Alzheimer

 

La Enfermedad

Editorial

Alzheimer Argentina

Clinical Diagnosis and Management of Alzheimer's Disease

 

Enfermedad de Alzheimer y Mujer

Dr. Román Alberca Serrano Alberca*

Nutrición y Enfermedad de Alzheimer

Dra Liberczuk Cynthia
Alzheimer Argentina, CEREVE, Programa de Alzheimer GCBA

Trastornos neuropsiquiátricos en la vejez: Enfermedad de Alzheimer, depresión y su posible relación

Jorge Perez, M.D., Ph.D.,* Daniela Tardito, Ph.D**

curso de posgrado a distancia UBA

DIRECTOR LUIS IGNACIO BRUSCO

 

Editorial

Alzheimer Argentina

Entre los nuevos problemas a los cuales se enfrenta la humanidad comparable a los cambios ecológicos, al SIDA o al peligro nuclear, se encuentra el envejecimiento cerebral patológico conocido como enfermedad de Alzheimer.Esta enfermedad representa uno de los más importantes problemas de la neurociencia actual e interesa tanto a neurólogos, psiquiatras y geriatras coma a investigadores básicos de la misma. Es que cuando el hombre vivía mucha menos esta enfermedad era casi desconocida, pero a partir del alargamiento de la vida se empezaron a conocer nuevos problemas asociados a la vejez y uno de los mas importantes es esta enfermedad.Ello implica entonces un compleja situación que plantea nuevas premisas sociales y económicas, además de biológicas, ya que representa un gran cambio en la composición socioeconómica de la población mundial.La familia es uno de los protagonistas mas involucrado claro que un grupo que estaba acostumbrado a convivir con una persona inteligente y orientada comienza a ver como esta persona empieza a desmoronarse intelectualmente y a presentar conductas atípicas.Son los trastornos cognitivos, los conductuales, la vida cotidiana, la implicancia social, económica, biológica, filosófica las que plantean las premisas que hoy se deben discutir a partir de este problema.Pero quizás una de las discusiones más interesantes parte de la discusión del envejecimiento patológico, es decir como detener la muerte neuronal apresurada y precisar cuando se pasa del envejecimiento normal a la enfermedad.

Por otro lado, este es un problema que aqueja al mundo desarrollado que ve aumentar la esperanza de vida de su población y en donde los seres humanos se reproducen cada vez menos. La Argentina aunque siendo un país periférico, tiene una problemática sanitaria en este tema asimilable a la de los países industrializados.Por esto el desarrollo de la investigación de esta enfermedad se encuentra cada vez más avanzado, dada la importancia que tiene el hallar respuesta a los nuevos problemas que ocasionan los avances tecnológico y sanitario.Se plantean entonces dos preguntas ¿Hasta donde se puede prolongar la vida del ser humano? ¿Son inevitables los nuevos trastornos consecuentes a la longevidad? En Alzheimer Argentina se plantean estas y otras discusiones además de comentarse los nuevos avances en los distintos campos que estudian el mal de Alzheimer. Continuamos así la relación con nuestros "navegantes", cada vez mas fluida y que constantemente nos orienta y motiva

 

Clinical Diagnosis and Management of Alzheimer's Disease

Como reflejo de las mejoras en las condiciones sociales y sanitarias, la población de ancianos crece rápidamente, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, aumentando consecuentemente las patologías frecuentes de la edad avanzada, como la Enfermedad de Alzheimer. A título de ejemplo, y a falta de estadísticas en nuestro país, se sabe que la sufren más de 4.000.000 de personas en los Estados Unidos, y que más de 20.000.000 de personas se ven involucradas en el cuidado de los pacientes, entre familiares y no familiares.Desde que en 1906 el psiquiatra alemán Alois Alzhelmer presentó un caso clínico donde se describía la patología de una paciente de 56 años, bajo su atención en el Asilo de Francfort, con claros síntomas cognitivos, conductuales y funcionales en los últimos 5 años de su vida; la aparición de información sobre estados demenciales no se detuvo, si bien la cantidad de reportes no siempre tuvo su correlato en la calidad de los mismos.Clinical Diagnosis and Management of Alzhelmer's Disease es un libro escrito por múltiples autores de diversos paises, particularmente de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido. Su editor, Serge Gauthier, es el director del Centro de Estudios sobre Envejecimiento del Hospital Douglas de Verdín, Canadá, y consultor permanente del Consorcio de Centros Canadienses para la Investigación Clínica Cognitiva, entidad que desde 1950 aporta información tanto a profesionales como a familiares y cuidadores. Son de particular interés los capítulos dedicados al diagnóstico y descripción clínica de la enfermedad, como los destinados al manejo institucional y comunitario, faltando tal vez normas sistemáticas de tratamiento más que la mera descripción de las drogas en uso actual. En resumen, un muy buen libro de introducción a la Enfermedad de Alzheimer, adecuado para médicos generales, psiquiatras y neurólogos que necesiten información concisa y general; pero que dejará con ganas a quienes tengan lectura previa del tema.

Enfermedad de Alzheimer y Mujer

Dr. Román Alberca Serrano Alberca*

*Unidad de Enfermedad de Alzheimer y Alteraciones de la Memoria.
Servici
o de Neurología. Hospital Universitario
Virgen del Rocío. Sevilla. España


I.- INTRODUCCION

Tanto las minorías étnicas como la mujer han estado históricamente menos representadas en la investigación médica, de forma que resultó llamativo un folleto titulado “Nuevas Medicinas en Desarrollo para la Mujer”, que se entregó durante la Reunión de la Academia Americana de Neurología del año 1998. El folleto había sido publicado por el consorcio de las “Compañías Americanas para la Investigación Farmacéutica” y en él se refería que 44 Compañías Farmacéuticas o Biotecnológicas estaban trabajando en 373 medicaciones inno-vadoras, aprobadas o en fase de ensayo clínico, que intentaban cubrir la necesidad de nuevos trata-mientos para enfermedades que afectaban en exclusiva a la mujer, que predominaban en ella, o que eran causa importante de su mortalidad. Las enfermedades neurológicas ocupaban el sexto puesto de la lista, debido a los medicamentos desarrollados en dos campos: la cefalea y la enfermedad de Alzheimer (EA). De hecho, en esos momentos estaban en estudio nada menos que 33 nuevos medicamentos para la EA, que había tenido el raro privilegio de ocupar el octavo puesto como causa de la mortalidad femenina en ese país, una muestra más de la interrelación que existe entre EA y sexo del paciente

Sin duda, la industria farmacéutica consi-deraba la EA una enfermedad en cierto modo “femenina”, lo que no hacía sino confirmar un dato bien conocido en nuestra práctica diaria asistencial: el notable predominio de las mujeres, en torno al 70%, entre nuestros pacientes con EA. Este por-centaje era mucho mayor que el leve predominio de la población femenina entre los asistidos por la Seguridad Social en Sevilla y no se explicaba, desde luego, por un sesgo debido a que acudieran más mujeres que hombres a recibir asistencia en nuestro hospital. En efecto, el análisis de la frecuentación del Servicio de Neurología por sexos en otras enfermedades, como por ejemplo la enfermedad de Parkinson (EP), que tiene no pocos puntos comunes con la EA, demostraba que acudían más varones que mujeres con EP a nuestras consultas

Confirmar la existencia de un predominio femenino de la enfermedad tiene una enorme



importancia, ya que permite plantear mejor los problemas sociosanitarios que la enfermedad genera. Por otra parte, conocer el porqué de este predominio tiene gran interés en relación a numerosas cuestiones, como para comprender mejor la esencia del proceso, diseñar tratamientos preventivos o sintomáticos, o establecer primero y
combatir después los factores de riesgo que inciden solamente en la mujer, que predominan en ella o que son modulados por la acción del sexo (diapositiva 6).

II.- PREDOMINIO FEMENINO DE LA EA

Para
determinar si la EA es más frecuente en la mujer y si el sexo femenino constituye un factor de riesgo no basta la simple experiencia clínica, sino que es preciso recurrir a los estudios epidemiológicos. Los estudios de prevalencia se refieren al número total de personas que padecen el proceso en el periodo del estudio, lo que permite saber a que número de enfermos nos enfrentamos en un momento determinado, algo realmente importante para planificar las políticas asistenciales y socio sanitarias. Este tipo de estudio ha mostrado, salvo raras excepciones (Prencipe et al. 1996, Chandra et al. 1998, Hebert et al. 2001), que la EA es más prevalente en la mujer y, de hecho, tanto el antiguo trabajo de integración cuantitativa de la literatura de Jorm et al. (1987) como el moderno análisis de Hy et al. (2000) sobre la prevalencia de la EA en 21 regiones distintas del mundo occidental confirman que la prevalencia es mayor en el sexo femenino.

Los resultados del estudio multicéntrico europeo (Lobo et al. 2000) son paradigmáticos en este sentido. La prevalencia de la EA por edades y sexos es bastante concordante entre los diferentes países europeos, de forma que la prevalencia es mayor en la mujer en todos los países, a pesar de las enormes diferencias socioculturales y étnicas que existen entre los países del norte de Europa, por ejemplo Finlandia, y los del sur, como puede ser España Esta concordancia ha permitido extrapolar los datos de este estudio a toda la Unión Europea y calcular que 1.018.931 varones y 2.267.063 mujeres mayores de 65 años padecen la enfer-medad, de forma que las mujeres representan el 68,99% del total de pacientes. Los porcentajes son absolutamente coincidentes con los hallados en nuestro país en otro estudio distinto, referido por Bermejo (1998): las mujeres representan el 57,9% del total de la población española mayor de 65 años, mientras que las mujeres con EA son el 68,5% del total de pacientes con EA mayores de 65 años. Es curioso ver como estos porcentajes son muy parecidos a los referidos en la práctica diaria.

Los estudios de incidencia, cuya reali-zación afronta numerosas dificultades analizan el número de pacientes diagnosticados “de novo” durante el periodo del estudio y son los más apropiados para determinar los factores de riesgo, ya que eliminan muchos de los sesgos que pueden introducir los estudios de prevalencia,. De acuerdo con la revisión de van Djuin (1996), solo dos de un total de siete estudios realizados hasta 1996 mostraban una incidencia mayor de la EA en la mujer. En realidad, aunque no existe una evidencia concluyente de que exista en la mujer una mayor incidencia de la EA específica para cada edad (Evans et al. 1999), los indicios a favor de esta opción son evidentes. Ya Brayne et al. (1995) habían señalado que la incidencia de la EA estaba casi sistemáticamente más elevada en la mujer, aunque de forma no significativa, lo que sugería que un análisis apropiado podría mostrar que las diferencias podían alcanzar significación y, en el metaanálisis de Jorm y Jolley (1998) aparecía una tendencia a una incidencia mayor de la EA en la mujer de edad avanzada.

Desde entonces, varios estudios recientes (Ott et al. 1999, Launer et al. 1999; Copeland et al. 1999; Fratiglioni et al. 1997; Fratiglioni et al. 2000, The Canadian Study 2000), aunque no todos (Andersen et al. 1999; Letenneur et al. 1999; Ganguli et al. 2000, Hebert et al. 2001), han encontrado que la incidencia de la EA es mayor en la mujer, especialmente en la de edad avanzada, de manera que se puede concluir que los estudios sugieren que hay una tendencia a una incidencia mayor de la enfermedad en el sexo femenino. En este sentido, el trabajo de Launer et al. (1999), realizado en cuatro países europeos - Dinamarca, Francia, Holanda y Reino Unido- muestra que la incidencia de la EA en la mujer es significati-vamente mayor en todos estos países, concor-dancia que, una vez más, resulta llamativa y apoya la mayor incidencia femenina de la enfermedad, lo que concuerda con el estudio europeo en el que la mayor incidencia femenina aparece en todos los tramos de edad, especialmente en los de edad más avanzada.

III.- SUPERVIVENCIA DE LA MUJER Y FRECUENCIA DE LA EA

No
debe extrañar, por tanto, que el riesgo de que la mujer padezca una EA sea mayor que el del varón. Fratiglioni et al. (2000) encuentran que el riesgo de que la mujer padezca una demencia, que con gran frecuencia se debe a una EA, es un 30% superior al del hombre y en el estudio multicéntrico europeo (Launer et al. 1999) se ve que la mujer tiene un RR del 1,54 (IC= 1,21-1,96) frente al varón, cifra superponible a la encontrada en otro estudio (Gao et al. 1998). En realidad, la opinión de que hay muchas más mujeres que varones con una EA es generalizada, aunque incluso también en esto surge alguna voz discordante (Hebert et al. 2001).

Las razones de la mayor frecuencia de la EA en la mujer pueden ser varias, como luego se discute, pero una está universalmente admitida: la diferente supervivencia de ambos sexos. Por ejemplo, en Andalucía la mujer sobrevive al hombre unos 8 años, de forma que la población femenina de más de 65 años supera con mucho a la masculina, tal como se expuso anteriormente. Lo mismo sucede en España globalmente y, por supuesto, en otros países occidentales. Puesto que la frecuencia de la EA aumenta exponencialmente con la edad a partir de los 65 años y pasa de cifras en torno al 1% para personas de 65 años a cifras superiores al 30% para mayores de 85 años - cifras por cierto conservadoras - no es de extrañar que el número de mujeres con EA supere con mucho al de varones, tal como se expuso con anterioridad.

Un problema es determinar si la diferente supervivencia de los sexos se relaciona con motivos culturales o si se trata de diferencias bioló-gicas. Es bien sabido que en la prehistoria la mujer moría unos 20 años antes que el hombre, probablemente por las infecciones del parto, pero su longevidad ha aumentado considerablemente en la época actual, de forma que en los países occidentales sobrevive al varón unos 7 años como media. Realmente, para numerosas especies se considera que la vida de la hembra es más preciosa que la del macho, y quizás por ello la hembra tiende a correr menos riesgos. En la especie humana las abuelas son más importantes que los abuelos, porque ayudan a sus hijas con la nueva prole. La difusión por los “media” ha hecho saber que la persona más vieja que ha existido era una mujer que vivía en Arlès hasta hace poco, que llegó a la edad de121 años y que no enfermó ni un solo día, lo que habla de una naturaleza extraordinaria. Por otra parte, si se comparan poblaciones de monjes y monjas, que llevan una vida muy similar y están sometidos a factores de riesgo parecidos, la monja sobrevive 5 años más, lo que apoya que la mayor supervivencia femenina tiene bases biológicas profundas. No obstante, también influyen probable--mente razones culturales ya que, sin duda, la mujer lleva – hasta ahora – una vida más sana que la del varón, lo que favorece su longevidad.

No solo la mujer normal vive más y, por tanto, tiene más probabilidad de padecer una EA, sino que, además, se ha planteado que la mujer con EA tiene una supervivencia mayor que la del varón enfermo, otro factor que puede contribuir a la mayor prevalencia femenina de la EA. El meta-análisis de Van Djik et al. (1991) mostró que la mortalidad es mayor en los varones enfermos frente a las mujeres y en el moderno Estudio Canadiense (The Canadian Study 2000) se ha calculado que la duración media de la demencia es 5,8 años, pero mientras que en la mujer la enfermedad se prolonga 6,7 años, en el varón solo llega a 4,6 años. De hecho, una edad precoz de comienzo y el sexo femenino son factores predictivos para la mayor supervivencia en la EA (Wolfson et al. 2001). Es posible que la menor supervivencia masculina se relacione con que el varón tiene mayor comorbilidad, como arritmias y otras enfermedades, como la obstructiva pulmonar, la EP o el cáncer (Gambassi et al. 1999) que conllevan un aumento de la mortalidad.

De acuerdo con Hy et al. (2000) y Ganguli et al. (2000) hay otra razón para aceptar que la mayor prevalencia e incidencia de la EA en la mujer se podría relacionar, al menos en parte, con su mayor supervivencia (diapositiva 16). Estos autores han encontrado que la demencia en grado cuestionable es más frecuente en el varón, con una “ratio” de la prevalencia hombre/mujer de 1.14 (Hy et al. 2000), pero conforme aumenta la intensidad de la demencia la frecuencia se va haciendo mayor en la mujer, de manera que la “ratio” pasa a ser de 0.12 cuando la demencia es severa. Por tanto, la frecuencia de la demencia por sexos parece ser dosis-dependiente: inicialmente la frecuencia podría ser igual o incluso mayor en el varón, pero como la supervivencia del sexo femenino es superior, es más probable encontrar una mujer enferma conforme la demencia se va haciendo más severa (Hy et al. 2000).

En resumen, la mayor frecuencia de mujeres entre los enfermos de EA se puede explicar por las dos diferencias más importantes respecto al varón: diferencias en la supervivencia y duración de la enfermedad y en la intensidad y fre-cuencia de la incapacidad funcional y supervivencia a través de la evolución de la enfermedad (Evans et al. 1999). Puede ocurrir incluso que el varón tenga una supervivencia selectiva, con menor riesgo de desarrollar una demencia en edades avanzadas o bien quizás ciertas enfermedades demenciantes aparecen más precozmente en el varón, debido a su exposición a numerosos factores de riesgo para la demencia (traumatismo craneal, toxicidad ocupacional, fumar) (Evans et al. 1999).

IV.- DIFERENCIAS BIOLÓGICAS Y EA: ESTRÓGENOS Y COGNICION


Sin embargo, no se puede descartar que intervengan, además, otras diferencias biológicas que justifiquen, al menos en parte, el predominio femenino de la enfermedad. Una de ellas se relaciona con los cambios hormonales de la mujer, que llevan a un nivel de estrógenos muy bajo en la mujer de edad avanzada, mientras que en el varón el nivel persiste debido a la transformación de la tetosterona en estrógenos.

Realmente, las hormonas sexuales tienen un papel muy importante sobre el desarrollo y funcionamiento cerebral. No hay que olvidar que el fenotipo sexual del cerebro se determina por su exposición a las hormonas sexuales durante un período crítico muy precoz, relacionado con la acción de los esteroides hormonales sobre el receptor nuclear y que esta acción organizadora crea una huella género-específica permanente, que es lo que permite que haya una expresión apropiada sexual al estímulo hormonal durante la vida adulta. En lo que se refiere a los estrógenos, Melton (2000) ha recordado que existen dos receptores nucleares, alfa (REa), y beta (REb), aunque es probable que haya además otras vías más rápidas para su actuación. En el hipotálamo hay poblaciones neuronales ricas en estos REa, lo que no tiene nada de extraño dada la importancia de esta región en la actividad sexual. Sin embargo, también se encuentran REb en otras numerosas poblaciones neuronales de la corteza cerebral, como la amígdala, hipocampo, cerebelo, regiones frontales y prefrontales y área del cíngulo. La relación de estas poblaciones neuronales con la actividad sexual no parece evidente a primera vista, pero sin duda deben influir en el repertorio de comportamientos – incluidos los aspectos cognos-citivos y conductuales – que están influenciados por el medio hormonal, que van mucho más allá de los comportamientos imprescindibles para la repro-ducción, y que constituyen la base del cerebro “masculino” y “femenino”. Así sucede, por supuesto, en otros escalones de la escala animal: un ejemplo es como los andrógenos regulan el desarrollo de las vocalizaciones aprendidas en los pájaros cantores, lo que se asocia a cambios morfológicos en los centros motores del canto (Kate y Singer 2000).

Aunque hombre y mujer tienen igual capacidad intelectual considerada globalmente, existen diferencias en parcelas concretas cognos-citivas, derivadas quizás de las diversas funciones que uno y otra han tenido que ejercer a lo largo del desarrollo de la especie humana y que pueden estar moduladas a través de las hormonas sexuales. Por ejemplo, la mayor facilidad de la mujer para el lenguaje se ha relacionado con la necesidad de comunicación con la prole y los estudios morfológicos demuestran que el volumen de las áreas cerebrales asociadas al lenguaje es mayor en la mujer (Harasty et al. 1997). Es también noción común que las pautas de conducta varían mucho según el sexo y, por lo general, los varones son más fáciles de adiestrar con un liderazgo firme y aceptan fácilmente la jerarquía, algo fundamental a la hora de planificar la caza o la guerra, mientras que la mujer mantiene relaciones más igualitarias. Mujeres y varones, que utilizan distintas partes del cerebro para labores similares, se orientan de forma distinta en un laberinto. El varón disfruta planeando estrategias y cuando lo hace su satisfacción sugiere que se trata de un objetivo innato, lo que quizás explica por que el 98% de los jugadores de ajedrez son varones, sexo que ama más el riesgo, de manera que el número de varones muertos en accidente es quince veces mayor que el de las mujeres. Por el contrario, la mujer es mucho mejor hablando, empieza a hablar antes y utiliza más palabras, son mejores en ortografía, composición y puntuación, probablemente porque siempre lo necesitó para comunicarse con sus hijos. La capa-cidad sensorial de la mujer es mayor y distinguen mejor los olores. Realmente, hombre y mujer se complementan: fuerza frente a mejor control muscular.

