http://www.ilustrados.com/publicaciones/EpZFEyEyVlVZMzCFTz.php
Libro y lectura en la era digital - El gran
desafío de la educación actual
"A nosotros, los
lectores de hoy, supuestamente amenazados de extinción, todavía nos queda por
aprender qué es la lectura. (Manguel, Alberto. "Una historia de la
lectura". Santa Fe de Bogotá: Editorial Norma, 1999; p.41)
"En los albores del
siglo XXI, el libro sigue con más vigencia que nunca, no en vano deja tras de
sí muchos años y generaciones como contenedor y transmisor de cultura."
(Alfredo Bryce Echenique, "El placer de la palabra escrita" En: El
Dominical de El Comercio de Lima, 23 de junio de 2002)
La primera versión de
este trabajo apareció el 10 febrero de 2003 en monografías.com. con el título «El futuro del libro y el libro del futuro.
Una mirada desde la óptica pedagógica». A raíz de ello he venido recibiendo comentarios generosos
de diversos lectores cuyos campos de acción profesional se encuentran dentro de
las ciencias de
Asimismo otros lectores
me hicieron llegar sugerencias en el sentido de lo beneficioso que hubiera sido
el incluir más hipervínculos y tratar temas conexos que me fueron proponiendo.
Se me hizo notar que el enfoque pedagógico del libro y la lectura no ha
merecido muchos estudios, fundamentalmente desde una perspectiva que abarque no
solo el campo estrictamente educativo e histórico, esto último solo como
basamento para una más adecuada comprensión del tema, sino también sus
múltiples implicancias en lo sociológico, económico, mundo libreril, etc. En
realidad sí existen excelentes estudios aunque requieren ser más conocidos.
Muchos de ellos se encuentran en la red y es por ello que a través de los
hipervínculos sugiero leerlos para un mejor conocimiento del tema. He tratado
de utilizar excelente trabajos y en lo posible de autores cuya trayectoria
intelectual es reconocida.
El haber releído varias
veces el trabajo y seguir profundizado con el tema me llevó a la decisión de
que una segunda versión con un nuevo título que reflejara mejor el espíritu del
trabajo era necesario y me permitiría subsanar algunos errores formales que
aparecen en el estudio anterior y, lo que es más importante, considerar algunos
aspectos que no había tocado o lo había hecho muy de pasada como es por ejemplo
el gran cambio que ha sufrido la lectura con el hipertexto y el hipervínculo,
así como el consignar los hipervínculos que en la primera versión no creí
necesario incluir, tal vez pensando que el trabajo no a iba a ser leído por
personas con cierto nivel de especialización. En lo fundamental el trabajo es
el mismo solo que trata de estar más pegado con lo que debe ser un texto de
formato electrónico, aunque nuevamente se me quedan algunos temas, ya no en el
tintero sino en mi cerebro, en el disco duro de mi computadora y en varios
disquetes donde voy acumulando materiales para temas que tengo en proyecto,
pero que en este caso concreto considero requiere de un trabajo aparte (que
pronto espero comenzar a bosquejar), debo reconocerlo motivado por el excelente
libro «
Nuevamente la gracias a
todas aquella personas que me escribieron acerca de mi trabajo y espero que
esta vez vean reflejadas algunas de sus críticas y sugerencias.
1. ¿TECNOLOGÍA E INVOLUCIÓN DEL HOMBRE?
"Las desventajas
del libro frente al hipertexto hacen presagiar su
desaparición y el nacimiento de una nueva cultura, con profundas repercusiones
sociales, en especial en los modelos de enseñanza-aprendizaje, que tienen en el
libro un fiel transmisor de información y esparcimiento con memoria
indeleble".
(Cote, Eduardo.
"Educación y cibersociedad: Hipertextos e hipermedia".-http://www.clasevirtual.net/publicaciones/hipertextos.htm)
¿Está realmente el libro
en peligro de extinción debido al avance de la tecnología de la información?. Miquel Barceló, en el prólogo del interesante libro de
Nicholas Negroponte "Being Digital", traducido como "El mundo
digital", señala algunas implicancias de la llamada revolución de las
tecnologías de la información (informática más telecomunicaciones). Barceló nos
dice, por ejemplo, que "La informática, tecnología automatizada del
proceso de datos, permite hacer en millonésimas de segundo los cálculos y
operaciones que, sin información, exigen tiempos, como mínimo, del orden del
segundo" (Op. cit; España, 2000; p. 11). Pero, como muy perspicazmente
señala Barceló, el futuro tecnológico - yo diría ya el presente- tiende a
distorsionar la realidad y hacerla paradójicamente contradictoria e inhumana.
Barceló, citando a Edgar Pisani, nos recuerda "que en algunos lugares del
planeta (y el ejemplo paradigmático es África)
las autopistas de la información pueden llegar antes que las necesarias e
imprescindibles tuberías que transportan el agua potable para evitar o reducir
el alcance de las muchas enfermedades infecciosas existente"(Op. cit;
p.15).
Esta dualidad compleja,
como la denomina Francisco Aguadero en su libro "La sociedad de la
información" (Madrid: Acento Editorial, 1997) presenta hechos tan
increíbles como el que la mitad de la población mundial no ha hecho una sola
llamada telefónica en su vida (dato de
Resulta necesario, por
lo tanto, aclarar que muchas veces se utiliza como equivalentes «sociedad de la
información» y «sociedad del conocimiento», no siendo ello realmente cierto,
ateniéndonos justamente a esa «dualidad compleja» de la que nos habla Francisco
Aguadero. Como muy acertadamente se escribe en El Correo de
«Some are already speaking indiscriminately of the "information
society" and the "knowledge society". Should we not stop
confusing "information" and "knowledge"? The oversupply of
information may be condemning knowledge – which involves mastery of information
through knowledge and critical reflection. In short,
education.
Most of all, participation in the "civilization of the
immaterial" is extremely patchy in different parts of the world. How can
we fight against "techno-apartheid" when, as we know, the new
technologies are one of the keys to the 21st century, to accessing information
and setting up distance education networks? A system where five per cent of
people have access to new information sources such as the Internet is surely,
"undemocratic and structurally unsound system" as Paul Kennedy
suggested at UNESCO’s 21st Century Talks.»
Habiendo precisado
algunos lineamientos sobre las implicancias a nivel planetario de la llamada
sociedad de la información en este mundo globalizado aunque con desigualdades
que tienden a agudizarse, centrémonos en el presente y futuro del libro frente
al desafío de las tecnologías de la información. Muchas veces el problema está
mal planteado, mal enfocado. Pretendemos, con este trabajo, aportar una
aproximación desde nuestra óptica de profesional de la educación.
El libro de Negroponte, uno de los mayores
expertos mundiales en multimedia y que tiene a su cargo la dirección del
Laboratorio de Multimedia del Massachusetts Institute of Technology, nos brinda
un enfoque esclarecedor. En la introducción de su libro, que lleva el sugestivo
título de "La paradoja de un libro", Negroponte se plantea la siguiente interrogante:
"¿Entonces, Negroponte, por qué eres tan anticuado y escribes un libro,
que además no lleva ilustraciones?. ¿Por qué la
editorial entrega esta obra en átomos en lugar de bits, cuando,..., es tan
sencillo ofrecer estas páginas en formato digital, que era de donde venían? Y
el propio Negroponte nos da las tres razones de esta decisión, y que
debidamente analizadas y reflexionando sobre ellas nos permiten comprender, en
sus múltiples dimensiones, el presente y el futuro del libro. Las tres razones
que esgrime Negroponte, son las siguientes:
"La primera es que
no hay suficiente medio digitales al alcance de ejecutivos, políticos, padres y
todos los que más necesitan entender esta cultura tan radicalmente nueva.
Incluso en donde los ordenadores son omnipresente, en el mejor de los casos la
interfaz actual es rudimentaria y está muy lejos de ser algo con lo que uno
desearía irse a la cama" (Es necesario recordar que el libro, en su
primera edición en inglés, apareció en 1995).
"La segunda razón
es mi columna mensual en la revista Wired. El éxito tan sorprendente e inmediato
de Wired demuestra que existe un público numeroso que se quiere informar acerca
de gente y estilos de vida digitales, no sólo de teorías y equipos..."
(Negroponte es el fundador de la revista Wired en la que escribe una
interesante y amena página mensual)
"La tercera es una
razón más personal y ligeramente ascética. Los multimedia interactivos dejan
muy poco margen a la imaginación. Como una película de Hollywood, los
multimedia narrativos incluyen representaciones tan específicas que la mente
cada vez dispone de menos ocasiones para pensar. En cambio la palabra escrita
suelta destellos de imágenes y evoca metáforas que adquieren significado a
partir de la imaginación y de las propias experiencias del lector" (Op.
cit. ; pp.24-25). [El remarcado es nuestro]
Permítaseme reconocerle
a Negroponte una honestidad intelectual extraordinaria, porque considero que
esta tercera razón es la más relevante para comprender el significado del
libro, tal como tradicionalmente lo entendemos. Ya diversos estudiosos han
puesto énfasis en el hecho de que sea nada menos que una de las grandes figuras
de los multimedialistas el encargado de reconocer que el libro, llamémosle
tradicional, permite realmente el pensar, cosa que cada vez ocurre menos con
los multimedias interactivos. Es bueno señalar que Negroponte comienza su libro
citado diciéndonos: "No me gusta leer porque soy disléxico". Pero
termina su introducción con el siguiente párrafo: "Cuando se lee una
novela, gran parte del color, del sonido y del movimiento provienen de uno
mismo. Pienso que se necesita el mismo tipo de contribución personal para
sentir y entender como «ser digital» puede influir en nuestra vida. Espero que
se lea a usted mismo en este libro. Y que conste que esto lo dice alguien a
quien no le gusta leer"
Desde que Giovanni Sartori, en 1997
publicara su "Homo videns", contamos con un análisis profundo de la
sociedad teledirigida, donde se da una videocracia y donde existe el peligro,
incluso oponiéndose a ello o más bien teniendo conciencia de sus graves
implicancias negativas, de convertirnos en una generación digital, que
Calvo-Platero y Calamandrei (citados por Sartori) la describen como una
generación cuyo lenguaje "consiste en «hipertexto, compresión de datos,
amplitud de banda y bites»" y que se encuentra muy a gusto "en el
mundo virtual, en ese mundo tridimensional creado por un ordenador en el que te
mueves llevando una máscara y guantes especiales" (Op. cit; p.59).
Trataremos de expresar
lo medular del pensamiento de Sartori. Él parte de la precisión de que el
hombre es un animal symbolicum, es decir que posee una capacidad simbólica que
se despliega en el lenguaje, específicamente en el lenguaje de nuestra habla y
es por ello que animal symbolicum significa animal loquax, animal parlante o
locuaz. El lenguaje no es sólo instrumento del comunicar, sino también del
pensar, donde el pensar no necesita del ver.
La gran ruptura entre el
hombre symbolicum y el homo videns se produce a mediados del siglo XX, con la
llegada de la televisión, a partir de cuyo
momento el ver prevalece sobre el hablar. Para el televidente las cosas
representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con
palabras. Pocas décadas después el progreso tecnológico nos ha sumergido en la
era cibernética o de la multimedia, donde se logra no solo la unificación de la
palabra, el sonido y las imágenes, sino que además nos introduce en la llamada
realidad virtual, y que en palabras de Sartori "es una irrealidad que se
ha creado con la imagen y que es realidad sólo en la pantalla. Lo virtual, las
simulaciones amplían desmesuradamente las posibilidades de lo real; pero no son
realidades" (Op. cit.;pp. 32-33)
¿Pero cuál es el mal o
el peligro? Sartori señala que una de las consecuencias nefastas es que se está
produciendo una metamorfosis en la naturaleza misma del homo sapiens, en la
medida que la televisión "no es sólo instrumento de comunicación; es
también, a la vez, paideia, un instrumento «antropogenético», un médium que
genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano, el homo videns,
caracterizado por responder casi exclusivamente a los estímulos audiovisuales y
como consecuencia de ello insensible a los estímulos de la lectura y del saber
transmitidos por la cultura escrita. El homo videns está perdiendo la capacidad
de abstracción y por ende las capacidades de análisis, de crítica, de
comprensión e incluso el de diferenciar entre lo verdadero y lo falso. En las
propias palabras de Sartori: "el mundo en imágenes que nos ofrece el
video-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra
capacidad de comprender los problemas y afrontarlos racionalmente".(Op. cit.; p. 127)
¿Podemos concluir que
hemos involucionado del homo sapiens al homo videns?.La
respuesta no es tan simple como una lectura ligera de Sartori podría hacernos
concluir. Ya tendremos oportunidad de hablar más adelante acerca de la
posibilidad que se abre de superar la disyuntiva «homo sapiens – homo videns»
en un futuro «hombre integrado». El propio Sartori en una entrevista que se le
hiciera Uruguay y publicada por
"Si está,
bienvenida sea, hay que ver si existe... Puede darse que el hombre que lee y el
hombre que ve, la cultura escrita y la cultura audiovisual, se combinen en una
síntesis armoniosa. Si esto fuera posible, sería entonces perfecto.
