| Grasa, sudor y Franceses: |
| El plan llevaba
mucho tiempo en la mente de Jose. Él conocía la existencia de una zona
inigualable para practicar la mountain con un disfrute máximo. Se refería
a una zona desértica, replica exacta del Colorado norteamericano. Hablamos
de Las Bardenas, al sur de Navarra. Una zona seca, sin verdor y alejada de
todo núcleo urbano. Un infierno solo accesible para bikeros con aguante. Dos fines de semana se tuvo que posponer la aventura, tiempo en el que Jose trato de reclutar a mas voluntarios. Al final, el viernes 8 a las 17:30 en Pío XII había cuatro personas: Iñigo Tamayo, Erik Iraola, Paul Valencia y el propio Jose. A las 18:00 salía el bus con dirección a Pamplona, pero iba entre pueblos, ya que el directo por autovía estaba tan lleno que no pudimos facturar en él nuestras monturas. Así pues, a las 19:45 llegamos a la capital Navarra, de donde salimos una hora mas tarde con dirección a Tudela, donde los tíos de Jose nos brindaron una sabrosa cena y alojamiento, además de ducha, requisito indispensable para Iñigo, quien al final de la aventura se acabo confesando señorito. Allí llegamos poco antes de las 22:00. Al día siguiente el despertador nos suena a
las 7:30, pero el apego a una cama confortable hace que no nos levantemos
hasta las 8:00. Un largo desayuno, unos ajustes en la potencia de Paul, en
los frenos de Jose y un
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Finalmente nos despedimos de los tíos de Jose a las 10:00, llevando con nosotros toda la parafernalia que íbamos a necesitar. Sacos, esterillas, ropa de recambio, térmicos, chubasqueros, neceseres, sandalias, herramientas, cámaras de recambio, una tienda de campaña y demás, que se repartían entre las mochilas de cada uno y las útiles alforjas de Jose. Cogemos una pista ganadera paralela al Ebro para evitar el asfalto, y en particular la tediosa recta de Arguedas. Llegamos a Arguedas, ultimo pueblo de nuestro recorrido, tras recorrer 17 km. Allí nos avituallamos con comida para los días siguientes. 3 barras de pan, jamón, chorizo, chocolate, frutos secos, gominolas y unos bombones rellenos de guinda al licor que luego se revelarían como efectivo agente dopante. Todo a las espaldas (o a las alforjas).
Según los planes, nuestro siguiente destino era la ermita de la Virgen del Yugo, ya en la Bardena. Allí había un albergue abierto, con lo que llegamos tras informarnos de ello en la gasolinera de Arguedas. Jose y Paul juran entonces dormir en la tienda aunque hubiera sitio en albergue. Iñigo se niega y Erik se reserva la decisión para mas tarde. Para llegar al albergue nos vemos obligados a remontar un duro repecho de bienvenida a La Bardena, donde el grupo se fragmenta en dos parejas: Iñigo y Jose en cabeza, y Erik con Paul en la retaguardia.
En el albergue se nos comenta que todas las camas estaban reservadas, y la cara de Iñigo deja ver el sentimiento que le produce la idea de tener que dormir en la tienda. ¿Pero reservadas para quien? La respuesta nos la da la llegada de cinco Land Rovers y una furgoneta llena de Francoises, Pierres y Dominiques: Franceses.
Reservamos la cena y dejamos los útiles que no vamos a usar en la marcha (sacos, esterillas, tienda y algo de ropa) en el albergue, a pesar de las pegas de sitio que nos presenta la alberguera. A partir de entonces las alforjas de Jose se convierten en "despensa en ruta" comunitaria. Alli nos llevamos desde la comida del dia hasta los chubasqueros, pasando por cámaras de repuesto, linternas, herramientas, cámaras, frutos secos y demás aperitivos. La voluminosa mochila de Paul colaboro ampliamente en este menester.
Partimos de la Virgen del yugo hacia las 12:00. Abandonamos el asfalto para alegría de Paul, Jose y Erik y desilusion de Iñigo. El camino es pedregoso y la nube de polvo que levantamos al rodar ciega la visión al compañero a la zaga. El peor enemigo, el viento que desequilibra nuestras bicis. Con camino cerrado por valle o por elevación, el viento no pasa y no se nota. Son frecuentes las paradas para consultar el mapa, ya que la infinidad de pistas y cañadas que atraviesan la Bardena hacen difícil la orientación.