Todo ello depende en no poca medida de la influencia hormonal sobre el cerebro. Experi-mentalmente, los estrógenos modulan la actividad neuroquímica del estriado, con la consiguiente repercusión sensitivomotora e influyen sobre la actividad serotonérgica, de manera que pueden intervenir en la modulación del estado de ánimo y comportamiento afectivo de la mujer, al mismo tiempo que esto puede contribuir a explicar que la depresión sea considerablemente más frecuente en la mujer que en el hombre (Melton 2000). También el envejecer “cerebral” puede diferir según el sexo: los cambios cerebrales relacionados con la edad y medidos mediante RM son mucho más pronun-ciados en el hombre que en la mujer en lo que se refiere al volumen del LCR en surcos y cisuras de Silvio y en la región parietooccipital (Coffey et al. 1998).

De acuerdo con la revisión de Dubal et al. (1999), los estrógenos parecen tener un efecto protector y trófico sobre el cerebro y la mujer debe sufrir las consecuencias de la deprivación hormonal estrogénica periódicamente durante su vida fértil y definitivamente en la menopausia. Se están dedi-cando numerosos estudios a conocer los efectos de esta deprivación sobre el cerebro. Estudios experimentales han demostrado que los estróge-nos, asociados a la progesterona, actúan sobre estructuras que resultan afectadas intensa o precozmente en la enfermedad de Alzheimer. En el hipocampo los estrógenos influencian la plasticidad neuronal y posiblemente las funciones cognos-citivas mediadas por esta formación y en el sistema colinérgico mantienen sanas las proyecciones de las células del núcleo basal dirigidas al cortex e hipocampo (para mayor amplitud ver la revisión de Melton 2000). Estos hallazgos experimentales pueden quizás justificar la acción sintomática de los estrógenos sobre cognición y conducta, ya que se suele admitir que su administración mejora numerosos aspectos cognoscitivos tanto en la mujer normal, como en la mujer postmenopaúsica. Aunque también existen leves diferencias en la expresión clínica de la enfermedad según el sexo, muchas de ella carecen de relevancia a la hora de afrontar el cuidado del paciente y no pocas se pueden atribuir a la personalidad premórbida, como que los hombres tienden a ser más agresivos y las mujeres más deprimidas, (Evans et al. 1999).

V.- PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA EA CON ESTRÓGENOS

Hay que recordar, además, que la falta de estrógenos en la mujer postmenopáusica podría aumentar el riesgo de demencia, mientras que el hombre estaría, en este sentido, más protegido por la conversión intracerebral de la tetosterona en estrógenos (Henderson et al. 1997, Kawas et al. 1997). De confirmarse, este hecho tendría real-mente una importancia extraordinaria y no es de extrañar que se haya investigado si la adminis-tración de estrógenos en la mujer postmenopáusica tiene un efecto trófico, neuroprotector, sobre diversos núcleos cerebrales y si estas hormonas aminoran los mecanismos patogénicos de la EA.

Por
ejemplo, Moosman y Bhel (1999) han señalado que los estrógenos protegen las neuronas por su acción antioxidante, con la ventaja de que atraviesan la barrera hematoencefálica con mucha mayor facilidad que la vitamina E, un antioxidante empleado con cierta frecuencia. Y en lo que se refiere a la EA, ciertos datos experimentales apoyan la acción neuroprotectora de los estrógenos por su acción antiamiloidogenética. En efecto, el 17 betaestradiol disminuye la liberación del péptido ab tanto en cultivos de origen animal, como humano, y también dificulta el aumento de la deposición cerebral de este péptido en animales ovariec-tomizados (Petacenska et al. 2000). El estradiol puede aumentar la actividad de la PKC (“protein kinasa C”), lo que aumenta el clivaje a través de la vía de la alfa secretasa. El cese de la producción hormonal en la mujer postmenopaúsica puede facilitar la deposición del péptido ab al aumentar la concentración local tanto del péptido ab40, como del ab42, y al contrario, la administración de estrógenos puede disminuir el depósito de estas sustancias (Petacenska et al. 2000). De esta forma, los estrógenos podrían disminuir el riesgo para padecer la EA, para retrasar su comienzo o para ambas cosas a la vez a través de esta acción.

El cerebro de la mujer postmenopaúsica, deprivada de estrógenos de forma crónica, puede ser más vulnerable y sufrir más alteraciones cognoscitivas conforme envejece (Dubal et al. 1999), de forma que se ha sugerido que la terapéutica hormonal sustitutiva (THS) en la mujer postmenopaúsica ppodría tener un efecto protector frente a la EA. Para analizar si la administración de la THS disminuye el riesgo de padecer la enfermedad se han realizado varios estudios y aunque en los primeros y antiguos trabajos no se encontró la acción beneficiosa de la THS, o los resultados no llegaban a tener significación estadística (Harwood et al. 1999), en los estudios recientes, metodológicamente superiores (Tang et al. 1996, Kawas et al. 1997, Baldereschi et al. 1998) se encuentra un efecto beneficioso de la THS). En realidad, aparecen dos hechos llamativos: a) la mujer que no padece una EA ha recibido con más frecuencia la THS que aquella que padece la enfermedad y b) el riesgo de padecer la enfer-medad disminuye en las mujeres bajo THS. De acuerdo con Tang et al. (1996), el reisgo relativo de padecer una EA disminuye en torno a un tercio en quienees reciben THS. Un meta análisis de diez trabajos publicados hasta 1998, ocho de tipo caso-control y dos con diseño de estudio de cohorte (Yaffe et al. 1998), encontró que el uso de estrógenos disminuye un 29% el riesgo de desarrollar una demencia y en otra revisión de 15 estudios caso-control y de cohorte publicados en los últimos diez años se ha visto que la THS disminuye el riesgo de padecer la enfermedad a la mitad (Henderson 1997). La acción beneficiosa del THS se encuentra también en la EA de comienzo precoz, donde según Slooter et la. (1999) la “odds ratio” para las pacientes que reciben THS es del 0,34 (IC 0,12 a 0,94).

Sin duda, estos trabajos tienen sesgos y deficiencias de diseño que impiden sacar una conclusión definitiva: por ejemplo, se trata frecuen-temente de estudios caso-control, poco adecuados para el estudio de estos problemas o el estudio, aunque poblacional, puede no ser representativo de la población general (Kawas et al. 1997), o los datos recogerse retrospectivamente. También ocurre que la duración del tratamiento, la vía de administración y las dosis utilizadas son muy variables en unas y otras ocasiones. Sobre todo, los estudios se realizaron en poblaciones que tomaron los estrógenos por un motivo distinto al de la prevención de la EA. Todo ello obliga a considerar estos resultados como preliminares y a esperar hasta el año 2005 los resultados de otros dos nuevos estudios que se llevan a cabo actualmente en USA, con un diseño apropiado para determinar el valor preventivo y sintomático de la THS en la mujer postmenopáusica.

Por otra parte, los resultados del trata-miento de la enfermedad con estrógenos Admi-nistrados durante un plazo igual o inferior al año han sido negativos (Mulnard et al. 2000, Henderson et al. 2000), pero tampoco este dato se debe tomar como definitivo, porque aún no se han precisado la dosis, el preparado y el tiempo de exposición necesarios para poder afirmar que la acción es definitivamente positiva o negativa. El hecho de que los estrógenos estén contraindicados en ciertas mujeres y, por supuesto, en el varón, no debe hacer abandonar esta vía de investigación: la acción neuroprotectora de los estrógenos parece rela-cionarse con el anillo fenólico A, lo que indica que puede haber una separación entre el efecto beneficioso y la actividad feminizante de la hormona, que se relaciona con otra parte de la molécula, de manera que se pueden investigar sustancias con efecto neuroprotector sin efecto feminizante (Melton 2000). Finalmente, el interés acerca de la interrelación hormonas femeninas & enfermedad de Alzheimer ha hecho investigar la relación hormonas masculinas &cognición y se ha visto que la administración de tetosterona mejora la memoria verbal y espacial en el varón sano viejo (Cherrier et al. 2001), aunque aún se descononozca si el efecto se debe al aumento de los niveles de tetosterona, del estradiol o de ambos. Como suele suceder, los beneficiosos de las investigaciones acerca de una terapéutica en uno de los sexos acaban siendo compartidos.

VI.- FACTORES DE RIESGO GENETICOS Y SOCIALES EN LA MUJER

Otro
aspecto a considerar es la interre-lación entre sexo y factores de riesgo (FR). Por ejemplo, en lo que se refiere a los FR genéticos, su influencia puede esta modulada por el sexo o, simplemente, el grado de riesgo puede diferir en mujeres y varones. Así, la probabilidad de desarrollar una EA en los pacientes adultos con síndrome de Down es mayor en el sexo femenino (Lai et al. 1999), el efecto del alelo E4 o del E2 sobre la función cognoscitiva es aparentemente mayor en la mujer que en el hombre (Hyman et al. 1996) y el riesgo que confiere poseer un alelo e4 está modulado por el sexo (Post y Whitehouse 1998), de manera que el alelo e4 de la ApoE se asocia con el declinar cognoscitivo normal relacionado con la edad solo en la mujer (Mortensen y Hogh 2001) y la presencia de uno o dos alelos E4 confiere un aumento sustancial del riesgo de padecer la EA especialmente en la mujer (Bretsky et al. 1999), si bien este último dato no siempre se ha confirmado (Combarros et al. 1998). La edad y sexo modifican la asociación entre el genotipo ApoE y la neuropatología relacionada con la EA (Ghebremedhin et al. 2001). También conviene recordar que el metabolismo de la insulina en la EA depende del genotipo de la ApoE y del sexo (Craft et al 1999). Igualmente, Crawford et al. (2000) han referido una asociación entre EA y genotipo de la GECA (gen para la enzima convertidora de la angiotensina), genotipo que posiblemente se asocia con el riesgo de padecer la enfermedad, quizás a través de su acción como factor de riesgo vascular, especialmente en la mujer.

En cualquier caso y por desgracia, durante muchos años será imposible modificar el componente genético de la enfermedad, de forma que es preferible dirigir nuestra atención a los FR de fuerte componente ambiental. De hecho, la mujer puede estar sometida a FR diferentes (por pautas conductuales y exposiciones distintas), o bien la intensidad del FR puede se distinta en la mujer que en el hombre o el efecto del FR puede estar modulado por el sexo (Launer et al. 1999). Como ejemplo se pueden poner los traumatismos craneo-enecefálicos severos, supuesto factor de riesgo en algunos estudios, traumatismos que son mucho menos frecuentes en la mujer. Hay que tener en cuenta que algunos de estos factores son FR para la demencia y la afectación cognoscitiva en general, y su presencia aumenta la probabilidad de que la persona se deteriore sea cual fuera el tipo de demencia que padeciera. Así sucede con las enfermedades profesionales, por ejemplo la antracosis, que puede provocar una hipoxia crónica con su efecto sobre el cerebro (Ganguli et al. 2000) y, por supuesto, existen otras muchas enfer-medades profesionales propias del sexo masculino, que pueden ser un FR para que la incidencia de la demencia aumente en el varón o sea mayor el grado de afectación cognosctiva.

Los FR que implican una desigualdad social o una situación de marginación son especialmente importantes ya que traducen un problema ético y, además, su corrección podría ser más asequible. Uno de estos FR de fuerte componente social es el nivel de escolarización o educacional. Realmente desarrollo cerebral y cultura son interdependientes y se ha planteado que el analfabetismo puede tener una influencia importante sobre la frecuencia de la EA. Por supuesto, la interrelación demencia-escolarización baja o ausente es un campo muy problemático (Schmand et al. 1995), debido a la dificultad para diagnosticar una demencia en pacientes anal-fabetos o de bajo nivel cultural, si bien la introducción de una corrección en los puntos de corte en algunos tests pueden hacer fiables los resultados, al menos en lo que se refiere a su validad predictiva como test de despistaje (Schmand et al. 1995).

En no pocos trabajos aparece una relación significativa entre un nivel bajo de escolarización y el riesgo de demencia,si bien no siempre ocurre así (Muñoz et al. 2000). En realidad, son más numerosos los trabajos, sean de tipo caso control, de prevalencia o de incidencia que muestran un efecto protector de la escolarización, efecto que parece ser dosis-dependiente (Stern et al. 1994), de manera que se ha calculado que cada año de educación disminuye el riesgo de la enfermedad en un 17% (Evans et al. 1997). Obviamente, la importancia del analfabetismo es tanto mayor para un país cuanto mayor es el número de analfabetos, de forma que en España debería representar un problema no despreciable, dado el número de analfabetos existente y, de hecho, en un reciente estudio (Boada et al. 1999), se vio que el 47 % de los pacientes con EA eran analfabetos totales o funcionales, con un nivel profesional muy bajo, un panorama sin duda desolador.

El sexo puede jugar no poco papel para sufrir el analfabetismo. Por ejemplo, en nuestro país hay un muy notable predominio femenino del analfabetismo que tiene como explicación una pauta de comportamiento social vigente en la primera mitad del siglo XX, cuando se primaba la educación del varón, al que se dirigían los recursos cuando eran escasos, mientras que la mujer quedaba reducida a ocuparse de las labores del hogar. En cualquier caso, el analfabetismo parece tener mayor repercusión en la mujer que en el hombre (Prencipe et al. 1996), hasta el punto de que su influencia queda limitada a la mujer en ciertos trabajos (Ott et al. 1999, Launer et al. 1999) y en otros el sexo parece jugar un papel modulador (Ott et al. 1999). Por supuesto, pueden haber otros factores moduladores de los efectos del analfabetismo (Harwood et al. 1999)

¿Cuál es el mecanismo a través del cual podría actuar el analfabetismo?. Se supone que un mayor nivel educacional repercute sobre el cerebro y da lugar a una cierta reserva cerebral, que permitiría a ese órgano soportar mejor los cambios de la enfermedad o retrasar su expresión clínica. Un nivel educacional u ocupacional elevado puede reducir el riesgo de padecer la EA, bien porque sea más difícil detectarla clínicamente, bien porque una reserva cerebral determinada retrasa el comienzo de las manifestaciones clínicas (Stern et al. 1994). De hecho, el declinar de la memoria es más rápido en las personas con un nivel educacional y ocupacional más alto, lo que apoya la idea de que la reserva cerebral es mayor en esos sujetos que se mantuvieron aparentemente sanos mientras el proceso se desarrollaba (Stern et al. 1999). Además, existe una relación directa entre el grado de atrofia cerebral y el nivel educativo en la persona normal de edad avanzada, lo que apoya la teoría de la existencia de una reserva cerebral: los más escolarizados soportan mayor grado de atrofia (Coffey et al. 1999)

Una capacidad verbal elevada puede representar la existencia de una “reserva cerebral” que proteja contra el desarrollo de una demencia o retrase su aparición y, por tanto, un nivel educacional alto puede ser un factor “protector” frente a la EA. Snowdon et al. (1996) mostraron que la capacidad lingüística y la complejidad de ideas del escrito que las monjas hacían al profesar a los 22 años era menor en las que desarrollaban una EA que en aquellas que no la padecían. En este mismo sentido, De Ronchi et al. (1998) proponen que la primera década de la vida es un periodo crítico en el desarrollo final de una demencia, de aparición mucho más tardía e, igualmente, Moeri et al. (2000) consideran que un ambiente de pobre calidad durante la infancia y adolescencia se asocia con un riesgo mayor de padecer una EA. Por tanto, parece que una capacidad lingüística menor ya en momentos precoces de la vida es un potente factor predictivo de alteración cognoscitiva y de demencia en edad muy posterior.

Sin embargo, no está claro si la capacidad verbal alta es, en parte o en todo, algo innato o si hay una interdependencia entre lo innato y lo adquirido posteriormente. Y la posibilidad de que lo educacional actúe conjuntamente con lo innato no se puede olvidar. La idea de que la educación es importante no es ni mucho menos reciente y es conocido el antiguo dicho de que lo que no se utiliza se atrofia. Hoy se puede ir más lejos y recordar el aforismo “Practice makes perfect”, frase con la que Sathian (2000) se refiere a la capacidad perceptiva que desarrollan los ciegos cuando leen mediante el sistema Braille: la representación del dedo en la corteza cerebral sensitivo-motora aumenta para el dedo lector comparativamente a los dedos no lectores (Pascual-Leone y Torres 1993). Por otra parte, la actividad cerebral puede ser también un factor protector a edad avanzada y, de hecho, en el viejo unos niveles altos educacionales se correlacionan con la independencia funcional y mejor capacidad en la ejecución en los tests cognoscitivos (Coffey 1999), lo que apoya que es un error suponer que el cerebro es un órgano inerte, poco cambiante, durante la vejez. Y existe la posibilidad de que la educación – o la actividad intelectual - pueda aumentar la reserva cerebral a traavés de ampliar las redes neuronales.

La conclusión es que determinados factores de riesgo (escolarización, ocupaci-nales/ profesio-nales) pueden diferir en el hombre y la mujer o tener efectos diferentes según el sexo (Ganguli et al.2000). También se ha referido una relación inversa entre frecuencia de la enfermedad, nivel profesional, nivel social y estado socioeco-nómico de la persona (Stern et al. 1994, Evans et al. 1997), lo que no tiene nada de extraño porque educación, profesión, capacidad económica y nivel social son muy interdependientes.

En cualquier caso, resulta simplista reducir el problema del analfabetismo solo a cuestiones de reserva cerebral o de redes neuronales. Un nivel nulo o bajo de escolarización favorece pautas de conducta higiénicas insalubres, que a su vez predisponen a todo tipo de enfermedades y, por supuesto, a la demencia. Hay cada vez más evidencia de que los factores de riesgo vascular, como el colesterol y presión arterial elevados durante la etapa intermedia de la vida, aumentan el riesgo de padecer una EA en edad tardía (Kivipelto et al. 2001) y que duda cabe que el analfabeto tiene menos acceso a pautas higiénicas y médicas para la corrección de estos factores. Finalmente, se puede añadir que numerosas pacientes con EA son viudas y las viudas viven en su inmensa mayoría por debajo del nivel de pobreza en nuestro país, de forma que con frecuencia sobreviven gracias a la ayuda familiar..

VII.- CUIDADOR, ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y MUJER


Analizar la EA es analizar la problemática de los pacientes, pero también la de los cuidadores. Puesto que, como se ha visto, en torno al 70% de los enfermos con EA son mujeres, en contrapartida sería de esperar que los cuidadores fueran sobre todo varones. En realidad, no es así y la literatura sobre los cuidadores demuestra que no solo las mujeres reciben más cuidados, sino que también los administran (Evans et al. 1999). En efecto, en un reciente estudio multicéntrico español (Boada et al. 1999) se vio que el 61,9% de los cuidadores eran mujeres (diapositiva 35). De hecho los pacientes con EA asistidos en nuestro Servicio suelen venir acompañados a la consulta por sus hijas, con las que suelen convivir en caso de viudedad, mientras que más rara vez son los hijos varones los que acompañan a estos enfermos a la visita médica o cuidan de ellos

A nadie se le oculta las enormes reper-cusiones que tiene ser cuidador de un paciente con EA. El impacto sobre el medio familiar, que alcanza al tiempo de ocio y salud y a las esferas financiera, social y emocional, es mucho mayor que el de cualquier otra enfermedad crónica (Gwyther 1998). Las repercusiones que tiene la administración de cuidados es género-específica, de forma que existen diferencias en como cambia el estilo de vida de los varones y de las mujeres y los efectos potenciales sobre la salud del cuidador según el sexo (Evans et al. 1999). Por otra parte, desde el punto de vista financiero, por un lado está el coste debido a las horas de dedicación de la empleada del hogar y, por otro, el de las horas de dedicación directas del cuidador principal y de los secundarios y sus diferentes actividades. Se llegan a perder semanal-mente 1,46 horas de trabajo y se dedican más de 75 horas semanales en atender al enfermo (Boada et al. 1999). Los costes derivados de cifras conservadoras, que evalúan a 500 ptas la hora, suponen más de millón y medio de pesetas referidas al cuidador principal (Boada et al. 1999), que como se ha visto es preferentemente una mujer.

Pero el coste es aún mayor, porque a los perjuicios económicos se unen los afectivos, que son incalculables. Son muchos los cuidadores que enferman física o mentalmente y el cambio repercute especialmente en la mujer. Por ejemplo, mientras que mujeres y maridos de pacientes con enfermedad de Parkinson tienen una salud mental similar, la salud mental de las mujeres de los enfermos con EA es significativamente peor que la de los maridos, lo que sugiere que la pérdida de reciprocidad en el matrimonio puede afectar más a la mujer que al hombre (Hooker et al. 2000).