"Pero es importante
considerar que la imagen no da por sí misma ninguna inteligibilidad. La imagen
debe ser explicada y la explicación que se da de ella en la televisión es
insuficiente. Si en un futuro existiera una televisión que explicara mucho
mejor, entonces podría haber una integración positiva entre el homo sapiens y
el homo videns. De momento no veo que haya una integración, sino una
sustracción y por lo tanto el acto de ver está atrofiando la capacidad de
entender..." (el texto de la entrevista en « http://espectador.com/text/sartori/tres0611.htm »)
Frente a lo que no
podemos cerrar los ojos es al hecho de que la televisión crea adicción y que,
para cada vez más personas, se va convirtiendo, como dice Enrique Rojas, en
casi su único y exclusivo alimento intelectual. Fernando G. Luccini, en su
libro "Sueño, luego existo" (Madrid; Grupo Anaya S.A. 1996), nos
proporciona algunos datos estadísticos muy significativos, como el hecho de que
los niños pasan un tiempo promedio de entre 1000 y 1500 horas al año observando
programas de televisión, frente a las 750 horas que están en el colegio. (Op.
cit.; p. 43). Según el Informe Carnegie de los Estados Unidos, los programas de
televisión, a los que tienen acceso los niños, posen un promedio de entre 20 y
25 actos de violencia por hora (es decir aproximadamente un acto de violencia
cada dos minutos). Al cumplir 18 años un estadounidense promedio ha visto
quince mil horas de televisión, siendo esto muy de lejos al tiempo que pasó en
las aulas escolares.
Lo más grave del rol de
la televisión estriba en que, a nivel mundial, la televisión ha ido
evolucionando de haber sido un medio escasamente educativo a una televisión
(principalmente en los llamados canales comerciales o privados o de señal
abierta) poco educativa e incluso ya marcadamente antieducativa, y, como diría
el polígrafo peruano Marco Aurelio Denegri, un medio embrutecedor, lo cual no
es un delito en ningún lugar del mundo y es por ello que puede desempeñar con
plena libertad su papel nefasto. Ello explica cómo se ha llegado al punto
francamente peligroso de la denominada «televisión basura», expresión que algunos especialistas
consideran que es exagerada, aunque no dejan de reconocer que contiene mucho de
basura, aunque nos señalan que un porcentaje de ella es reciclable. Problema
relacionado íntimamente con esto, aunque sólo lo mencionaré de pasada, porque
requeriría un análisis muy detenido, es el concerniente al porqué de esta
evolución. Mario Vargas Llosa en un artículo
que mereciera el premio Ortega y Gasset donde
analiza la prensa sensacionalista británica, precisa, con mucha lucidez, que en
el fondo de todo ese deterioro se encuentra "la banalización lúdica de la
cultura imperante, en la que el valor supremo es ahora divertirse,
entretenerse, por encima de toda otra forma de conocimiento o quehacer".
Ese olfatear la mugre ajena, de la cual nos habla Vargas Llosa, es la expresión de la frivolidad, reina y
señora de la civilización posmoderna.
Es importante señalar
que el filósofo español Eduardo Subirats ha señalado cómo la televisión a
partir del tratamiento breve de los temas, de sus mensajes simples y el peso
dominante de la imagen sobre el discurso lo que consigue es una
"banalización de la realidad".
Acerca de la real
influencia de la televisión no todos consideran negativa su influencia, aunque
hay que reconocer que los análisis y argumentos de los defensores de la
televisión no tienen la profundidad de los realizados por Sartori, Bourdieu,
Simone o Birkerts. Sin embargo coincido con la posición que señala que el problema
realmente no es la televisión en sí sino los monopolios mediáticos, de los
cuales nos han hablado con mucha crudeza tanto Sartori como Eco, así como
también la innegable baja calidad de sus programas que, y esto también es
innegable, tiende a devaluarse cada vez más, deviniendo en los canales
comerciales o de señal abierta en lo que se ha dado en llamar en estos últimos
tiempos la telebasura, donde, como señala Gustavo Bueno "«telebasura» es
un sustantivo cuasi-técnico muy reciente que comprime la expresión adjetivada
algo anterior, «televisión basura»". Gustavo Bueno señala, además, la para
él muy importante diferencia entre telebasura fabricada y telebasura desvelada
llegando a escribir : "¿Y cómo podría alguien que no posee la distinción
entre telebasura fabricada y desvelada aclarar su concepto de telebasura, cómo
podría atreverse a formular juicios sobre su naturaleza y establecer criterios
generales para una política de limpieza en el mundo de la televisión?. Aclaremos que para Bueno "«telebasura desvelada» es
la que no está fabricada por la televisión, que se limita a «ofrecerla a la
audiencia», a «ponerla en escena». Ahora, la televisión podría ser llamada
obscena; pero no todo lo que se pone, de modo obsceno, en escena, es basura. En
cambio la "«telebasura fabricada» (dentro de la cual diferencia la
diseñada y la derivada o resultante) es aquella que tiene su origen en el mismo
proceso de producción de los contenidos televisados. Es hasta cierto punto
indiferente que el «creador» de telebasura se haya propuesto (finis operantis)
fabricarla como tal, deliberadamente, o bien se haya propuesto crear un
programa limpio o normal si éste resulta ser (finis operis) sucio,
basura..." G. Bueno nos pone como ejemplos un documental de pornografía zoológica
que nos presenta con detalle la cópula sexual de un
pareja de hienas y el documental de la manducación de su cría por una hembra de
chimpancé. En estos casos podría, según Bueno, ser considerados programas
obscenos o «duros» para ciertas sensibilidades, pero en ningún caso podría ser
considerado como «telebasura desvelada». En cambio, nos dice, que una reportaje
en directo sobre Calcuta, con los montones de basura frente a las casa miserables, las ratas removiéndolos, no es
telebasura fabricada, sino desvelada. Bueno plantea como interrogante acerca de
si los detractores de la televisión, los que señalan que ella produce basura,
incluirán o no como telebasura la «telebasura desvelada».
Los que consideran que
no se puede generalizar en cuanto a los, para ellos, supuestos efectos nocivos
de la televisión hacen hincapié que no debe caerse en posiciones apocalípticas.
Incluso encontramos entre los defensores de la televisión educadores que
señalan que en este caso, como en muchos otros, la generalización tiende a
desvirtuar la realidad y suelen citar canales culturales como Discovery
Channel, The History Channel, A&E Mundo, Discovery Health, para solo
mencionar cuatro canales eminentemente culturales apreciados por todos los
educadores y muchas veces muy adecuadamente aprovechados para el desarrollo de
las clases, lo cual suele implicar que se tenga que grabar programas para luego
ser utilizados en las clases. Me encuentro entre aquellos educadores que hacen
un uso bastante amplio de estos programas.
Sin embargo, todo lo
anteriormente argumentado no ataca a fondo la posición crítica surgida en
contra de la televisión, por dos razones que me parecen fundamentales: los
canales culturales serían la excepción que confirma la regla sobre el papel
negativo de la televisión y, por otra parte, sin desconocer la importancia de
los canales culturales y de algunos programas culturales que se dan en canales
no culturales, el problema estriba en el real peso de la influencia que pueden
tener los mencionados canales. Intuyo que su influencia no es significativa si
la compramos con la que si realmente ejerce la televisión que en el mejor de
los casos se le podría denominar estrictamente comercial y acultural. Aquí los
padres y los educadores tenemos otro gran desafío porque no podemos, en
realidad no debemos, ver pasivamente la realidad de la influencia negativa de
la televisión, sino que, aunque parezca una tarea utópica (a veces la considero
así) debemos tratar de que nuestros hijos, nuestros estudiantes empleen al
máximo sus capacidades de discriminación y evaluación para, sin dejar de ver
televisión, (no pidamos imposibles) sepan cribar lo que ella proporciona y no
convertirse en teleadictos. Debemos, como señala Sartori, preocuparnos por
nuestros niños dedicándoles el tiempo necesario y de esa manera impedir que la
televisión se convierta en una baby sitter. Y como educadores preocuparnos de
que nuestras selecciones de vídeos utilizados en clases no solo cumplan una
función instructiva sino que motiven a niños y jóvenes a interesarse por los
canales culturales y, en atención a sus intereses, ver programas culturales. La
preocupación que Sven Birkerts manifiesta con relación a la educación de su
menor hija de 5 años en su hermoso e importante libro "Elegía a Gutenberg.
El futuro de la lectura en la era electrónica" en un mundo dominado por la
imagen y tan poco propicio para la lectura debería ser la preocupación de todo
verdadero padre y de todo verdadero educador.
Habíamos señalado que el
olfatear la mugre ajena era la expresión de la frivolidad, reina y señora de la
civilización posmoderna. Y es por ello que algunos estudiosos plantean el hecho
de que la televisión y también otros medio de comunicación pueden estar
sirviendo como elemento amplificador de un proceso que atraviesa la sociedad
desde hace algunas décadas. Enrique Rojas (prestigioso psiquiatra) ha señalado
que esta cultura posmoderna o light, como él prefiere llamarla, donde lo
fundamental es la imagen, ha producido "un hombre escasamente culto,
pasivo, entregado siempre a lo más fácil: apretar un botón y dejarse caer,
porque todo se reduce a pasto para sus ojos" (Rojas, E. Op. cit.; Madrid:
Ediciones Temas de Hoy; p.71)
2.
Señala Sartori que toda
la educación se ha deteriorado por la torpe pedagogía en auge (la cual echa sus
raíces a fines de la década del 60 del siglo XX) y que por esa razón se tiene
que reaccionar con la escuela y en la escuela. "En la escuela los pobres
niños se tienen que «divertir». Pero de este modo no se les enseña ni siquiera
a escribir y la lectura se va quedando cada vez más al margen. Y así, la
escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una alternativa". (Op.
cit.; pp.150-151)
¿Qué es lo que realmente
ha pasado con la escuela en estos últimos cincuenta años? Hoy hay casi total
unanimidad con relación a que la realidad exige una nueva educación. Los
estudiantes de todos los niveles y a nivel planetario, (por lo menos dentro del
mundo occidental o de fuerte influencia occidental) viven dentro de un mundo
multimediático, donde la imagen es el valor fundamental y por lo tanto el ser
tiene sentido en la medida que es visible al ojo humano. Sartori utilizando una
expresión latina sintetiza esta peculiaridad: "Non vidi, ergo non
est".
Se está hablando mucho
del postmodernismo, del pospensamiento. ¿Qué es lo que se quiere decir?
Centrémonos en la evolución de la escuela en los últimos cincuenta años y para
ello nos guiaremos de un libro que considero que da muchas luces al respecto.
Me estoy refiriendo al libro "La escuela zapping" de Ignacio Massun,
libro que puede ser conseguido en bits, porque es un libro que se encuentra en
la red. Se le puede consultar en http://www.metodos.com.ar/docente/zapping.html). También se
le puede consultar en el formato «tradicional». En esta obra nos encontramos
con un llamativo y lúcido análisis de la escuela tradicional (Massun la
denomina "La escuela de nuestros abuelos"),
La escuela tradicional ,a pesar de sus innumerables defectos,
(docentecentrista, repetitiva, memorística, pasividad del estudiante, etc.)
tuvo valores que en estos últimos tiempos se están revalorizando. No hay que
olvidar, como bien nos lo recuerda Massun, que esta escuela "formó
generaciones de lectores apasionados por la cultura, y es la base sobre la que
se organizó el conocimiento y la ciencia durante un largo período, así que,
desde ya, no podemos prejuzgarla con ligereza"..
Con relación al libro, que es nuestro tema, dentro de la escuela tradicional
tenía un sitial muy importante. Como la educación estaba basada
fundamentalmente, aunque no exclusivamente, en contenidos y estos estaban
fuertemente estructurados en "Programas", que eran uniformes para
todo el país, independientemente de sus diversas realidades socioeconómicas y
culturales, era vital el libro de texto uniforme, obligatorio, de autores
conocidísimos y que perduraban por décadas. De esto se desprendía que la
lectura era obligatoria, no sólo del texto, sino también de obras literarias.
