26 de mayo de 2000

Un desfile de enanos y gigantes


¿Son compatibles la libertad, la igualdad y la democracia?

David Schweickart
Mientras Tanto. Boletín de EUiA
Traducción de Enric Tello

EMPEZARÉ dando una respuesta concisa a la pregunta del título de mi disertación: sí, pero no bajo el capitalismo. A continuación trataré de argumentar la respuesta. La filosofía, incluida la filosofía política, tiende hacia la abstracción. Hasta cierto punto, así debe ser. De otro modo permaneceríamos en la caverna de Platón intentando descifrar las sombras de imágenes parpadeando en la pared. Pero si a la vez no tenemos un sólido anclaje en la realidad concreta, empírica, nuestro filosofar corre el peligro de convertirse en vacío especialmente si discurre sobre asuntos políticos. Por eso quisiera comenzar con algunos datos empíricos. Los que emplearé son de los Estados Unidos, porque es el país capitalista dominante en el mundo de hoy y tiene, al parecer, la economía más impresionante. También es el país que conozco mejor.

I. DESIGUALDAD

TODO EL MUNDO SABE que el capitalismo tiende a generar enormes desigualdades de ingreso y riqueza, pero a menos que uno tenga un sentido matemático particularmente agudo es difícil calibrar el perfil de las desigualdades que se han generado en el capitalismo "realmente existente". Los coeficientes de Gini, o las comparaciones entre las proporciones de ingreso que van al decil superior y al decil inferior, no estimulan gran cosa la imaginación. Hace algunos años, siguiendo el ejemplo del economista Jan Pen comencé a utilizar como un utensilio heurístico la imagen de un desfile.

Siguiendo a Pen, lo llamaré "un desfile de enanos y gigantes".

VEAMOS COMO FUNCIONA. Allá por el año 1995 había en los Estados Unidos aproximadamente cien millones de hogares. El ingreso medio de esos hogares rondaba los 45.000 dólares (aproximadamente, siete millones de pesetas). A continuación imaginad un desfile que incluya a un representante de cada hogar. El desfile durará una hora. Los representantes se alinearán de modo que los más pobres irán primero, seguidos por los que son cada vez más ricos.

VAMOS A SUPONER que por alguna alquimia biológica podemos hacer la altura de cada persona proporcional al ingreso del hogar al que representa. Por lo tanto, la gente pobre será muy baja, y la gente rica mucho más alta. Admitamos por convención que la estatura media de un americano sea de dos metros (una exageración para hacer más simple el cálculo). Eso representa 45.000 dólares (7 millones de pesetas) de ingreso anual. Supón que tu tienes la estatura media y estás en tu puesto a lo largo de la senda del desfile. ¿Qué verás? Pues bien, cuando el desfile comience verás un montón de gente muy bajita que apenas se alzan unos centímetros del suelo. De hecho han de transcurrir los primeros cinco minutos para que los participantes alcancen los treinta centímetros, que representan un ingreso anual de 7.500 dólares (un millón de pesetas). Hay realmente unos ocho millones de hogares en los Estados Unidos que no ganan más que eso.

ES UN DESFILE BASTANTE ABURRIDO, como te habrás dado cuenta enseguida. Hay una inmensidad de gente bajita, y su estatura no crece muy deprisa. Pasan veinte minutos, y aún estás mirando hacia abajo. Los participantes todavía son de un metro de altura. Su ingreso es de 22.500 dólares (tres millones de pesetas). Luego pasan otros diez minutos. El desfile ha llegado a la mitad. Quizá pensabas encontrarte con gente de estatura media, pero no, sólo llegan aún a las tres cuartas partes de tu estatura: un metro y medio. La mediana del ingreso en los Estados Unidos, a diferencia de la media (o promedio), es tan sólo de 34.000 dólares (cinco millones de pesetas). La mitad de los hogares estadounidenses ganan menos de esa cantidad al año. Dado que la distribución de la renta está muy sesgada hacia lo alto, el ingreso medio esto es, la suma de todos los ingresos dividida por el número total de hogares es en los Estados Unidos considerablemente mayor que la mediana.

EL DESFILE PROSIGUE. A los treinta y ocho minutos los ingresos medios aparecen ante la vista (siete millones de pesetas). Al cabo de tres cuartos de hora las estaturas han alcanzado los dos metros y medio, representando ingresos de 57.000 dólares (nueve millones de pesetas).

Eso ya es ser alto, comparado con las estaturas media y mediana, pero las alturas aún no aumentan con mucha rapidez. A los 57 minutos, cuando tan sólo faltan tres minutos para finalizar el desfile, aparecen los primeros miembros del 5% superior con ingresos de 113.000 dólares (17 millones de pesetas). No es una cifra particularmente grande, por lo menos para lo común entre ricos y famosos. Es gente alta, de cinco metros dos veces y media tu propia estatura, pero se ven empequeñecidos por las estaturas que se perfilan detrás suyo.