VIII.- CONCLUSION

Resulta evidente que la EA golpea con especial dureza a la mujer, tanto porque sufre la enfermedad directamente mucho más que el hombre, como también porque la soporta de forma indirecta desproporcionadamente. Esta evidencia debería tener repercusiones inmediatas para el estudio y asistencia de la enfermedad.

Es necesario diseñar adecuadamente estudios para responder a los numerosos interro-gantes acerca de la causa del predominio femenino en esta enfermedad, resumidos por Hinze et al. (1999). Por un lado cabe preguntarse si el sexo es, realmente, un factor de importancia patogénica capaz de modificar la frecuencia y la expresión de la enfermedad, tanto desde el punto de vista clínico, como del evolutivo o morfopatológico. Por otro lado, el sexo del paciente se debe tener en cuenta a la hora de establecer políticas de prevención y de tratamiento de la enfermedad, ya que, sin duda, hombres y mujeres viven la vida de forma diferente y sustentan valores igualmente distintos. No hay que olvidar que las mujeres tienen mucha más probabilidad de necesitar cuidados que el varón, especialmente en las etapas tardías de la vida, pero tienen también mucha menor probabilidad de estar en situación económica o social para acceder a esos cuidados (Hinze et al. 1999).

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PD.- La bibliografía incluye los autores citados en las diapositivas.

 

Fecha de Publicación: 1-9-2001

Nutrición y Enfermedad de Alzheimer

Dra Liberczuk Cynthia
Alzheimer Argentina, CEREVE, Programa de Alzheimer GCBA

Efectos de la Enfermedad de Alzheimer sobre el estado de nutricion

Ya en la primera descripción de la enfermedad Alois Alzheimer notó una “disminución lentamente progresiva del peso corporal”. La pérdida de peso corporal preocupa siempre al médico ya que es un indicador de desnutrición, factor de riesgo para otras enfermedades que complican a la demencia tales como infecciones, escaras, caídas, etc. También por sí solo, el mal estado nutricional empeora las funciones cognitivas ya deterioradas en la EA.
E
n 1980 Morgan y Hullin (1) reportaron que el peso de pacientes hospitalizados por demencia era más bajo que el de sujetos añosos en buen estado de salud. A partir de aquí varios estudios de investigación se centraron en este aspecto de la EA (2-5).
Pérdida de peso

Hay varias hipótesis actualmente que intentan explicar la pérdida de peso en los pacientes con EA. Está claro por varios trabajos de investigación que la magnitud de esta pérdida de peso no se corresponde con la severidad de la demencia (6-7).

Para estos autores la pérdida ponderal se debería a distintos factores y puede dividirse esquemáticamente en: disminución de la ingesta calórica versus un incremento en el requerimiento energético.
La disminución de la ingesta calórica está relacionada con distintas circunstancias todas ellas interrelacionadas, características de la EA:
Biológicas: la presencia de lesiones subcorticales hipotalámicos podría afectar a los centros reguladores del apetito y los procesos metabólicos que se encargan de mantener el peso y la composición corporal constante (8). También la apraxia y la agnosia podrían alterar la ingesta diaria si estos pacientes no son ayudados.
Conductuales: los pacientes con EA leve podrían sufrir de depresión reactiva al estar concientes de sus déficits cognitivos y ello afectar su apetito. Además, debido a fallas mnésicas estas personas podrían olvidar de hacer las compras, preparar, y consumir la comida.

Respecto del aumento del gasto energético éste podría incrementarse por aumento de la tasa metabólica o a través de los efectos de la enfermedad sobre estructuras cerebrales que alteran el comportamiento de los pacientes produciendo agitación y pacing (9).

Déficit de vitaminas

Varios estudios correlacionaron las funciones cogni-tivas en la EA con los niveles de vitaminas C, E, B12, B6, folatos y B-carotenos en el plasma de estos sujetos. Niveles plasmáticos altos parecen estar asociados con mejor rendimiento en varios tests cognitivos (10-5).

Vitaminas B12, B6, Acido fólico: dos hipótesis podrían explicar el rol de estas vitaminas en el mantenimiento de las funciones cognitivas (11). La primera propone que sus déficits podrían llevar a una acumulación tóxica de homocisteína. La segunda asume que sus déficits podrían, entre otras cosas, reducir la metilación de la mielina. Estos dos efectos estarían en la base de las alteraciones cognitivas.

Además, las propiedades antioxidantes de las vitaminasE, C y B-carotenos deberían limitar los efectos deletéreos de los radicales libres que también son causa de las alteraciones cognitivas.

Trastornos de la conducta alimentaria

En la demencia avanzada aunque la comida sea comprada, preparada y presentada por el cuidador, distintas conductas podrían evitar que el paciente se alimente correctamente. Blandford realizó una investigación a partir de la cual identificó distintos grupos respecto de la conducta alimentaria (12). Esto es importante porque facilita la implementación de diferentes tipos de intervenciones para cada problema en particular. La pérdida de peso, los déficits de vitaminas y los trastornos de la conducta alimentaria se observan en algún momento de la evolución de la Enfermedad de Alzheimer. Es importante conocer estas alteraciones que llevan a una declinación del estado nutricional del paciente ya que de esta manera podemos prevenir o tratar estos síntomas. La falta de atención en este sentido podría llevar a la disminución de la inmunidad del sujeto y a enfermedades intercurrentes, además de agravar los déficits cognitivos propios de la EA



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Fecha de Publicación: 1-9-2001

Trastornos neuropsiquiátricos en la vejez: Enfermedad de Alzheimer, depresión y su posible relación

Jorge Perez, M.D., Ph.D.,* Daniela Tardito, Ph.D**

La Enfermedad de Alzheimer

La Enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo que se caracteriza clínicamente por una insuficiencia cognitiva progresiva. Normalmente comienza en la vejez, en general después de los 60 años, aunque ahora se reconoce una forma de aparición temprana de la enfermedad por herencia familiar (Small et al. 1997, Eastwood, 1996). De hecho, en los últimos años se ha observado que algunas formas de la EA, principalmente en casos de aparición temprana, presentan patrones de herencia autosómica dominante debido a la presencia de genes mutados, incluyendo aquellos que poseen proteínas precursoras de amiloide codificadas, presenilina 1 (PS1) y presenilina 2 (PS2) (Hardy 1997; Price et al. 1998). La mayor parte de los casos de la EA son esporádicos (casos de aparición tardía) y en la actualidad no existe una etiología definida, aunque se han propuesto varias hipótesis que pueden ayudar al estudio de la enfermedad.

Desde el punto de vista clínico, la EA se caracteriza por la aparición gradual y la pérdida progresiva de la cognición. Los síntomas iniciales son pobre retención de sucesos recientes en la memoria y desorientación en el tiempo y el espacio. Luego aparecen otras pérdidas cognitivas como afasia, apraxia, disfunción visuo-espacial y alteraciones en el juicio. Aparte de estos problemas, con frecuencia se producen cambios importantes en el carácter y el estado de ánimo. Mientras que
en las primeras etapas de la enfermedad los pacientes pueden presentar alteraciones en la
personalidad, irritabilidad, ansiedad o depresión, en las etapas medias y últimas pueden aparecer delirios, alucinaciones, agresión y desvaríos (Small et al. 1997).

La frecuencia de la EA varía según los promedios de las edades de los grupos evaluados, los criterios diagnósticos de demencia utilizados y los métodos de evaluación. En términos generales, del 5% al 8% de las personas mayores de 65 años sufren de la enfermedad de Alzheimer y el número de casos de la enfermedad se duplica cada 5 años pasados los 60 años de manera tal que aproximadamente el 30% de la población mayor de 85 años sufre de la enfermedad de Alzheimer (Small et al. 1997).

Los principales factores de riesgo para la enfermedad de Alzheimer son la edad y la herencia familiar. Otros posibles factores de riesgo son el sexo femenino, un daño cerebral anterior, herencia familiar de Síndrome de Down, bajo nivel de educación y factores vasculares como hipertensión, infarto de miocardio y lesiones isquémicas en la substancia blanca. La apolipoproteína E-4 (APOE-e4) situada en el cromosoma 19 se ha asociado con un mayor riesgo para la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, es importante mencionar que el alelo APOE- e4 se encuentra también en personas mayores que no sufren de la enfermedad de Alzheimer y no está presente en muchos pacientes que tienen la enfermedad. Unos de los posibles factores de protección son el genotipo APOE-e2, la actividad intelectual continua, los estrógenos y el uso de drogas antiinflamatorias no esteroides (Small et al. 1997; Eastwood 1996).

La coincidencia de los depósitos del amiloide b y las lesiones neurofibrilares son principales características histopatológicas de la EA. Mientras que los primeros se encuentran alrededor y dentro de las paredes de los vasos sanguíneos (angiopatía amiloide cerebral) y en parénquimas cerebrales (placas seniles), las últimas, que son inmunoreactivas a la proteína tau asociada al microtúbulo, se encuentran en los cuerpos de las células neuronales (racimos neurofibrilares que se visualizan como filamentos helicoidales de a pares en un microscopio de electrones) y en los procesos neuronales (filamentos neuropilares). A medida que estos cambios celulares avanzan, se pierden neuronas en la circunvolución del hipocampo, la corteza entorenal y las zonas relacionadas con la corteza cerebral (Giaccone et al. 1996).

Se descubrió una pista importante para entender la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer cuando estudios de pacientes de edad con Síndrome de Down (trisomía 21) demostraron que poseían racimos neuro-fibrilares y placas seniles, sugiriendo que las copias extra de genes en el cromosoma 21 podían producir el cuadro patológico de la enfermedad de Alzheimer.

El amiloide b se origina mediante un proceso proteolítico de un precursor importante llamado proteína precursora de amiloide (APP), que es una proteína transmembranácea presente en la forma de tres ensamblados isomorfos provenientes de un gen único situado en el cromosoma humano 21. Estudios en relación a este tema realizados en familias con casos de aparición temprana de la enfermedad de Alzheimer identificaron un locus en el cromosoma 21, justo en la zona que se duplica en los casos de Síndrome de Down y cerca del gen codificador APP. Aunque luego se encontraron diferentes mutaciones en el gen APP, es importante mencionar que estas mutaciones representan la causa de menos del 1% de todos los casos de la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía. Se han descripto un total de cinco mutaciones en el gen APP que llevaban a la enfermedad de Alzheimer. Además se ha descripto otra mutación que en algunos casos lleva a la enfermedad de Alzheimer y en otros produce hemorragias cerebrales y angiopatías (Hardy 1997; Price et al. 1998).

Más recientemente se encontraron otros genes involucrados en la enfermedad de Alzheimer. Un locus en el cromosoma 14, que se estima es el causante del 50 % de los casos de aparición temprana de la enfermedad, codifica una proteína llamada presenilina 1. Se identificaron más de 50 mutaciones en este gen en pacientes con la enfermedad de Alzheimer de aparición temprana. Una proteína relacionada en el ámbito estructural denominada presenilina 2, codificada en el cromosoma 1, también fue identificada y relacionada con la enfermedad de Alzheimer de aparición temprana (Hardy 1997; Price et al. 1998).

Se observó que un locus en el cromosoma 19 está involucrado en la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía. Un gen candidato de esta zona codifica la apolipoproteína E (APOE), que se identifica principalmente por su función de transportar el colesterol en la sangre. Aunque no se encontraron mutaciones en la APOE, una de sus tres variantes genéticas, la APOE-e4, aumenta sustancialmente el riesgo de la enfermedad de Alzheimer. La APOE se produce principalmente en los astrocitos y se transporta mediante el receptor de lipoproteínas de baja densidad hasta las neuronas, donde se une a las lesiones neurofibrilares. Como se dijo anteriormente, aunque la APOE-e4 parece ser un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer, no es esencial para el desarrollo de la enfermedad ni específica para la misma (Small et al. 1997; Eastwood 1996; Hardy 1997; Price et al. 1998). Se identificó otro locus relacionado con la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía en el cromosoma 12, donde se observaron anulaciones en un gen candidato que codifica la macroglobulina alfa 2, un inhibidor de proteasa de suero, en el 30 % de los pacientes con la enfermedad de Alzheimer (Price et al. 1998; Blaker et al. 1998).

Como se dijo anteriormente, los racimos neurofibrilares que son inmunoreactivos a la proteína tau asociada al microtúbulo representan una de las principales características neuropatológicas de la enfermedad de Alzheimer. Sobre este tema se propuso la teoría de que los racimos neurofibrilares podrían estar involucrados en los mecanismos patogénicos de los trastornos demenciales. Esta especulación fue reafirmada por el reciente descubrimiento de mutaciones en la proteína tau asociada con los racimos neurofibrilares y con la demencia atípica de los pacientes que sufren de la enfermedad de Alzheimer (Goeder et al. 1998). Las demencias frontotemporales, denominadas con frecuencia enfermedad de Pick, ocurren por herencia familiar y generalmente como casos espo-rádicos. Neuropatológicamente se caracterizan por una marcada atrofia circunscripta de los lóbulos frontal y temporal de la corteza cerebral, y con frecuencia presentan cambios sub-corticales adicionales. Histopatológicamente, se encuentran inclusiones tau positivas en las neuronas y en las células gliales, pero no se observan placas seniles. Los descubrimientos clínicos iniciales característicos son comportamientos atípicos sin pérdida de memoria, seguidos de demencia progresiva y, en algunos pacientes, síntomas de bradicinesia del tipo demal de Parkinson y rigidez. En 1994, se describió una forma de demencia frontotemporal que se iniciaba con parkin-sonismo familiar por dominancia de un autosoma que estaba relacionada con el cromosoma 17q21.2, la misma zona que contiene al gen tau. A esto lo seguía una forma de demencia frontotemporal por herencia familiar relacionada con esta zona, determinándose así la denominación de esta clase de enfermedad como demencia fronto-temporal y parkinsonismo rela-cionados con el cromosoma 17 (FTDP-17). La principal característica neuropatológica de la enfermedad FTDP-17 es una patología filamentosa constituida por proteína tau hiperfosforilada. Más recientemente se observó una mutación del gen tau en casos de gliosis subcortical progresiva por herencia familiar (Goedert et al. 1999).

Recordando las observaciones mencionadas anteriormente, se puede decir que en los últimos 10 años ha habido un gran progreso en la comprensión de la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía a pesar de que persisten grandes déficits en los conocimientos acerca de su etiología y de los mecanismos moleculares involucrados en la misma.
La mayoría de los casos de la enfermedad de Alzheimer de aparición temprana son trastornos de dominancia de un autosoma por herencia familiar producidos por mutaciones en la APP, la PS1 y la PS2. En las formas de aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer no existen mutaciones de genes específicas que se relacionen con la herencia de la enfermedad; sin embargo, alelos específicos de apolipoproteína E4 y macroglobulina a2 se relacionan con un mayor riesgo para la enfermedad de Alzheimer. Por consiguiente, no sería demasiado arriesgado suponer que la genética y los factores epigenéticos pueden ayudar al progreso de los conociemientos sobre la EA y por supuesto todavía se necesita mucho esfuerzo para lograr un cuadro claro de cómo y por qué estos factores solos o combinados producen daños neurológicos y la muerte.


La depresión en la vejez

La depresión en personas de 65 años o más es un trastorno (o un grupo de trastornos) con un enorme significado de salud pública en crecimiento. Sigue siendo un problema central no sólo para las personas mayores sino también para sus familias y los clínicos que los atienden. En la actualidad, la idea dominante es que la depresión en la vejez representa un trastorno de amplio espectro más que una enfermedad categórica y los últimos estudios comenzaron a centrarse en la investigación de sus características clínicas y biológicas (Lebowitz et al. 1997).

Esta depresión mayor se estima se produce en el 1% al el 10% de las personas de 60 años o más, mientras que hasta el 20% puede tener síntomas depresivos (Casey 1994). Más específicamente, mientras que los últimos estudios dan como resultado entre un 1% y el 2% de depresión mayor y un 2% de distimia entre las personas mayores que viven en hogares de ancianos, en este grupo se observa un porcentaje mucho mayor (13% a 17%) con depresiones subsindromáticas (Lebowitz et al. 1997). Las depresiones de subsíndrome son cuadros con síntomas depresivos relacionados con un mayor riesgo de depresión grave, enfermedad médica, discapacidad física y gran uso de servicios de salud, pero que no alcanzan los criterios de DSM IV de depresión mayor o distimia. Se observaron porcentajes de depresión subsindromáticos substancialmente más altos en personas mayores con enfermedades médicas y residentes en hogares de ancianos. Aunque el curso de la depresión subsindromática es variable, debe destacarse que dentro del contexto de discapacidad física severa, debida por ejemplo a un ataque cerebral, los síntomas depresivos pueden continuar durante largos períodos (Lebowitz et al. 1997).

El porcentaje de suicidios en las personas mayores es más alto que en cualquiera otra etapa de la vida, razón por la que es importante reconocer y tratar la depresión geriátrica. Los últimos estudios sobre el suicidio reforzaron su estrecha relación con la enfermedad de depresión grave, especialmente en las personas mayores. Aún cuando la depresión unipolar de aparición tardía es característica particularmente de los suicidios de personas mayores, no es usual en pacientes que tuvieron un diagnóstico y un tratamiento adecuado para su depresión (Lebowitzet al. 1997).

Se ha propuesto que la depresión de aparición tardía es heterogénea e incluye un subgrupo de pacientes con trastornos neurológicos que pueden no ser clínicamente evidentes cuando la depresión aparece por primera vez (Lebowitz et al. 1997; Alexopoulos et al. 1997).

La depresión de aparición tardía se relaciona con frecuencia con una variedad de anormalidades cerebrales, como ventri-culomegalia e hiperintensidad de la materia blanca y problemas cognitivos. Estos descubrimientos explican por qué los pacientes que tienen la primera etapa de depresión en la vejez están propensos a un curso más crónico de la enfermedad en comparación con los pacientes de la misma edad que sufren de una depresión recurrente (Lebowitz et al. 1997; Alexopoulos et al. 1997).

Los pacientes depresivos de edad con problemas cognitivos que mejoraron con un tratamiento antidepresivo cargan con una posibilidad cinco veces mayor de desarrollar una demencia irreversible en el futuro en comparación con pacientes de la misma edad que sufren sólo de depresión.

Existe evidencia de que los pacientes con enfermedades vasculares tienen con frecuencia síntomas depresivos y que un alto porcentaje de pacientes de edad depresivos sufren de enfermedades vasculares (Lebowitz et al. 1997; Alexopoulos et al. 1997). La depresión geriátrica es una complicación frecuente de una enfermedad cerebro vascular. Mientras que el ataque cerebral con síntomas y signos neurológicos se produce en un número reducido de pacientes de edad con depresión, el “ataque cerebral silencioso” sin signos neurológicos se produce con frecuencia en las personas mayores depresivas (Lebowitz et al. 1997; Alexopoulos et al. 1997). El ataque cerebral silencioso puede estar relacionado con anormalidades cerebrales como hiperintensidades de la materia blanca (WMHs) que corresponde a las zonas de la ectasia arteriolar, dilatación de los espacios perivasculares y palidez de la mielina relacionada con los cambios arterioscleróticos de las arterias perforantes. En pacientes asintomáticos se observó que las imágenes hiperintensas de la materia blanca estaban relacionadas con enfermedades de la arteria carótida extracranial, la reducción de corriente sanguínea en el cerebro y antecedentes de hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas. Además, los trastornos de desmielinación producen con frecuencia hiperintensidades de la materia blanca. En general, los pacientes de este subgrupo tienen una historia familiar negativa de trastornos en el estado de ánimo, retraso psicomotriz, falta de entendimiento, problemas en las funciones ejecutivas y poca respuesta al tratamiento (Lebowitz et al. 1997; Alexopoulos et al. 1997).

Se sabe que los factores hormonales pueden predisponer, precipitar o perpetuar algunas enfermedades médicas. Entre ellas, la depresión es de interés particular dado que las mujeres presentan un mayor porcentaje de todos los tipos de depresión que el hombre. Sumado a esto, y quizás con mayor importancia con respecto a la depresión de aparición tardía, se observa un aumento en los síntomas depresivos entre las mujeres durante la menopausia natural o quirúrgica y como consecuencia del tratamiento antiestrógenos contra el cáncer de mama (Lebowitz et al. 1997; Joffe and Cohen 1998). Aunque este tema puede ser crucial para entender mejor la posible relación entre las hormonas y la depresión de las mujeres en la vejez, se necesita más investigación para tener una idea precisa acerca de la función de las hormonas en la patofisiología y el tratamiento de la depresión de aparición tardía.