Esto último señalado por Massun, independientemente de la distancia tempo –
espacial, (Massun es un profesor argentino y quien escribe este trabajo es un
profesor peruano) ha servido para traerme el recuerdo, muy grato por supuesto,
de un curso que se impartía en quinto de secundaria (en Lima-Perú), que era
Lecturas Literarias, consistente en una visión panorámica de la literatura
universal a través del tiempo y de los diversos géneros y lo que es importante,
a través de lecturas pequeñas, pero muy bien seleccionadas, de textos de las
mejores obras de todos los tiempos. Si mal no recuerdo, el texto que utilicé
como alumno de la secundaria fue el escrito nada menos que por Jorge
Puccinelli, un profesor de
Considero que en la
época previa a 1968 ya se estaba dando un viraje dentro de la escuela tradicional,
porque los años que tuve como estudiante de primaria y secundaria (1952-1961)
ya no coinciden exactamente con lo que después, como estudiante de
Los cambios que se
operan en la década del 70 en materia educativa constituyen una verdadera
revolución copernicana porque el docente deja de ser el centro del quehacer
educativo y su lugar pasa a ser ocupado por el alumno; asimismo se intenta el
tránsito del profesor "explicador" y "dictador" con un
estudiante pasivo, fundamentalmente receptivo, al docente "facilitador
" con un estudiante activo, porque se toma conciencia que el verdadero
aprendizaje es el autoaprendizaje, que realmente la única verdadera forma de
aprender es "interactuando de manera dinámica y creativa con la
realidad" (Massun, Ignacio. Op.cit.) El citado autor nos dice: "Si tuviera
que sintetizar en una frase la esencia de esta nueva escuela diría que en ella
«aprender es aprender a aprender» Lo que ahora importa es desarrollar en los
niños y jóvenes sus capacidades de análisis, deducción, imaginación y
creatividad, todo ello siempre teniendo en cuenta que es imprescindible motivar
al alumno para que el aprendizaje sea una libre autoexigencia y de esta manera
algo placentero. Y es a partir de ese momento que, según el análisis del
profesor Massun, se da inicio a la utilización de las llamadas técnicas
audiovisuales: diapositivas, transparencias, discos, y al poco tiempo
películas, televisión, vídeos, etc. También se entra al campo de la
investigación, de la experimentación, pero realizada con y por los estudiantes
y de preferencia en grupos (dinámica de grupos).La escuela nueva propicia el
desarrollo del pensamiento divergente, porque ya se sabe que dicho pensamiento
hace posible la creatividad.
El libro, en
Otro aspecto digno de
destacar es que durante la etapa de
¿Pero, qué ocurre con el
libro en la tercera fase de la escuela, en la escuela zapping?.
Tratemos de precisar lo que es la cultura y la escuela zapping, como prefiere
denominarla Massun, aunque se han propuesto otros nombres, tales como light,
posmodernismo, posindustrial, era psicológica, etc. Enrique Rojas, médico
psiquiatra y profesor universitario en Madrid, especializado en temas como la
ansiedad y la depresión, fue publicando, entre 1987 y 1992, diversos artículos
que luego fueron reunidos y publicados en octubre de 1992 bajo el título
"El hombre light. Una vida sin valores". En ella podemos encontrar, a
manera de radiografía, lo que es la sociedad y la cultura light, propia de la
"sociedad opulenta del bienestar en occidente" del la cual emerge el
hombre light, "un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista:
hedonismo-consumismo-permisividad-relatividad. Todos ellos enhebrados por el
materialismo" (Rojas, E. Op. cit.; Madrid: Ediciones Temas de Hoy; p.13).
De todo ello emerge el hombre cool, representado por el telespectador que con
el control remoto pasa de un canal a otro buscando no se sabe bien qué o por el
sujeto que dedica el fin de semana a la lectura de periódicos y revistas, sin
tiempo casi –o sin capacidad- para otras ocupaciones más interesantes. Como
dice Jean François Revel, según lo refiere Rojas, "nunca ha sido tan
abundante y prolija la información y nunca, sin embargo, ha habido tanta
ignorancia" (Op. cit.; p. 20). Hans Magnus dice que estamos ante la
«mediocridad de un nuevo analfabetismo». El hombre light no posee el mínimo
interés por lo cultural, su regla de oro es la superficialidad y posee una
capacidad para escapar de cualquier intento de entrar a conversar sobre temas
culturales, recurriendo de inmediato a su trivialización. Massun señala las
siguientes características del mundo zapping:
"1) ...el hombre es un ser pasivo. Si no se lo estimula cae en
el aburrimiento o la parálisis. ¿Alguna generación tuvo más facilidad para
aburrirse que los jóvenes de hoy?
"2) Los estímulos
llegan a los sentidos de manera confusa, aparentemente no hay mensaje. El
videoclip es prácticamente incomprensible. Está en un idioma extranjero o
contiene imágenes simbólicas de imposible comprensión. No hay mensaje, solo
estímulo...
"3) Sin embargo,
bajo esa apariencia de carencia de mensaje, suele esconderse un mensaje
subliminal. La comunicación subliminal fue descubierta hace más de 50 años,
cuando se comprobó que colocando en una cinta cinematográfica un fotograma cada
10 segundos con publicidad de una gaseosa se duplicaban las ventas de la misma
a la salida del cine, aún cuando los espectadores no habían percibido su
existencia..... los videoclips y el mundo de las
discotecas están cargados de un mensaje que los jóvenes perciben y adoptan con
total naturalidad. Si tuviera que resumirlo en menos de diez palabras diría «No
hay futuro, solo existe el placer ahora»
"4) desde esta
óptica nada vale la pena. No existe nada que justifique el esfuerzo, el deseo
de conocer, el construir, inventar o desarrollar ideas".
¿Cuál es el rol de la
escuela en esta etapa posmodernista? Empecemos señalando que la escuela en sí
misma entra en franca contradicción con el mundo light. O bien se convierte,
según palabras de Massun, "en un faro que ilumine un camino diferente, en
una roca que resista los embates del fuerte oleaje zapping, o se deja arrastrar
por ese nuevo mundo. Lamentablemente muchas veces la escuela opta por el
segundo camino y tenemos entonces la escuela zapping". En ella se confunde
la democracia, el vivir en libertad, con el facilismo. Se tiende a identificar
disciplina, principio de autoridad, con autoritarismo. Se confunde libertad con
anarquía o facilismo, diálogo con pérdida del rol docente, comprensión de los
problemas del alumno con permisivismo. Se ha llegado al extremo de considerar
que el régimen de amonestaciones debe ser reemplazado por un sistema
"dialogado" entre el docente y el alumno. Los docentes que exigían
estudio y respeto comenzaron a ser estigmatizados: lo menos que se decía y aún
se dice de ellos es que están desfasados, que no están con la modernidad
(realmente posmodernidad). Lo anteriormente expresado, nos dice Massun, no
quiere decir que el diálogo entre docentes y alumnos no sea valioso. Lo
negativo de dicha posición radica en el hecho de que en la escuela zapping el
docente pierde su rol y pasa a formar, con los alumnos, un «grupo de pares».
Carlos Ball, director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del Instituto
Cato refiriéndose a la educación pública estadounidense nos dice: "Ese mal
ambiente burocrático ha contagiado las escuelas públicas, donde cada día
nuestros niños reciben más adoctrinamiento sobre lo que es políticamente
correcto y menos educación básica en lectura, escritura, matemáticas y
ciencias. Y de disciplina, ni hablar. Los maestros no se atreven a imponer
disciplina ni respeto en la clase, como tampoco a ser exigentes con los
jóvenes, para lograr que hagan el máximo esfuerzo posible en prepararse para la
vida y para aportar a la sociedad. La nueva función del maestro en las escuelas
del gobierno es manejar una especie de gran estacionamiento de jóvenes, donde
estos se sientan a gusto, manteniéndolos más o menos supervisados y fuera de
peligro durante la jornada laboral de sus padres".
Haciendo un balance
entre los tres tipos de escuelas, Massun nos dice: "Aprender, en
Frente a todo ello es
vital hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que ha ocurrido en el tránsito
de la escuela tradicional a la escuela activa y de ella a la escuela zapping?
Estamos hablando de casi medio siglo de experiencias en el campo educativo.
Hoy podemos ver con más
claridad lo que ha pasado. Siempre siguiendo el análisis de Massun, es
necesario tomar conciencia de las consecuencias negativas de lo que significó
la pérdida de un relevo generacional. Es un hecho incontrovertible que los
alumnos de
En un libro
relativamente reciente, "Enseñanza y aprendizaje de la historia" de
Henry Pluckrose (cuya primera edición en inglés es de 1991), leemos: "Tras
un período de varias semanas en que estudió la aviación, David, de 6 años de
edad, observó: «Mi abuela nació en 1903. Ese fue el año en que volaron por vez
primera los hermanos Wright. Mi abuela vive todavía. Ha conocido todos los
progresos de la aviación desde los Wright al Concorde". (Pluckrose, Henry;
Op. cit; Madrid: Ediciones Morata, S.L.1993; p. 38). Mi experiencia como
docente de ya larga trayectoria me permite concluir, casi sin temor a
equivocarme, que si el niño David, de apenas 6 años no es un genio, ese caso
(al igual que otros que aparecen en el libro) no se condicen
con la realidad. Paréceme exagerado, por decir lo menos, que se nos pretenda
hacer creer que un niño de 6 años «investigó» acerca de la aviación durante
varias semanas. Claro que en
Es innegable que los
docentes que toman con seriedad su función, se encuentran hoy más que nunca
entre Escila y Caribdis, porque es muy fuerte la concepción pedagógica que
señala que a los estudiantes "solo hay que hablarles de los temas que
ellos están viviendo todos los días", es decir a los "temas de la
vida diaria", a semejanza de lo que hace la radio y básicamente la
televisión. Si en
Los docentes,
conscientes de todos estos males, tratan de buscar soluciones creativas para
que, por lo menos, algo se logre adecuadamente. Es por ello que el sociólogo
Eliseo Verón habla del "Porlomenismo", "una forma de resignación
que consiste en reconfortarse viendo lo que aún se ha podido salvar". Lo
rescatable de todo esto es que todavía existe una reserva docente valiosa que
es consciente de los males que aquejan al sistema educativo y a la sociedad en
general, aunque, y aquí radica el gravísimo peligro, nadie quiere ser «el malo
de la película», o termina por cansarse de serlo, y cae en el facilismo, en la
permisividad. Sin embargo se ha tomado ya conciencia de que las cosas van por
mal camino, aunque a la vez se es consciente que el fenómeno es sumamente
complejo y exige un cambio cualitativo muy grande a nivel de sociedad y
cultura.
El libro, el texto
escolar, en
El libro también se
resintió en la escuela cuando se pasó de la lectura obligatoria, propia de la
escuela tradicional, a la lectura libre, motivada, hedónica. La escuela nueva
en uno de sus más crasos errores, según Massun, planteó la opción de hierro: "lectura obligatoria o lectura por placer". Aquí
también se dio ese relevo generacional comentando ya anteriormente. Un cosa era trabajar con estudiantes que habían leído en
forma obligatoria, lo cual no siempre era displacentero como se suele pensar,
porque ese carácter obligatorio no era en esencia de una coerción que
violentara intereses; y otra cosa muy diferente sería trabajar con aquellos que
no habían practicado la lectura.
Como lúcidamente precisa
Massun, la pretendida lectura no obligatoria, es decir la supuesta lectura
basada solo en el propio interés del estudiante, no se hizo realidad, porque es
como pretender que alguien aprenda música saltándose la parte supuestamente
«tediosa» y «esforzada» de las prácticas que llevan a adquirir el dominio de la
técnica. Nadie puede interpretar una sinfonía sin una práctica constante, que
exige un gran esfuerzo y demanda un larguísimo período de prácticas. Quienes
extrapolando teorías psicológicas consideraron que se podía acceder a la
verdadera lectura basado en el interés innato o fácilmente adquirido,
cometieron un grave error que llevó a la no lectura o a la lectura fácil: cuanto más ilustraciones, fotos y menos texto, mejor. Era la
aparición del antilibro en manos no de niños de
3. EVOLUCIÓN DE LOS SOPORTES DE
En este capítulo
pretendemos dar un vistazo panorámico, muy esquemático por supuesto, sobre la
evolución de los diversos materiales que han servido, a lo largo de la
historia, de soporte a la escritura. Ello nos
acerca un tanto a la historia del libro, sobre la cual
existen excelentes investigaciones. No debería dejar de leerse, a pesar de sus
años, la obra clásica del danés Svend Dahl "Historia del libro", que
nos brinda una brillante y amena historia del libro hasta mediados del siglo
XX.