AHORA EL DESFILE comienza a ponerse interesante. Las alturas empiezan a espigarse. Durante los últimos 36 segundos vemos pasar al 1% superior, empezando con los de 200.000 dólares (treinta millones de pesetas) que ya alcanzan los nueve metros. El salario del Presidente Clinton es de 200.000 dólares, la máxima paga gubernamental. Pero el ingreso presidencial no le coloca entre la gente verdaderamente grande. En 1995 unas 70.000 personas declararon rentas por encima de un millón de dólares (150 millones de pesetas), cinco veces el ingreso del Presidente. Marchan a 40 metros de altura, más altos que una casa de diez pisos. En los últimos segundos aparecen los propietarios del capital de las mayores corporaciones empresariales. Los que llegan a los diez millones de dólares (1.500 millones de pesetas) se alzan a 400 metros por encima tuyo: se codean con la torre Sears, el edificio de oficinas más alto del mundo. (En 1993 la remuneración media para cada uno de los 160 socios de Goldman Sachs fue de 11 millones de dólares, equivalentes a unos 1.650 millones de pesetas). A continuación viene Michael Eisner, de Disney. Ingresó 46 millones de dólares anuales como promedio de los años 1991-95 (7.000 millones de pesetas). Su cabeza se encuentra a dos kilómetros del suelo. Después aparece Lawrence Cross, de la Green Tree Financial Corporation. Es tres veces más alto que Eisner. Sus ingresos de 140 millones de dólares (21.000 millones de pesetas) elevan su estatura 6 kilómetros a lo alto. Finalmente, la última persona en llegar, con su cabeza mucho más allá de donde alcanza la vista, es el siempre jovencito William Gates. Sus ingresos no se han hecho públicos, pero si su riqueza patrimonial estimada en 40.000 millones de dólares (6 billones de pesetas = 6 x 1012) le rindiera un modesto 5% eso supondría una renta de 2.000 millones de dólares al año (300.000 millones de pesetas), colocándole 23 kilómetros por encima de la tierra. Como ocho veces el Everest, y algo más.

ASÍ ES la distribución de la renta en los Estados Unidos. Se trata de la distribución de los ingresos, no de la riqueza. Como sabe cualquier economista, la distribución de la riqueza patrimonial es mucho más desigual que la distribución del ingreso. (Recordad: el ingreso es la cantidad de dinero percibido al año, la riqueza es el valor de todo lo que posees, vestidos, equipo de música, coche, casa, acciones y bonos, etc.). Grosso modo la diferencia es como sigue. Si dividimos el ingreso de los Estados Unidos en tres partes, resulta que el 10% de los de arriba perciben un tercio, el siguiente 30% consigue otro, y al 60% de los de abajo le llega el último tercio. Si dividimos la riqueza de los Estados Unidos en tres tercios, encontramos que el 1% de los de arriba posee un tercio, el siguiente 9 % posee otro, y el 90 % inferior se reparte el resto. (En realidad esos porcentajes están un poco caducos. Ahora se estima que el 1% superior posee entre el 40% y la mitad de la riqueza de la nación). En cualquier caso, si tuviéramos un Desfile de Riqueza en vez de un Desfile del Ingreso, los enanos serían mucho más bajos y numerosos, los gigantes serían menos y mucho más altos.

Así pues, estos son los hechos. ¿Qué hacemos con ellos? La coexistencia de la igualdad política con una desigualdad material realmente inmensa ha sido durante mucho tiempo un enigma de la teoría democrática. Quizá recordéis que Platón presupuso que la democracia degeneraría en tiranía precisamente porque el demos el pueblo exigiría una redistribución de la riqueza, lo que provocaría una reacción que reclamaría a continuación a un "defensor del pueblo" que se erigiría después a sí mismo en dictador absoluto. A su vez todos los liberales clásicos de la era moderna se preocuparon por la amenaza a la propiedad (que juzgaban corta de vista) que acompañaría a la extensión de la democracia a las masas desposeídas. ¿Por qué no se ha materializado esta amenaza? ¿Cómo ha llegado a ocurrir que la democracia política parezca ahora concomitante natural del capitalismo, y no su antítesis? ¿Cómo ha logrado el capitalismo acomodarse con una ciudadanía de alcance universal, hasta el punto que ahora se arguye a menudo que sólo el capitalismo es compatible con la democracia, y que cualquier experimento no capitalista es una receta para la tiranía?

II. POLIARQUÍA

HE DEMOSTRADO gráficamente lo que cualquiera de los presentes probablemente ya conocía, a saber que en los Estados Unidos existe una inmensa desigualdad. Además, esa desigualdad interna es un rasgo común a todas las sociedades capitalistas contemporáneas, aunque admitamos que no es tan extrema en Europa y Japón. Pero eso es un asunto empírico. Ya es hora de preguntarnos por la cuestión normativa:
¿qué hay de malo en la desigualdad? Es importante distinguir la cuestión de la pobreza de la cuestión de la desigualdad per se. ¿Estaríamos tan interesados por la desigualdad si todo el mundo en nuestra sociedad tuviera suficiente? Si los enanos del comienzo de nuestro desfile no fueran tan minúsculos, ¿nos preocuparíamos por los gigantes? Si fuera viable un capitalismo liberal o socialdemocrático, con un fuerte sistema impositivo y un "Estado del Bienestar" capitalista, tendríamos algún fundamento moral para objetar las enormes desigualdades de ingreso y riqueza que aún persistirían? ¿No sería nuestra objeción a tales gigantes una simple cuestión de envidia? LAS DOS OBJECIONES MÁS COMUNES A LA DESIGUALDAD fueron proclamadas hace tiempo por Platón. En primer lugar, el exceso se considera corruptor. La pobreza excesiva corrompe, pero también lo hace la riqueza excesiva. En segundo lugar, se considera que la desigualdad corroe la unidad de la sociedad, la "comunidad" del pueblo o como se la quiera llamar. Tal como Platón observó, en el interior de muchas sociedades hay en realidad dos sociedades, una rica y otra pobre, cada una con intereses claramente diferentes.

A MI MODO DE VER ninguna de esas objeciones llega hasta el fondo del problema de la desigualdad o, mejor dicho, de la desigualdad capitalista, pues quiero insistir que es la naturaleza de la desigualdad en nuestra sociedad, y no su mera existencia, lo que resulta más problemático.