Durante la última década, fueron destinados muchos esfuerzos a determinar los posibles factores biológicos del desarrollo de la depresión en las personas mayores. Se afirmó que las posibles alteraciones en la neuro-transmisión que son normales del enveje-cimiento podrían constituir un factor importante en la predisposición de la depresión de aparición tardía. Se observaron anormalidades en varios neurotransmisores y sus receptores que podrían explicar el desarrollo de la depresión geriátrica, inclusive aquella relacionada con las enfermedades cardiovasculares (Alexopoulos et al. 1997; Meltzer et al. 1998). Se formuló también la hipótesis de que las anormalidades en los mecanismos celulares más allá del nivel receptor debidas al envejecimiento normal o patológico pueden contribuir a la patofisiología de la depresión de aparición tardía. Además, otros factores neurobiológicos como las neurohormonas, los neuropéptidos y neurotrópicos y las citokinas pueden estar involucrados en la génesis de la depresión geriátrica (Katz 1996; Lebowitz et al. 1997). Sin embargo, en la actualidad no se sabe cuál de las anormalidades mencionadas arriba aparece primero, si todas actúan en conjunto o no, y cómo y por qué producen la depresión de aparición tardía.


La posible relación entre la depresión y la demencia

Durante la última década se prestó mucha atención a la posible relación entre la depresión y la demencia. No hay ninguna duda de que la interfaz clínica entre estos trastornos es un tema rico y complicado. Si bien está ampliamente aceptado, aunque poco caracterizado, que los signos y síntomas depresivos son comunes en la enfermedad de Alzheimer, es más complicado entender si la depresión es un pródromo o un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer.

Aunque las preguntas acerca de las interrelaciones entre la depresión y la demencia fueron un punto clave para el campo de la Neuropsiquiatría durante las últimas décadas, los enfoques clínicos siguen progresando. En este campo, los conocimientos comenzaron con los datos que demostraban que la demencia y la depresión eran trastornos separados y diferentes(Roth 1995; Post 1962). Sin embargo, las dificultades para distinguirlos aumentaron cuando se introdujo en los informes el término “pseudodemencia depresiva” (Kiloh 1961; Starkstein et al. 1989; Caine, 1981). Investi-gaciones posteriores señalaron que la demencia y la depresión no eran estados excluyentes entre sí, sino que la depresión existía frecuentemente como un componente o una complicación del síndrome de la demencia (Reifler et al. 1982; 1986).

Con este marco conceptual, el punto de vista de los clínicos e investigadores cambió considerablemente, de manera tal que la pregunta a responder en las evaluaciones de diagnóstico giró desde del interrogante acerca de si el paciente tiene demencia o depresión a si existe un grado importante de depresión en la presencia o ausencia de la demencia. Últimamente, los conocimientos en este campo dieron un paso adelante, ya que la evidencia demostró que la depresión con problemas cognitivos reversibles podría ser un pródromo de la demencia en lugar de un trastorno separado y distinto. (Raskind 1998; Katz 1998).

Las investigaciones clínicas indicaron que la depresión que aparece durante los años que preceden inmediatamente la aparición de la enfermedad de Alzheimer pueden ser un pródromo de la misma. Este estado depresivo sería considerado una expresión temprana de la patobiología del trastorno subyacente. Por supuesto, la depresión puede ser también un hecho casual con una relación temporal con la enfermedad de Alzheimer, sin estar relacionado patobiológicamente a la misma (Raskind 1998; Katz 1998).

Si se pudiera demostrar una relación entre la enfermedad de Alzheimer y los episodios de depresión ocurridos en muchos años antes del comienzo de la misma, el hallazgo sería más coherente con la idea de depresión como un factor de riesgo más que un pródromo de la enfermedad de Alzheimer (Raskind 1998; Katz 1998). Esta posibilidad se apoya en unos pocos estudios clínicos y se necesitan muchos esfuerzos aún para tener una imagen clara de este tema complejo.

Además de las observaciones mencionadas arriba, resulta fascinante, aunque no sorpresivo, destacar el hecho de que la enfermedad de Alzheimer y la depresión tienen algunos factores en común, e incrementar así el posible vínculo entre estos trastornos. Por ejemplo, algunos de los factores de riesgo que se conocen para la enfermedad de Alzheimer, como el sexo femenino, las hormonas, las enfermedades vasculares, las lesiones isqué-micas de la materia blanca y las apolipoproteínas de alguna manera también están involucradas en la depresión (Small et al. 1997; Eastwoof 1996; Lebowitz et al. 1997; Alexopoulos et al. 1997; Holmes et al. 1998). Es más, si se presta atención a la literatura disponible, es posible darse cuenta de que con frecuencia se ha observado que procesos biológicos similares se vieron alterados en casos de depresión y de la enfermedad de Alzheimer (Perez et al. 1999; Katzman y Saitoh 1991).

Varios neurotransmisores y hormonas se alteran en casos de depresión y de la enfermedad de Alzheimer (Metzer et al. 1998). Como ejemplo es interesante destacar los estudios que demuestran que las alteraciones en la neurotransmisión serotonérgica en un cerebro adulto pueden causar la pérdida de sinapsis y anormalidades de ciertas proteínas neuronales (Azmitia 1999), que tambien sufrieron alteraciones en enfermedades denme-ciales. Muchos neurotransmisores, hormonas y factores del crecimiento mantienen las funciones celulares mediante la regulación de los procesos de transmisión de señales, incluyendo la fosforilación de proteína. En los últimos años, una gran cantidad de estudios generó y continúa generando evidencia para apoyar la teoría de que los mecanismos celulares están involucrados más allá del nivel receptor en los trastornos afectivos y en la enfermedad de Alzheimer. Por ejemplo, se observaron anormalidades en la actividad y los niveles de varias cinacis de proteínas y sus substratos en pacientes con trastornos afectivos y enfermedad de Alzheimer, demostrando así que la fosforilación excesiva de proteína podría contribuir de alguna manera a la patofisiología de estos trastornos (Perez et al. 1999 a; Perez et al. 1999b;Jicha et al. 1999; Marambaud 1999; Bonkale et al.1999). Otra posible relación se ven en los mecanismos neuroendocrinales (Raskind 1998). La depresión se relaciona con los cambios en el eje hipotalámico suprarrenal pituitario, y esta modificación deriva en una exposición anormal del cerebro a los niveles de glucocorticoides. Concentraciones anormales de corticosterona en el cerebro puede producir una degeneración de las neuronas del hipocampo, una zona del cerebro que es afectada en pacientes con la enfermedad de Alzheimer. Si las concentraciones alteradas de hidrocortisona se reducen, los límites de la expresión de demencia en los seres humanos continúa siendo especulativa, pero los últimos estudios demostraron una relación entre las concentraciones de hidrocortisona con alto plasma y la reducción cognitiva (Newcomer et al.1999).

En un sentido más amplio, estos descu-brimientos sugieren principalmente un vínculo entre la depresión y la demencia. Sin embargo, no hay ninguna duda de que aún quedan muchas preguntas sin contestar y sólo un trabajo en este campo podría ayudar a encontrar disfunciones neurobiológicas comunes que permitan reducir la brecha que existe entre la depresión y la enfermedad de Alzheimer.


Agradecimientos
Este trabajo fue apoyado por el Instituto Científico H. San Raffaele (permiso M2511).

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Fecha de Publicación: 1-9-2001

Neurología

Editorial

Alzheimer Argentina

Neuropsicomoleculas para el tratamiento de las demencias

Dr. Jorge Marquet

Aspectos neuropsiquiátricos de la enfermedad de Almzheimer

Dr. Edgardo Reich Médico Neurólogo Programa de Investigación en Neurociencia Dr. Edgardo Reich*

Intervención psiquiátrico-forense en Pacientes con Trastorno Cognitivo

 

 Neuropsicomoleculas para el tratamiento de las demencias

Dr. Jorge Marquet

El tener en claro esta situación es lo que nos obliga a pensar en la necesidad de un diagnóstico precoz y por supuesto en poder realizar prevención. Para poder lograr determinar la aparición de la patología precozmente contamos con la ayuda de los marcadores neuroquímicos, de las neuroimágenes y de los test neuropsicológicos. Y para realizar prevención debemos tener presentes los conceptos de neuroprotección, neurorescate y neuroactivación.

Se entiende por neuroprotección todas aquellas medidas de tipo químico que tiendan a evitar el gasto energético en la primer neurona, la lisis osmótica y los procesos ligados al calcio en la segunda neurona, las consecuencias de las mutaciones genéticas, como el desarrollo de la vía amiloidogénica, y los procesos de oxidación tales como la peroxidación del óxido nítrico, trans-formándolo en peroxinitrilo.

Se entiende por neurorescate todas aquellas medidas de tipo químicas que tiendan a evitar que grandes poblaciones neuronales mueran a causa de la hipoxia, de la anoxia, de la isquemia, del hipoflujo o de la hipoglicemia.

Se entiende por neuroactivación a todas aquellas medidas de tipo químicas que tiendan a promover los procesos de fijación de memoria tales como la potenciación a largo plazo y la potenciación a corto plazo, promover la neurotransmisión del ácido araquidónico y lograr que el óxido nítrico sea metabolizado hacia nitrosonio.

Justamente, como la mayoría de las moléculas que usaremos para trabajar con estos pacientes son de diseño, y tienen su target en los procesos moleculares que generan los trastornos demenciales es que es necesario conocer las diversas hipótesis que la biología molecular propone para explicar la destrucción neuronal.

La primer hipótesis que se planteó fue la histopatológica, y surgió del estudio de cerebros postmortem de pacientes portadores de demencia. Se describió la presencia de placas seniles y ovillos neurofibrilares como elementos característicos de
estos cerebros. Las placas seniles constituídas por un péptido beta amiloide que al ser insoluble no permitía que las apolipoproteínas se unieran a él y lo clivaran fuera de la neurona, situación que marcaba la diferencia con los cerebros que mostraban un envejecimiento normal, ya que éstos presentaban un péptido beta amiloide soluble, permitiendo a las apolipoproteínas unirse a él y clivarlo fuera de las neuronas. Los ovillos neurofibrilares se formaban como resultado de una proteína MAP2, que es la encargada de mantener la citoarquitectura y el citoesqueleto de la neurona, que se mantenía activa y fosforilada, por motivos que los investigadores no podían explicar en ése momento, y de esa manera daba origen a la proteína TAU la cual era el principal constituyente de dichos ovillos en los pacientes con degeneración cerebral, situación que también marcaba diferencias con los cerebros que envejecían normalmente ya que en ellos por la acción neuroprotectora de las apolipoproteínas E2 y E3 la MAP2 se mantenía inactiva y desfosforilada, no dando posibilidad a la formación de la TAU.

La segunda hipótesis planteada fue la genética y vino a completar el conocimiento de la histo-patológica, aclarando algunas dudas o incógnitas que dejaba la anterior. Hablaba de mutaciones de genes que codifican para presenilinas 1 y 2, de genes que codifican para proteína precursora de amiloide y de genes que codifican para las apolipoproteínas E. Con relación a la mutación en los genes que codifican para presenilinas, principalmente la 1, originaban una sobreregulación de las hidrolasas, con formación de endosomas y lisosomas tardíos, los cuales secretaban catepsina D y cistatina C, teniendo esto como consecuencia un adelantamiento de los procesos de apoptosis, o sea, la muerte celular programada, ocasionando de esta manera a los cincuenta años lo que en realidad debía ocurrir a los ochenta o noventa.

Con respecto a la mutación en los genes que codifican para la proteína precursora de amiloide, motivaba la aparición de un péptido beta amiloide de cadena larga con sectores aberrantes del 25 al 35 en su secuencia aminoacídica, y este era el motivo de la facilidad de agregación de las placas seniles.

Y finalmente la mutación de los genes que codifican para las apolipoproteínas E venía a explicar el porque de la actividad permanente de la proteína MAP2, ya que al formarse el bialelo E4, la MAP2 se mantiene fosforilada y activa y así es como da origen a la proteína TAU y esta a los ovillos neurofibrilares.

La tercera hipótesis es la mitocondrial, consi-derando que el ADN mitocondrial posee la información genética que codifica para 13 proteínas que constituyen la cadena de transporte de electrones con la finalidad de producir energía. La mutación en el último componente de esta cadena disminuye la actividad de la enzima citocromo C oxidasa dando un comportamiento aberrante de los electrones, que reaccionan descontroladamente frente al oxígeno, liberan gran cantidad de radicales libres y vacían los depósitos intramitocondriales e intrareticulares de calcio, todo lo cual conduce a una muerte neuronal segura.

La cuarta hipótesis es la de los aminoá-cidos cerebrales excitatorios, tales como el glutamato y el aspartato. Se basa en la descripción del gasto energético de la primer neurona, la lisis osmótica y los procesos ligados al calcio en la segunda neurona y en la sobreregulación de los receptores glutamatérgicos postsinápticos.

Es necesario entender que los aminoácidos cerebrales excitatorios son el único sistema de neurotransmisión cerebral que funciona con un feed back positivo, o sea que cuando por anoxia o hipoflujo se libera en la sinapsis excesiva cantidad de glutamato, el sistema no posee autoreceptores en la membrana presináptica, que indiquen la necesidad de frenar la síntesis y la liberación del glutamato. Esto conduce a un verdadero enchar-camiento de la sinapsis con glutamato, y el único recurso que tiene el sistema para limpiar esa sinapsis encharcada son las bombas de transporte activo de la primer neurona y de la glía. Ahora bien, estas bombas introducen al glutamato contra gradiente, y es por ello que necesitan de una molécula de ATP para funcionar.

Tanto trabajan con la finalidad de limpiar la sinapsis y tanta energía utilizan, que acaban por agotar a la neurona produciendo lo que se denomina, el gasto energético de la primer neurona.

La sobre estimulación que realiza el glutamato en exceso sobre el receptor post sináptico AMPA I, origina la sobre regulación del receptor con gran entrada de sodio a la segunda neurona. Al sodio lo acompaña agua, dando lugar a un verdadero edema celular que termina literalmente haciendo estallar la neurona, mediante el proceso denominado lisis osmótica de la segunda neurona.

Igualmente hay sobre estimulación del receptor post sináptico NMDA, el cual ve superados sus mecanismos inhibitorios ejercidos por el GABA, por las poliaminas reguladoras espermina, espermidina y arcaína, por el coagonista glicina y por el bloqueador fisiológico magnesio. Al ser superada la regulación entra calcio en forma desmedida, el cual activa a las proteasas y endonucleasas intracelulares dando origen a gran cantidad de radicales libres que terminarán en la muerte neuronal, estableciendo los denominados procesos ligados al calcio en la segunda neurona.

Debe agregarse a esta situación la sobre estimulación de los recep-tores post sinápticos AMPA II o metabotrópicos que activarán al segundo mensajero inositol trifosfórico el cual originará la liberación de calcio de los depósitos intra mitocondriales e intra reticulares del interior de la segunda neurona, calcio que se va a sumar al pool de calcio ingresado por los receptores NMDA y por los receptores voltaje dependientes de calcio, y que va a actuar directamente sobre el óxido nítrico y lo va a transformar en peroxinitrilo, que como sabemos es un potente tóxico celular.

La siguiente hipótesis es la colinérgica, considerando como precursores de la acetil colina a la colina de síntesis intra neuronal y a la ingresada por la dieta, y a la acetil coenzima A producto de la glucosa mitocondrial. Ambos precursores por acción de la enzima colina acil transferasa dan origen a la acetil colina, la cual va a ser degradada por otra enzima, la acetil colinesterasa en colina y serina, que serán recapturadas por una bomba de alta potencia. Pues bien, durante los procesos neurodegenerativos tanto la colina como la acetil colina disminuyen bruscamente sus tenores, y la neurona con gran necesidad de compensar toma colina de la membrana iniciando los procesos de auto canibalismo, que comienzan destruyendo la membrana y terminan destruyendo la neurona completa. Por otra parte una de las funciones de la acetil colina en cantidades fisiológicas es regular en baja a la dopamina y a la noradrenalina y regular en alza a la serotonina. En las demencias cuando cae el nivel de la acetil colina, se disparan en alza dopamina (alteraciones senso perceptuales) y noradrenalina (trastornos de conducta) y cae bruscamente serotonina (trastornos cognitivos y alteración de los relojes biológicos).

La hipótesis inmunológica se refiere a las citokinas inflamatorias, los neuropéptidos y los factores de crecimiento. Las citokinas como la interleukina 2 tienen como acción inhibir la liberación de la acetil colina, los péptidos 1-28, 1-40 y 1-43, son anta-gonistas de los receptores muscarínicos 2 pre sinápticos, los cuales son autoreceptores, y tienen a su cargo la regulación de la liberación de la acetil colina. La disregulación de éstos receptores por acción de dichos péptidos también origina la inhibición de liberación de acetil colina. Finalmente los factores de crecimiento insulínicos 1 y 2, tienen propiedades neuro-protectoras ya que protegen a las neuronas de la acción del péptido amiloide A.

Las hipótesis moleculares actuales hablan de alto tenor de galanina en corteza de cerebros con Alzheimer, siendo la galanina la responsable de modular negativamente a acetil colina y positi-vamente a noradrenalina, el exceso de galanina originaría una verdadera inhibición colinérgica (tras-tornos cognitivos) y una exaltación noradrenérgica (alteraciones de conducta, wandering, pacing, car-pologia).

También refieren alto nivel de pro hormona convertasa PC7 que sería la responsable del aumento de la proteína precursora de amiloide mutada genéticamente la cual daría origen al péptido beta amiloide de cadena larga aberrante.

Se describe asimismo la teoría de la trans-glutaminasa aumentada en cerebros con neuro degeneración, la cual formaría una proteína TAU diferente a la que aparece cuando la MAP2 se mantiene activa y fosforilada, ya que esta nueva TAU destruiría directamente los microtúbulos y los neurofilamentos. Esta vía estaría estimulada por la alfa secretasa y sería inhibida por la alfa anti tripsina.

También se habla de los receptores membranales RAGE como responsables de la génesis de la vía amiloidogénica y del mal clivaje de la proteína precursora de amiloide, situación que ha llevado a los investigadores a experimentar con los agonistas de los receptores nicotínicos subtipo high, que sería inhibidor de los receptores RAGE.

La última teoría sería la que describe a la proteína precursora de amiloide, activando al péptido amiloide A, el cual además de formar parte en la constitución de las placas seniles, estimularía la actividad de la proteína acídica fibrilar glial, siendo ambos elementos responsables de neurodegeneración.

Antes de comenzar a describir en detalle, las moléculas utilizables para realizar el tratamiento de los procesos demenciales, es útil aclarar que cualquier neuropsicomolécula que intente llamarse neuroprotectora debe cumplir con los siguientes requisitos: evitar el gasto energético, la lisis osmótica, los procesos ligados al calcio, el desarrollo de la vía amiloidogénica y la meta-bolización del óxido nítrico hacia peroxinitrilo, como así también los procesos de oxidación y liberación de radicales libres.

Primera generación:

Nootropos.
Son ellos el piracetam, el aniracetam, el para-miracetam, el bifemelano y la idebenona.
En su mecanismo de acción se destaca el hecho de que estimulan el recambio de los fosfolípidos membranales, mejoran la cadena respiratoria mitocondrial, regulan la entrada de sodio en el receptor post sináptico AMPA I y liberan acetil colina en el hipocampo.


Segunda generación:

Modificadores de la neurotransmisión.
Pueden ser colinérgicos, noradrenérgicos, sero-toninérgicos y neuropeptidérgicos.

Colinérgicos:
Se dividen en precursores de la acetil colina, inhibidores de la acetil colinesterasa y agonistas colinérgicos.

Los precursores de la acetil colina son la colina, la lecitina y la serina, actúan preferentemente reparando la membrana y evitando los procesos de autocanibalismo ya que proporcionan precursores.

Los inhibidores de la acetil colinesterasa inhiben a la enzima que degrada a la acetil colina, en forma irreversible como la tacrina y el metrifonate, en forma pseudo irreversible como la rivastigmina y en forma reversible como el donepecilo. Al aumentar los niveles de acetil colina cerebral vuelven a obtener los mecanismos de regulación a la baja de dopamina y noradrenalina y de regulación a la alza de serotonina, mejorando el cuadro clínico del paciente.

Los agonistas colinérgicos se dividen en nicotínicos y muscarínicos, y actúan inhibiendo a los recep-tores RAGE membranales, favoreciendo el clivaje de la proteína precursora de amiloide y estimulando la vía no amiloidogénica.