Finalmente, y en una de las veces que paramos a consultar el mapa, eventualmente desorientados y aprovechando el resguardo del viento que nos proporciona una loma con arbolado, nos "deshacemos" de bocadillos, algún fruto seco y gominolas. Nuestra comida del día. Al acabar, y tras el desgarrador bloqueo de la cadena de Paul encontramos tres cabañas que nos reconcilian con el mapa, a las cuales accedemos tras un improvisado trial. Entramos al Vedado de Eguaras y ascendemos al llamado Torreón de Doña Blanca. Mas franceses. Una serie de barrancos terrosos nos obligan a echar la bici al hombro. No seria la primera vez que lo hiciéramos. Hacia las 17:00 decidimos iniciar el regreso por Las Cortinas, ya que hay que montar la tienda con luz del día, y aunque el corazón de Paul dice "sigamos", sus piernas no parecen estar de acuerdo. Lo hacemos pasando por Castildeterra un curioso cerro cónico con "txapela" causado por la erosión, el enclave más emblemático de La Bardena, y atravesando un par de barrancos con agua que hicieron que el propio Paul se bañara antes de lo previsto. Encontramos el lugar de concentración de los franchutes; una cabaña de pastoreo donde aparcan la furgoneta para llevar las bicis. Sin mayores incidencias llegamos a la carretera que lleva al Poligono de Tiro del Ejercito del Aire. Nos equivocamos en la toma de la pista de regreso, ya que para entonces el mapa estaba medio deshecho. Bici al hombro para atravesar un regatillo y solucionado. En la cuesta final, una francesa se las da de listilla, pero allí estaban Erik y sus reservas energéticas ocultas para hacerle tragar el polvo que desprendían sus neumáticos. Eso por quitarnos las camas.
Tras ducharnos teníamos que poner la tienda. Fue toda una Odisea. En el albergue nos habían dicho que la Policía Foral solía despertar de madrugada a los que acampaban por libre haciéndoles desmontar la tienda. Había que montarla oculta. En definitiva, montamos la tienda a oscuras, con un viento que se lo llevaba todo y para colmo el suelo estaba tan duro que no podíamos ni meter una sola piqueta. Las impresiones del grupo acerca del sueño de aquella noche fueron para todos los gustos. Lo que esta claro es que no nos pillaron los forales.
Día siguiente. Domingo. Nos despertamos pronto para aprovechar el día al máximo. 7:00 arriba. El desayuno que nos sirve la alberguera supera nuestras expectativas tanto en calidad como en precio. Cargamos todo, tienda incluida en mochilas y alforja y nos disponemos a llevarlo todo con nosotros, para dejarlo mas a mano para la vuelta, y evitar la endemoniada ascensión a la Virgen del Yugo. Justo cuando más nos urgía el tiempo nos llega lo impredecible. Iñigo rueda por delante. Se para. Jose le pregunta sin detenerse si hay problemas. Ante la contestación manda detener el grupo. Pinchazo. En un tiempo increible cambiamos la rueda y la hinchamos con un rudimentario hinchador. Jose localiza el reventón. Suerte que llevábamos de todo.
Dejamos la carga en la finca Los Aguilares, gracias a un pastor que nos deja su garaje. A las tres debíamos estar allí para volver a Tudela con tiempo para coger el autobús de vuelta a San Sebastian. El recorrido del día nos lleva a rodear el amplio Poligono de Tiro militar, rodeado de señales de "Zona militar. Prohibido el paso". La pista es muy pedregosa. Otro pastor que pasa con un coche nos indica la toponimia de toda la Bardena, lo que aprovechamos para confirmar nuestra posicion en el mapa. Nos dirigimos al Rallon, una zona de riscos erosionados que dominan la Bardena. Al pie de la Ralla, uno de los macizos, la furgoneta con unos 20 gabachos. Durante nuestra ascension nos adelantan un grupo con "quads" que se tiene que dar la vuelta al complicarse y estrecharse la subida. Solo en la punta del Rallon contemplamos lo que es la Bardena, su increible extensión y su espectacularidad.
Bajamos y seguimos rodando por una serie de pistas con dunas lisas, ideales para hacer malabares con la bici mientras se espera la reorganización del grupo. Tras dudar bastante y echar muchas ojeadas al mapa salimos por El Caldero y nos encontramos a los cinco Land Rovers que se han parado, esta vez para ver los aviones del Polígono de Tiro. Seguimos llaneando hasta llegar a la Cabaña Aguirre, punto donde el día anterior habíamos visto reunidos a los mismos franceses. Comemos con tranquilidad, y discutimos acerca de que hacer esa tarde. Es pronto para llegar a la granja donde están las cosas para iniciar el regreso a Tudela, pero tarde para alargar demasiado la vuelta. Al final nos decantamos por la primera opcion y llegamos a Arguedas al cabo de una hora, cargados y listos para coger el bus.
Mas tarde, a las 18:30, de noche y mientras el bus de regreso dejaba las ultimas luces ocres del dia ocultándose tras las dunas de las Bardenas, y todos dormían cansados, Jose observaba desde su ventanilla las miles de hectareas de piedra y tierra erosionadas que quedaban a nuestra derecha. Es la Bardena. Ese "axoide fijo" para nuestras ruedas que le había comentado Iñigo en un momento de nuestro largo periplo cicloturista de fin de semana. Una cosa sacamos segura. Si alguien piensa que vamos a dejar que las huellas que hollamos con nuestros neumaticos en la tierra bardenera se cubran de polvo esta muy equivocado.
Iñigo Tamayo, Paul Vladimir Valencia, Ion Erik Iraola y Jose Luis Valentín.
Bardenas; 8, 9 y 10 de Noviembre de 2002