Si la desigualdad fuera sólo una cuestión de diferenciar niveles de consumo, no creo que tuviéramos muchos motivos para protestar contra ella. Si no hubiera gente desesperadamente pobre en nuestra sociedad, y si sus ideales democráticos básicos no estuvieran en entredicho, nos encontraríamos en un apuro para encontrar fundamentos morales legítimos para objetar los suntuosos estilos de vida de nuestros gigantes.

Más bien suministrarían una materia prima indolora para la industria del entretenimiento, como parecen hacerlo hoy en día.

QUISIERA pasar por alto la primera consideración. No es una cuestión para nada evidente que los ingresos de los auténticamente ricos estén causalmente relacionados con la existencia de nuestras clases inferiores mantenidas en la pobreza. En realidad yo creo que esa conexión existe, pero el argumento es complejo. Por mor de la brevedad, no voy a desarrollarlo aquí.

Desigualdad capitalista e instituciones democráticas

En cambio quiero concentrarme en la segunda consideración, la relación entre la desigualdad capitalista y las instituciones democráticas. En su forma más desnuda mi tesis básica es ésta: el capitalismo es incompatible con la democracia genuina.

PARA ESTABLECER TAL TESIS debemos invocar una distinción, planteada por los profesores de ciencia política de Yale Robert Dahl y Charles Lindblom, entre poliarquía y democracia. Una poliarquía es un sistema en el que los líderes políticos son seleccionados entre candidatos que compiten por un electorado suficientemente amplio en unas elecciones que son razonablemente honestas. En palabras de Dahl, una poliarquía es un orden político en el que "la ciudadanía se extiende a una proporción relativamente alta de adultos, y los derechos de ciudadanía incluyen la oportunidad de oponerse y quitar mediante el voto hasta los miembros mas altos del gobierno".

CON ESTA DIFINICIÓN todas las sociedades industriales avanzadas del mundo son ahora poliarquías, y también lo son muchos otros países. De hecho la poliarquía (si no la democracia) se ha difundido rápidamente por todo el mundo en las últimas dos décadas. No sólo se han derrumbado los regímenes comunistas del Este de Europa y la Unión Soviética, también las dictaduras militares de América Latina y el régimen racista de África del Sur.

PERO LA POLIARQUÍA NO ES LA DEMOCRACIA. Siguiendo a Dahl y Lindblom, quiero mantener el término "democracia" cerca de su significado etimológico. Definamos la democracia como un sistema en el que 1) el sufragio es universal entre adultos (sin exclusiones en función de raza, género, creencias religiosas o políticas, orígenes nacionales o preferencia sexual) y 2) el electorado es "soberano". Un electorado es "soberano" si a) sus miembros están razonablemente bien informados acerca de los asuntos que se van a decidir en el proceso político y razonablemente activos a la hora de contribuir a su resolución, y b) no existe minoría alguna estable que sea "privilegiada". Una clase es "privilegiada" si posee un poder político por lo menos igual al de los miembros electos del gobierno, e inigualado por ninguna otra agrupación estable. Para comprimir esa definición analítica en una frase simple: la democracia es un sistema en el que un electorado universal está razonablemente informado y activo, y no se encuentra obstruido por una clase minoritaria privilegiada.

YO SOSTENGO que la clase capitalista en una sociedad capitalista es una clase minoritaria privilegiada, y que por lo tanto no vivimos en una democracia. Actualmente no está de moda hablar de clases (por lo menos de donde yo vengo), pero esa clase capitalista existe realmente.

No resulta extraordinariamente difícil descifrar sus contornos básicos. Una definición clara y operativa de "capitalista" es alguien que posee suficientes activos de capital para vivir confortablemente sin trabajar, si así lo desea, con lo que ingresa únicamente de esos títulos. (De hecho la mayoría de capitalistas trabajan, pero la cuestión está en que no necesitan hacerlo). Si consideramos "confortable" un ingreso familiar de 100.000 dólares (15 millones de pesetas) no magnánimo, pero bastante placentero, resulta que uno necesitaría alrededor de un millón de dólares (150 millones de pesetas) o algo más en activos de capital generadores de renta para ser calificado de capitalista. ¿Cuántos hogares de los Estados Unidos poseen tales títulos? No podemos dar una cifra concreta porque en los Estados Unidos los hogares no están obligados a revelar su riqueza patrimonial, pero sabemos que el 1% superior ingresa anualmente 200.000 dólares (30 millones de pesetas) o más, y que entre los niveles inferiores de esa clase situados entre 200.000 y 500.000 dólares (de 30 a 100 millones de pesetas), el 68% de esos ingresos procede de un trabajo remunerado. Por tanto, la clase capitalista no parece ser mayor que el 1% de la población. Eso no supone un número pequeño de hogares en términos absolutos: un millón para ser exactos. Pero también significa que el 99 % de los hogares de los Estados Unidos quedan fuera de esa clase.

¿ES ESA CLASE REALMENTE "PRIVILEGIADA", en el sentido técnico de poseer un poder por lo menos igual al de todos los miembros electos del gobierno? ¿Cómo se podría ejercer tal poder? Para darle a la pregunta una formulación marxiana: si la clase capitalista es una clase dirigente, ¿cómo dirige esta clase dirigente?.

¿Cómo dirige esta clase dirigente?