Noradrenérgicos:
Son los inhibidores reversibles de la enzima momoamino oxidasa, en el caso de la MAO

A
la moclobemida, y para la MAO B la selegilina. Aumentan el nivel de monoaminas sinápticas evitando su degradación y de esta manera mejoran los cuadros depresivos concurrentes con las demencias por los senti-mientos de pérdida que experimentan estos pacientes. Además ejercen acción neuroprotectora mediante su mecanismo anti oxidante.

Serotoninérgicos:
Se pueden dividir en dos grupos: los antagonistas de los receptores 5HT3, ondasetrón y trazodone. Los receptores 5HT3 inhiben la liberación de acetil colina, y de esta manera antagonizando la inhibición logran aumentar la liberación de acetil colina, y los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina, paroxetina y sertralina, que usados a largo plazo tienen acción estimulante de las proteínas traslatorias AMP cíclico dependientes como son las CREB, Jak y Erk, encargadas de trasladar el mensaje desde el segundo mensajero hasta los receptores secundarios intra nucleares trkb, que codifican para los factores de crecimiento neuronal, logrando de esta forma mayor número de sinapsis y crecimiento dendrítico y axonal.

Neuropeptidérgicos:
El único de éste grupo es el naloxone que antagoniza a los receptores opiáceos que tienen a su cargo inhibir la liberación de acetil colina. Nuevamente antagonizando la inhibición logramos aumentar la liberación de acetil colina.


Tercera generación:

Neuroprotectores globales.
Son ellos los factores de crecimiento, como el factor de crecimiento neuronal, que otorga sobre vida a las neuronas colinérgicas, e induce la expresión de la proteína P75 que disminuye los procesos de apoptosis.

Los antagonistas de los canales de calcio voltaje dependientes como la nimodipina y la hydergina, regulando la entrada de calcio en los canales voltaje dependientes y evitando los procesos liga-dos al calcio.

Los antagonistas de los aminoácidos cerebrales excitatorios como la memantina, que actúa de acuerdo a la carga local del neurotransmisor y a la utilidad. Si hay demasiado glutamato en la sinapsis bloquea a los receptores glutamatérgicos post sinápticos y si el glutamato se encuentra en can-tidades fisiológicas los desbloquea. Esta acción la ejerce mediante un agonismo parcial del receptor AMPA I, regulando la entrada de sodio y agua a la segunda neurona y un antagonismo no competitivo sobre los receptores NMDA, regulando la entrada de calcio.

Los lípidos membranales, como la fosfatidil colina y la fosfatidil serina, restauran la membrana, evitan el autocanibalismo y proporcionan colina.

Las hormonas como el estradiol, evitan la vía amiloidogénica y realizan estímulo colinérgico en las neuronas hipocampales CA1.

Cuarta generación:

La L-acetil carnitina es un excelente transportador de ácidos grasos libres, mejora la cadena respiratoria mitocondrial, y sirve de sustrato a los antioxidantes endógenos naturales, glutatión per oxidasa, glutatión reducido y superóxido dismutasa.

Los antioxidantes como los anti inflamatorios no esteroides y las vitaminas C y E, son excelentes quelantes de radicales libres, a la vez que forman nitrosonio a partir del óxido nítrico y activan la microglia.

El sabeluzole, evita la hiper excitabilidad neuronal, actúa como factor de crecimiento e inhibe la actividad y la fosforilación de la MAP2.

La melatonina, bloquea la toxicidad del beta amiloide, evita la alteración del DNA mitocondrial, y restaura la crono biología.

Los inhibidores específicos de la ciclo oxigenasa 2 (COX 2), tales como el celecoxib y el rofecoxib, inhiben la formación de las prostaglandinas inducibles, las cuales son pro algésicas, pro pirógenas y pro inflamatorias, disminuyendo de esta forma el edema y la inflamación cerebral.

Las investigaciones en curso están dirigidas a los agonistas nicotínicos que interactúan con los sitios alostéricos de los receptores nicotínicos subtipo high, los inhibidores de los receptores membranales RAGE, con la finalidad de evitar la formación del amiloide, y las moléculas destinadas a estimular la producción del AMP cíclico y las proteínas traslatorias AMP cíclico dependientes, tendientes a favorecer la trascripción de los factores de crecimiento neuronal.

Hay dos moléculas en desarrollo en la actualidad. Ellas son la AF-DX-3384 y la BIBN-99, ambas actuarían antagonizando a los receptores mus-carínicos 2 y 4 pre sinápticos, con la finalidad de estimular la liberación de acetil colina.

Como se puede observar ninguna de estas neuropsicomoléculas cumple con los cinco requi-sitos necesarios para ser denominadas neuro-protectoras por lo cual es necesario realizar deter-minadas combinaciones de las mismas para lograr cubrir todos los aspectos.

Es por ello que necesitamos conocer las hipótesis de generación de los procesos demenciales y los elementos de la biología molecular que nos ayuden a entender el target para el cual fueron diseñadas cada una de ellas, de manera tal que junto con el diagnóstico precoz y la adecuada elección de la combinación de fármacos según sea el tipo de demencia que enfrentemos podamos realmente obtener beneficios de su uso.

 

Fecha de Publicación: 1-9-2000

Aspectos neuropsiquiátricos de la enfermedad de Almzheimer

Dr. Edgardo Reich Médico Neurólogo Programa de Investigación en Neurociencia Dr. Edgardo Reich*

INTRODUCCIÓN

El compromiso conductual en los pacientes de Enfermedad de Alzheimer (EA) aparece en estadios mas avanzados del proceso, definiendo muchas veces la necesidad de institucionalizar al paciente, dado que generan un distress personal y entre los cuidadores, que a veces se hace difícil de sobrellevar en el ámbito familiar.

Si bien la distinción entre los aspectos cognitivos y no-cognitivos de la EA, hace mas a una finalidad didáctica y de ordenamiento sintomático para la descripción del cuadro clínico, es igualmente cierto que en los estadios iniciales dicha diferenciación se corresponde con la relativa preservación inicial de la afectación conductual.

Aunque en estadios intermedios y finales las esferas de síntomas y signos cognitivos y conductuales se superponen y se imbrican, en las primeras etapas de la enfermedad las alteraciones cognoscitivas dominan el cuadro clínico, en tanto que las manifestaciones neuropsiquiátricas son propias de los periodos mas avanzados de la enfermedad.

Durante las etapas iniciales, los aspectos conductuales se hallan poco comprometidos, contrastando con la afectación cognitiva que ya es observable, pudiendo existir una cierta disociación entre los rendimientos intelectuales de un paciente que presenta deterioro menisco, lingüístico y trastornos del pensamiento abstracto y que, sin embargo, desarrolla sus tareas laborales y cotidianas en forma aparentemente normal.

Por otra parte es importante resaltar que, si bien las alteraciones cognitivas son, de alguna manera, mas características al momento de definir el cuadro clínico, la presencia de los síntomas de orden conductual es determinante de la evolución, ya sea por la sobrecarga para el grupo de convivientes, ya sea por la necesidad de anticipar la institucionalización de los pacientes. (Rabins, 1997).

TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

Las
primeras alteraciones reconocibles clínicamente en la esfera conductual, consisten en
cambios de personalidad y/o carácter, tales como indiferencia, desinterés y una incipiente apatía.

Los pacientes en estos estadios advierten poco estas modificaciones, y son los familiares quienes relatan la mayor introspección y tosquedad en los afectos, y el abandono de actividades o hobbies que tiempo atrás se presentaban como importantes y deseadas.

La perdida de espontaneidad y la creciente demanda de ayuda para expresar una idea o una necesidad, determinan un perfil de mayor dependencia y puerilidad. (Reisberg y colaboradores, 1987)

Los pacientes se presentan menos entusiastas, se tornan más impulsivos, irritables, se obstinan con facilidad, e impresionan menos maduros y cautelosos. Otras alteraciones de la personalidad frecuentemente observadas son mayor egocentrismo y desinhibición.

IDEAS DELIRANTES


Las ideas delirantes están determinadas por falsas creencias o pensamientos, basados en una inferencia distorsionada de la realidad externa, y sostenidas firme y vigorosamente por el paciente, aun cuando se le presenten evidencias de lo contrario.

Constituyen una de las manifestaciones mas frecuentes del grupo de síntomas neuropsiquiátricos, presentándose en un 40-50 % de los enfermos, generalmente en estadios intermedios o avanzados.

El tema dominante de dichas convicciones patológicas, generalmente se centra en ideas de perjuicio personal, y las expresiones aluden generalmente a ser robado, perseguido, o engañado por su pareja. Otros temas se vinculan al desconocimiento de la propia casa (...conozco esta casa, pero yo no vivo aquí ni es mi hogar...), a falsos reconocimientos de personas que no son quienes dicen ser (Síndrome de Capgras), o a la presencia de personas extrañas que viven en la casa (silueta fantasma).

Varios autores observaron que el grupo de pacientes que presentaba fenómenos de pensamientos sobre valorados o ideación delirante, mostraba asimismo un ritmo de declinación cognitiva mas rápido que los pacientes sin manifestaciones confuso-delirantes, pero sin que puedan observarse diferencias significativas en el tiempo de sobreviva entre ambos grupos. (López y colaboradores, 1991; Mortimer y colaboradores, 1992; Jeste y colaboradores, 1992)

ALUCINACIONES

La presencia de alucinaciones es menos constante, y puede estimarse en un 25% de los pacientes, generalmente en etapas tardías de la enfermedad. (Wrag y Jeste, 1989)

Tales alucinaciones o percepciones alteradas sin el objeto correspondiente, son de naturaleza predominantemente visual, y en menor proporción auditivas u olfatorias. (Burns y colaboradores, 1990).

AGITACION Y AGRESIVIDAD

La agitación es relativamente frecuente, originándose muchas veces como respuesta a causas ambientales o del entorno del paciente, y constituye una de las alteraciones del comportamiento menos toleradas por los cuidadores y más inductoras de la decisión de internar al enfermo, especialmente cuando aparece a predominio nocturno, acompañándose de confusión y ansiedad. (Devanand y colaboradores, 1997).

Las conductas agresivas, generalmente tienen como destinatarios a familiares o cuidadores, y son frecuentes de observar al intentar vestir o bañar a los pacientes, consistiendo en intentos de agresión física (golpes, mordeduras) o más habitualmente insultos o manifestaciones verbales de ira, enojo o agravio. (Kumar y colaboradores, 1988).

DEPRESION

La depresión ocurre en aproximadamente un 15% de las personas mayores de 65 anos, y esta cifra se triplica en el grupo de pacientes dementes. (Lazaras et al, 1987).
Si bien la utilización de diversas escalas y criterios diagnósticos diferentes genera dificultades a la hora de precisar la prevalencia de depresión en la EA, (encontrándose autores que citan desde un 0% hasta un 87% acorde a las distintas series), puede estimarse que un 40% a 50% de los pacientes de EA presentan en algun momento de su evolución rasgos depresivos, distimicos o disforicos, en tanto que un porcentaje significativamente más bajo cumple en forma estricta con los criterios de depresión mayor.(Méndez y colaboradores, 1990; Karlsson, 1996).

El síndrome depresivo en estos pacientes se expresa fundamentalmente por rasgos hipotimicos, pensamientos negativos, y sensación de tristeza cotidiana, configurando una entidad más similar a la distimia o a la depresión menor, antes que un perfil de depresión severa. El suicidio es muy raro entre los pacientes de EA.

ANSIEDAD Y REACCIONES CATASTROFICAS

Los fenómenos de ansiedad pueden presentarse hasta en un 40% o 50% de los pacientes.

Generalmente se manifiestan como una exagerada preocupación o aprensión ante eventos próximos, pudiendo en ocasiones coexistir con fenómenos depresivos.

Las reacciones catastróficas se ponen en evidencia como cambios de conducta súbitos, con agitación y ansiedad extremas, despropor-cionadas con respecto al estimulo que las genera. Son frecuentes de observar ante la cercanía de viajes o traslados. Se expresan también como respuestas breves e intensas de descontrol emocional frente a algún estimulo considerado como estresante por el paciente, o ante la frustración reiterada frente a la imposibilidad de llevar a cabo una tarea sencilla. (Chaterjee y colaboradoresl, 1992).

TRASTORNOS NEUROVEGETATIVOS

Dentro de los trastornos de la esfera neuro-vegetativa, se incluyen modificaciones en el sueno, el apetito y la actividad sexual.

El insomnio, ya sea expresado como dificultad para conciliar el sueno, presencia de despertares frecuentes, o dificultades para volver a dormirse luego de una interrupción, constituye una de las causas mas frecuentes de inquietud, estando presente en un 45% a 60% de los casos.

Las exploraciones poligráficas demuestran la alteración del patrón normal de sueno en estos pacientes y la distorsión de su arquitectura: el sueno esta fragmentado, con despertares frecuentes, multiples ensonaciones diurnas y alteracion del periodo REM y de sueno lento. (Vitiello y colaboradores, 1990).

Para algunos autores la alteración o inversión del ritmo vigilia-sueno, seria un aspecto mas de las alteraciones circadianas presentes en estos pacientes, ya que otros ritmos biológicos -como la regulación de la temperatura corporal- también parecen alterarse en la EA. (Witting y colaboradores, 1990).

El fenómeno de la "puesta de sol" o "sundowning" se caracteriza por la exacerbación de la agitación, impaciencia, sensación de pánico y aumento de la confusión y de la desorientación, hacia las horas del ocaso o del anochecer. (Rabins, 1994).

La llegada de la oscuridad exagera en muchos pacientes la ideación delirante y las conductas agitadas, y algunas hipótesis sostienen que la producción de este fenómeno esta ligada a la duración del fotoperiodo y a variaciones del ritmo circadiano. (Bliwise et al, 1989).

Se observan cambios en el apetito y en hábitos alimentarios en una importante proporción de los pacientes.

Si bien se registran casos de incremento del apetito y voracidad en algunos enfermos, la tendencia preponderante en el curso de la evolución es hacia la perdida de interés en la comida, con el consecuente deterioro del estado nutricional.

Pueden presentarse diversas altera-ciones de la sexualidad, consistentes mayoritaria-mente en desinterés y disminución de la libido.

El incremento de la actividad sexual o la presencia de conductas sexuales inapropiadas es menos frecuente (Merriam et al, 1988).

El síndrome de Kluver-Bucy es un trastorno conductual complejo, en el que se observan aumento de la oralidad, hiper-metamorfosis, placidez emocional, agnosia y conducta sexual alterada. Se presenta en pacientes con lesiones temporales bilaterales y puede presentarse en forma incompleta en los estadios avanzados de la EA.

CONDUCTAS MOTORAS
ANOMALAS

Las alteraciones de la actividad motora, consisten en un grupo de trastornos habitualmente presentes en los estadios intermedios y finales de la EA, entre los que se incluyen continuos movimientos de los dedos, sin finalidad aparente (carphologia), siendo frecuente observar en estos pacientes como pliegan o arrugan ropas o sabanas.

La inquietud motora, reflejada en la actitud de caminar permanentemente dentro de la casa (pacing), deambulando sin un sentido aparente y el caminar en forma errática fuera de los limites de la casa o del barrio (vagabundeo o wandering) pueden convertirse en un problema peligroso, desde el momento que estos pacientes no pueden encontrar el camino de regreso a sus casas, siendo necesaria su identificacion y asistencia para retornar a su domicilio. (Cummings y Victoroff, 1990)

Considerando la tendencia relativamente alta de presentación de este fenómeno, que se registra hasta en el 60% de los casos, se recomienda especialmente la adopción de alternativas no farmacológicas (trabas de puertas, credenciales de identificación, etc.) para minimizar las consecuencias de estas conductas motoras anormales (Eastwood y Reisberg, 1996.

CONCLUSIONES

Frente a este panorama de alteraciones conductuales, el amplio espectro neurofarma-cológico con el que contamos en la actualidad nos permite modificar las conductas disruptivas asociadas con la EA, evitando o retrasando la necesidad de internación de estos pacientes.


*Médico Neurólogo
Programa de Investigación en Neurociencia
Secretaría de Salud. . GCBA

 

Fecha de Publicación: 1-9-2000

Aspectos neuropsiquiátricos de la enfermedad de Almzheimer

Dr. Edgardo Reich Médico Neurólogo Programa de Investigación en Neurociencia Dr. Edgardo Reich*

INTRODUCCIÓN

El compromiso conductual en los pacientes de Enfermedad de Alzheimer (EA) aparece en estadios mas avanzados del proceso, definiendo muchas veces la necesidad de institucionalizar al paciente, dado que generan un distress personal y entre los cuidadores, que a veces se hace difícil de sobrellevar en el ámbito familiar.

Si bien la distinción entre los aspectos cognitivos y no-cognitivos de la EA, hace mas a una finalidad didáctica y de ordenamiento sintomático para la descripción del cuadro clínico, es igualmente cierto que en los estadios iniciales dicha diferenciación se corresponde con la relativa preservación inicial de la afectación conductual.

Aunque en estadios intermedios y finales las esferas de síntomas y signos cognitivos y conductuales se superponen y se imbrican, en las primeras etapas de la enfermedad las alteraciones cognoscitivas dominan el cuadro clínico, en tanto que las manifestaciones neuropsiquiátricas son propias de los periodos mas avanzados de la enfermedad.

Durante las etapas iniciales, los aspectos conductuales se hallan poco comprometidos, contrastando con la afectación cognitiva que ya es observable, pudiendo existir una cierta disociación entre los rendimientos intelectuales de un paciente que presenta deterioro menisco, lingüístico y trastornos del pensamiento abstracto y que, sin embargo, desarrolla sus tareas laborales y cotidianas en forma aparentemente normal.

Por otra parte es importante resaltar que, si bien las alteraciones cognitivas son, de alguna manera, mas características al momento de definir el cuadro clínico, la presencia de los síntomas de orden conductual es determinante de la evolución, ya sea por la sobrecarga para el grupo de convivientes, ya sea por la necesidad de anticipar la institucionalización de los pacientes. (Rabins, 1997).

TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

Las
primeras alteraciones reconocibles clínicamente en la esfera conductual, consisten en
cambios de personalidad y/o carácter, tales como indiferencia, desinterés y una incipiente apatía.

Los pacientes en estos estadios advierten poco estas modificaciones, y son los familiares quienes relatan la mayor introspección y tosquedad en los afectos, y el abandono de actividades o hobbies que tiempo atrás se presentaban como importantes y deseadas.

La perdida de espontaneidad y la creciente demanda de ayuda para expresar una idea o una necesidad, determinan un perfil de mayor dependencia y puerilidad. (Reisberg y colaboradores, 1987)

Los pacientes se presentan menos entusiastas, se tornan más impulsivos, irritables, se obstinan con facilidad, e impresionan menos maduros y cautelosos. Otras alteraciones de la personalidad frecuentemente observadas son mayor egocentrismo y desinhibición.

IDEAS DELIRANTES


Las ideas delirantes están determinadas por falsas creencias o pensamientos, basados en una inferencia distorsionada de la realidad externa, y sostenidas firme y vigorosamente por el paciente, aun cuando se le presenten evidencias de lo contrario.

Constituyen una de las manifestaciones mas frecuentes del grupo de síntomas neuropsiquiátricos, presentándose en un 40-50 % de los enfermos, generalmente en estadios intermedios o avanzados.

El tema dominante de dichas convicciones patológicas, generalmente se centra en ideas de perjuicio personal, y las expresiones aluden generalmente a ser robado, perseguido, o engañado por su pareja. Otros temas se vinculan al desconocimiento de la propia casa (...conozco esta casa, pero yo no vivo aquí ni es mi hogar...), a falsos reconocimientos de personas que no son quienes dicen ser (Síndrome de Capgras), o a la presencia de personas extrañas que viven en la casa (silueta fantasma).

Varios autores observaron que el grupo de pacientes que presentaba fenómenos de pensamientos sobre valorados o ideación delirante, mostraba asimismo un ritmo de declinación cognitiva mas rápido que los pacientes sin manifestaciones confuso-delirantes, pero sin que puedan observarse diferencias significativas en el tiempo de sobreviva entre ambos grupos. (López y colaboradores, 1991; Mortimer y colaboradores, 1992; Jeste y colaboradores, 1992)

ALUCINACIONES

La presencia de alucinaciones es menos constante, y puede estimarse en un 25% de los pacientes, generalmente en etapas tardías de la enfermedad. (Wrag y Jeste, 1989)

Tales alucinaciones o percepciones alteradas sin el objeto correspondiente, son de naturaleza predominantemente visual, y en menor proporción auditivas u olfatorias. (Burns y colaboradores, 1990).

