

Maxxis High Roller Type R, cubierta de altas prestaciones con un dibujo sencillo y con poco relieve que las hace mortíferas en terreno seco y sin grandes irregularidades. Su perfil cuenta con una pendiente gradual en la banda de central que disminuye la resistencia a la rodadura, cosa que no se aprecia bien en la imagen. Su uso es exclusivo para la competición, y su generoso taqueado lateral le confiere una óptima estabilidad. Chele realizó una elección más que acertada.

La organización, el Club Ciclista Arguedano, dio contínuas muestras de su buen saber hacer. Bajo su verde maillot corrían, a modo de homenaje, los recién retirados Roberto Lezaun y Juan Carlos Garro. Chele tuvo ocasión de verlos y rodar junto a ellos durante unos diez kilómetr

¡Pum! 1400 bikers salen a afrontar el reto del desierto. 100 de ellos abandonarán, otros tantos sufrirán deshidrataciones y 8 serán evacuados en helicóptero hasta el hospital de Pamplona. ¿Qué misteriosa fuerza impulsa a un lunático a afrontar una prueba extrema?
Chele, semioculto tras el biker de cubiertas rojas, rueda atravesando las calles de Arguedas, abriéndose paso a través de la marea biker.

La bardena, una tierra árida, yerma, egoísta, que no tiene piedad de ningún biker, aunque los nuestros de TECNUN se dejaron el pellejo entre estas dunas talladas por el sol, el agua y los siglos.
Pum!! El cohete indicaba la salida. Pero los 200 metros de masa biker enfrente nuestro tardaron unos 10 minutos en comenzar a moverse. Eso da fe de la cantidad de gente presente en la prueba. Con eso de que era de carácter no-competitivo, había todo tipo de mentalidades presentes. Desde el pensionista con bici de 15 kilos que iba a pedalear hasta que se cansase hasta el biker de pro con ánimo de superación.
Chele se identificaba bastante con este último colectivo. No por lo de biker de pro, sino por lo del afán de superación. Rodó junto a los compañeros a lo largo del callejeo por Arguedas, pero ya se encontró ciertamente limitado por el bajo ritmo que éstos imprimían cuando se empezaban a hollar las primeras tierras bardeneras. La densidad de biker por metro cuadrado era aún bastante grande. No obstante, esa condición permitía entrever el ambiente de compañerismo y buen rollito entre los participantes. Cada codazo involuntario o molestia al participante cercano era seguidamente acompañado de una disculpa y una sonrisa que de largo se agradecían. Así pues, Chele comenzó a escalar puestos, desde un aproximado 1300. Su llegada al primer y generoso avituallamiento coincidió con la salida de los allí presentes, controlada por la organización. Aunque se afanó por encontrar a su equipier, la escopeta del Arga, entre los puestos de cabeza, no logró hacerlo. Se avitualló convenientemente y continuó su marcha a un ritmo rápido, como el que le había llevado hasta allí. Un bello descenso de unos 500 metros supuso la continuación a partir de esa primera parada.
Avituallamiento en Castildeterra o chimenea de brujas. Transcurridos unos 50 kilometros desde la partida, Chele arribó a este punto en una posición envidiable y en una buena condición física. El sol justiciero y la carencia de un entrenamiento adecuado traerían las posteriores vacas flacas.
Tras ese momento, y tras pasar un par de avituallamientos líquidos, y lo que es más importante, cientos y cientos de bikers, e incluso clubes enteros que rodaban en grupo, se llegó al fin de la primera parte de la prueba, que concluía en la mítica Castildeterra o chimenea de brujas. Unos kilómetros antes, en numero aproximado de 7 u 8, Chele ya había alcanzado al grupo de cabeza que rodaba con buen ritmo tras las furgonetas que abrían la prueba. En Castildeterra, y ya en una posición nada desdeñable, nuestro Chele se dispuso a descansar y a retomar fuerzas, con el más generoso avituallamiento de todos, a base de fruta variada, pastelillos, sandwiches, bebidas energéticas, agua de cisterna, barritas energéticas, frutos secos y un largo etcétera. Tres cuartos de hora duró el descanso, tras lo cual, las furgonetas reanudaron su marcha y nuestro biker continuó con su escalada de puestos.
El recorrido siguió hacia el sur, en dirección al cuartel del Ejército del Aire. Fue entonces cuando Chele se metió en la boca del lobo. En la cabeza de la carrera. Allí estaban aquellos bikers combativos dispuestos a mantener el puesto a uñas y dientes, nada que ver con el espíritu de paseo y de comodidad que había dejado puestos atrás. Los codazos eran continuos, y debías andar con cuidado para no meter la rueda en la cuneta ni resbalar, pues la caída entre esa densidad podía tener fatales consecuencias.
Al rebasar el cuartel y comenzar a rodear el polígono de tiro por su zona sur, allá por el kilómetro 55, un encontronazo con un biker fue el detonante para que un Jose cuyas fuerzas no habían dado señal de flaqueza hasta el momento se sumiera en un repentino abandono de energías. Tras el pajarón, un montón de ciclistas que iban por detrás comenzaron a adelantarle ante su total impotencia. No fueron pocas las palabras de ánimo para este biker esforzado, si bien una minoría hizo leña del árbol caído. Mientras, nuestro incansable Jose llegaba a un avituallamiento líquido, donde descansaba y bebía en abundancia, hasta reponerse casi al completo. Con renovadas fuerzas, partía diez minutos más tarde con un impulso propio del principio de la prueba, gracias al cual remontó no pocos puestos. No obstante, la pérdida previa había sido grande. El envidiable puesto junto a la furgoneta quedaba demasiado distante, y ya no sería alcanzado.