Yo diría que ese poder de clase no democrático se ejerce a través de una variedad de mecanismos, unos obvios y otros menos. El más obvio, por lo menos en los Estados Unidos, es a través de la oferta de contribuciones a las campañas. Por muy vacías que resulten para la vida real, las campañas electorales han alcanzado una increíble sofisticación técnica. Emplean grupos de interés y datos de encuestas para ver qué resortes deben pulsar entre los votantes, junto a envíos postales selectivos combinados con saturación televisiva para hacer entender el propio "mensaje" como si estuviera hecho a medida de cada cual. Esas campañas tan sofisticadas son extraordinariamente caras. Por lo tanto, los contribuyentes ricos se han de cortejar y requebrar. Es decir, se les debe asegurar que sus intereses serán bien atendidos. Observad que muy probablemente tales contribuyentes tendrán sentimientos encontrados sobre la mayoría de asuntos que se dirimirán en la esfera de los gobernantes electos, y por lo tanto hay un espacio considerable para una contienda electoral genuina. Pero ninguno, casi sin excepción, va a apoyar políticas que puedan erosionar los mecanismos básicos mediante los cuales mantienen su riqueza, es decir las instituciones básicas del capitalismo.

Puede haber divisiones acerca del aborto, el control de armas, la inmigración, etc. Pero no habrá absolutamente ninguna sobre la cuestión de la propiedad privada de los medios de producción.

EL CONTROL EFECTIVO de la financiación de campañas no es en sí mismo suficiente para mantener el dominio de clase. En una poliarquía capitalista, en la que teóricamente es posible para un partido político desafiar las instituciones básicas del sistema, es importante que los intereses de la clase capitalista estén bien formulados, y afianzados con argumentos que identifiquen esos intereses con el interés general. Entre los instrumentos más importantes para conseguirlo se cuentan un número considerable de fundaciones "privadas" (esto es, fundadas por capitalistas), que van desde los conservadores moderados hasta las filas de la extrema derecha, las cuales a su vez financian diversos think-tanks (comités de "sabios") y mesas redondas. Podemos citar desde las moderadas, como el Brookings Institute, la Rand Corporation o el Council on Foreing Relations, hasta bastiones conservadores como la Heritage Foundation, el Cato Institute o el American Entreprise Institute. Esas instituciones llevan a cabo investigaciones políticas, diseñan modelos de legislación, reúnen a representantes de la comunidad empresarial, miembros del gobierno, académicos respetables y miembros influyentes de los medios de comunicación para debatir, discutir y pulir tales propuestas.

NO SÓLO DEBEN formularse bien los intereses de clase, también se han de difundir al público en general. Aquí reside la importancia de los mayores medios de comunicación de masas, todos los cuales son virtualmente de propiedad privada en los Estados Unidos o, lo que es lo mismo, están en manos de la clase que controla la mayor parte de los activos de capital de la sociedad.

Además esos medios de comunicación dependen para su supervivencia económica de los ingresos por publicidad, y por tanto de la buena predisposición de sus espónsores empresariales.

APARTE DE ESOS MECANISMOS, que aseguran que los intereses del capital estarán bien protegidos por los gobernantes electos, la clase capitalista posee otra arma formidable, que se puede poner en juego si ocurriera que un gobierno elegido propusiera políticas que consideraran perjudiciales para sus intereses. Pueden sumarse a una "huelga de inversiones". Esa es un arma particularmente formidable, porque no requiere poner en marcha ningún plan o coordinación previa. De hecho se pondría en marcha automáticamente si llegara al poder un gobierno considerado poco amistoso hacia los "intereses empresariales".

UN CAPITALISMO SANEADO requiere una inversión constante, sostenida. La verdad es que cualquier economía saneada necesita una inversión regular y sostenida. Una economía capitalista se basa en los "ahorros" de las clases superiores para sostener esa inversión, y eso es extraordinariamente importante. Pues esos fondos son privados, y por lo tanto pueden colocarse en cualquiera de las formas que sus propietarios considere adecuada. Si los inversores "pierden la confianza" en un gobierno, no tienen obligación alguna de invertir en aquella economía. Mucho más ahora que nunca, dada la virtual eliminación de toda barrera a los movimientos internacionales de capital, los inversores tienen muchas otras opciones. Pueden invertir en empresas productivas, o pueden adquirir bienes inmuebles, bonos de deuda pública, mercancías en mercados de futuros, o lo que sea. Pueden invertir en su propio país, o en cualquier otro. Pueden jugar en la Bolsa de Tokio o especular con divisas latinoamericanas.

Pueden hacer lo que les plazca con sus fondos, porque esos fondos son su dinero.

PERO SI UN NÚMERO SIGNIFICATIVO de inversores "pierden la confianza" en un gobierno, esa falta de confianza se convierte en una profecía que se cumple a sí misma. Cuando los inversores dejan de invertir en la economía real, la industria de la construcción se resiente, el sector de máquinas-herramientas sufre, etc., provocando despidos en todas esas áreas que deprimen la demanda dado que los trabajadores despedidos no compran mucho. Esa caída de la demanda arrastra consigo otros recortes sucesivos: es la habitual espiral hacia abajo que constituye una recesión.

ACTUALMENTE, en un gobierno poliárquico los dirigentes gubernamentales se consideran responsables del bienestar económico de la nación. Si las actitudes de un gobierno o su política provocan fugas de capital, la economía se derrumbará y ese gobierno no sobrevivirá a las próximas elecciones. Mientras las decisiones de inversión permanezcan en manos privadas, los gobiernos que quieran sobrevivir o lo que es lo mismo, todos los gobiernos tienen muy pocas opciones que no sean cuidar las sensibilidades de quienes tienen capital para invertir, esto es, la clase capitalista.