AGITACION Y AGRESIVIDAD

La agitación es relativamente frecuente, originándose muchas veces como respuesta a causas ambientales o del entorno del paciente, y constituye una de las alteraciones del comportamiento menos toleradas por los cuidadores y más inductoras de la decisión de internar al enfermo, especialmente cuando aparece a predominio nocturno, acompañándose de confusión y ansiedad. (Devanand y colaboradores, 1997).

Las conductas agresivas, generalmente tienen como destinatarios a familiares o cuidadores, y son frecuentes de observar al intentar vestir o bañar a los pacientes, consistiendo en intentos de agresión física (golpes, mordeduras) o más habitualmente insultos o manifestaciones verbales de ira, enojo o agravio. (Kumar y colaboradores, 1988).

DEPRESION

La depresión ocurre en aproximadamente un 15% de las personas mayores de 65 anos, y esta cifra se triplica en el grupo de pacientes dementes. (Lazaras et al, 1987).
Si bien la utilización de diversas escalas y criterios diagnósticos diferentes genera dificultades a la hora de precisar la prevalencia de depresión en la EA, (encontrándose autores que citan desde un 0% hasta un 87% acorde a las distintas series), puede estimarse que un 40% a 50% de los pacientes de EA presentan en algun momento de su evolución rasgos depresivos, distimicos o disforicos, en tanto que un porcentaje significativamente más bajo cumple en forma estricta con los criterios de depresión mayor.(Méndez y colaboradores, 1990; Karlsson, 1996).

El síndrome depresivo en estos pacientes se expresa fundamentalmente por rasgos hipotimicos, pensamientos negativos, y sensación de tristeza cotidiana, configurando una entidad más similar a la distimia o a la depresión menor, antes que un perfil de depresión severa. El suicidio es muy raro entre los pacientes de EA.

ANSIEDAD Y REACCIONES CATASTROFICAS

Los fenómenos de ansiedad pueden presentarse hasta en un 40% o 50% de los pacientes.

Generalmente se manifiestan como una exagerada preocupación o aprensión ante eventos próximos, pudiendo en ocasiones coexistir con fenómenos depresivos.

Las reacciones catastróficas se ponen en evidencia como cambios de conducta súbitos, con agitación y ansiedad extremas, despropor-cionadas con respecto al estimulo que las genera. Son frecuentes de observar ante la cercanía de viajes o traslados. Se expresan también como respuestas breves e intensas de descontrol emocional frente a algún estimulo considerado como estresante por el paciente, o ante la frustración reiterada frente a la imposibilidad de llevar a cabo una tarea sencilla. (Chaterjee y colaboradoresl, 1992).

TRASTORNOS NEUROVEGETATIVOS

Dentro de los trastornos de la esfera neuro-vegetativa, se incluyen modificaciones en el sueno, el apetito y la actividad sexual.

El insomnio, ya sea expresado como dificultad para conciliar el sueno, presencia de despertares frecuentes, o dificultades para volver a dormirse luego de una interrupción, constituye una de las causas mas frecuentes de inquietud, estando presente en un 45% a 60% de los casos.

Las exploraciones poligráficas demuestran la alteración del patrón normal de sueno en estos pacientes y la distorsión de su arquitectura: el sueno esta fragmentado, con despertares frecuentes, multiples ensonaciones diurnas y alteracion del periodo REM y de sueno lento. (Vitiello y colaboradores, 1990).

Para algunos autores la alteración o inversión del ritmo vigilia-sueno, seria un aspecto mas de las alteraciones circadianas presentes en estos pacientes, ya que otros ritmos biológicos -como la regulación de la temperatura corporal- también parecen alterarse en la EA. (Witting y colaboradores, 1990).

El fenómeno de la "puesta de sol" o "sundowning" se caracteriza por la exacerbación de la agitación, impaciencia, sensación de pánico y aumento de la confusión y de la desorientación, hacia las horas del ocaso o del anochecer. (Rabins, 1994).

La llegada de la oscuridad exagera en muchos pacientes la ideación delirante y las conductas agitadas, y algunas hipótesis sostienen que la producción de este fenómeno esta ligada a la duración del fotoperiodo y a variaciones del ritmo circadiano. (Bliwise et al, 1989).

Se observan cambios en el apetito y en hábitos alimentarios en una importante proporción de los pacientes.

Si bien se registran casos de incremento del apetito y voracidad en algunos enfermos, la tendencia preponderante en el curso de la evolución es hacia la perdida de interés en la comida, con el consecuente deterioro del estado nutricional.

Pueden presentarse diversas altera-ciones de la sexualidad, consistentes mayoritaria-mente en desinterés y disminución de la libido.

El incremento de la actividad sexual o la presencia de conductas sexuales inapropiadas es menos frecuente (Merriam et al, 1988).

El síndrome de Kluver-Bucy es un trastorno conductual complejo, en el que se observan aumento de la oralidad, hiper-metamorfosis, placidez emocional, agnosia y conducta sexual alterada. Se presenta en pacientes con lesiones temporales bilaterales y puede presentarse en forma incompleta en los estadios avanzados de la EA.

CONDUCTAS MOTORAS
ANOMALAS

Las alteraciones de la actividad motora, consisten en un grupo de trastornos habitualmente presentes en los estadios intermedios y finales de la EA, entre los que se incluyen continuos movimientos de los dedos, sin finalidad aparente (carphologia), siendo frecuente observar en estos pacientes como pliegan o arrugan ropas o sabanas.

La inquietud motora, reflejada en la actitud de caminar permanentemente dentro de la casa (pacing), deambulando sin un sentido aparente y el caminar en forma errática fuera de los limites de la casa o del barrio (vagabundeo o wandering) pueden convertirse en un problema peligroso, desde el momento que estos pacientes no pueden encontrar el camino de regreso a sus casas, siendo necesaria su identificacion y asistencia para retornar a su domicilio. (Cummings y Victoroff, 1990)

Considerando la tendencia relativamente alta de presentación de este fenómeno, que se registra hasta en el 60% de los casos, se recomienda especialmente la adopción de alternativas no farmacológicas (trabas de puertas, credenciales de identificación, etc.) para minimizar las consecuencias de estas conductas motoras anormales (Eastwood y Reisberg, 1996.

CONCLUSIONES

Frente a este panorama de alteraciones conductuales, el amplio espectro neurofarma-cológico con el que contamos en la actualidad nos permite modificar las conductas disruptivas asociadas con la EA, evitando o retrasando la necesidad de internación de estos pacientes.


*Médico Neurólogo
Programa de Investigación en Neurociencia
Secretaría de Salud. . GCBA

 

Fecha de Publicación: 1-9-2000

 

Psicología

 

Reflexiones sobre las implicancias medico-legales del proceso de deterioro cerebral

Prof. Dr. Juan Carlos ROMI

1. INTRODUCCIÓN

La práctica médico legal a nivel psiquiátrico forense nos enseña que los procesos de deterioro cerebral pueden presentar innumerables problemas tanto a nivel del fuero penal como del civil.

El hecho clave que pericialmente se nos suele pedir, es poder precisar mediante un examen mental, si el individuo que cometió un delito tuvo su personalidad capacidad para obrar, es decir si pudo comprender lo que hizo y haber dirigido libremente su accionar. En caso de no presentar dichas aptitudes podría estar comprendido su cuadro mental dentro de los eximientes que contempla el artículo 34 inc. 1º del CP, y por ende ser declarado inimputable.

La capacidad para obrar alude también a nivel del fuero civil a la aptitud de la persona para realizar actos jurídicos de manera directa y válida. Es decir, la cualidad de una persona cuando ésta es hábil para ejercitar por si misma sus propios derechos y en general desenvolverse con autonomía en la vida jurídica. Cuando el individuo no se halla en condiciones de expresar una voluntad consciente, nos encontramos en presencia de una incapacidad (art 141 CC) o en menor medida ante una inhabilidad (art 152 bis CC).

Los elementos médico legales que integran la capacidad para obrar según Kraft-Ebing son:

a) Una suma de conocimientos acerca de los derechos y deberes sociales y de las reglas de la vida en sociedad.
b) Un juicio suficiente para aplicarlos en un caso concreto.
c) La firmeza de voluntad precisa para inspirar una libre decisión.

La enfermedad mental como causa de incapacidad mental se caracteriza por los siguientes elementos:

a) La existencia de un trastorno psíquico, cuya naturaleza y profundidad sean suficientes para justificar dichas repercusiones (criterio psicopatológico).
b) Permanencia o habitualidad del mismo (criterio cronológico).
c) Que como consecuencia de dicho trastorno, resulta la persona incapaz de proveer a sus propios intereses (criterio jurídico).

A nivel penal la práctica médica nos enseña que los procesos de deterioro mental pueden presentar problemas de desinhibición que motivan violencia verbal y solo ocasionalmente física o conductas anómalas. Por lo tanto, el mecanismo
principal en la posible comisión de delitos de diversos tipo es le menor control de la conducta instintiva e impulsiva y una mayor desinhibición, además de la menor conciencia de las implicación
sociales y de todo tipo que los propios actos puedan acarrear.

La situación exigiría documentar el diagnóstico de la enfermedad en el momento de cometer el delito, la situación de actividad patológica (subclínica, residual, etc) la concreción de la capacidad de conocer, comprender y querer e, incluso, el intento de establecer una conexión causal entre la patología psíquica y el delito cometido

A su vez a nivel civil estos procesos, sobre todo las demencias, la prodigalidad no son más que restricciones de la personalidad jurídica. Son causas de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impidan a la persona gobernarse por sí mismo, por lo tanto han perdido la libertad o la capacidad de elegir. El paciente afectado de un cuadro de deterioro orgánico cerebral se deberá determinar su gravedad y si tiene auténtica voluntad libre para actuar, por ejemplo para un acto testamentario.


2. CONCEPTO DE TRASTORNO MENTAL ORGANICO

Son alteraciones psíquicas que obedecen a causas orgánicas detectables: infecciones, traumatismos, intoxicaciones, tumores, o cualquier otro agente patógeno que agreda al SNC.

Se tienen en cuenta tanto en los trastornos con evolución aguda como el síndrome confusional (delirium) o la reacción exógena aguda de Bonhoeffer como en los crónicos donde se observan cambios involutivos en las demencias, el síndrome orgánico cerebral, las psicosis orgánicas y funcionales, etc.
El delirium (confusión mental) es un síndrome caracterizado por un específico trastorno de la conciencia. Tienen un origen traumático, tóxico, tumoral, infeccioso, vascular, metabólico, epiléptico, etc. Se caracteriza en general por la conciencia obnubilada, la atención dispersa, alucinaciones, amnesia lacunar, bradipsiquia e incoherencia, soliloquios, onirismo, inquietud, agitación, insomnio, automatismos, etc.
Las demencias clásicamente se las define como el debilitamiento psíquico global, progresivo, de causa orgánica que altera las funciones intelectuales y desintegra las conductas sociales.
El pronóstico depende de su etiología e inicialmente se las clasificaba en:

a) primarias: senil tipo Alzheimer, multi-infarto, enfermedad de Pick, corea de Huntington, etc, y
b) secundarias: demencias post -traumática, tumoral, tóxica, infecciosa, vascular, desórdenes metabólicos, déficit nutricionales, síndrome de Hakim-Adams, enfermedad de Parkinson, enfermedad. de Creutzfeld-Jacob, etc.

Desde el punto de vista anátomo-clínico se las clasifican en: localizadas y globales.

Las localizadas se dividen en corticales, subcorticales y axiales.

Las localizadas corticales presentan semiológicamente a individuos que se encuentran despiertos con postura erecta marcha y actividad y habla normal con parafasias, tendencia a deambular, un déficit de abstracción, hipomnesia de fijación, desorientación topográfica, apraxias y agnosias, labilidad e incontinencia emocional.

El prototipo es la enfermedad de Alzheimer, o la de Pick con su correlato anatómico la corteza cerebral frontal, temporal, parietal y el hipocampo; también la anoxia cerebral postraumática, las meningoencefalitis, las neoplasias, las multiinfárticas postraumáticas, la encefalitis herpética, etc.

Las localizadas subcorticales presentan semiológicamente a individuos que se encuentran perplejos con postura inclinada contorsionada, actividad retardada, ataxia, marcha inestable, temblor, distonía, corea, voz apagada con lenguaje normal hipomnesia e hipoprosexia, desorientación apática problemas visceroespaciales y cognitivas, tosquedad y apatía.

Se caracterizan por la ausencia del cuadro afaso-apraxo-agnósico; las dificultades de memoria, abstracción y orientación son más por retardo o inhibición que por pérdida. El paciente presenta mas dificultad de concentración, distraibilidad y falta de motivación que amnesia. Desde el punto de vista neurológico se aprecian trastornos motores. La actividad se haya retardada, con bradicinesia con hipofonía y disartria. El prototipo es la enfermedad de Parkinson y de Huntington, la de Wilson, postraumáticas, neoplásicas, multiinfárticas, paráli-sis supracelular progresiva. Se localizan en el caudado, lenticular, tálamo, mesencéfalo, sustancia nigra

Las demenciales axiales se caracterizan por el trastorno de las estructuras de la porción media del lóbulo temporal, hipocampo, fornix cuerpos mamilares e hipotálamo que controlan la memoria y el aprendizaje. No hay trastorno afaso-agnoso-apraxico como en las corticales ni retardo como en las subcorticales. Presenta ataxia, y temblores y signos polineuríticos y encefalopáticos.

El prototipo son la enfermedad de Wernicke-Korsakoff, las postraumáticas, la ence-falitis herpética, la hidrocefalia normotensiva, etc.

Las demencias globales presentan combinaciones de las anteriores, especialmente corticosubcorticales. Esto ocurre en las formas avanzadas de las demencias como la de Alzheimer o la multiinfarto.

En la Enfermedad de Alzheimer se incluye la llamada demencia senil y se considera que la presenil es de mayor carga genética y por lo tanto más grave. Su patogenia afecta lo ectodermal del sistema nervioso. La frecuencia es mayor en la mujer (2 a 3 veces), la prevalencia entre 65 y 70 años y mueren entre los 6 a 12 años luego de su aparición.

Las hipótesis causales se barajan en la actualidad son múltiples:

a) estudio del sistema colinérgico en SNC. Se ha detectado la disminución de la enzima colina-acetil-transferasa y de la acetil-colina- esterasa.
b) estudio del sistema monoaminérgico, permitió detectar disminución de dopamina, noradrenalina y 5 hidroxitriptamina, pérdida neuronal en el locus coeruleus y en el núcleo dorsal del rafe, disminución del metabolito ácido homovanílico en ganglios basales, LCR y orina
c) estudio del sistema gabaérgico. Se ha detectado la disminución de la enzima que sintetiza el ácido gama aminobutírico.
d) estudio del sistema peptidérgico. Se ha detectado una disminución de la somatostatina y de sus receptores, de la vasopresina en el LCR y de la sustancia P.
e) Se ha postulado la posibilidad de trastornos del transporte de cinc, aluminio y hierro mediante proteínas plasmáticas e interferencia en la neurotrasmisión del glutamato.
f) Existen hipótesis de un agente transmisible como virus lentos, virusgen y priones.
g) estudio de depósito de la placa amiloide cerebral y del sistema inmunológico.
h) estudios genéticos: herencia autosómica dominante localizándose el gen del subtipo familiar. La superproducción de amiloide fue localizado en el cromosoma 21 y fue detectado un aumento del ARN mensajero del beta amiloide como sustancia tóxica en el cerebro maduro. El Alzheimer presenil estaría relacionado con la región central del brazo largo del cromosoma 14.
i) Estudio de la acumulación de lipofucsina. Esta línea de investigación se focalizó en algunos pigmentos tisulares que se acumulan en las neuronas con el envejecimiento.
j) estudio del rol de la desaferentación cerebral debida a un proceso degenerativo tálamo-cortical que ocasionaría una degeneración transináptica por lo que la inactividad cerebral puede precipita la demencia.

En cuanto a la demencia vascular llamada primigeniamente arteriosclérotica su patogenia es de origen mesodérmica.

En el cerebro normal, la circulación normal está garantizada entre una mínima de 60-70 mm de Hg y una máxima de 220 a 250 mm de Hg. Si disminuye tiende a producir un síncope que, si es importante lleva a la hipoxia generalizada. Si la presión aumenta, se produce daño por isquemia tisular o hemorragias pequeñas. La constante se mantiene por autorregulación arteriolar y por la respuesta a las alteraciones químicas del fluido. Los trastornos de esta enfermedad se deben a una sucesión de múltiples infartos pequeños o a unos pocos infartos estratégicos. Independientemente de la ubicación, una pérdida de 100ml de tejido cerebral produce un severo deterioro cognitivo. Se asocia predominantemente a hipertensión, diabetes, ateromas carotídeos, fibrilación auricular, etc. La patogenia decisiva es la oclusión local trombosis o embolia.

Una muy pequeña proporción de demencias se producen por una reducción primaria del flujo sanguíneo cerebral (infartos hemo-dinámicos) o por aumento de la viscosidad sanguínea (policitemia).

La destrucción neuronal por isquemias está mediatizada por un exceso de glutamato que no puede ser extraído por las células lo que induce una exagerada entrada de calcio a su interior con la consiguiente destrucción de esta y la producción de radicales libres de oxigeno que favorece la propagación del daño de las membranas.

Los trastornos mentales de los traumatismos craneoencefálicos pueden clasificarse en. a) agudos: estado confusional agudo postraumático y b)crónicos: síndrome post-confusional, estado deficitario postraumático, epilepsia postraumática, etc.

Los trastornos mentales en los tumores cerebrales consecutivos a tumores frontales, temporales, parietales, occipitales, diencefálicos, infratentoriales.

Semiológicamente se encuentra lúcido con falta de iniciativa, postura normal marcha anormal con habla y lenguaje normal fallas mnesicas de fijación con desorientación y despreocupación.

En los últimos años se han postulado clasificaciones como las clínico-evolutiva que comprenden:

1.Demencias no tratables irreversibles
A.Procesos degenerativos
Enfermedad de Alzheimer
Enfermedad Pick
Corea de Huntington
Enfermedad de Parkinson
Esclerosis múltiple
Esclerosis lateral amiotrófica
Parálisis supranuclear progresiva
Degeneraciones cerebelosas

B.Procesos anóxicos
Demencias post paro cardiorrespiratorio
Demencia por fallo cardíaco severo
Intoxicación por CO

C.Procesos traumáticos
Demencia postraumática
Demencia pugilística
Hematoma subdural crónica

D.Procesos infecciosos
Demencia postencefálitica
Enfermedad de Creutzfeldt-Jacob
Leucoencefalopatía multifocal progresiva
Encefalopatía por HIV (complejoSIDA-demencia)

2.Demencias tratables irreversibles

A.Procesos vasculares
Demencia multiinfarto
Enfermedad de Biswanger
Infartos corticales de territorio limítrofe

B.Procesos infecciosos
Neurolúes (PGP)
Infecciones crónicas (hongos y bacterias)

C.Procesos autoinmunes
Lupus eritematoso sistémico
Vasculitis cerebral

D.Otros
Epilepsia
Demencia alcohólica
Enfermedad de Wernicke-Korsakoff
Enfermedad de Marchiafava-Bignami
Enfermedad de Whipple
Enfermedad hepatolenticular de Wilson

3.Demencias tratables potencialmente reversibles

A.Procesos ocupantes de espacio
Tumores primarios y/o secundarios
Hematoma subdural crónico
Hidrocefalia normotensiva o arreabsortiva
del adulto Hakim-Adams

B.Procesos tóxicos
Demencias secundarias a intoxicaciones
Procesos metabólicos, disendócrinos y
carenciales
Insuficiencia renal
Hipoglucemia
Porfiria
Disfunción tiroidea, paratiroidea o corticoadrenal
Déficit de vitamina B12 y folato
Déficit de niacina

C.Demencias de causa no determinadas
Modernamente tanto el DSM IV de la APA como el CIE 10 de la OMS plantean su clasificación tanto del delirium como de las demencias.

CIE 10 OMS (1992)

Trastornos orgánicos, incluyendo los sintomáticos

Demencia no especificada de otra manera
-Enfermedad de Alzheimer:
de comienzo temprano (presenil)
de comienzo tardío (senil)
-Vascular :
de comienzo agudo
por múltiples infartos (cortical)
subcortical
mixta
-Asociada a otros trastornos:
Enfermedad de Pick
Enfermedad de Creutzfeld-Jacob
Enfermedad de Huntington
Enfermedad de Parkinson
Síndrome de Hakim-Adams
SIDA

-Síndrome amnésico orgánico y delirium no inducido por alcohol o drogas

-Síndrome de Korsakov no alcohólico

-Trastornos mentales sintomáticos de: enfeermedades, daño o disfunción cerebral
(delirios, esquizofrenia, distimias, ansiedad y disociación orgánica, labilidad emocional, trastorno cognitivo incipiente, etc)

- Trastornos de personalidad o conductaless debidos a enfermedad, daño o disfunción cerebral (síndrome post- encefalítico y post- contusional , etc).