En la introducción del
importantísimo libro colectivo "Historia de la lectura en el mundo
occidental",cuyos coordinadores son los
especialistas Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, los cuales son,
asimismo, los autores de la introducción, se rebate aquella posición que señala
que el texto existe en sí, separado de toda materialidad. Al respecto los
citados especialistas nos dicen: "...no hay texto alguno fuera del soporte
que permite leerle (o escucharle). Los autores no escriben libros; no, escriben
textos que se transforman en objetos escritos –manuscritos, grabados, impresos
y, hoy, informatizados- manejados de diversa manera por unos lectores de carne
y hueso cuyas maneras de leer varían con arreglo a los tiempos, los lugares y
los ámbitos". El libro citado está disponible en átomos (Editorial Taurus
S.A. 2001) y estuvo en bits (en forma compendiada) en URL: «http://www.lander.es/~lmisa/histlect.html». Puede acceder a una
copia de dicha página haciendo clic en el link respectivo.
Hagamos un esquemático
análisis del proceso de evolución de la escritura y sus soportes. La historia
de la humanidad tiene una larguísima etapa oral , es
decir anterior a la escritura, pero en un determinado momento, hace
aproximadamente un poco más de 5000 años, en la zona de
La escritura no solo
implica, desde su aparición, signos (pictografías, ideogramas, etc) sino
también un material sobre el cual se materializan dichos signos. Sabemos, por
la enorme cantidad de tabletas que nos quedan de la región mesopotámica, que el material utilizado fue
básicamente la arcilla, aunque también utilizaron metal y piedra. Con relación
a este último material nos viene de inmediato al recuerdo la "Roca de
Behistún" (en las montañas de Zagros, en Irán noroccidental) y la muy famosa
"Piedra de Roseta". El papiro es otro de los
materiales que durante un periodo bastante extenso de la historia humana sirvió
como soporte escritural y que constituye conjuntamente con la escritura egipcia
antigua una de aquellas creaciones trascendentes de la historia de la
humanidad.
¿Y qué sabemos de los
«libros de aquella época? La educación sumeria ha sido muy bien estudiada.
Hartmut Schmökel nos dice que se han hallados "textos escolares" de
las épocas más tempranas en Fara-Shuruppak, Uruk, Nippur y otros lugares. El
estudiante era, al parecer, denominado "hijo de la casa de las
tablillas" (el profesor era el padre). Claro que esos "textos
escolares" eran como los cuadernos de apuntes donde los estudiantes
realizaban sus tareas. Pero poco a poco se fue pasando de inscripciones
brevísimas (las tabletas pequeñas medían 4 x 2,5–3 cm o 4 x
Me he detenido un tanto
en los orígenes de la escritura y de los primeros textos que pueden ser
considerados como libros, porque a veces no se tiene un adecuado conocimiento y
una adecuada valorización del inicio de una de las más grandes hazañas del
género humano y lo de revolucionario que implicó que el pensamiento y las
fugaces palabras pudieran perennizarse, eternizarse a través de su plasmación
gráfico-simbólica.
Los egipcios, con su escritura que tuvo tres tipos (jeroglífica, hierática y demótica), dispusieron del papiro,
muy superior a las tabletas de arcilla de los mesopotámicos. Como nos lo
recuerda Martin Walker en su obra "Los egipcios" (Madrid: Edimat
Libros S.A., 1998) la palabra papiro dio origen a la palabra inglesa paper y a
la francesa papier. Walker nos describe la técnica de la fabricación de la hoja
que iba a ser utilizada para la escritura, utilizando los tallos del papiro
(cyperus papyrus).El tamaño de las hojas era variado. En cuanto su ancho
oscilaba entre 50 y
Si quisiéramos una
aproximación a los «libros» mesopotámicos y egipcios,
es decir el leer lo que esos pueblos escribieron, podemos consultar:
* Pritchard, James B. (compilador)
"La sabiduría del antiguo oriente" (Barcelona: Ediciones Garriga S.A.
1966)
*Gaster, Theodore H.
"Los más antiguos cuentos de la humanidad" (Buenos Aires: Librería
Hachette S.A.,1956)
*"Cantos y Cuentos
del Antiguo Egipto" (Madrid: Revista de Occidente, 1944). Con una nota
sobre el alma egipcia escrita por don José Ortega y Gasset.
*"Narraciones y
cánticos del antiguo Egipto" (Buenos Aires: Editorial Simientes, 1978
Acerquémonos ahora al
mundo greco-romano. Tratemos de captar el momento en el cual hace su
reaparición, en el mundo griego, un nuevo tipo de escritura, esta vez por
influencia de los fenicios y que hará posible la gran revolución del
pensamiento del mundo occidental. Jean-Pierre Vernant en su libro "Los
orígenes del pensamiento griego" (Buenos Aires: EUDEBA, 1965) ha señalado
que si queremos levantar el acta de nacimiento de
Es cierto que
actualmente los helenistas tienden a ver las civilizaciones egea o minoica y
micénica como "obra común del mismo pueblo, que no es otro que el de los
futuros griegos" (Saitta, Armando. "Guía crítica de la historia
antigua "(México: FCE , 1996). En 1939 la recién
descubierta escritura lineal B, llamada así para diferenciarla de la
pictográfica, permitió acceder al primer archivo de documentos escritos de
Eric G. Turner en
"Los libros en
Según G. Cavallo,
refiriéndose al importante papel de la oralidad dentro de la lecto-escritura
señala que
Un aspecto bien
estudiado es el referente a la etapa de la oralidad de los textos. Hubo un
largo periodo en el cual se transitó de la lectura oral a la lectura
silenciosa, de la lectura en voz alta, a la lectura en voz baja hasta llegar a
la lectura en silencio. Sin embargo Jesper Svenbro, en "
No es totalmente cierto,
por lo tanto que la scriptio continua, es decir la escritura que no tenía
separación ni siquiera de palabras fuera un obstáculo para la lectura
silenciosa. Como lo sugiere Knox, el manejo de grandes cantidades de texto,
como la utilizada por los monjes dedicados a copiar manuscritos, habría
constituido un factor para transitar a la lectura silenciosa, lo propio que la
«word división».
La obra titulada
"Entre el volumen y el códex. La lectura en el mundo romano" de
Guglielmo Cavallo, es una valiosísima guía para tener un visión rápida pero
documentada del libro y la lectura en Roma Antigua. Lo mismo que
"Comercio librario y actividad editorial en el mundo antiguo" de
Tönnes Kleberg. Los griegos innegablemente, pero también los etruscos,
contribuyeron al progreso del conocimiento y del interés por los libros en Roma. Pierre Grimal en su obra "La vida en la Roma Antigua"
nos relata en unos pocos párrafos como era la educación romana en la época de
Augusto. El niño aún pequeño era confiado al gramático, quien le enseñaba a
leer y escribir. Luego pasaba a manos del retórico quien lo iniciaba en las
humanidades. Se buscaba que aprendieses a ser un orador ya que la elocuencia
impregnaba toda la vida pública romana, aunque, como nos dice Grimal, la
"elocuencia no era un fin en si mismo sino que debía permitir ejercer su
influencia sobre los espíritus y las almas y, para ello, era necesario que el
joven adquiriese el conocimiento de «todo lo que es humano»"(Op. cit.; p.
86-87). Es en esta etapa de la educación que los niños y jóvenes comenzaban a
recibir la influencia de los pedagogos (poedagogus), instructores generalmente
griegos, de condición esclavos, encargados de llevar a los niños a la escuela y
luego ayudarles en sus tareas escolares. Como dice Grimal ; "A los
pedagogos se les debe, con toda seguridad, la penetración tan rápida y profunda
de algunas costumbres de vida y pensamientos griegos, influencia secreta, poco
comprensible para nosotros ya que no se manifiesta en los testimonio
literarios, pero que es importante reconocer y no minimizar" (Op. cit.; p.
85)
¿Pero que sabemos de los
libros en aquella época? Según G. Cavallo, en una primera etapa la lectura y
escritura eran casi una práctica exclusiva de temas religiosos y jurídicos,
recogidos en los llamados «libros lintei» (de tela de lino) y en las «tabulae
lignatias. Pero va a ser en el siglo II a.C. que aparecen los libros utilizando
el papiro. Los libros griegos fueron el modelo de los libros latinos.. Leer un libro significaba leer un rollo. Se leía en forma
privada y pública, lo mismo sentado que reclinado o echado. Era habitual la
lectura en voz alta. A veces se utilizaba lectores especializados, de tal
manera que la lectura devenía en indirecta y oral. En el caso de lectores no
profesionales la lectura era lenta, por dos motivos fundamentales: por los
diversos tipos de letras manuscritas que se utilizaban, algunos incluso con
muchos adornos, y, por otra parte, porque a consecuencia de la influencia de
los griegos se dejó a un lado la utilización de la interpuncta, puntos que
indicaban la separación entre las palabras, y, en el siglo I a.C., se adoptó la
scriptio continua . Ello implicaba que era necesario
ser muy experimentado para individualizar la separación de las palabras y a la
vez captar el sentido. Los libros fueron, en un primer momento, bastante escaso
y muy caros, pero en la época de los emperadores bajaron bastante sus precios.
Cuando estaban aprendiendo a escribir los niños utilizaban tablillas cubiertas
de cera, pero ya más adelantados escribían sobre papel (charta), elaborado,
como hemos dicho, con el papiro. James Stewart, en su obra "La vida íntima
de los romanos" nos proporciona datos muy importantes sobre la educación
romana. A este autor le debemos la expresión de que la polis de "Atenas
era en realidad
Con relación a los
tiempos del importantísimo imperio bizantino, muy escuetamente debemos decir
con relación al libro y a la lectura que, como señala Rolando Castillo, en el
largo periodo de la historia bizantina se dio la existencia de una educación
programada y sistemática con tres niveles :
elemental, gramatical y retórica. Es cierto que en el primer nivel no se
utiliza el libro porque el aprendizaje era básicamente de memoria, aunque se
sabe que se empleaba la lectura de las fábulas de Esopo. En el segundo nivel se
enseñaba a leer literatura griega clásica y el profesor, es decir el gramático,
"solía explicarla y valorarla de manera crítica". En este nivel se
utilizaban libros de texto, como "El Arte de
Otro cambio importante
fue el paso del libro-rollo al códice. En
El códice de pergamino
era un nuevo formato de libro, el cual ganaba en durabilidad al tener una
encuadernación protectora, al mismo tiempo que era mucho más fácil de
manipular, transportar y guardar (se calcula que su capacidad de almacenamiento
comparado con los rollos era seis veces superior), y, lo tal vez más
importante, era bastante económico. Este soporte fue muy apreciado por los
cristianos, que como miembros de una civilización basada en el libro (
El medioevo conoció tres
tipos de instituciones de enseñanza y estudio: las escuelas monásticas, las
escuelas urbanas y las universidades. Las dos primeras, según nos los recuerda
E. Jeauneau, están mencionadas en una capitular de 789. Carlomagno, en dicha
capitular, ordena que se creen escuelas en cada monasterio y en cada obispado.
Las escuelas monásticas, nos dice Jeauneau, se adaptaba a las estructuras que
rigieron Europa hasta fines del siglo XI. Pero cuando, hacia fines del siglo XI
y comienzos del siglo XII, se amplía el comercio y aumenta la importancia de la
ciudad, el centro de gravitación escolar se desplaza hacia ellas y es ese el
momento que surgen las escuelas urbanas, también denominadas capitulares o
catedralicias, sin que ello implique la desaparición de las monásticas. Según Jacques
Le Goff es indisoluble la relación entre ciudad y profesional de la educación,
"para el hombre para quien escribir o enseñar- en general ambas cosas a la
vez- es su oficio; el hombre que tiene una actividad profesional de enseñante y
de un sabio, el intelectual, en fin, no aparece sino a una con las ciudades.
(Le Goff, Jacques "Los intelectuales de
Según Jeauneau, si en el
siglo XII la escuela sigue al maestro, en cambio en el siglo XIII es el maestro
el que sigue a su escuela. Paralelamente al movimiento que lleva a los oficios
a unirse en corporaciones, la gente de estudio se agrupa para defender sus
derechos y sus privilegios y ello es el origen de las universidades.
Durante la etapa
medieval el libro jugó un papel muy importante. Recordemos que los dos grandes
métodos de enseñanza eran «la lección» y «la disputa». La "lección"
era una lectura comentada de Aristóteles, de
Es muy importante
destacar que el libro jugó en
Un nuevo aspecto irá
tomando fuerza a partir del siglo XII con los llamados traductores,
consecuencia lógica del desconocimiento en occidente del griego, por
predominancia del latín. Si bien es cierto que Pedro el Venerable utilizará la
traducción como un arma para conocer directamente el islam y poder combatirlo,
sin embargo la mayor parte de los intelectuales que se dedicarán a la
traducción, lo harán sobre obras científicas y filosóficas, fundamentalmente de
obras griegas y árabes.