MIentras las instituciones básicas se mantengan en su lugar

Observad que no es sólo el interés egoísta del gobierno el que está estructuralmente atado a los intereses de esta clase. También lo están los intereses de prácticamente todo el mundo. Puesto que la confianza de los inversores es crucial para una economía capitalista saneada, y en la medida que una economía capitalista "enferma" es decir, una economía en recesión afecta negativamente a casi todo el mundo, está en el interés particular de cada cual, o casi, someterse a los intereses de la clase capitalista. Cuando una economía se derrumba los trabajadores del sector privado son despedidos, los ingresos fiscales se contraen, y los trabajadores del sector público también se ven afectados. También sufre la gente que depende de las prestaciones sociales, porque sus pensiones serán probablemente reducidas.

ASÍ PUES, como vemos, una economía capitalista está estructurada con bastante perspicacia.

Mientras sus instituciones básicas permanezcan intocadas, prácticamente todo el mundo tiene un interés en mantener boyantes los estados de ánimo de las clases dirigentes. Los siervos no necesitaban tener contentos a sus señores. De hecho se vio bastante claro con el tiempo que la nobleza no jugaba ningún papel significativo en el proceso de producción, y por lo tanto podía ser eliminada sin consecuencias económicamente adversas.

Tampoco los estados de ánimo de la burocracia planificadora eran particularmente relevantes para el funcionamiento económico de las economías planificadas de tipo soviético. Los burócratas descontentos no podían irse. En cambio, los inversores descontentos pueden tomar el dinero y correr. Por tanto, en una economía capitalista está en el interés egoísta racional de casi todo el mundo el mantener contentos a los capitalistas.

Mientras las instituciones básicas del capìtalismo se mantengan en su lugar.

Ahí está la clave. En una democracia genuina el electorado tendría la opción de alterar esas instituciones básicas. Podrían, si así lo eligieran, optar por un sistema diferente. Esta es la razón por la que el capitalismo tolerará la poliarquía pero no la democracia.

III. DEMOCRACIA ECONÓMICA

SEGURAMENTE SE NOS PLANTEE en este punto una pregunta escéptica. ¿Respondería realmente al interés racional particular de una ciudadanía bien informada alterar las instituciones básicas del capitalismo? ¿Acaso no es una clara lección de la historia reciente que sólo el capitalismo funciona? El socialismo se ha intentado ¿no es así?, y ha fallado. Hasta el historiador económico Robert Helibroner, un hombre de izquierdas y no precisamente un entusiasta propagandista del capitalismo, ha admitido que "transcurridos menos de setenta y cinco años después de haberse iniciado oficialmente, el litigio entre capitalismo y socialismo ha terminado: ha vencido el capitalismo." LA RÉPLICA CORRECTA A HEIBRONER y al consenso general es que una forma de socialismo se ha intentado y ha fracasado. Fue una forma que quizá debía intentarse, dadas las corrientes intelectuales de su tiempo y las circunstancias concretas que rodearon la Revolución Rusa. Pero ahora resulta meridianamente claro, tanto desde el punto de vista teórico como de los datos empíricos acumulados, que existe otra forma de socialismo que podría intentarse y que tendría muchos más visos de éxito.

¿Quién quiere una cosa así?

Sed indulgentes conmigo mientras desarrollo ese punto. Enseguida notaréis que no se sigue lógicamente de mi argumento básico de que el capitalismo es incompatible con la democracia. Tal incompatibilidad ya la he explicado, o al menos lo he intentado (vosotros decidiréis si mi intento ha tenido éxito o no).

Pero si resultara ser cierto que la democracia real es imposible en el mundo moderno, entonces afirmar que el capitalismo es incompatible con la democracia tampoco sería decir gran cosa. Cierto, el capitalismo genera una desigualdad pasmosa que mina la democracia auténtica, pero ¿y qué? Si la alternativa al capitalismo es un socialismo totalitario con una pobreza repartida, ¿quién quiere una cosa así? Ahora bien, ¿qué ocurre si existe realmente una alternativa viable y democrática al capitalismo? ¿Qué pasa si hay sólidos motivos para pensar que el capitalismo es un sistema económico obsoleto, incluso en sus propios términos, y que existen fuerzas sociales reales que luchan para ir "más allá del capitalismo" tanto si lo saben como si no? ANTES DE CONCRETAR LA FORMA de una alternativa democrática al capitalismo, hacia la que yo creo que el género humano está de hecho andado a tientas, dejadme ser claro: el modelo que voy a proponer no es el resultado de la mera especulación teórica. Ciertamente, no puedo señalar un país particular y decir: "ahí está, esto es." Pero me parece que hay suficiente análisis teórico y evidencia empírica a nuestra disposición para afirmar con seguridad que existe un orden económico viable "más allá del capitalismo". (Podría mencionar que una pieza importante de esa evidencia se encuentra dentro de las fronteras de vuestro propio país. Me parece que los remarcables logros de la experiencia de Mondragón, adecuadamente analizados, aportan un aval importante para ciertas instituciones que quiero someter a vuestra consideración).

SI VAMOS A PERFILAR los contornos de un futuro postcapitalista viable, debemos concentrarnos en los déficits democráticos del orden existente. La democracia es una idea poderosa que ha inspirado innumerables movimientos de reforma en el último par de siglos.

Esos movimientos, siempre contra la resistencia de las clases dirigentes y siempre quedándose cortos respecto las aspiraciones más profundas de sus partidarios, tienen en su haber logros muy remarcables. Además, cada extensión de la democracia parece generar, con el tiempo, nuevas demandas de una democracia aún mayor.

