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  Material Didáctico: Elementos Inhibidores de la Autonomía Personal

El ser humano se encuentra ante dos tipos de elementos inhibidores en función de su procedencia: unos son de tipo individual o personal, y otros de tipo colectivo, provenientes de la influencia de la sociedad. Los primeros tienen su raíz en los patrones de comportamiento heredados y aprendidos que modelan la actividad del ser adulto, mientras que los segundos provienen de la presión que la sociedad ejerce sistemáticamente sobre cada individuo.

 

En definitiva, unos y otros son elementos a los que el individuo debe hacer frente, sabiendo que en unos debe enfrentarse consigo mismo y, en otros, con la sociedad. Si conocemos estos elementos inhibidores, podremos tratar de limitar su incidencia.

Los elementos inhibidores individuales más destacados son: los prejuicios personales, la autoimagen, el prestigio, las necesidades no primarias, la efectividad posesiva, las normas, las ideas establecidas y los fanatismos.

Los elementos inhibidores colectivos son: la sociedad individualista, la tendencia al uniformismo social, la programación de las interdependencias, los códigos éticos y los reglamentos.

LOS PREJUICIOS PERSONALES

Los juicios que una persona tiene sobre sí misma y sobre los demás pueden acabar convirtiéndose en prejuicios que limitan su vida y le impiden desarrollar su personalidad de forma crítica. Estos constituyen opiniones e ideas prefijadas, carentes de análisis y ajenas al curso del pensamiento, que instalan en el propio torrente personal a través de los prejuicios de los demás o de la deficiente resolución de conflictos internos.

LA AUTOIMAGEN

Todo el mundo tiene su propia autoimagen; es imposible no tenerla. El problema surge cuando ésta es rígida, sin posibilidades de modificarla en función de las circunstancias. Algunas personas tienen una autoimagen sobrevalorada que les proporciona seguridad. En la medida en que esta autoimagen no se quiebra, no se sale de los patrones esperados, el sujeto sigue siendo capaz de controlar su realidad y de creer que su valoración es correcta. Pero cuando llega alguna información que contradice la opinión que tiene de sí mismo, entonces pierde sus elementos de seguridad, tiene dificultades para adaptarse a situaciones nuevas y se impide toda posibilidad de crecimiento personal.

 

Algunas personas también tienen una autoimagen rígida, pero en sentido negativo; se sienten insatisfechas con su forma de ser y se encuentran en ella la explicación de su infelicidad, y así como justificación suficiente para no pretender modificar su realidad.

EL PRESTIGIO

En relación con la autoimagen está el prestigio. Si la autoimagen es la imagen que se tiene de uno mismo, el prestigio es algo que se cree haber conseguido de los demás a través del propio comportamiento. Muchas veces, de una manera infantil e ingenua, se llega a creer que se ha alcanzado un gran prestigio por los halagos sociales que se perciben.

Otras veces, puede sentirse la sensación de estar estúpidamente <<desprestigiado>> por haber recibido una crítica o censura. En general, solemos ser víctimas de la opinión que los demás tienen de nosotros y nos esforzamos, aunque no querramos admitirlo, por conservar y, en lo posible, aumentar nuestro prestigio.

El hombre puede convertirse en víctima del prestigio, la autoimagen y el prejuicio, convencido de que controla dichos sentimientos. Porque, aunque no se quiera, todo sujeto tiene autoimagen de sí mismo, un prestigio social o, por lo menos, una imagen de sí mismo delante de la sociedad. Se quiera o no, es necesario enfrentarse a esta situación, en beneficio propio de los demás. Todo individuo debe estar convencido de que es él quien lleva el timón de la realidad, y no que la realidad le conduce a él.

LAS NECESIDADES NO PRIMARIAS

El ser humano tiene ciertas necesidades básicas que precisa tener cubiertas para poder aspirar a desarrollar su vida en plenitud. Quien carece de trabajo y en consecuencia, de un elemental nivel adquisitivo, o del mínimo nivel cultural para establecer correctos mecanismos de razonamientos, quien no recibe la mínima efectividad de los demás o carece del espacio necesario para vivir, no tiene cubiertas las necesidades primarias.

De todos modos, resulta difícil establecer el límite entre las necesidades primarias y las no primarias, pues el hombre tiende a ir acumulando necesidades, hasta el punto de vivir dramáticamente la pérdida de algún elemento que objetivamente puede considerarse superfluo.

La sociedad va inculcando deseos, aficiones, gustos, comodidades, que acaban por ser pocos menos que impredecibles. En un tiempo no muy lejano, el hombre no se planteaba la necesidades la necesidad del coche. Actualmente, para muchos ciudadanos, el vehículo se convierte en una necesidad de rango primario. No hace mucho, a un individuo le podía parecer insensata la necesidad de beber determinados líquidos que no fueran los que le ofrecía la naturaleza; el agua, sobre todo, el vino, en situaciones de excepción. En el momento actual, existe una necesidad casi primaria de beber determinadas sustancias.

En ciertas familias, una noche con el televisor estropeado puede suponer un verdadero cataclismo. El consumismo, del que depende el equilibrio económico de toda la civilización, está condicionado los hábitos y costumbres del ser humano en torno a la necesidad de poseer <<cosas>> y utilizar servicios. El hombre es tanto más libre cuantas menos necesidades tenga, o sea cuando menos imprescindible le resulten las cosas que se pueden considerar como accesorias. Este planteamiento no supone rechazar el bienestar y el goce que proporciona la técnica y el progreso, sino ser capaz de disfrutar de una música, de un paisaje o de un coche, sin sentirlos imprescindibles para la felicidad, sin que suponga una frustración tener que prescindir de ellos en un momento determinado. Se trata de no perder las señales de identidad, de dar siempre mayor importancia a lo que se es que a lo que se hace o se siente. Nada puede ser considerado tan necesario como el propio ser. Muchas pequeñas y grandes necesidades, que el hombre va adquiriendo a lo largo de su culturización, le van empobreciendo y limitando en su libertad e independencia. Cada vez será más difícil romper con esta situación.

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