El libro, en
Los libros de la etapa
medieval, hemos ya señalado, destacarían, muchos de ellos, por su carácter
artístico (aquellos que estaban dedicados a las personas con poder económico).
Las ilustraciones comienzan a jugar un papel muy importante. La encuadernación
se convirtió no sólo en una técnica sino sobre todo en un arte. Técnica de gran
valía en la medida que la encuadernación cumplía un rol muy importante, toda
vez que, al recibir el libro el tratamiento de un códice había que unir las
hojas mediante su cosido, así como el resguardarlas de su deterioro (Al
respecto leemos en
Los monasterios jugaron
un papel muy importante en la conservación y difusión libresca, aunque lenta
porque se basaba en la labor paciente de los monjes copistas. Como podemos leer
en
La expansión en la
producción de libros, así como el nuevo interés por los clásicos grecorromanos,
comenzará a partir del siglo XII, especialmente por el rol que comienzan a
jugar las universidades, que serán las instituciones que demandarán libros. Al
poco tiempo el humanismo también vendrá a jugar papel muy importante. Comenzaron
a formarse importantes bibliotecas como la Biblioteca Medicea-Laurenziana, en
Florencia, y
Relativamente poco
tiempo transcurriría (a diferencia de los milenios del rollo de papiro) para
que un nuevo soporte escritural hiciera su aparición y desplazara en poquísimo
tiempo al pergamino: el papel. Invento chino que comienza con el llamado «papel
de seda», en el siglo I de nuestra era, pero que tenía como limitación técnica
el ser el producto residual de la fabricación de colchones y ropa de seda. Sin
embargo, los chinos también escribían sobre un papel denominado «papel Baquiao»
(por el lugar donde fue hallado por vez primera) y que era fabricado
utilizándose fibras de cáñamo, mezcladas con una pequeña porción de fibras de
ramio. Pero este papel Baquiao era también un producto residual: residuo de la
fabricación de colchones y prendas de vestir de cáñamo. El gran salto se dio el
año 105, cuando Cai Lun logra un método para fabricar papel utilizando corteza
de árbol, cáñamo, trapos y redes de pescar rotas. Poco tiempo después Zuo Bo
perfeccionaría esta técnica, logrando un papel más fino. Esta técnica de la
fabricación de papel fue llevada a Vietnam y a Corea y de este último país al
Japón. A mediados del siglo VIII la técnica de la fabricación de papel fue
llevada a Arabia (fábricas en Bagdad, Damasco y Samarcanda). Los árabes se
dedicarían a la fabricación y exportación de papel hacia Europa. El uso de
papel, por lo económico y práctico, desplazó a todo otro soporte para la
escritura. En el año 1150 los árabes establecieron fábricas de papel en España.
Como dice Zhuang Wei en su libro "Cuatro grandes inventos en la antigüedad
china" (Beijing: Ediciones en lenguas extranjeras, 1980); "El papel y
el método de fabricarlo inventados por China se había extendido por todo el
mundo y numerosos pueblos no sólo lo usaban sino lo fabricaban. Esto fomentó
considerablemente el desarrollo de la economía y cultura de los diversos
países" (Op. cit.; p.37).
Y complementando al
papel, la aparición de la imprenta significaría un cambio
tecnológico de gran trascendencia, porque permitía producir libros en
cantidades antes nunca prevista y de esta manera dar un paso muy grande en la
tendencia hacia la democratización de la lectura, en la medida que más personas
podían tener acceso a los libros. En
Cronológicamente se
considera que de
El libro realmente
adquiere su aspecto actual en la segunda mitad del siglo XVI, "cuando el
texto se aligera, las líneas se alargan y los márgenes se ensanchan"
(Checa, J.L. Op.cit.; p.11). Checa considera al siglo XVI la edad de oro del
libro y puntualiza al siglo XVII como la etapa de la «legalización del libro».
Señala que dicho siglo fue en toda Europa un período de decadencia de la
imprenta, debido a la grave crisis editorial por «la falta de papel, la
lentitud en la producción, el aumento de los impuestos, la falta de personal
cualificado y de recursos en los editores» (Checa, J.L. Op. cit.; p. 14). Es en
esta etapa que los editores se convierten de humanistas en comerciantes, lo que
permitió remontar la crisis. Surge ya una verdadera organización empresarial
impresora, con una normatividad muy moderna para las relaciones entre el
escritor, el editor y los poderes civil y eclesiástico. Surge, es cierto, la
censura religiosa, sobre todo muy marcada en España.(En
1501 el Papa Alejandro VI había recomendado a todos los países de fe católica
establecer una censura de libros e incluso en 1559 por orden del Papa Paulo IV
se produjo la quema de libros hebreos y en 1581 los manuscritos de
El siglo XVIII
constituye la etapa del resurgimiento de la cultura del libro. La técnica de la
impresión mejora notablemente al lograrse una mayor calidad en la fundición de
los tipos, así como por la calidad de la tinta. Es también una etapa de gran
florecimiento comercial librero. Veamos el caso de la famosísima Enciclopedia
(Diccionario razonado de todas las ciencias, artes y oficios por una sociedad
de personas de letras"). Dicha obra fue un gran negocio de librería. Los
libreros (editores en la denominación actual) André François Le Breton, Antoine
Briasson, Michel David y Laurent Durand firmaron en 1745 un contrato para la
traducción de
Es asimismo la época de
los piratas de libros. El lionés Duplain es una figura legendaria de
filibustero impresor, especializado en libros impresentables, as de las
ediciones piratas que permiten a las imprentas de provincias competir con las
de París.
El siglo XIX, centuria
del maquinismo, significó el triunfo de la técnica en la producción del libro,
lo que significó «la sustitución de los métodos artesanos del pasado por un
sistema mecanizado» (Dahl, S. Op. cit.; p.230)
4. EL LIBRO EN
En un artículo acerca de
la realidad actual de
http://www.sciences-po.fr/observatoire/obs4/clique.htm
Todos somos conscientes
que la computadora e internet constituyen dos de las
revoluciones tecnológicas más maravillosas de todos los tiempos. Las
computadoras u ordenadores han dejado de ser el campo exclusivo de los genios
de la informática y hoy se encuentra al alcance de cualquier persona de
inteligencia promedio normal. Vive y convive con nosotros, ya sea en la
escuela, en la universidad, en el trabajo, en las empresas a las cuales vamos a
comprar bienes y/o a pagar servicios, etc. Y, en algunos casos, en nuestra
propia casa. Es cierto que por lo general la usamos cada vez más, aprendemos
más sobre su uso, aunque constituye uno de esos aparatos misteriosos con los
cuales hacemos maravillas, pero sin saber como lo hace, muchas veces sin
importarnos cómo lo hace (Eso lo creemos está reservado para los iniciados en
esa exclusiva y hierática sociedad de los nuevos brujos informáticos. ¡Acaso no
nos hablaron del retorno de los brujos!)
Con internet aparece una nueva generación: la generación web,
conformada por "...millones de jóvenes menores de dieciocho años que no
solo están familiarizados con las computadoras desde niños, sino que también
tienen acceso a Internet desde las escuelas y universidades. Un niño que tenga
ahora ocho o diez años aprenderá a utilizar Internet como un recurso más para
su educación. El ordenador conectado a la red será, es, un instrumento de
trabajo para dar acceso a la biblioteca más grande del mundo" (García
«Garanz», Fernando. "Libros en Internet" (Madrid: Editorial Espasa
Calpe S.A. 1998; p.18)
Marcela Czarny en su
libro "La escuela en Internet, Internet en la escuela. Propuestas
didácticas para docentes no informatizados" (Rosario-Argentina: Homo
Sapiens Ediciones, 2000) nos recuerda que con o sin Internet el desafío más grande
de la educación es el educar para cambiar y no educar para repetir. Actualmente
la cantidad de información disponible es abrumadora y como la calidad de la
información es muy variada, el desafío más grande es lograr que los estudiantes
vayan adquiriendo (es algo que requiere tiempo, madurez y conocimiento) agudos
criterios de selección, espíritu analítico y crítico que siempre han sido metas
de la educación, pero que hoy se extreman porque al navegar en océanos de
información, se requiere ir aprendiendo qué fuente es valiosa y cuál no. Es
cierto que esto también es válido para las informaciones que se pueden
encontrar en los libros, periódicos y revistas, pero es innegable que hoy a
través de Internet se tiene acceso a información en un número desproporcionadamente
alto (lo que motiva que se hable de una «infoxicación»), pero que al
pasarlo por el tamiz de la selección se va reduciendo, hasta poder quedarse con
las necesarias informaciones de alta calidad. Y cuando digo información no solo
me estoy refiriendo a textos sino a todo tipo de material de multimedia. La
posibilidad de acceder a museos a través de visitas virtuales es una fuente
valiosa de conocimiento y de fomento de la sensibilidad artística. Lo propio
ocurre con algunos museos de voces de personajes famosos. O el poder admirar y
leer el facsímil de obras que han sido digitalizadas porque requieren ser
salvaguardadas. Y resulta que en esa digitalización la resolución de detalles
es superior a la que la observación directa del manuscrito físico permite. Esto
es una maravilla y está al alcance de cualquier verdadero lector, es decir de
aquel que va a encontrar placer porque lee no solo para informarse sino porque
la lectura, en cualquier soporte, le brinda deleite y, ahora, la espectacular
posibilidad de tener acceso a obras que por encontrarse en salas especiales de
investigación solo estaban a disposición de un reducidísimo número de
especialistas. Podemos gozar, por ejemplo, con la digitalización
de la crónica de Felipe Guaman Poma de Ayala realizada por
Lo que pretendo es que
se comprenda que Internet abre una puerta maravillosa para todo aquel que
quiere acercarse a ella con la curiosidad intelectual que ha caracterizado
desde siempre al Homo Sapiens. Y si antes los lectores gozábamos con la lectura
que empleaba átomos, hoy, sin abandonar esos libros, se nos ha abierto un mundo
maravilloso. No hay ninguna justificación para mostrarse reacio a gozar con sus
encantos. Y lo que es más grave: la responsabilidad que implica para todo
docente el hecho que, como señala Juan Luis Cebrián, director del diario
español "El País", en una cita que tomamos del trabajo
"Introducción a la era de las nuevas tecnologías" de Enrique
González-Manet (Unión de Periodistas de Cuba, http://www.cubaperiodistas.cu/enfoques/seis/era.htm.
), "quien no esté en el sistema de redes será un ciudadano de segunda
categoría, un minusválido social desheredado del poder". Para que nuestros
estudiantes no sean esos ciudadanos de segunda categoría no nos queda otra
alternativa, a los docentes, que la de no ser nosotros ciudadanos de segunda,
por algo de simple sentido común: no se puede enseñar lo que no se conoce. Por
ello es que la nueva tecnología es todo un reto y no una simple moda o algo que
podría ser considerado como adjetivo. En una obra muy importante, aunque con
algunos aspectos polémicos y ciertas debilidades al prescindir totalmente del
análisis socioeconómico y sus implicancias de la nueva tecnología en el sector
educativo, Antonio M. Battro y Percival J. Denham nos hablan de «la educación
digital», que es justamente el título de su libro que aparece tanto en átomos
como en bits (http://www.byd.com.ar/edwww.htm) e incluso hacen referencia
a su experiencia en el colegio San Martín de Tours de Buenos Aires. Ellos nos
hablan, por ejemplo, de la imperiosa necesidad de crear el hábito digital en la
medida que "todo el proceso de la educación se basa en la creación de
«nuevos hábitos»" y a pesar de su, para nosotros, excesivo entusiasmo en las
nuevas tecnologías y lo que es más criticable el prescindir totalmente de la
realidad socioeconómica concreta que se vive a nivel planetario, reconocen que
"a pesar de tantos esfuerzos la computadora no se ha incorporado
plenamente a la educación moderna. Aún no ha sido debidamente
domesticada..."
No estamos en contra , todo lo contrario, de la necesidad de que la nueva
tecnología sea parte de la educación y reconocemos que innegablemente marchamos
hacia una educación que tiende a sacar el máximo provecho de las nuevas
tecnologías y que, lo que es más importante, los educadores tenemos que
compenetrarnos con dichas tecnologías y hacer que la educación maximice su
eficiencia. Pero pensar que la educación llegará a ser digital en un futuro
relativamente muy cercano es desconocer totalmente la realidad económica que se
vive en la mayor parte de los países del mundo, en eso que ahora se denomina la
aldea global. Ya hemos dado datos realmente estremecedores sobre esta realidad
y me parece que dejarlos a un lado lleva a un análisis inconsistente o que
pretende generalizar una experiencia concreta de un determinado grupo
socioeconómico seguramente alto como si fuera representativo de toda una
sociedad. Recomiendo leer el artículo «Del Eslabón perdido a la brecha digital.