DSM IV (APA 1994)

Delirium, demencia, trastorno amnésico y otros trastornos cognitivos

-Delirium debido a intoxicación, abstinenccia, polidrogas, no especificado, etc.
-Demencia de Alzheimer (temprana o tardía)).
-Demencia vascular
-Demencia debida a SIDA
-Demencia debida a traumatismo cráneo-enceefálico
-Demencia debida a Parkinson, Huntington, Pick,
-Demencia debida a enfermedades médicas -Demencia inducida por sustancias
-Demencia polietiológica

-Trastorno amnésico debido a condición méddica general o inducido por sustancias

-Trastornos cognitivos no especificados o consecutivos a enfermedades mentales.


3. METODOS DE DIAGNOSTICO

La implementación de métodos auxiliares han permitido descubrir factores etiopatológicos. A los exámenes de sangre, orina y LCR, Rx de cráneo y el EEG se agregan en la actualidad otros más complejos Los distintos marcadores que se pueden tener en cuenta a la hora de requerir exámenes complentarios se pueden agrupar en:

1. Neuropsicológicos
La prueba más conocida es la escala de inteligencia de Wechsler para adultos (WAIS) que sirve fundamentalmente para establecer el CI con valores totales y, además para el CI verbal y para el CI manipulativo. Por lo tanto es un test fiable para determinar el deterioro orgánico cerebral. Algo similar ocurre con el conocido cociente de deterioro (CD) de Wechsler. Mas sofisticados resultan la bateria neuropsicológica Luría-Nebraska y el test de Barcelona (programa integrado de exploración neuropsicológica cuantificada).

A los fines prácticos es recomendable la utilización conjunta del MMS (Mini mental state) más BCRS (brief cognitive rating scale) más FAST (Functional Assessment stages).

El MMS, la escala de Hasegawa y la escala de Blessed permiten una primera impresión. En individuos con deterioro se usan a continuación las escalas de Reisberg y ante un problema de diagnóstico diferencial son útiles las escalas de Hachinski y de Wells.

Se debe tener en cuenta los coeficientes de sensibilidad, especificidad y valor predictivo.

La sensibilidad quiere decir que del porcentaje de la población no geriátrica que tienen un mal rendimiento cognitivo son correctamente identificados por un puntuaje inferior al punto de corte o umbral establecido (mínimos falsos negativos).

La especificidad quiere decir que el porcentaje de los cognitivamente normales puntúan por encima del umbral (pocos falsos positivos).

Un valor predictivo positivo significa que el porcentaje de quienes puntúan por debajo del umbral establecido en el test son auténticos casos de déficit cognitivo (pocos falsos positivo).

2. Neuroradiológico
Actualmente los métodos más útiles se basan en el procesamiento digital de señales y en la obtención, por reconstrucción de imágenes tomográficas: tomografía computada (TAC), la resonancia nuclear magnética (RNM), el estudio del flujo sanguíneo regional (CBF) más la imagen de isótopos radioactivos (SPECT), y la tomografía por emisión de positrones (PET).
La TAC se utiliza para descartar hemorragias, infartos, y tumores, la resonancia magnética para observar detalles de los ganglios basales, hipocampo, cerebelo y tallo cerebral, la tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT) estudia el flujo sanguíneo cerebral local, y la PET que estudia el metabolismo cerebral.

La cisternografía (para descartar la hidrocefalia), la angiografía (aneurisnas, malformaciones arteriovenosas, neoplasias, etc), senografía carotídea (Doppler) para descartar los casos de ateromatosis

3. Neurofisiológicos
El electroencefalograma es anormal en el 80 % de los pacientes con EA, combinado con TC su porcentaje de acierto se eleva al 90%. Lo más característico es elentecimiento de la actividad alfa (8-13 Hz) y una reducción de los índices de sincronización cortical con ondas thetas (4-7 Hz) difusas y actividad delta (0-4 Hz), acompañadas de una reducción simétrica de la actividad beta (14-20 Hz) de bajo voltaje.

Los potenciales evocados auditivos (PEA) en la EA la latencia P300 y la amplitud N200 están aumentadas, lo que puede utilizarse como índice diagnóstico.

El mapeo cerebral (MC) es de gran utilidad en estudios de correlación entre disfunciones cognitivas y alteraciones neurofisiológicas.

4. Neuroquímicos
Los estudios del LCR con bajos niveles de acetilcolina indican un avanzado estado de demencia. En la EA se reduce la acetilco-linesterasacolina transferasa, la somatos-tatina y el factor liberador de corticotropina.

5. Neuroendocrinos
No son fiables por que están sujetos a múltiples variables. No obstante se puede realizar el test de supresión de dexametasona (no discrimina sobre otras depresiones) y el test de factor liberador de la hormona de crecimiento que en EA produce una respuesta en el nivel de la hormona de crecimiento, ausente en individuos normales.

6. Genéticos
Se basa en la existencia de un gen ligado al cromosoma 21 que se trasmite en forma autosó-mica dominante.

7. Anatomopatológicos
Tiene valor al utilizarse la biopsia cerebral ante mortem para la confirmación diagnóstica de la demencia



4 DIAGNOSTICO DIFERENCIAL

Con el deterioro cognitivo focal como las afasias, el síndrome amnésico ya sea por " amnesia hipocámpica" (mantiene afectividad y la conciencia de situación) o "amnesia diencefálica" (sin conciencia de enfermedad y fabulación de relleno) y la lesión del gyrus angularis (afasia sensorial y síndrome de Gerstmann caracterizado por acalculia, agrafia, agnosia digital confusión derecha-izquierda).

Con el deterioro cognitivo global de los estados confusionales (20% de los ancianos la pueden padecer en forma transitoria por intercurrencias clínicas).

Las seudodemencias se describen la tipo I (trastornos cognitivos producidos por trastornos psiquiátricos funcionales como las distimias y que son reversibles); y las tipo II (trastornos de conducta global con un aparente déficit intelectual como se observan en las conductas con beneficio secundario, abandono o disociativas de huída como el síndrome de Ganser, la simulación, los cuadros histéricos, etc., y las tipo III que comprende a los pacientes con sintomatología de delirium (confusiones subagudas)


5. CONCEPTO MEDICO LEGAL

Como puede observarse en las clasificaciones, los trastornos mentales orgánicos constituyen un grupo con clínica muy variada, que no puede resumirse fácilmente. En la variación influyen las características personales, la etapa del desarrollo en que el sujeto se encuentra al enfermar y los factores sociales que hacen a la realidad vivencial del enfermo.

A pesar del amplio espectro de manifestaciones psicopatológicas, es útil tener en cuenta dos principales grupos:
a)síndromes en que lo fundamental es la afectación de las funciones cognitivas (disminución de la atención, sensorio, memoria, inteligencia, aprendizaje, etc);
b)síndromes en que la afección principal gira alrededor de la percepción (alucinaciones), contenido del pensamiento (delirios), humor (depresión, ansiedad, angustia) o en los patrones de conducta (desadaptación).
Los procesos cerebrales orgánicos son en última instancia un debilitamiento parcial o total de las facultades mentales dada por una pluralidad orgánica causal, de evolución habitualmente progresiva e irreversible y pronóstico incierto dependiendo de la etiología.

Se puede considerar que un 5 a un 10% de sujetos mayores de 60 a 65 años se encuentran por ejemplo afectados por demencias moderadas o severas y otro 20% presenta síntomas de deterioro psíquico. Alos 80 años el 20% de los individuos presenta cuadros compatibles con demencia.

Se trata pues de un síndrome clínico de deterioro intelectual, adquirido y persistente, producido por disfunción cerebral, con compromiso en mayor o menor grado del lenguaje, memoria, habilidades visoespaciales, afectividad, personalidad y cognición (abstracción, juicio, calculia, etc). Esta decadencia adquirida y global de las funciones intelectuales, de naturaleza orgánica (metabólica o estructural) que produce una desintegración de las conductas sociales y personales del paciente y que frecuentemente, presenta un curso progresivo y crónico.

Va precedida de deterioro en el "control emocional, conducta social o motivación"

Desde el punto de vista médico legal una definición operativa de demencia debe contar los siguientes presupuestos

1) Deterioro de un nivel superior previo (diferenciar de retraso mental)
2) Global (todas las áreas psíquicas)
3) Funciones cognitivas (memoria principalmente)
4) Estado de conciencia claro (diferenciar de delirium)
5) Más de seis meses de duración.
6) Repecursiones sociales.

Además se debe tener en cuenta un criterio de gravedad de deterioro según sea:

1) Leve: mantiene autonomía (higiene personal, capacidad de juicio)
2) moderada: autonomía afectada (peligros sino tiene control)
3) grave: necesita control de terceros en forma continua.

Debe tenerse en cuenta que el perito debe establecer claramente la gama de matices que van desde el envejecimiento normal hasta los cuadros demenciales más profundos al momento de contestar los puntos de pericias tanto en lo penal, en lo civil, en lo laboral, etc.

El envejecimiento normal produce: efectos positivos, ya que al individuo lo acerca a la sabiduría (mayor objetividad por menos apasionamiento), mejor resolución de las circunstancias cotidianas por acumulación de experiencia y efectos negativos como deficiencia sensorial y motriz y dificultades para incorporar nuevos conocimientos.

Puede aparecer en los ancianos un proceso de psicoesclerosis caracterizado por un leve deterioro de la memoria, fatigabilidad, perseverancia y rigidización del pensamiento, ansiedad, irritabilidad y trastornos del humor. Comienza entonces con envejecimiento de la "persona" el envejecimiento del "organismo".

Algunos individuos se dementizan cuando dan muestra de pérdida de la capacidad judicativa al fallar en la crítica de su enfermedad y de la realidad. Primero en forma incipiente: ruptura de la continuidad histórica esperable de acuerdo a cada personalidad. Imperfección en las tareas habitua-les, torpeza para adquirir nuevos conocimientos (no aprende), abandono o descuido de sí mismo, desprecio por las normas convencionales sociales que siempre respetó, ocultamiento de los déficit que aparecen o negación de los mismos. Fallas mnésicas con fabulación de relleno sobre todo de la fijación. Afasia nominal (imposibilidad de encontrar la palabra que quiere utilizar). Concretización del pensamiento (puerilización), expresiones con circunloquios o "frases hechas", reverberación y machaconería, pérdida de la capacidad de ridículo, falta de autocrítica, sobrevaloración y egocen-trismo, hipotimia o labilidad emocional (disforia: angustia, irritabilidad y fastidio), falta de concentración fatiga e inconstancia. Hipobulia con impulsividad en personas no impulsivas. Reacciones desproporcionadas con intemperancia. Reclusión, aislamiento, avaricia, ideas de perjuicio. Abandona la queja por la apatía y el desinterés que lo afecta. Incapacidad de adaptarse a nuevas situaciones por rigidez e inflexibilidad. Hipocondría y cuadros psicopatológicos anexos.

Luego entran en el período de estado cuando se estructuran: a) trastornos del lenguaje: afasia amnésica, parafasias logoclonias y palilalia. b) trastornos práxicos: apraxia constructiva, ideomotriz, del vestir, ideatoria, de la marcha, c) trastornos gnósicos: agnosia auditiva, visual, de reconocimiento, etc, d) trastornos motrices: piramidalismo, extrapiramidalismos.

En síntesis el individuo con un proceso cerebral orgánico que deteriora su psiquismo puede pasar una etapa psicológica cuando solo presenta un deterioro funcional mínimo, una etapa psiquiátrica cuando surge un deterioro mental cognitivo y una etapa neurológica cuando se agregan trastornos afásico, atáxico, apráxico, agnósico.

De manera tal que desde el punto de vista psiquiátrico en función de lo médico legal el cuadro clínico de las demencias se debe tener en cuenta que la sintomatología fundamental podría separarse en dos grandes campos: el cognitivo y el conductual.

En el cognitivo se agrupan en el deterioro de las funciones corticales superiores: a) trastornos de la atención, memoria y orientación, b) incapacidad de aprendizaje, del flujo ideativo, la capacidad de razonar y de juicio. c) pérdida de habilidades y capacidades adquiridas (lenguaje, resolución de cálculos y problemas, hábitos, cuidado personal ) d) trastornos de la marcha y de capacidad ambulatoria.

En lo conductual los cambios son general-mente secundarios a un factor desencadenante; aparece pérdida del control emocional, con agitación y violencia, ideación delirante paranoide, ansiedad, fobias e hipobulia.

La magnitud del deterioro debe interferir el funcionamiento social y laboral. El efecto deletéreo de las demencias se extiende no solo del enfermo hacia el medio, sino también de éste hacia el enfermo (abuso del enfermo).



6 CONSIDERACIONES MEDICOLEGALES

Para poder responder a los puntos de pericia que suelen solicitar los jueces es necesario realizar algunas reflexiones médico legales.

En los casos claros en que el deterioro cerebral orgánico sea de tal magnitud como para restarle al examinado aptitud de comprender y dirigir sus acciones (art 34 inc CP)) o a nivel civil le impida dirigir su persona y administrar sus bienes (art 141CC) no surgen en general mayores inconve-nientes.

Las discusiones suelen girar alrededor de los cuadros donde el deterioro del examinado es incipiente o no manifiesto desde el punto de vista cognitivo, pero no obstante ello surgen controversias con respecto a la capacidad civil del mismo, sobre en lo que atañe a la capacidad para manejarse con autonomía frente a decisiones legales, o cuando aparece como pasivo receptor de las actitudes delincuenciales por parte de terceros.

Nos vamos a detener a reflexionar sobre estos últimos casos. Para ellos debemos recordar los conceptos de lucidez mental y el de la capacidad de comprensión del accionar.

El estado de lucidez tiene que ver con el estado mental desde el punto de vista psíquico y no debe confundirse con el estado lúcido desde el punto de vista clínico general. Toda persona que no está dormida o en coma, puede presentar neurológicamente diversos estados de conciencia de acuerdo a su mayor o menor claridad del campo de la misma. Es decir, el estado vigil que tiene que ver con el estar despierto, puede presentar diversos estados o niveles de lucidez mental, desde el punto de vista psicológico, de acuerdo al tipo de perturbación de la conciencia.

Se entiende por lucidez mental, no solo el estado vigil de alguien, sino que éste además presente psicológicamente un estado de normalidad de su actividad psíquica. Es decir, que las áreas intelecto-afectiva-volitiva no presenten alteraciones y permitan una buena relación del sujeto con sus circunstancias.

En el caso que, en un peritado, se observe un déficit cognitivo incipiente, pero no se tengan evidencias médicas fehacientes que presente una patología mental que perturbe en forma franca el área intelectual de su psiquismo, al grado tal que interfiera su lucidez psíquica, ello no permite aseverar que las áreas afectiva y volitiva no se encuentren interferidas.

Cada acto humano requiere un grado de lucidez mental acorde a la complejidad del mismo y dependiendo del estado emocional en que se encuentre el ejecutor.

No es lo mismo, la lucidez que se requiere para pedir un vaso de agua, para estar orientado en tiempo y espacio, o para decidir un acto que trasciende el presente y que tiene consecuencias futuras como es por ejemplo un acto de administración o disposición.

El "quantum" o móvil de conciencia que se requiere para evaluar los antecedentes de un hecho, para precisar una situación actual o para la proyección futura de un acto, exige un estado de lucidez mental pleno, sin interferencias afectivas de importancia para permitirle al sujeto actuar con autonomía y decisión independiente. Frente a una situación que interfiera dicha autonomía, por ejemplo limitaciones psicofisicas, la carga emocional displacentera va a interferir la deliberación y la decisión conductual haciendo que el individuo ante una necesidad, busque ayuda o apoyo en terceros, sobre todo si se los cree confiables, para que lo ayuden a tomar la decisión volitiva esperada. Es decir, frente a un conflicto el ser humano se torna dependiente, influenciable y sugestionable, sin que por ello se manifieste para el observador como una disminución ostensible de la lucidez.

Por tal razón se distinguen grados o niveles de conciencia. Así se describe siguiendo a Vicente Cabello:

a) Conciencia físiólogica: tiene que ver con los reflejos más primarios, que solo se suprimen frente a un estado de coma profundo.
b) Conciencia sensoriomotriz: responde a los automatismos psicomotores (hablar, caminar, gesticular, etc.) que solo en el estado de inconsciencia se pone de manifiesto como descontrol del esquema corporal (por ejemplo: intoxicaciones con drogas o alcohol)
c) Conciencia perceptiva: relacionada con la captación de la realidad por los sentidos, en la interacción del yo con sus circunstancias, es lo que habitualmente se hace referencia cuando se habla de alguien "lúcido mentalmente". En los cuadros de confusión mental se encuentra alterada.
d) Conciencia discriminativa: que tiene que ver con la valoración decisiva de los actos, por ejemplo lo lícito de lo ílicito, lo bueno o lo malo es decir, que requiere la capacidad para comprender los actos.
e) Conciencia reflexiva: tiene que ver con la capacidad de autocrítica frente a una decisión y sus consecuencias. Este último nivel es el de mayor jerarquía y es el primero que se pierde frente a circunstancias de frustración, fracaso, enfermedad, minusvalía, etc.
En la conciencia reflexiva, la persona tiene capacidad de hacer lo que debe según las circunstancias y prever sus consecuencias.

En cuanto a la comprensión del accionar, teniendo en cuenta lo ya vertido, según los distintos grados o niveles de conciencia, debemos aquí aclarar que la voluntad es un tipo de "energía" estática que posee el ser humano y que frente a los requerimientos intelectivo-afectivos, se convierte en energía dinámica (acción). Esta acción corresponde a lo que se denomina acto voluntario.

Todo acto voluntario semiológicamente reconoce una etapa de elaboración consciente y una etapa de ejecución.

La etapa de elaboración consciente es una acción "implícita" o intrapsíquica que se denomina conación.

La etapa de ejecución es una acción "explícita" o extrapsíquica que corresponde a la conducta ejecutada o manifestada.

La conación va a depender cuanti-tativamente del monto potencial de deseos o motivaciones que presente un individuo de acuerdo a su estado de ánimo, influenciado por innumerables circunstancias normales o patológicas. Así podemos encontrar una persona hiperbúlica (con mucha carga volitiva), hipobúlica ( con poca carga volitiva), abúlica (sin carga).

Esto va a determinar cualitativamente que frente a diversas patologías o circunstancias aparezcan impulsos (actos irreflexivos) o compulsivos (actos forzados).

La etapa ejecutiva tiene que ver con la expresión gestual mímica corporal, etc., es decir, lo neuromuscular en movimiento y que se trasunta por una conducta ejecutada, es la acción propiamente dicha, que va depender de la carga potencial implícita antes mencionada.

De manera tal que, la conación (pre-acción) es el período que va desde el desear al hacer.

La conación según Mira y López requiere una tensión interna que desde el punto de vista psicológico se llama "intención" y se trasunta por una actitud corporal o postura. Este período comienza con manifestaciones intelecto afectivas como los deseos, las ideas, las necesidades, etc. (intelección).

A éste, le sigue un lapso de lucha en el cual el deseo cobra fuerza frente a la duda o la inquietud que disminuye (deliberación).

Luego se establece el plan de acción, vencidas las resistencias internas. Aquí el individuo rumia los actos preparativos del cuándo, dónde y cómo para lograr un propósito (dirección).

Por último, aparece la reacción motriz voluntaria, surge el acto (decisión).

En casos como los planteados, no surgen evidencias claras de que el estado de lucidez mental se encuentre perturbado, pero no se puede descartar, que quien padece un proceso orgánico-cerebral que haya afectado su conciencia discriminativa y reflexiva no presente algún tipo de minusvalía que se traduzca en la pérdida de su autonomía y lleve a estas personas a un tipo de dependencia anaclítica, es decir, la necesidad de un tercero donde reclinarse. Esto en conexión con el déficit discriminativo y reflexivo los torna proclive a estados de sugestionabilidad e influenciabilidad.

En cuanto a la comprensión de su accionar lo expuesto nos permite presumir que los períodos deliberativos y decisivos de la conación se pueden encontrar interferidos por la sobrecarga afectiva displacentera que pueden presentar como conse-cuencia de estados de dependencia psicoemo-cional, razón por la cual, las decisiones asumidas en el lapso de decidir actos de administración pueden encontrarse razonablemente influenciados por estados de dependencia o vulnerabilidad que le resten aptitud en su toma de conciencia reflexiva.

