La santificaciˇn de Juan Diego.Tercera entrega
A unos d�as de la declaraci�n de santidad de vida de Juan Diego retomamos nuestra reflexi�n al respecto. Hemos dicho que nadie esta obligado a creer en las apariciones marianas, ni a tributar una particular devoci�n a un cristiano declarado "santo", puesto que no son parte de nuestra profesi�n de fe. Sin embargo no podemos negar el papel de gran importancia llevado acabo por Mar�a y que la santidad es el tipo de vida al cual deben converger nuestra conducta. Todos estamos llamados a la santidad y todos en potencia lo somos. 

Hoy expondremos la parte formal por medio de la cual la autoridad de la iglesia usa las llaves dadas por Jes�s para poder atar en los cielos aquello que se efect�a en la tierra, en este caso declarar que un cristiano es santo.

Al principio los hombres y mujeres que mor�an por su fe eran considerados m�rtires. El testimonio de estas personas fue semilla para que miles se convirtieran �pues quien es capaz de estar tan seguro de su fe que a pesar de morir evita negar lo que cree? M�s tarde la realizaci�n de milagros por parte de algunos llevaba al pueblo a pensar que esas personas ten�an una particular relaci�n con Dios, el Nuevo Testamento nos habla de los milagros que efect�an los ap�stoles: Pedro incluso con su sombra sanaba a los enfermos, Pablo pide que se tomen pa�uelos se ore sobre de ellos y se lleven a las casas. La vida de algunas personas fue tan evang�lica que la gente le llamaba "santo(a)" y al momento de la muerte de uno de estos siervos en algunos lugares sus tumbas eran recordadas de manera especial. Todos estos testimonios llevaron a la iglesia a proponer como "modelos" la vida de estos hermanos. 
Cabe mencionar que en algunas iglesias no cat�licas como las ortodoxas que tambi�n rinden tributo a la santidad humana no con car�cter de adoraci�n sino de veneraci�n, los llamados "santos" son declarados por aclamaci�n es decir no se indaga con m�s detalle pues se declara santo solo por la fama de santidad de la vida.

La iglesia cat�lica al principio declaraba por aclamaci�n la santidad de una persona, con el tiempo poco a poco se fue estructurando todo un sistema que permit�a la investigaci�n extensiva para contar con la mayor objetividad posible para evitar errores.
Hoy en la iglesia existe una congregaci�n para la causa de los santos, que es una especie de tribunal donde el postulante autorizado de una iglesia local presenta las pruebas de santidad de vida.

Recu�rdese que Santidad proviene de Santitas que es la palabra latina utilizada, en la versi�n Vulgata del Nuevo Testamento, para dos palabras griegas distintas, agiosyne (1 Tes., III,13) y osiotes (Lucas, I, 75; Ef., IV, 24). Estas dos palabras griegas expresan las dos ideas encerradas por la palabra "santidad". La primera idea es la de separado, (sacro, sagrado, santo elegido para dar culto. N. del T.), como se usa en agios y que tambi�n indica "el temor de Dios" (estupor, mezcla de asombro y temor ante el Misterio. N. del T.) el sacer latino; y del que se deriva (sancitus). La segunda idea proviene de osios que es quien ha recibido el sello de Dios (piadoso, religioso, salvado, santo. N.del T). 
El caso se estudia e incluso se nombra una especie de fiscal que popularmente se denomina "el abogado del diablo" porque su papel es objetar todo, cuestionarlo todo.

Cuando se re�nen muchas pruebas la iglesia universal despu�s de pedir la opini�n de te�logos podr� pedir al Papa que declare al hermano como "beato o Siervo de Dios" con lo que la comunidad cristiana le declara feliz pues ha encontrado que ese hermano(a) que fue salvado por la fe en Jesucristo las pruebas de que vivi� una fe digna de imitarse y se declara feliz, bienaventurado.

Si las investigaciones conducen a la realizaci�n de un milagro por la intercesi�n del hermano entonces la teolog�a cat�lica puede afirmar que Dios mismo declara que ese hermano se encuentra en su presencia en esa nube de testigos de la que nos habla el �ltimo libro de la Biblia, el Apocalipsis o revelaci�n. Esa nube de testigos esta conformada por aquellos comprados de todas las naciones,que vierten su oraci�n junto con los ancianos que rodean el trono de Dios.

Los cat�licos sabemos que Solo Dios hace milagros pero ello no quiere decir que se niegue a utilizar algunos de sus siervos para efectuarlos. De hecho cuando tu solicitas a tus amigos o familiares que oren por ti, ellos al pedir a Dios por tu causa, est�n intercediendo y muchas veces el Se�or se manifiesta de manera poderosa o muy discreta pero el poder del Santo bendito sea siempre se hace presente.

La congregaci�n para la causa de los santos y el culto divino puede autorizar que se pida la ayuda al beato para que este interceda por alguna causa concreta y si se verifica un milagro,la autoridad de la iglesia puede con certeza declarar "santo o santa" a una persona. Se denomina "canonizaci�n" al acto de inscribir en las listas de los santos al beato. Esta declaraci�n la realiza formalmente el obispo de Roma por medio de la celebraci�n de una Eucarist�a y la lectura solemne de la santificaci�n.
Para que la iglesia declare "santo(a)" a una persona el tiempo no es una limitante, ni la raza, ni el sexo, ni la edad porque no cabe ning�n racismo ni sexismo en la fe cristiana; tampoco la condici�n eclesial pues no se es m�s santo si se es parte del clero o si se es un laico.

La santidad es para todo tipo de vida: consagrada (religiosos), matrimonial, laica, etc.

Hay sin embargo muchas personas que se escandalizan pues perciben que el culto a la santidad de vida de los santos puede acabar en idolatr�a o que el pueblo les adore como si fuesen dioses. Peligros hay en muchos pero lo m�s importante de la vida de un santo es que contamos con un ejemplo m�s del poder santificador y transformador del evangelio. 
Juan Pablo II en Am�rica: Viaje No. 97

Pedimos a todos su oraci�n para que el viaje apost�lico de Juan Pablo II sea de bendici�n para todos, hoy su santidad llego a Canad� para participar el s�bado y domingo en la Jornada Mundial de la Juventud, evento que reunir� a m�s de 200,000 j�venes de todo el mundo.

Hno. Isaac

Edici�n: Comunidad Hijos de Abraham, asociaci�n de fieles cat�licos de tradici�n hebrea.

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