Un Balance» de William S. Tallah Ingeniero Jefe de Telecomunicaciones en el
Ministerio de Correos y telecomunicaciones de Camerún con datos acerca de la
realidad de la tecnología en el campo de telecomunicaciones en África con datos
referidos al 2002 (http://www.itu.int/itunews/issue/2002/02/missing-es.html).
No olvidar que en nuestra aldea global por cada 100 personas 80 viven en casas
inadecuadas, 66 no tienen agua potable, 66 no han hecho nunca una llamada
telefónica, 50 están mal nutridos y solo 1 posee educación universitaria. No
olvidar que si en 1820 la diferencia entre el país más rico del mundo y el mas pobre era solo de
Es muy buena la cita que
hacen Antonio M. Battro y Percival J. Denham sobre lo que dijera Bernardo A.
Houssay, Premio Nobel de Medicina 1947 sobre el atraso que por lo general se
produce con relación a los avances que logran los grandes pioneros de las
ciencias y que son asimilados por los países más desarrollados, pero siendo
ello válido no se puede desconocer los diversos aspectos e implicancias
analizados por prestigiosos estudiosos acerca de las diversas perspectivas que
engloban las nuevas tecnologías de la comunicación ya no solo en el campo
educacional sino en la sociedad toda. No se trata de novofobia ni de
ignorancia. Los educadores que ya hemos entrado de lleno en la cultura digital
(este trabajo es una prueba de ello) conocemos de su carácter maravilloso y de
su grandiosas potencialidades, pero por lo mismo sabemos, por ejemplo, que
"leer en una pantalla no es lo mismo que leer en papel" (Umberto Eco)
y que, por lo menos hasta el momento (así lo reconocía el propio Negroponte en
su libro El mundo digital) es casi materialmente imposible leer todo un libro
como por ejemplo Educación Digital en la pantalla de una computadora, a pesar
ser un trabajo poco extenso. He leído ese interesantísimo «libro» después de
haberlo «bajado» en formato word con tipo de fuente arial 12 debidamente justificado
y con previas correcciones ortográficas e impreso en papel A4 (49 páginas). ¿Se
imaginan los autores del libro en mención si se tuviera que leer, por ejemplo,
en la pantalla de una computadora la importantísima obra «Historia de
Más adelante tendremos
oportunidad de analizar, aunque someramente, los desafíos de la nueva lectura
hipertextual y de la lectura que denomino global o totalizadora. Como nos dice
Edwin S. Gleaves, en su muy importante ponencia del 3 de mayo de 1996 en
Marcela Czarny nos
señala algunos prejuicios, en torno a la internet, que
se esgrimen dentro del sector docente:"No... A mí de Internet no me
hablen. Yo no sé nada de computación" "¿Internet?.
No gracias. Suficientes problemas ya tengo en clase". "No estoy de
acuerdo con las nuevas tecnologías. Son la base de una educación tecnocrática
que apunta a que los alumnos dependan de aparatos hasta para sumar dos más
dos". "Tengo miedo de empezar a navegar y «hundirme» en el mar de
información que ofrece Internet". Ni estos ni otros prejuicios tienen una
justificación. La explicación que encuentro frente a las actitudes dubitativas
o de franco rechazo, es la novofobia, de la cual nos habla el filósofo Mario
Bunge. En una entrevista que le hiciera El Comercio de Lima, en su suplemento
dominical, el 8 de mayo de 1997, Bunge al referirse a los niveles primario y
secundario, nos dice con relación a la escuela y el avance tecnológico:
"Pedirles que produzcan algo que no sea entusiasmo por el aprendizaje es
absurdo. Tienen sólo dos misiones: Una, enseñar; y otra enseñar a que los
alumnos aprendan a aprender por su cuenta, porque una vez que egresan ya no
tendrán al maestro, a la maestra a quien preguntar, se las arreglarán solos. Y
hoy día, en un mundo que cambia tan rápidamente, el que no sigue aprendiendo
toda la vida se estanca, queda atrás. En
En el artículo
"Lápiz, Teclado... todo vale para acercarse a las letras " aparecido
en Escuela en Acción, marzo-abril 1999 (citado por Félix Sagredo) podemos
apreciar la actitud positiva de los docente frente a las nuevas tecnologías.
Como hemos señalado no tiene sentido la novofobia, mucho menos dentro de los
docentes que tienen que interactuar con niños y jóvenes que en muy poco tiempo
estarán inmersos, quiéralo o no el sistema educativo, con la nueva sociedad de
la información. En ese artículo leemos lo siguiente: «La escuela no puede
olvidar la influencia de las nuevas tecnologías, ni discurrir manteniendo las
distancias, sino que debe confluir con ellas, puesto que los niños y niñas de
nuestras aulas habrán de utilizarlas. Estaba decidido. Había llegado el
momento. En nuestras aulas iba a aparecer "El rincón del ordenador".
Pero surgían los interrogantes: ¿cómo empezar?, ¿dónde ponerlo?, ¿cuál sería la
organización adecuada?, ¿será suficiente un ordenador...? Conscientes de que
las respuestas las iríamos obteniendo con la práctica, empezó la aventura.
Nuestros alumnos y alumnas escriben "a su manera" desde los tres
años, de modo que a partir de ahora se trataba de escribir con un instrumento
más, en el que hay que pulsar teclas ... Una de las
primeras preguntas que surgen ante la experiencia ya tiene respuesta... Aunque
solamente llevamos un mes con este "rincón" nos parece altamente
gratificante por la cantidad de situaciones tanto de aprendizaje como de
interacciones que se generan en él. Pensamos seguir con él todo el resto del
curso y trataremos de conseguir más ordenadores, bien sea a través de entidades
privadas o de la generosidad de las personas relacionadas con el centro, como
ha ocurrido en esta ocasión».. (Mª Pilar Martínez,
Concepción Barcala. CEIP "Antonio Machado", Colmenar Viejo, Madrid )
En realidad, los cambios
que se han operado últimamente son el producto de un largo proceso de
innovaciones tecnológicas. Al comienzo de este trabajo, frente a la pregunta
acerca de si el libro estaba en peligro de extinción debido al avance de la
tecnología digital, de las tecnologías de la información, señalaba que el
problema estaba mal planteado, debido a que cuando hacemos un recorrido
histórico acerca de la lectura y del libro, nos encontramos que no es un
período de inmovilismo. Algunos cambios fueron profundos y siempre en beneficio
de lo que en última instancia es lo más importante, lo más trascendente: la
lectura, la información, la concretización y transmisión del pensamiento
valiéndose de medios que lo hacen perdurable. Es inconcebible plantearse la
posibilidad de la desaparición de la lectura. Considero que la etapa de la
cultura oral fue la fase primera dentro del gran desarrollo cultural y que
resulta imposible concebir a una nueva etapa de oralidad pura.
Reflexionemos en el
hecho de que el libro es solo uno de los tantos soportes que ha tenido la
escritura. Un soporte que significó un avance tecnológico extraordinario,
comparable sólo al que actualmente se está viviendo con la informática.
Francisco Aguadero en su libro "la sociedad de la información"
(Madrid: Acento Editorial, 1997), nos dice: "En realidad, el desarrollo
tecnológico no es nuevo; es un proceso social; y como tal, no termina. Se
inició con el hombre en la prehistoria... Ahora bien, no cabe ninguna duda de
que la cantidad de cambios tecnológicos acaecidos en las últimas décadas en
torno a las tecnologías de la información y la comunicación, principalmente,
incitan a la historia a que los juzgue, sobre qué tiene realmente de revolución
tecnológica, una vez que con perspectiva histórica se pueda analizar el grado
de impacto y asimilación producido en la sociedad" (Op. cit.; p. 11). Lo
que tampoco es nuevo es la novofobia. En la época antigua, ya lo hemos
señalado, más específicamente en
Mucho tiempo tardó en
imponerse la lectura silenciosa, incluso ya aparecido el libro de papiro y
posteriormente el códice. Y por supuesto que la aparición de la imprenta hizo
poner el grito en el cielo a aquellos que querían seguir con los manuscritos.
Argumentaban sus detractores que la reproducción en grandes cantidades de los
libros iba a llevar a la humanidad a la perdición, porque no estaba preparada
para leer todo lo que pudiera caer en sus manos, sin el filtro de los custodios
del saber. Román Mazzilli, en un artículo dedicado a la tecnofobia, nos dice: «¿Qué se dijo del libro en el momento de su nacimiento? Que
era un arma del diablo que enfermaba las mentes de las personas, que les
cambiaba hasta el color de la piel y ensombrecía el semblante –piénsese que se
leía a la luz de velas, muchas veces a escondidas-. Además era un objeto que
venía a destruir la comunión de la gente que hasta ayer nomás formaba rondas
para escuchar las narraciones orales y hoy se aislaba para establecer contacto
con un objeto: el libro» (Mazzilli, Román. "Algunas imprecisiones sobre
nuestra realidad virtual: La tecnofobia de Gutenberg a Internet" (http://www.campogrupal.com/tecnofobia.html).
Debemos saber, como nos
lo cuenta Carlos Sáez, en su interesantísimo trabajo "El libro electrónico"
(http://scrineum.unipv.it/saez.html)
que refiriéndose a la recién inventada imprenta el veneciano Filippo di Stara
llegó al extremo de decir que «la pluma es una virgen, la imprenta una puta».
Nos dice Sáez que con ello el veneciano se refería "no solo al peligro que
veía de que se plasmasen por escrito textos inmorales heterodoxos, sino a que
la imprenta divulgaría el saber entre los ‘ignorantes’. Recelaba así el temor
de que la imprenta acabara con el tradicional monopolio de unos pocos sobre la
cultura escrita". Y no nos olvidemos, como nos lo recuerdan Félix Sagredo
Fernández y Ma Blanca Espinosa Temiño en "Del libro al libro
electrónico-digital" «que algunos inquisidores del siglo XVI solicitaban
al Papa Julio II la publicación de una Bula que permitiera quemar todos los
productos de papel, denominados por ellos "artilugios del demonio",
que luego conocimos expandido por el orbe con el nombre de imprenta.» (http://www.ucm.es/info/multidoc/multidoc/revista/num9/cine/sagredo.htm#titulo)
Por lo general cuando
ahora se nos habla de la imprenta y de lo que significó para su tiempo se suele
pasar por alto, salvo entre los estudios especializados, la reacción negativa
que ella ocasionó y como se repitió la reacción conservadora que se había dado
en los siglos V y IV a.C. en Grecia. Novofobia y conservadurismo caracteriza la
reacción frente al invento revolucionario de la imprenta. Hoy deberíamos
conocer y comprender mejor esa reacción y reflexionar sobre sus causas
profundas para tener una comprensión más exacta sobre lo que sucede actualmente
cuando nos enfrentamos a cambios tecnológicos tan grandes que también generan
la reacción novofóbica, sobre la cual nos ha hecho reflexionar Mario Bunge y el
escondido conservadurismo bajo el disfraz de temores imaginarios frente a
potenciales peligros que están acarreando las innovaciones tecnológicas como
Internet.
Leemos en un interesante
trabajo de Roger Chartier, de la École des Hautes Études en Sciences
Sociales-Paris, titulado "El concepto del lector moderno" (http://cervantesvirtual.com/historia/CarlosV/cultura.shtml)
aspectos muy importantes sobre la reacción que originó la imprenta y que
consideramos necesario citar porque, como volvemos a enfatizar, es necesario
que esto no quede en el campo exclusivo de los especialistas porque al
encontrar similitudes de fondo entre reacciones ocurridas en el pasado con las
actuales podremos tener una visión más certera que nos ayude a comprender mejor
situaciones presentes. Leemos en el citado trabajo con relación al desprecio
que generó la imprenta por la supuesta democratización cultural que iba a
generar dicho invento. "Semejante divulgación de la cultura escrita
otorgada por la imprenta, fundamentó el desprecio de la nueva técnica y de sus
productos (Bouza, 1977). Duraderamente en los siglos XVI y XVII se opuso a la alabanza
de la invención de Gutenberg, las quejas contra las corrupciones que había
introducido. Tanto los autores fieles a un modelo aristocrático de la escritura
como los eruditos de la «Respublica litteratorum» despreciaban el
negocio de los libreros y la publicación impresa de los textos, porque según
ellos, corrompían a la vez la integridad de las obras, deformadas por los
yerros y gazapos, los componedores y correctores ignorantes, la ética
literaria, destruida por la codicia, la avidez y las piraterías de los
editores, y, finalmente, el sentido mismo de los textos, comprados y leídos por
lectores incapaces de entenderlos. Los aristócratas y los eruditos preferían la
circulación manuscrita de las obras porque destinaba los textos sólo a los que
podían apreciarlos o comprenderlos, y porque expresaba la ética de obligaciones
recíprocas que caracterizaba tanto la urbanidad nobiliaria como las prácticas
intelectuales eruditas".
