|
Hablando se entiende la gente
La patología del lenguaje es tres veces más frecuente entre los niños que entre las niñas
Carlos Gil
Profesores, locutores y telefonistas son tres de las profesiones que más problemas tienen con la voz, según la experiencia acumulada por Carmen Muñoz Navarro, la única foniatra que trabaja en el sistema sanitario público. La voz y el habla son un apasionante mundo en el que a diario se sumerge esta profesional. Las niñas, asegura, hablan antes y mejor que los niños, al menos en la más tierna infancia.
La Foniatría es una de esas especialidades médicas poco conocidas, aunque cuente con una nutrida "clientela" que en la provincia de Zamora atiende tan sólo una profesional en el sistema sanitario público (hay otra en el ámbito privado), ayudada por los especialistas como los de otorrinolaringología o logopedia, quienes se encargan también de algunas dolencias o tratamientos que afectan a la expresión verbal. La voz es un recurso de utilización obligatoria para todo el mundo, necesaria para expresarse, y sin embargo, se cuida muy poco. Las profesiones que mayores problemas tienen con la voz son, naturalmente, las que más la usan o las que más la deben forzar. En el ranking aparecen en los lugares cabeceros los profesores, locutores y telefonistas, a los que siguen de cerca profesiones como los dependientes de comercio, actores y cantantes. En todos estos casos se producen «disfonías funcionales» producto de «una mala técnica vocal» que producen «lesiones faríngeas benignas, nunca malignas», explica Carmen Muñoz.
La patología del lenguaje es más frecuente entre los niños que entre las niñas, en una proporción de tres a uno, por lo que los retrasos del lenguaje, el habla o la tartamudez son mayoritariamente masculinos, aunque no se sepa muy bien la razón exacta. Hasta los cinco años, sobre todo, las niñas hablan mejor que los niños, aunque a partir de esa edad las cosas se van igualando.
Carmen Muñoz destaca a las disfonías como principal patología de la voz que se da en la provincia de Zamora. «La relación entre el otorrinolaringólogo y la foniatría es muy buena», explica la especialista, por lo que existe una buena coordinación para diagnosticar y tratar a los pacientes en el ámbito más adecuado. El nombre de disfonías se da a los trastornos de la voz. Las funcionales tienen como causa «el mal uso o abuso vocal» y las orgánicas «la existencia de una lesión en las cuerdas vocales», aunque no siempre hay una separación clara entre ambas. Para establecer el diagnóstico la consulta cuenta con un dispositivo, una especie de tubo (recuerda a un micrófono) que permite al especialista ver en una pantalla de televisión el estado de las cuerdas vocales. El mal uso vocal consecuencia de una mala técnica «se corrige mediante un tratamiento de coordinación físico respiratoria», afirma Muñoz. El grito descontrolado o una sobrecarga vocal descontrolada pueden dar origen a este problema. Y según advierte la doctora «a veces uno mismo no sabe que habla demasiado alto, y se lo tienen que decir para que se de cuenta» y evitar así los problemas de garganta. Si con una correcta técnica vocal los problemas no remiten es posible eliminar la lesión recurriendo a la cirugía.
El tabaco, advierte Muñoz «es un tóxico agresivo de las cuerdas vocales. No altera la técnica vocal, y cuando da lesiones éstas son orgánicas: edemas o cáncer». La Unidad de Foniatría, integrada en el Servicio de Rehabilitación del hospital Virgen de la Concha (con sede ahora mismo en el centro de especialidades del Hospital Provincial), tiene elaborado una especie de decálogo con consejos para la higiene vocal (que no bucal) que permiten mantener el habla en forma.
El retraso del lenguaje en los niños es otro de los grandes campos de trabajo de esta profesional, aunque las causas son muy variadas. Existe un tipo de retraso evolutivo («van más lentos en la evolución del lenguaje»), y problemas secundarios e hipoacusias que son los que afectan a la transmisión o la percepción (oye mal por infección del oído medio, afectación del nervio u otra causa). Un problema diferente puede ser el del déficit cognitivo. Menos frecuente es el caso de los tratamientos específicos del desarrollo del lenguaje sin que se de ni déficit cognitivo y hipoacusia.
La detección precoz de los problemas es importante para buscarles remedio, y muchas veces es cuando llegan a la escuela, a los tres años, cuando los maestros se dan cuenta de que algo no marcha bien. La existencia de logopedas en las escuelas permite también detectar posibles anomalías. Las malformaciones congénitas, por último, pueden ser la causa de otra serie de trastornos del habla, aunque en este caso no suelen ser demasiado graves.
Un fenómeno frecuentísimo es el de las rotaciones, la no pronunciación de la erre, aunque con ayuda «lo normal es que se supere hacia los 7 años». Respecto a la tartamudez, se puede curar o mejorar considerablemente sobre todo si se trata durante la niñez. En edades juveniles, de 18 ó 20 años es más complicada de sanar, aunque se suele lograr una mejoría notable.
Capítulo aparte merecen las afasias, que son afectaciones del lenguaje debido a una lesión neurológica, que puede estar motivada por accidentes de tráfico y cerebro-vasculares, entre otras dolencias. |

Carmen Muñoz Navarro , en la consulta de foniatría situada en el centro de especialidades del Hospital Provincial
Foto Leticia Iglesias
La Opinión de Zamora, S.A. Rúa de los Francos, 20. Apdo. 468
Zamora (España)
Teléfono:
(34) 980 53 47 59 -
980 53 47 60
|