La democracia termina cuendo empieza el trabajo

Si lo pensamos un poco, está bastante claro que el capitalismo contemporáneo adolece de dos importantes déficits democráticos. Para la inmensa mayoría de nosotros la democracia termina cuando empieza el trabajo. En el mundo de la economía las empresas no funcionan democráticamente. Las personas votan a sus alcaldes, gobernadores, representantes parlamentarios y presidentes, pero no votan a sus patronos. Cabe pensar que una extensión tal de la democracia sería salvajemente ineficiente, pero lo cierto es que sabemos que no es el caso. En realidad, lo cierto es lo contrario. Mondragón no es la única prueba que lo pone en evidencia. A lo largo de este siglo ha habido cientos de experimentos de propiedad colectiva de los trabajadores, y de participación obrera, y se han hecho cientos de estudios comparativos sobre su eficacia. Prácticamente todos los estudios concluyen lo mismo. Las empresas dirigidas por los trabajadores es decir, estructuradas para dar al colectivo de trabajadores capacidad de intervención democrática en la selección de los directivos, y una proporción directa de los beneficios de la empresa casi siempre obtienen mejores resultados que las empresas capitalistas comparables.

NO SIEMPRE HAN SALIDO ADELANTE, evidentemente, pero tampoco las empresas capitalistas lo logran. En lo que se refiere a la eficiencia de la empresa, puede afirmarse con seguridad que la democracia en el puesto de trabajo funciona. Funciona por lo menos tan bien como el autoritarismo capitalista, y a menudo mejor. O bien, dicho de otro modo, lo que es cierto para los sistema políticos lo es también para las empresas en la economía: por muy molestas e "ineficientes" que parezcan ser, a largo plazo tienden a obtener mejores resultados que las alternativas autoritarias.

Los humores de los inversores

El segundo gran déficit democrático de las sociedades capitalistas es aquel al que hemos dedicado nuestra atención preferente en el anterior apartado de esta disertación, a saber, el hecho de que los líderes políticos y por regla general los ciudadanos egoístas se ven obligados a procurar que la clase capitalista esté contenta. En la formulación dada por John Maynard Keynes a esta cuestión, "los humores de los inversores" deben mantenerse boyantes. Eso sucede porque la economía depende de los ahorros privados para obtener fondos de inversión.

PERO NO TIENE POR QUÉ SER ASÍ. Existe una alternativa bastante obvia (pero casi nunca discutida) que está, además, en plena sintonía con la democracia en el puesto de trabajo. En lugar de confiar en los ahorros privados de la clases superiores para los fondos de inversión, estos capitales pueden generarse públicamente mediante la fiscalidad. Si las empresas económicas se gestionan democráticamente, siguiendo el modelo de una comunidad, entonces resulta natural considerar los activos de tales empresas como una propiedad colectiva de la nación que se presta a los colectivos de trabajadores que los utilizan. Dicho de otro modo, en lugar de que las acciones del capital de una empresa pertenezcan a los accionistas, como sucede en el capitalismo, ¿por qué no considerar los fondos de capital de un país una propiedad de la nación entera? Pero en vez de los cargos del gobierno, dejemos que los controlen los trabajadores de cada empresa que por ley tendrán derecho a quedarse con el ingreso neto que exceda a los costes y al pago del impuesto por el uso de aquel capital (o tasa de alquiler).

Democracia económica

Llamemos Democracia Económica a un orden económico que extienda la democracia al lugar de trabajo, y que sustituya la generación privada de los fondos de inversión con un mecanismo público. Tal como yo lo veo, ese es el orden económico que merece considerarse el sistema sucesor del capitalismo más adecuado.

LA DEMOCRADIA ECONÓMICA SIGUE SIENDO una economía de mercado, por lo menos para los bienes y servicios. Sin embargo, dado que los mercados financieros capitalistas no pueden funcionar sin ahorros privados, su función asignativa debe ser asumida por otras instituciones que pueden resultar mucho más democráticas. Concretamente, los fondos de inversión generados públicamente pueden encontrar su camino de retorno a la economía mediante algún método razonablemente transparente y democráticamente controlable.

QUISIERA ESBOZAR TALES INSTITUCIONES Y MÉTODOS. Los fondos de inversión de una nación deben generarse mediante un impuesto lineal sobre los activos de capital de las empresas democráticas del país. Una vez recaudados, todos esos ingresos fiscales deben ser reinvertidos otra vez en la economía de la nación. Deben usarse únicamente para aumentar el estoc de capital del país. No han de servir para pagar otros servicios gubernamentales. Esos otros servicios deben seguir financiándose con un impuesto sobre la renta o el valor añadido.

LOS FONDOS DE INVERSIÓN deben asignarse a los bancos regionales y locales (que entonces serán instituciones públicas, no privadas), que a su vez harán préstamos a los nuevos negocios o a los ya existentes. Dejadme pasar por alto los detalles del mecanismo de asignación, excepto uno que tiene una relación muy importante con el problema del valor planteado hace ya mucho tiempo. Por razones que desarrollo en mi libro Más allá del capitalismo, los fondos de inversión serán asignados a las regiones o comunidades con un criterio per capita aproximado. Las regiones y comunidades no competirán por los fondos de inversión. Cada año recibirán su justa parte del estoc nacional de "nuevo capital" al que tienen derecho. Las empresas de cada región o comunidad tendrán después que competir por los préstamos, exactamente igual como las empresas competirán entre sí por los clientes. Pero las regiones y comunidades no competirán por el capital.

