Agustín de Zavala dedicaron un nuevo templo el cual se fue enriqueciendo en belleza y contenido hasta que en 1782 fuera nuevamente bendecido.
En virtud de las Leyes de Reforma, todos los conventos, templos y demás posesiones de la iglesia pasaron a ser propiedad de la nación. El convento fue convertido en hotel, y el templo, que fue bárbaramente mutilado, fungió como billar, garito, cantina, boliche y vecindad.
Este conjunto monacal, fundado desde 1576, ofrece un magnífico ejemplo del barroco que se desarrolló en la Nueva España. El convento contiene un bello patio adornado con enormes molduras, gordas como boas, que se apoderan de las pilastras del primer piso, trepan por el segundo y mueren por necesidad, en la cornisa, que todo lo detiene; sin duda alguna, esta decoración logra un especial efecto visual que se interpreta como un barroco ondulante mexicano, tembloroso y ganoso de movimiento.
El claustro alto lleva cúpulas en las esquinas, como lumbreras, pero de un tamaño exagerado, ya que al construirlas se infiere que no fue sólo el deseo de dar luz, sino el de enriquecerlo. Son tantas cúpulas para un solo convento (8 en total) que quizás respondan a algo como tal vez la competencia con otros conventos, todos mas elevados que San Agustín, tal vez a petulancia y capricho de un prior con deseos de grandeza. Complementan este bello conjunto la equilibrada distribución de su arquería que presenta excelentes ejemplos de arcos de medio punto, lobulados y conopiales, trabajados todos con arte y maestría en cantera. Este recinto desde 1942 vuelve a retomar sus actividades religiosas, al fungir como sede del obispado de Zacatecas.
Del otrora y magnifico templo, hoy sólo quedan pocos pero ricos vestigios. De su exuberante fachada principal hoy se levanta un altísimo muro blanco y de sus bellos retablos interiores solo quedan los espacios, enmarcados por excelentes tallas y molduras en cantera. Su decadencia inicia con el advenimiento de las Leyes de Reforma cuando es saqueado y convertido en villares y garito; en 1882 es vendido a la Sociedad Presbiteriana de las Misiones de los Estados Unidos quienes, por razones religiosas destruyen la fachada; años después se convierte en vecindad, agregándosele pisos y abriéndose ventanas. En 1948 comienzan las labores de su recuperación y restauración, concluyéndose en 1969.
Basta contemplar la portada lateralpara imaginar el esplendor de este edificio;en ella se representa a SanAgustín en el momento de su conversión del maniqueísmo al cristianismo, en la que un ángel pronuncia las palabras tolle, lege (“toma, lee”), presentando la frase al revés, como corresponde a una visión onírica; observan la escena un sol con rostro humano y varios ángeles músicos.
Para imaginar como fue la fachada principal se conservan una fotografía de vaga claridad tomada desde el cerro de La Bufa y un dibujo, cuya imagen es mas precisa, la cual fue realizada por el francés Philipe Rondé en 1850, y que fue encontrada en la Biblioteca Nacional de París. Ambos testimonios se exhiben dentro del templo, que aunque vacío, es no obstante un magnifico ejemplo de arquitectura, pues el espacio, principal elemento de cualquier construcción que aspire al arte, se ha conservado en toda su nobleza y perfecta proporción.
Sierra de Órganos
Este singular lugar, conformado por rocas de origen volcánico y de la actividad tectónica muestra la apariencia de un paisaje prehistórico debido a la acción erosionante del viento y la lluvia.
Esta área que ocupa una superficie de 2, 414 hectáreas fue propuesta como zona protegida, y como atractivo turístico en el año de 1974, la principal característica del lugar es la morfología de su paisaje, el cual fue la principal razón de influencia hacia quienes la visitaban, ya que podría convertirse, con un buen programa de promoción en una fuente de ingresos adicional para los pobladores de la región. Otro factor de influencia era el fácil acceso, ya que muy cerca pasa la carretera Federal No. 45 (Zacatecas-Durango).
La principal característica de Sierra de Órganos son sus figuras rocosas de tan peculiares formas. El conjunto monumental semeja figuras de animales y plantas, tomando de estas últimas el nombre de “Órganos”, (planta cactácea de la región de verticales formas erguidas).
Así también, es común encontrar entre las imagenes semejantes de ballenas, frailes, águilas, copos y todas las que su imaginación pueda traer.
Este sitio ha sido escenario de numerosas producciones cinematográficas de corte internacional en donde han sido estelares John Wayne, Ringo Star, Jimmy Smith, etc. , es además, un excelente lugar para la observación y convivencia con la naturaleza, ya que el paisaje es infinito y su intenso cielo azul, complementados por el delicioso aroma de los pinos, reconfortan y ofrecen lo que las urbes le han privado al hombre.
Se practica la escalada en roca, bicicleta de montaña y campismo.
Fuentes:
Página oficial Estado de Zacatecas.
Acoyauh A.C.
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