Por lo tanto podemos concluir reafirmando la importancia de tener en cuenta en el examen psiquiátrico forense de un trastorno cerebral orgánico de las formas incipiente o poco manifiesta del deterioro cognitivo a la hora de expedirnos sobre los hechos que nos toca realizar la peritación.-

 

Fecha de Publicación: 1-9-2000

Farmacología

La Vitamina E y su rol en la Enfermedad de Alzheimer

Dra Analía M. Furio
Laboratorio de Neurociencia. Departamento Fisiología. Facultad de Medicina. UBA

Estrategias en la Enfermedad de Alzheimer

Dr. Ignacio Brusco *

 

La Vitamina E y su rol en la Enfermedad de Alzheimer

Dra Analía M. Furio
Laboratorio de Neurociencia. Departamento Fisiología. Facultad de Medicina. UBA

Introducción

La EA es un desorden neurodegenerativo asociado a la edad avanzada y caracterizado por la pérdida progresiva de la memoria y deterioro cognitivo.

La examinación patológica de cerebros pertenecientes a pacientes con EA revelan: atrofia generalizada, placas neuríticas y ovillos de neruro-filamentos.

Muchas líneas de evidencia sugieren que el stress oxidativo es importante en la patogénesis de la EA .

En particular el beta Amiloide (B-A) que hallado en forma abundante en los pacientes con ésta enfermedad es tóxico en cultivos de células neuronales a través de un mecanismo que involucra la producción de radicales libres. En forma adicional, tal vez otros procesos también sean inducidos por el B-A como por ejemplo: la activación de células de la microglía rodeando a las placas neuríticas(1)

Últimamente existen diversas hipótesis por las cuales se supone que los diversos mecanismos relacionados con el B-A en la patogénesis de la EA convergen en una vía final común que es la producción de radicales libres. (2)

Estudios epidemiológicos sugieren que existen diferentes agentes que pueden prevenir el de-sarrollo de la enfermedad o detener el deterioro pro-vocado por la misma. Estos agentes incluyen:vit E, selegilina (agente inhibidor de la monoaminoxidasa B), estrógenos y drogas antinflamatorias. Si bien estas drogas presentan diversas estructuras y mecanismos de acción diferentes, presentan una propiedad en común que es la protección contra los radicales libres.


Daño oxidativo en el cerebro

El sistema nervioso central es parti-cularmente vulnerable a la peroxidación de lípidos por el alto contenido de estos y la alta proporción de ácidos grasos polinsaturados.(3) En los pacientes con EA la concentración de malondialdehído, que es una medida de peroxidación lipídica, se encuentra elevada (4,5). La peroxidación de lípidos puede promover la formación de especies reactivas de oxígeno y daño en el ADN.

Las neuronas en particular son sitios de daño extensivo no sólo por especies reactivas de oxígeno sino también por especies reactivas de nitrógeno.


Uso de la vitamina E

Recientemente se ha concluido un trabajo clínico multicéntrico que consiste en la administración de Vit E y selegilina a pacientes con EA moderada.

El objetivo de este estudio fue determinar si tanto la vit E como la selegilina podrían dismimuir el deterioro funcional de estos pacientes.

Se estudiaron un total de 341 pacientes a los cuales se le administraron 2000 UI de vit E y selegilina 10 mg/dl tanto en forma individual como ambos tratamientos combinados.

Los factores a tener en cuenta fueron: la institucionalización del paciente y la pérdida de las actividades básicas de la vida diaria.

En ambos parámetros se obtuvieron resultados beneficiosos en forma significativa. El grado de significación en fue: en aquellos pacientes que recibieron sólo Vit E (p< 0.001), sólo selegilina (p<0.01), y tratamiento combinado (p<0.05).

Estos resultados sugieren que el tratamiento con vit E retrasa el deterioro cognitivo y la progresión de la enfermedad.


Dosis de Vitamina E

La concentración normal en plasma de vit E es de 11,6 a 30.8 umol/L (6).

Teniendo en cuenta la posibilidad de que la vit E puede ser beneficiosa para la prevención o disminución de los mecanismos fisiopatológicos que llevan al desarrollo de la EA, es crítico resolver cual es la dosis óptima requerida para este propósito. En algunos estudios clínicos en los cuales se utilizaron dosis elevadas (entre 3000 y 3200 UI) fueron observadas complicaciones gastrointestinales tales como: indigestión, distress gástrico y diarrea persistente.

Fue demostrado en trabajos de expe-rimentación con animales, que suplementos dietarios de vitE incrementan la concentración cerebral de la misma entre un 30-60% de la concentración observada en el plasma (7-8).

Extrapolando estos resultados al ser humano, una dosis de 2000 UI de vit E aumentan un 50% la concentración cerebral de la misma.

Con estos datos y teniendo en cuenta el estudio clínico antes mencionado, es un valor suficiente para obtener su efecto neuroprotector sin que provoque ningún tipo de complicación.



Referencias


1. Katzman R, Kawas C, The epidemiology of dementia and Alzheimer disesse. New York: Raven Press, 1994:105-19
2. Jackson GR,Werrbach-Perez K, Pan Z, Sampath D, Perez-Polo JR. Neurotrophinregulation of energy homeostasisin the central nervous system.Dev Neuroci 1994,16:285-90.
3. HalliwelB, Gutteridge J. Oxigen radicals and the nervous system. Trends Neuroci 1985,8:22-6
4. Balazs L, Leon M. Evidence of an oxidative challenge in the Alzheimer's brain. Neurochem Res 1994,19:1131-7.
5. Palmer AM, Burns MA Selective increase in lipid peroxidacion in the inferior temporal cortex in Alzheimer' disease. Brain Res 1994,645:338-42
6. Meydani M, VitaminE, Lancet 1995,345:170-5
7. Momji A, Morimoto N, Okuyama I, Yamashita N, TashiroN. Effect of dietary vitamin E on lipofucin accumulation with age in the rat brain. Brain Res 1994,634:62-8.
8. Vatassery GT, Brin MF, Fahn S, Kayden J, Traber MG. Effect of high doses of dietary vitamin E on the concentrations of vitamin E in several brain regions, plasma, liver, and adipose tissue of rats.
J Neurochem 1988,51:621-3

Estrategias en la Enfermedad de Alzheimer

Dr. Ignacio Brusco *

*Médico Psiquiatra y Neurólogo
Director del Centro de Alzheimer, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.
Presidente de Alzheimer Argentina



Esta enfermedad es uno de los problemas sanitario , social y cultural mas importante del nuevo siglo dada la gravedad de los síntomas , su evolución pero pricipalmente su asociación con la vejez y que nuestra sociedad se encamina a partir del aumento de la edad poblacional hacia el envejecimiento.
Las alteraciones neuropsicológicas de la EA incluyen anomalías de la memoria reciente y remota, afasia, trastornos visuoespaciales y visuoconstructivos y defectos de cálculo, praxias, abstracción y juicio. El compromiso neuropsiquiátrico incluye alteraciones de la personalidad, ideas delirantes y confusión, alucinaciones y depresión, trastornos en el sueño, del apetito y de la sexualidad, y presencia de conductas motoras anormales Típicamente, los síntomas más severos y tempranos en la EA son las dificultades insidiosas y progresivas de la memoria para recordar los aprendizajes o situaciones más recientes, hecho que es seguido de alteraciones del lenguaje, capacidades visuoespaciales, praxias y compromisos de la atención. En los estadios intermedio y tardío de la enfermedad suelen aparecer una serie de síntomas de la esfera conductal que afecta significativamente la calidad de vida de los pacientes y convivientes
.
El diagnóstico de la EA es fundamentalmente clínico, ya que hasta el presente, carecemos de algún marcador biológico o de alguna prueba diagnóstica que permita identificar positiva y selectivamente a la enfermedad, más allá de la valoración anatomopatológica definitiva.
En virtud de ello, la valoración clínica continúa siendo la herramienta más importante en el proceso de diagnóstico, contando además con la colaboración de la neuropsicología y de algunos métodos complementarios de diagnóstico
La distinción entre los aspectos cognitivos y los no cognitivos (también denominados primarios y secundarios) se utilizará con un criterio organizativo y didáctico, ya que en la clínica la coexistencia y superposición de estos fenómenos es habitual y está por encima de esta dicotomía.
Los actuales criterios diagnósticos permiten un alto índice de sensibilidad y eficacia diagnóstica, cercano al 85% de los casos. Las normalizaciones proponen un consenso de normas diagnósticas a emplear en nuestro medio, minimizando las controversias surgidas del empleo de las diferentes propuestas.
Actualmente el estudio Genético permite una aproximación mayor fundmentalmente a partir del estudio del gen de la apolipoproteina ?E (APO-E) lo que permite en algunos casos acercar el diagnóstico aún a más del 85 % de certeza.
En el cuadro clínico de la EA, podemos reconocer la afectación de las siguientes áreas:
1- cognitiva
2- conductal
3- Ritmos diarios y sueño vigilia



Aproximarse a la terapéutica de la Demencia de tipo Alzheimer (DA), implica reconocer los diferentes tipos de síntomas presentes: básicamente cognitivos, no cognitivos y comportamentales. El término no cognitivo se utiliza para incluir alteraciones en el comportamiento, humor, percepción (ilusiones y alucinaciones), alteraciones en curso y contenido del pensamiento, y nivel de actividad (tanto motora como verbal). La agresión verbal y física, apatía, retraimiento social, depresión, suspicacia, trastornos del sueño, actividad sexual incrementada o disminuida, negativismo o resistencia al tratamiento deben ser consideradas como síntomas no cognitivos.
El término no cognitivo se ha escogido para diferenciar estos síntomas de los que son cognitivos en su origen, es decir síntomas que surgen directamente del deterioro en la memoria, juicio, función visoespecial, habilidad matemática, manipulación de objetos cuando la función motora está intacta (praxia), y lenguaje entre otras. Mientras que la distinción entre síntomas no cognitivos y cognitivos es clara en la teoría, no lo es tanto en la práctica. Por ejemplo si un paciente acusa falsamente a sus familiares de que le roban cosas, se podría describir esto como ideas de tipo paranoico. Sin embargo el deterioro cognitivo del paciente puede ser el origen del síntoma, habiendo olvidado el mismo donde deja sus cosas, siendo el síntoma no cognitivo la acusación a sus familiares, pero el síntoma cognitivo de origen la hipomnesia de fijación.
El síntoma más claro de la DA es el deterioro de la capacidad cognitiva como resultado de la destrucción neuronal. Sin embargo los síntomas no cognitivos ocurren de manera frecuente, siendo una fuente de dificultad tanto para el paciente como para los cuidadores, considerando algunos autores que son los verdaderos síntomas nucleares del síndrome demencial. Si bien se puede reconocer que los síntomas no cognitivos no aparecen en todas las personas con DA, son a menudo la razón primaria por la que un paciente busca atención médica. Es evidente entonces que un correcto tratamiento de las modificaciones conductuales de un enfermo con DA genera no sólo una mejoría del rendimiento conductual sino también un aumento de las posibilidades intelectuales del paciente. Estos cuadros además condicionan socialmente al enfermo y son quizá la causa más frecuente de una internación temprana, lo que indudablemente modifica la situación futura y encarece claramente los costos generados por esta enfermedad.

OBJETIVOS ESPECIFICOS DEL TRATAMIENTO

Restaurar el funcionamiento neuronal
Es generalmente aceptado que el curso clínico de los síntomas neuropsiquiátricos y comportamentales de la DA surgen como resultado de alteraciones en el complejo sistema de comunicaciones intra e intercelulares. Se sabe actualmente que algunos de los síntomas de la DA se deben a la disfunción de sistemas neuronales específicos causados por alteraciones en la transmisión de señales y/o muerte celular. El efecto inicial que lleva a la cascada de eventos que concluyen en alteraciones de la transmisión aún no es conocido, no pudiendo precisarse si factores genéticos únicos o múltiples, sean en secuencia o combinación, están involucrados en el proceso degenerativo.


Prevenir la pérdida de sinapsis y muerte celular
Existe evidencia que indica que la DA se asocia con significativa pérdida de sinapsis, cambios dendríticos y muerte celular. Está claramente relacionada la gravedad de la demencia con la extensión de la pérdida sináptica. Si bien la causa precisa y los mecanismos subyacentes a la pérdida neuronal no son claros, existen varios factores posibles, tales como neurotoxinas endógenas y exógenas, alteraciones metabólicas, alteraciones en la homeostasis del calcio, procesamiento anormal de la proteína precursora amiloidea, y cambios en las proteínas de las neuronas
Para retardar la progresión del proceso degenerativo es esencial desarrollar tratamientos que mantengan la estabilidad sináptica, y aseguren la supervivencia de las neuronas. Algunos tratamientos, que utilizan factores de crecimiento neuronal y técnicas de terapia genética podrían ser fructíferos en el futuro.


A) TRATAMIENTO DE LOS SÍNTOMAS PRIMARIOS COGNITIVOS

Se definen como síntomas primarios aquellos que involucran pérdida de la memoria (tanto de fijación como de evocación) y otros trastornos cognitivos (tales como afasia, apraxia, agnosia y otras alteraciones en funcionamiento ejecutivo).

AGENTES COLINERGICOS

Múltiples evidencias avalan el importante rol que juegan los mecanismos colinérgicos en la DA, entre ellos:
1. Los agentes anticolinérgicos con acción central producen déficits cognitivos en humanos.
2. La neurotransmisión colinérgica modula la memoria y el aprendizaje.
3. Las lesiones que afectan vías colinérgicas centrales producen deterioro en el aprendizaje y la memoria, que pueden ser revertidos con la administración de colinomiméticos.
4. Estudios postmortem de pacientes con DA muestran pérdida de neuronas colinérgicas en el septum y núcleo basal de Meynert, disminución de la colina acetiltransferasa y de la acetilcolinesterasa, y correlación entre estos cambios y el grado de deterioro cognitivo.
A partir de ello se teorizó que incrementar la transmisión colinérgica central resultaría de utilidad en el tratamiento de la DA. Esto se puede lograr utilizando precursores de la acetilcolina, inhibiendo la enzima que la degrada, la colinesterasa, o utilizando agonistas postsinápticos directos.

Precursores de la acetilcolina
En un principio se postuló aumentar la disponibilidad de los precursores de la acetilcolina, lo cual aumentaría la síntesis de la misma e incrementaría la neurotransmisión. Para ello se administraba lecitina o colina. Pero debido a que el sistema de captación de colina se encuentra habitualmente saturado en condiciones normales (del 98 al 99%), el aumento de los precursores extracelulares no aumentará la síntesis de colina o su liberación, siendo solo útiles en las condiciones en que exista gran actividad colinérgica y demanda aumentada del precursor (poco probable en condiciones clínicas habituales, lo que explicaría su escasa utilidad clínica).

Inhibidores de la Acetilcolinesterasa
Si
bien no se mostraron útiles para todos los pacientes con DA, existe un grupo de los mismos que pueden beneficiarse del tratamiento con inhibidores de la acetilcolinesterasa, siendo estos aquellos pacientes con comienzo tardío del cuadro, estadios iniciales de la enfermedad y ausencia de enfermedad orgánica asociada.


Donepezil : es una benzilmetilpiperidina, inhibidor mixto (competitivo - no competitivo) de la enzima, que muestra un perfil terapéutico similar a la droga patrón, la tacrina, aunque mucho más potente. Presenta una vida media prolongada, superando las 80 horas, lo que facilita su administración en una sola toma diaria, se indica en dosis diarias de 5 o 10 mg una vez al día. A diferencia del tacrine no mostró hepatotoxicidad ni tampoco elevada incidencia de intolerancia digestiva. Los efectos adversos más frecuentes son náuseas, vómitos, anorexia, insomnio, calambres y bradicardia.

Galantamina: Es una amina terciaria fenantrénica, usada en el tratamiento de paresias, parálisis y miastenia gravis, recomendándose dósis de entre 20 y 60 mg/día.. Su vida media es de 8 horas, y entre los efectos adversos más habituales se encuentran la agitación insomnio e irritabilidad.


UNA NUEVA DROGA

Memantine: es una droga nootrópica, que actúa bloqueando los receptores NMDA. Se la administra en dosis de 30 mg diarios y bajo este régimen los pacientes presentaron índices de mejoría estadísticamente significativos, cuando los cuadros fueron leves o moderados. Las reacciones adversas descriptas incluyen inquietud, acatisia, y molestias gastrointestinales leves.

ANTIOXIDANTES

Dentro de este heterogéneo grupo debemos mencionar a la Vitamina E, a la Seleginina y al bifemelano.
Vitamina E (tocoferol) : demostró tener propiedades protectoras ante el daño neuronal en estudios en animales, esto inspiró la conducción de ensayos clínicos en pacientes con demencias. Se lo utilizó en dosis de 2.000 UI al día, evidenciándose un retraso en la progresión de la enfermedad por 7 meses, pero sin una mejoría en los síntomas.
Demostró ser una droga segura con una incidencia baja de efectos adversos, siendo éstos principalmente trastornos en la coagulación sanguínea.
Seleginina : es un inhibidor irreversible de la monoaminooxidasa "B" a dosis baja y de la monoaminooxidasa "A" a dosis altas, utilizado para el tratamiento de la depresión y de la enfermedad de Parkinson, que se creé que actúa en forma similar al resto de los antioxidantes, esto es evitando la muerte celular y con ello la progresión de la enfermedad. Asimismo interfiere con la hiperactividad de la monoaminooxidasa B observada en la DA. Es eficaz a dosis baja (10 mg/día), no teniendo su efecto mejorador de la cognición ninguna relación con el efecto antidepresivo El principal efecto adverso es la nauseas, mareos, molestias abdominales y sequedad bucal, siendo el síndrome tiramínico de difícil observación por las dosis utilizadas). Esta droga esta contraindicada en aquellos pacientes que reciben antidepresivos tricíclicos, IRSS o meperidina.


ANTINFLAMATORIOS

Clínicamente se ve que los pacientes que recibieron antiinflamatorios en forma crónica, como en poblaciones con artritis reumatoidea o lepra, presentan una incidencia mucho menor de DA. Se postulan efectos beneficiosos sobre la enfermedad, al uso prolongado de antiinflamatorios, tales como indometacina .

b)TRATAMIENTO DE SÍNTOMAS SECUNDARIOS NO COGNITIVOS

Mientras que los síntomas primarios de la DA son el deterioro de la memoria y la pérdida de otras habilidades cognitivas, los pacientes también desarrollan síntomas secundarios incluyendo depresión, ansiedad, agitación, delirio, alucinaciones e insomnio. No hay que minimizar estos síntomas, ya que se calcula que ocurren en una amplia mayoría de enfermos (alrededor del 60 %), siendo en general la base de la mayoría de las complicaciones de la enfermedad. Los psicofármacos son las drogas más utilizadas para estos síntomas, pero conllevan el potencial de efectos adversos tales como sedación, desinhibición, depresión, caídas, incontinencia, parkinsonismo y acatisia.. Cronobióticos Como melatonina han demostrado su beneficio en el tratamiento de las alteraciones del ciclo sueño-vigilia y la irritabilidad en la tarde característico de estos pacientes

Hay principios generales a seguir para el tratamiento de los síntomas secundarios en la DA:
1. Definir el tipo de síntomas lo más claramente posible para focalizar la terapia, y en lo posible manejarse con monodrogas.
2. Evaluar la importancia del síntoma tanto para el paciente como para los cuidadores.
3. Tener en cuenta que algunos síntomas son transitorios y propios de la evolución natural de la enfermedad.
4. Buscar los eventos precipitantes.
5. Considerar modificaciones del medio y terapias no farmacológicas
6. Comenzar con dosis bajas de fármacos, y hacer los aumentos necesarios de manera lenta.
7. Luego de que los síntomas fueron controlados, evaluar el descenso o retiro de la medicación, de acuerdo a cada síntoma.

C) NUEVAS POSIBILIDADES NO FARMACOLÓGICAS DE TRATAMIENTO

Es importante considerar no sólo enfermo al paciente sino al cuidador del mismo que generalmente es un familiar y se encuentra en estrés crónico . Entonces las medidas de ayuda a través del apoyo de grupos da ayuda para familiares y cuidadores como los que funciona en la Asociación Alzheimer Argentina que aconsejan, orientan y contienen a familiares y cuidadores son especial importancia.
La ayuda al paciente no consiste solamente en medicación sino que interviene psicólogos, terapistas ocupacionales, foniatras, kinesiólogos en el tratamiento en donde la múltiple estimulación es imprescindible.
No debe olvidarse que esta enfermedad es una enfermedad de toda la familia y que el trabajo interdisciplinario es esencial para el correcto abordaje del paciente y su entorno.

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Fecha de Publicación: 24-2-2004

 

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