La resistencia al cambio
fue sustantiva. El apego a los manuscritos, ¿ acaso no
nos recuerda a actitudes actuales de aquellos que tienen una actitud cerrada de
oposición a los cambios electrónicos en materia de soporte de los libros?
Conviene señalar, sin
embargo, que ciertos entusiastas de las nuevas técnicas y detractores de los
para ellos obsoletos libros son en realidad personas que nunca tuvieron el
hábito de la lectura y por lo tanto desconocen el maravilloso placer de la
lectura (en cualquiera de sus soportes) y tan solo han adoptado una actitud
tipo moda, la cual implica una ignorancia total al creer que las bibliotecas y
con ellas lo libros y revistas van a dejar de existir porque basta poseer una
computadora e Internet para tener todo lo que uno desea saber. Mario Bunge en
un magistral conferencia "Tres mitos de nuestro tiempo: Sociedad virtual,
globalización igualamiento socio-económico por obra de la red electrónica y del
libre comercio" realizada el 22 de mayo de 2001 y que
Las personas que
sostienen («creen» sería el mejor calificativo) que las nuevas tecnologías han
dado un golpe mortal al libro poseen, por lo general, (aparte de los utopistas)
un nivel cultural que deja mucho que desear, que los ha caracterizado la pereza
intelectual y no han leído o tan solo lo han hecho por obligación, que ya
sabemos que no es verdadera lectura. Ellos creen que internet es la no-lectura,
el no-libro, con lo cual demuestran su total ignorancia sobre lo que es
realmente o lo que potencialmente significa internet. Son personas incapaces de
comprender lo que son ahora las bibliotecas y mucho menos pueden apreciar el
significado cultural de la nueva Biblioteca de Alejandría que
ha vuelto abrir sus puertas el 16 de octubre del 2002.( Tras casi dos milenios de ausencia,
la apertura de la nueva Biblioteca de Alejandría es
un acto de coraje y esperanza del gobierno egipcio y de
Pero volvamos al punto
de lo que implicó la resistencia a la imprenta y a la divulgación cultural. En
el citado trabajo de Roger Chartier leemos "No abandonó el lector moderno
los manuscritos. En las casas aristocráticas, la advertencias
y consejos que los nobles componían para sus hijos conservaron una forma
manuscrita que, a la vez protegía su secreto o privacidad y permitía la
incorporación de correcciones o adiciones. Pero más allá del ámbito nobiliario,
la lectura de los textos manuscritos se mantuvo durante toda la primera Edad
Moderna".
Uno de los aspectos que
se le critica a la nueva tecnología de la informática, de la expansión
incontenible de internet con relación a los vínculos interpersonales, es que, a
semejanza de lo que en su época se le criticó al libro, internet según
sostienen algunos, crea una relación adictiva con referencia a un objeto, en
este caso la computadora y que por ello se corre el riesgo de generar personas
que rompen vínculos con sus semejantes, para volverse casi autistas.
¡Nuevamente la novofobia y el avizorar futuros apocalípticos!
Sin embargo ello no es
todo lo trágico con lo que se suele pintar. Un trabajo bien meditado, elaborado
a través de la red por Máximo Lameiro y Roberto Sánchez, titulado
"Vínculos e Internet. Investigación cualitativa acerca de nuevas formas de
vincularse" (cuya metodología de trabajo fue a través de la red por dos
personas que no tenían relación física directa), estudio que data de abril de
1998 y que puede leerse en http://www.campogrupal.com/vinculos.html,
nos permite una aproximación muy certera sobre esta problemática. Ellos señalan
que el primer acercamiento a internet no tiene, por parte de los que se inician
en su uso, un propósito definido, sino que obedece a una suerte de curiosidad
intelectual, para saber de qué se trata esa cuestión del ciberespacio y que una
vez satisfecha esa curiosidad quedan como usuarios de internet fundamentalmente
por la dimensión interpersonal de internet (chat y e-mail) y no así por su
poder informativo. "En este sentido Internet desborda la función puramente
utilitaria de proveer información para convertirse en un instrumento que acerca
a las personas, permite su comunicación y el establecimiento de vínculos
duraderos entre ellas". (Op. cit) . Lo novedoso
es que el ciberespacio resulta un medio liberador en la medida que el vínculo
interpersonal no es cara a cara, la persona se torna como invisible y queda
expresada sólo en palabras. Como dicen los autores citados: "Así podemos
ser sin ser vistos y podemos establecer una relación con el otro sin
verlo".Esta invisibilidad en la relación interpersonal permite que se
puedan reprimir y a la vez aflorar aspectos de la personalidad, porque no
existe el freno que significa una relación directa (cara a cara). Por esto es
que los citados autores adelantan, como una de las hipótesis que manejan la
referente a que "toda persona que interactúa en el ciberespacio desarrolla
una nueva personalidad que puede diferir desde un grado mínimo a un grado
máximo con su personalidad del espacio habitual de su experiencia
cotidiana". Probablemente, nos dicen Lameiro y Sánchez, la supuesta
"deshumanización" o "irrealidad" de los vínculos
interpersonales a través de internet se deba al hecho de que los usuarios
tienen una experiencia aún corta de esta nueva realidad y muy presumible las
nuevas generaciones de usuarios aprenderán este nuevo modo de relación (in
absentia del cuerpo) con mayor "naturalidad". Por todo ello es que el
correo electrónico y el chat constituyen los aspectos más importante para la
casi totalidad de usuarios de internet. El correo electrónico tiene, por el
hecho de ser una comunicación off-line, una ventaja sobre el teléfono, que es
una comunicación on-line. El teléfono no da tiempo para una adecuada reflexión,
cosa que sí se obtiene en las relaciones y comunicaciones vía e-mail, que posee
una estructura diferida en la comunicación. El chat, en cambio, se asemeja al
teléfono en su carácter "on-line", es decir la comunicación es en
tiempo real y la respuesta tienen que ser inmediata, lo cual le quita la
reflexividad que da el e-mail, aunque sus usuarios constantes señalan como
ventajoso la inmediatez del intercambio, así como el hecho de poder participar
en el «chateo» varias personas a la vez, lo cual tiene que ver con el carácter
lúdico que se da en el hábito que adquieren algunos usuarios de la red,
fundamentalmente jóvenes. Una investigación internacional sobre el impacto de
Internet en los jóvenes, a cargo de investigadores de Francia, Canadá, Suiza,
Bélgica, Italia, España y Portugal, con chicos de entre 12 y 17 años, llegó a
la conclusión de que los jóvenes prefieren el chat al correo electrónico,
navegando en forma solitaria, o a veces con un hermano o un amigo, pero
raramente en familia, ven más a Internet como un divertimiento que como una
herramienta de trabajo y tienen la tendencia a volver sobre un reducido número
de sitios conocidos, antes que aventurarse a explorar nuevas posibilidades.
Otro aspecto que atrae a
los jóvenes son los juegos cada vez en mayor cantidad y muy sofisticados al
cual pueden tener acceso vía internet. De esta manera encontramos que los niños
y los jóvenes, y también muchos adultos, acceden a Internet no para aprovechar
toda la descomunal fuente de información que ella nos puede brindar, sino para
establecer vínculos interpersonales y para distraerse, e incluso para acceder
con una facilidad nunca antes dada a la pornografía.
¿Pero ello descalifica a
internet? Por supuesto que no, puesto que con los libros, revistas y periódicos
(medios que utilizan como soporte el papel) sucedió y sucede algo parecido. Es
innegable que mucho de lo que se edita y lee (que es realmente poco) es
material literario de escaso valor cultural. Más se publica y lee en función de
la simple y trivial distracción. Muchos de los libros y autores que se ponen de
moda, o que los ponen de moda, a semejanza de cómo se hace en otras actividades
(cantantes, por ejemplo) son de escasísimo valor real. Pero debemos ser
comprensivos y entender que el interés principal del mayor porcentaje de seres
humanos es eminentemente hedónico, y que ello se satisface a través de lecturas
que solo distraen, en el mejor de los casos. Lo malo de esta tendencia es que
cada vez se lee menos y cada vez se deteriora o se devalúa el contenido de las
publicaciones.
Podemos comprender con
claridad que internet no pone en peligro el libro, porque ya hemos señalado que
lo medular es la escritura y la lectura. Que el libro sea de papiro, pergamino,
papel o electrónico es lo accidental. Lo esencial es la escritura y ella exige,
necesariamente, un soporte, salvo que pretendamos volver a la etapa de la
oralidad. Como dice Armando Petrucci en "Leer por leer: Un porvenir para
la lectura": "¿Cuál será en el futuro próximo la actividad de la
lectura de los hombres?, ¿cuánto se extenderá socialmente y sobre qué tratará?. ¿Qué importancia y qué funciones tendrá en la sociedad?,
¿la demanda de la lectura crecerá o disminuirá?. Y
cómo se comportarán con respecto a esto las diversas áreas socioculturales del
planeta? Y, por último, es verdad lo que se ha
afirmado recientemente, es decir que «la actividad de leer se retrae en la
misma medida en que la operación de leer se universaliza»?"
Petrucci nos dice que es
en los Estados Unido donde se da la más clara diferencia entre una cultura
juvenil mediática, volcada en la música rock, el cine, la televisión y los
juegos electrónicos y que deja en segundo plano la lectura, limitada esta a
obras de narrativa contemporánea y sobre todo de ciencia ficción y tebeos; y
una cultura juvenil tradicionalmente cultivada, que se basa en la lectura de
libros, en la asistencia al teatro y al cine de calidad, en escuchar música
clásica y en el uso complementario de las nuevas tecnologías mediáticas".
El lado opuesto de esta medalla, según nos los señala Petrucci, es el Japón.
Dicho país posee la más grande concentración de lectores «experimentados», a lo
que corresponde una industria editorial que produce casi cuarenta mil títulos
al año, con una tirada total de cerca de mil millones y medio de ejemplares y
que cuenta con unas cinco mil empresas editoras. Es un país con lectura
generalizada debido al prestigio de la escritura y porque el japonés considera
un deber el estar informado y formado por la cultura escrita y donde, además,
el prestigio de las escuelas y la universidades está
fuera de cualquiera duda.
Todo lo anterior hace
que juzguemos que es exagerada la posición del lingüista italiano Raffaele
Simone para quien Internet es "el principal enemigo del libro y de la
lectura, a pesar de su apariencia de estar hecho para leer y escribir",
porque lo que realmente ha producido es un retroceso evolutivo que sustituye la
lectura por la simple mirada. Un desmentido a esto es esta propia cita, que
procede justamente de Internet, de un comentario de Juan J. Gómez publicado en
El País (Madrid) el 14 de febrero de
-Cambio en la jerarquía
de los valores: ahora la visión natural prevalece sobre la alfabética.
-Aumento del valor de la
imagen y con ello la supremacía de los menos estructurado sobre lo más
estructurado.
-Se ha modificado la
naturaleza de la escritura y la tipología de los textos (hipertextos)
-Nueva forma de elaborar
la información, que él cataloga como "no proposicional" y la cual se
caracteriza porque ha perdido los rasgos de ser analítica, estructurada,
contextualizada y referencial, para convertirse en "una masa indiferenciada
donde todo está en todo" y que desprecia el análisis y la experiencia.
En el mismo artículo
dedicado a la conferencia de R. Simone se informa que la introducción estuvo a
cargo nada menos que del filósofo español Fernando Savater, quien conociendo el
pensamiento de Simone manifestó ser contrario tanto a las "visiones
apocalípticas " como a los "entusiasmos desmedidos" con relación
a Internet, aunque señaló que "los jóvenes no leen porque solo entienden
los textos que son muy simples". Al respecto es muy importante leer a Sven
Birkerts sobre su experiencia en 1992 al impartir un curso sobre «El relato
corto americano» que lo llevó a la conclusión que sus jóvenes estudiantes
"...salvo unas pocas excepciones, no eran lectores, ni nunca lo habían
sido; que siempre se habían entretenido con música, televisión y vídeos; que
tenían bastantes dificultades como para concentrarse en una prosa de cierta
entidad..." Y continúa: "Todo esto confirmó mi antigua sospecha de
que, habiendo madurado en una cultura electrónica, mis alumnos de manera
natural exhibirían determinadas habilidades y carecerían de otras. Pero las
implicaciones, como empecé a darme cuenta, eran asombrosas, en particular si se
las consideraba no como una carencia generacional temporal sino como un cambio
permanente..." (Birkerts, Sven "Elegía a Gutenberg. El futro de la
lectura en la era electrónica"; pp. 31-32).