LO QUE ACABO DE ESBOZAR AQUÍ son los elementos básicos de un orden económico radicalmente diferente: una economía de mercado con democracia en el lugar de trabajo y un fondo de inversión generado a través de la fiscalidad. Hasta cierto punto, no es tan diferente a la economía que tenemos ahora. Tanto el capitalismo como la Democracia Económica son economías de mercado competitivas, por lo que esta dimensión del modelo nos resulta familiar.

Bajo el capitalismo existen empresas gestionadas por los trabajadores, por lo que tampoco son tan extrañas. Una parte significativa de la inversión de capital los fondos para infraestructuras, por ejemplo ya se genera en el capitalismo mediante los impuestos, y por tanto sabemos que eso puede hacerse. Ninguna de estas instituciones es particularmente misteriosa. Pero cuando sustituimos las instituciones capitalistas por tales estructuras, en lugar de simplemente añadirlas a la economía existente, logramos algo radicalmente distinto al capitalismo. Algo mucho mejor.

IV. LIBERTAD, EQUIDAD, DEMOCRACIA

SOSTENGO QUE LA DEMOCRACIA ECONÓMICA sería un sistema más eficiente que el capitalismo y estaría menos plagado de desempleo y consumismo estúpido. Sostengo que sería más racional en su crecimiento y más amable con el medio natural de nuestro planeta. También sería una sociedad más libre, más igualitaria y más ampliamente democrática.

EVIDENTEMENTE NO PUEDO DEMOSTRAR todas estas afirmaciones en el tiempo del que todavía dispongo. Los capítulos centrales de Más allá del capitalismo se dedican a eso. Pero quisiera decir por lo menos cuatro palabras sobre los tres valores que aparecen en el título de mi disertación.

ES UN LUGAR COMÚN DE LA IDEOLOGÍA CAPITALISTA que sólo el capitalismo es compatible con la libertad. A decir verdad algo hay en ese argumento habitual, cuando por "socialismo" se entiende una economía centralmente planificada sin mercado. Los críticos conservadores del socialismo no estaban equivocados al señalar que una economía centralmente planificada tiene una tendencia natural hacia el autoritarismo. Existe una tensión intrínseca entre la participación democrática y la planificación racional. Como decimos en inglés, "demasiados cocineros echan a perder el caldo." Por muy democrático que pretenda ser en teoría, estoy firmemente convencido que cualquier intento de sustituir completamente los mercados por mecanismos de planificación conducirá a una ineficiencia excesiva, o a un autoritarismo, o a ambos.

La democracia económica es un socialismo distinto del soviético

Sin embargo, la Democracia Económica es un socialismo muy diferente al modelo soviético clásico. La Democracia Económica sigue siendo una economía de mercado descentralizada en todo lo que se refiere a la producción de bienes y servicios, pero en ella el contrato de trabajo cambia radicalmente y el mercado de capitales se restringe drásticamente. La planificación del gobierno se limita a aquellos elementos de una economía, como la asignación de los fondos de inversión, que son lo bastante transparentes para permitir una planificación genuinamente democrática.

ME PARECE JUSTO DECIR que en una Democracia Económica las personas tendrían más libertad de la que tienen bajo el capitalismo, no menos. No sólo sería más segura la manera como la gente se gana la vida (un aspecto que no puedo desarrollar aquí), también las libertades básicas de expresión, prensa y reunión, y también esa "libertad respecto la voluntad arbitraria de otro" tan cara a los teóricos conservadores, se extenderían al lugar de trabajo:
un espacio donde tales libertades no existen bajo el capitalismo, o están severamente restringidas.

LA Democracia Económica también sería muchísimo más igualitaria que el capitalismo. No sería una sociedad en la que todo el mundo recibiera el mismo ingreso.

Cabría esperar desigualdades dentro de las empresas, basadas por ejemplo en la antigüedad de los trabajadores, el nivel de cualificación o el grado de responsabilidad. Sin embargo, puesto que tales desigualdades deberán justificarse ante el colectivo de trabajadores, podemos estar seguros que no se toleraría nada parecido a las obscenas diferencias actuales a menudo de 100 a 1 en los Estados Unidos, y a veces de 1.000 a 1 entre los mejor y peor pagados. (Hasta hace muy poco las cooperativas de Mondragón han mantenido el límite en 6 a 1, una proporción que parece más que suficiente para asegurar los incentivos adecuados).

Habrá también desigualdades entre empresas.

En una economía de mercado algunas lo harán mejor que otras. Sin embargo, dado que cabe suponer que el mecanismo de inversión las mitigará en vez de exacerbarlas, tales desigualdades no se aproximarán a los niveles típicos del capitalismo.

Ausencia de renta de la propiedad

Pero la razón más importante para esperar un nivel de desigualdad mucho, muchísimo menor en la Democracia Económica es la ausencia de una renta de la propiedad, la fuente principal de la desigualdad capitalista. De hecho la clase capitalista como tal desaparece, puesto que la propiedad privada de los medios de producción está prohibida salvo para pequeños negocios que empleen a un número limitado de trabajadores. Además al generar los fondos de inversión mediante impuestos la Democracia Económica puede prescindir de los mercados financieros mercados de acciones, mercados de bonos y mercados de dinero, las instituciones básicas que permiten a la renta desvincularse del trabajo de modo que la magia del interés compuesto puede cortocircuitarse y aparentemente el dinero puede crecer y multiplicarse sobre sí mismo. VOLVAMOS A LA DEMOCRACIA: hemos visto que una sociedad capitalista está en el interés egoísta de casi todo el mundo, al menos a corto plazo, velar para que los intereses de la clase capitalista no corran peligro alguno, porque la economía se convierte en un rehén de sus humores (animal spirits). (El colapso reciente de los milagros económicos del Sudeste Asiático debería despejar cualquier duda sobre la importancia de la confianza de los inversores). Por lo tanto en cierto sentido es verdad lo que mantiene la ideología dominante, a saber que lo que es bueno para el capital es bueno para todo el mundo; o, cuando menos, la formulación inversa de esta afirmación es verdad: lo que es malo para el capital es malo para todo el mundo. Pero también es verdad que existe una oposición fundamental entre los intereses del capital y los intereses de la mayoría. El análisis que hemos desarrollado señala dos en particular. SI LA DEMOCRACIA VALE realmente la pena, y si los colectivos democráticos de trabajadores son de verdad eficientes, entonces la extensión de la democracia al lugar de trabajo interesa a la mayoría de la gente. Pero tal extensión entra en conflicto con uno de los derechos más fundamentales del capital: el derecho a poseer y controlar privadamente los activos productivos de la sociedad.