Bella imagen del Polígono de Tiro. A la derecha se aprecia el cuartel. Los kilómetros centrales se rodaron por esta zona. Tras rebasar dicho enclave, los bikers acometieron una de las zonas más correosas de la prueba. Eso supuso el infierno para Chele, quien no se recuperaría hasta kilómetros más tarde, ya sin posibilidades de triunfo.
Si las dificultades no habían sido pocas, un tirón en la parte posterior de la rodilla izquierda de Chele se sumó a la carencia de agua y al sofoco. Recordamos que la prueba transcurrió a más de 35 grados sin una sola sombra, dado que era Junio, y hacia esa altura de la carrera serían las 2:00 PM. El recorrido de vuelta se solapaba parcialmente por la zona norte, con lo que se rodaba por lugar conocido. La Bardena está cortada por barrancos trazados a cuchillo por el agua sobre la tierra, y por esa época estaban secos. La carrera los atravesaba perpendicularmente. Había zonas parcialmente cubiertas de una espesa capa de polvo, que se levantaba y cegaba al biker a la zaga. En más de una ocasión Jose se lanzó al interior de una de estas nubes de polvo con la única confianza del control al tacto. Los surcos camuflados no fueron impedimento para nuestro biker, cuyos rápidos reflejos permitieron el control compensado de su máquina e hicieron más espectacular aún si cabe el trayecto.

Barranco de las Cortinas. Se observa la nube de polvo que se levanta en su parte más baja tan sólo por efecto del aire. Más de 1000 bikers cortarían estos suelos, cruzándolos perpendicularmente, con una capa de polvo en ocasiones de más de dos palmos.
Tras recuperar la altura y llegar de vuelta al que había sido primer avituallamiento, el recorrido se habría de solapar hasta la llegada, sólo desviándose para afrontar el último gran desafío, la virgen del Yugo. Tras rebasar el kilómetro 80, aunque con las fuerzas muy mermadas, los bikers y particularmente Chele sacaban fuerzas de donde fuera para concluir la prueba. Llaneo y ligera bajada hasta ese último sufrimiento que, representado con una ermita, un albergue y unas antenas, se alzaba ante nosotros.

Sobre un cerro, ya cerca de Arguedas, se eleva sobre la Bardena la ermita de la Virgen del Yugo, acompañada del albergue de mismo nombre.
Un gran gentío se amontonaba en lo alto del Yugo, animando a cada ciclista que allí llegaba, algunos sufriendo cada pedalada. Muchos fueron los que se apearon y ascendieron a pie. Desde allí una agradable bajada de dos kilómetros hasta Arguedas. La prueba había terminado.

Esta fémina sonríe a su llegada a Arguedas. No era para menos. Atrás quedaban 105 kilómetros del más duro desierto.
Finalmente, Chele acabó en el puesto 320, a resultas de su pájara. El incombustible Akerreta, la escopeta del Arga, concluyó en segunda posición, a menos de un minuto del primero. No es de extrañar, ya que aseguró encontrarse en buena forma física, y no se esperaba menos de él.
La Extreme Bardenas nos enseña un nuevo concepto de deporte extremo en un escenario que ya conocíamos. El año que viene repetiremos, tratando de mejorar las marcas e insistiendo en ser acompañados por un mayor número de bikers de TECNUN. Hasta entonces agradecemos el buen trato recibido de todo el mundo, a la organización, y a esa vieja amiga, caprichosa, estricta, cercana... la Bardena.