Ausencia de movimientos internacionales de capital

El segundo conflicto tiene que ver con la movilidad del capital. Uno de los rasgos más llamativos de la Democracia Económica es la virtual ausencia de flujos internacionales de capital. La inversión de capital no se irá a otros países puesto que se trata de capitales públicamente generados. Permanecen dentro del país, y de nuevo se devuelven por ley a las diferentes regiones según un criterio per capita. Las instalaciones productivas tampoco van a salir. Un colectivo democrático de trabajadores no votará cerrar su planta para trasladarla a otra parte del mundo con salarios más bajos. POR TANTO, EL CAPITAL NO ABANDONARÁ EL PAÍS. Tampoco le llegará de fuera. Los inversores extranjeros no pueden comprar las empresas existentes, porque no están en venta. Los recursos productivos de la nación son propiedad colectiva de la nación. Se prestan a los trabajadores que los usan, y ellos los controlan. LA AUSENCIA DE MOVIMIENTOS INTERNACIONALES DE CAPITAL es algo muy bueno, al menos para la gran mayoría de la ciudadanía. Debería estar claro, me parece, que la movilidad del capital y en especial su actual hipermovilidad constituye una seria amenaza a la seguridad de la comunidad y de cada individuo. El traslado afuera de plantas perjudica tanto a las personas que pierden sus puestos de trabajo como a las comunidades donde esas plantas se sitúan. La necesidad de atraer nuevo capital mantiene bajo presión a las regiones para que mantengan bajos los sueldos, débiles a los sindicatos, y las regulaciones ambientales escasas. No es una presión que conduzca precisamente a construir comunidades estables y saludables. EL CAPITAL HIPERMÓVIL también amenaza nuestra seguridad medioambiental. Hay fondos inmediatamente disponibles en cualquier parte del mundo para incentivar a los individuos o las compañías a obtener beneficios rápidos sean cuales sean las consecuencias ecológicas. Las corporaciones multinacionales anhelan poner en marcha instalaciones productivas en cualquier parte donde detecten un mercado potencial, y bombardearnos sin descanso con la publicidad de sus géneros, propagando como general un modo de vida consumista que es claramente insostenible a escala global. Si los gobiernos locales objetan todo eso (aunque no sea probable que lo hagan, dado que también ellos están dominados por el capital), corren el riesgo de crear un "mal clima para los negocios" y en consecuencia un colapso económico.

Conclusión

Volviendo a la pregunta del título de esta conferencia: ¿son la libertad, la igualdad y la democracia compatibles? La respuesta es claramente "si", en una Democracia Económica. En una economía de mercado con democracia en el lugar de trabajo y control público de la inversión esos valores no entran en conflicto unos con otros. Bajo el capitalismo, sin embargo, las cosas son bien distintas tal como hemos visto. No se trata tanto de que los valores como tales estén en conflicto en el capitalismo, sino más bien que las instituciones básicas del capitalismo amputan la realización completa de cada uno de esos valores. QUIERO SER CLARO. El capitalismo no se opone diametralmente a ninguno de esos valores. A medida que el capitalismo se ha desarrollado, dichos valores se han desarrollado (al menos en los países del centro capitalista). La gente es ahora más libre para vivir sus propias vidas de acuerdo con valores elegidos por ellos mismos, en mayor grado que en tiempos anteriores. También hay bastante más igualdad, igualdad ante la ley y por lo menos formalmente una igualdad de oportunidades, reforzada en la mayoría de países por la provisión pública de educación y otros beneficios materiales. La democracia también se ha desarrollado bajo el capitalismo, por lo menos al nivel de poliarquía. EL PROBLEMA ESTÁ en que esos valores no pueden alcanzar su completo desarrollo bajo el capitalismo. Mientras las sociedad siga basada en el trabajo asalariado, ni la libertad ni la democracia puede extenderse por completo al lugar de trabajo. Mientras la sociedad siga basándose en decisiones descoordinadas de ciudadanos privados para generar y distribuir sus fondos de inversión un mecanismo completamente obsoleto, no puede evitar el desarrollo de desigualdades fuera de cualquier proporción recomendable para estimular la eficiencia, ni tampoco puede considerarse colectivamente soberana a esa ciudadanía tal como requiere el ideal democrático. A MI MODO DE VER el asunto está bastante claro. El capitalismo casi ha agotado por completo su capacidad de progreso. Sus contradicciones internas incluso se están agudizando, y se están convirtiendo en una amenaza a la salud y el bienestar de nuestra especie. Es importante darse cuenta que existe un camino mejor, que constituye un futuro más allá del capitalismo viable y deseable. Una vez nos hayamos percatado que es posible, podemos empezar a pensar como hacer realidad ese futuro. Y a trabajar para ello.

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