Por otra parte Savater
puso como ejemplo de la peligrosa influencia que tienen las nuevas tecnologías
en la educación la desaparición de la ortografía y de la sintaxis que
caracteriza a muchos correos electrónicos. Este último aspecto es muy
importante desde el punto de vista pedagógico y lo mencionamos más adelante.
Sartori precisa bien la relación de la televisión con la educación. Sartori nos
dice: "...Yo creo que Internet puede ser un instrumento formidable de uso
práctico. Pero en la esfera de lo que a mí me interesa, es decir
Un aspecto muy
importante con relación a las nuevas tecnologías es el concerniente a la nueva
forma de lectura. Con el libro o revista de papel la lectura viene determinada
por el autor. Leer un libro de principio a fin significa una linealidad, la
cual está predeterminada por la estructura dada por el autor del libro. La
lectura de los textos digitalizados o electrónicos es una lectura hipertextual
y por la naturaleza del hipertexto deviene en un lectura no secuencial, no
lineal, una lectura de curso sinuoso, que a la manera de los ríos que se
desplazan por zonas de llanura, de escasa pendiente, va discurriendo
sinuosamente, con múltiples brazos e incluso con cursos abandonados, que se
convierten en pequeñas y efímeras lagunas. El hipertexto, definido como "Forma
de organización de textos e información. En lugar de leer un texto en forma
continua, ciertos términos estarán unidos a otros mediante relaciones (enlaces
o links) que tienen entre ellos" (Galo, Igor "Diccionario de
Internet". Madrid Acento Editorial, 2001; p.42).
Lo que hace posible la
lectura no lineal, es decir el poder saltar en un documento de hipertexto es el
hipervínculo, el cual es un enlace electrónico que permite localizarse en otra
dirección, entendida esta como la "serie de caracteres numéricos o
alfanuméricos que identifican un determinado recurso de forma única y permiten
acceder a el" (Galo I. Op, cit; p.31). La lectura hipertextual es el
correlato de la escritura hipertextual. El hipertexto genera una lectura
multilineal y multisecuencial. Como señala Ana Calvo Revilla en "Lectura y Escritura en el hipertexto"
el hipertexto no posee un eje primario de organización; "es el lector
quien, libremente y con una gran autonomía, desplaza o fija el principio
organizador marcando su recorrido entre las lexias a través de diversas
trayectorias, bien dentro de la obra o fuera de ella. En cualquier caso, el
texto principal ya no constituye el centro, pudiendo haber tantos centros de lectura
como lectores posibles..." (Calvo Revilla, Ana). Sin embargo, como bien
señala la autora que venimos citando, la no linealidad de la lectura en el
hipertexto no significa una real y total autonomía del lector con relación a la
estructuración de la obra hecha por el autor, puesto que los caminos o atajos
que se pueden seguir vienen dados por el autor (persona natural o institución)
que colocó los enlaces, que estableció los hipervínculos. En el caso de nuestro
trabajo los links propuestos son aquellos que consideramos que un lector
interesado en profundizar el tema debe conocer, debe transitar por ellos,
aunque esto signifique abandonar por un momento el supuesto curso principal o
curso orientador (que lo constituiría el presente trabajo). Asimismo los enlaces
permiten conocer el texto completo cuando se hace una cita de un texto que se
encuentra en la red. Esto no es factible cuando se escriben libros o revistas
«en átomos».. Si se quería leer el texto y contexto
completo de donde procedía una cita que uno consideraba importante, bien se
adquiría el libro o revista citada o tenía que ser consulta en una biblioteca o
hemeroteca. Se puede, a través de la bibliografía citada por el autor, recibir
una orientación hacia donde dirigirse para profundizar los temas tratados, pero
es imposible interconectar textos (que no solo incluyen textos escritos, sino
también material visual, sonoro, etc.). La hipertextualidad permite leer en
forma multidimensional y multidireccional. Actualmente existen, por ejemplo,
muchos documentos históricos que han sido digitalizados y que se encuentran en
la red y que vía los hipervínculos podemos acceder a ellos con sólo hacer un
clic con nuestro ratón. Por ejemplo, si estoy escribiendo sobre la conquista
española de América y hago referencia al Requerimiento, documento que pretendía
justificar la conquista a través del concepto de la guerra justa, puedo tratar
que mi lector lea íntegro ese documento y por lo tanto crearé un hipervínculo y
podré facilitarle el acceder a la lectura del Requerimiento con solo hacer un
clic sobre dicha palabra que se identifica porque cuando llevamos el cursor
sobre ella aparece una mano derecha pequeñita cuyo índice apunta a la palabra,
apareciendo de inmediato en la parte superior de la palabra y en un recuadro el
URL respectivo.
Lo más importante es que
el hipertexto permite que el lector pueda acceder, conforme va leyendo un texto
determinado, a temas que son mencionados y sobre los cuales el lector desearía
en el momento recibir cierta información, de allí el carácter no lineal de la
lectura hipertextual. Como señalan Juan Antonio Pastor Sánchez y Tomás Saorín
Pérez el hipertexto, como estructura activa, interviene en la búsqueda de
información orientando al lector (ellos lo llaman usuario) en la navegación,
permitiéndole acceder a información acorde a las necesidades del lector, pero
que innegablemente viene sugerida por el autor que preparó el hipertexto con
sus hipervínculos. Le corresponde al lector evaluar la calidad de la
información a la cual acceda, pero existe la gran ventaja de que esos
hipervínculos por lo general conducen a otros hipervínculos y por ello se puede
ir saltando textos y discriminar la calidad de los mismos. En última instancia
quien tiene que decidir sobre lo que le es útil o no es el propio lector y es
por ello que se requiere de un gran espíritu analítico y crítico. En los textos
electrónicos como en los libros ante la pregunta de Diderot acerca de quien
sería el verdadero amo, el lector o el escritor, la respuesta de A. Manguel
acerca de que verdadero amo es el lector es plenamente válida.
Por supuesto que puede
darse el caso, que con mucha frecuencia nos suele pasar a los que recurrimos a
Internet en búsqueda de información, de encontrarnos saltando de un texto a
otro y nos damos cuenta que tenemos que orientar esa «navegación» en función a
un objetivo central, para no estar perdidos y a la deriva. Adelaine Bianchine
en su trabajo "Concepto y definiciones de hipertexto"
nos dice al respecto: "A diferencia de los libros impresos, en los cuales
la lectura se realiza en forma secuencial desde el principio hasta el final, en
un ambiente hipermedial la «lectura» puede realizarse e forma no lineal, y los
usuarios no están obligados a seguir una secuencia establecida, sino que pueden
moverse a través de la información y hojear intuitivamente los contenidos por
asociación, siguiendo sus intereses en búsqueda de un término o concepto".
La lectura multilineal y
multisecuencial también se da cuando tenemos textos digitalizados en CD ROM.
Por ejemplo si estamos consultando una determinada enciclopedia (Vg.
El hipertexto realmente
ha revolucionado la lectura. Recordemos que el hipertexto es un medio
informático que relaciona información tanto verbal como no verbal, al almacenar
caracteres, todo tipo de imágenes, cuadros, esquemas, fotos, vídeos, películas,
sonidos. Innegablemente las ventajas de un texto de formato electrónico son
fantásticas. Sin embargo su uso tiene que ser adecuadamente dosificado y con
objetivos claros y precisos. Se ha señalado que el uso del hipertexto suele
provocar la desorientación del lector quien se pierde en el sistema cuando se
aleja demasiado del punto de partida como consecuencia, según lo señalan Juan
A. Pastor S. y Tomás Saorín P., de no seguirse "una rígida y superficial
ruta trazada de antemano por el diseñador del sistema. Se deben poner pues a su
disposición ciertas herramientas que ayuden en el acceso a la información
contenida en las hiperestructuras." [Juan A. Pastor S. y Tomás Saorín P.
"El hipertexto documental como solución a la crisis conceptual del
hipertexto. El reto de los documentos cooperativos en redes"(http://debiblio.yoll.net/articulos/art13.html)]
La lectura hipertextual
exige maximizar criterios de metas y objetivos claros y precisos cuando se está
investigando, porque se corre el riesgo de perder tiempo incursionando por
caminos que no nos conducen a nuestro objetivo. Aunque, valgan verdades, a
veces podemos encontrar placer en una lectura aparentemente caótica, pero que
en el fondo no lo es porque siempre estará en función de nuestros intereses. A
los verdaderos lectores el mundo del hiperespacio y del hipertexto subyuga y
brinda un placer insospechado.
Los docentes de todos
los niveles y muy especialmente los del básico tenemos el reto ya no sólo de
tratar de crear el hábito de la lectura que llamaremos, aunque inadecuadamente,
tradicional o clásica (en átomos según la expresión de Negroponte) que de por
sí tiene sus grandes desafíos, limitaciones y misterios, sino que además nos
corresponde la tarea de que los niños y jóvenes descubran el mundo de la
lectura hipertextual, que no ha de consistir en el simple conocer la existencia
del hipertexto o su uso solo por la obligación de tareas propias de los
estudios académicos, sino, lo que es verdaderamente fundamental, lograr que se
acceda a la lectura por el simple hecho del placer que ella brinda y ello tiene
que hacerse a estas alturas del desarrollo tecnológico con un concepto de
lectura global o totalizadora, es decir que incluya tanto la lectura lineal,
secuencial como la lectura no lineal, no secuencial, es decir hipertextual.
Todo un desafío pero que en el fondo es el gran reto de todo docente de
fomentar la lectura, de poder crear el hábito de la lectura. Sabemos que ello
no es nada fácil porque no es solo, y para muchos ni siquiera fundamental o
decisivo el papel de la educación formal, sino que, como se desprende de
numerosos estudios y la constatación de casos concretos, la creación del hábito
de la lectura y su fomento está básicamente condicionado al rol que sobre estos
aspectos juega el entorno familiar del niño y del joven. Está ocurriendo, sin
embargo, con consecuencias no previstas, que con la lectura hipertextual el rol
de la educación formal es casi exclusivo y por lo tanto decisivo, fundamental,
porque en muchos casos, por lo relativamente nuevo del hipertexto, muchísimas
familias quedan al margen de poder tener alguna influencia sobre sus hijos, lo
cual se agrava aún mucho más en los niños y jóvenes de condición socioeconómica
baja (recordemos los info-ricos y los info-pobres) cuyos padres no tiene la
posibilidad de adquirirles una computadora y todos los bienes complementarios
que ella acarrea y, lo que agudiza más el problema, aún en el caso de que sí
puedan adquirirles una computadora y tener con ella acceso a Internet, un
porcentaje abrumadoramente alto de padres no podrán orientar a sus hijos, a
pesar de ser padres relativamente jóvenes, porque saben muy poco y en algunos
casos casi nada acerca de esta nueva herramienta tecnológica, reduciéndose
muchas veces tan solo a una utilización del correo electrónico o del chat. Algo
más, en casi todos los países pobres del mundo, que constituyen la mayor parte
de nuestro planeta, la educción pública no se encuentra en capacidad para poder
brindar una educación acorde con el desarrollo tecnológico, lo que ya hemos
comentado al referirnos a la brecha digital. El desafío es pues gigantesco y se
suele presentar como abrumador en la medida que la brecha (en todos los
aspectos) entre los países pobres, atrasados y los países ricos, desarrollados,
tienden cada vez a crecer.
5. LOS DISCOS ÓPTICOS: CD
ROM Y DVD
Los discos ópticos son aquellos que
tienen capacidad de almacenamiento binario. Son «leídos» por un lector óptico.
Los CD (Compact Disc) son aquellos utilizados para almacenar audio
(fundamentalmente música hasta 74 u 80 minutos). Son los CD de música que
compramos y que tienen esa duración como máximo y que pueden ser reproducidos
en los equipos de sonidos convencionales. Sin embargo cuando son procesados
para ser utilizados en las computadoras los CD se convierten en CD ROM (Compact
Disc Read Only Memory) y su capacidad se potencializa de tal manera que en un
solo CD se pueden incluir una gran cantidad de audio, además de textos,
imágenes, vídeos y animaciones. No hace muchos años atrás aparecieron los que
en un primer momento fueron llamados los POWER CD, definidos como un producto
mixto que podía ser reproducido tanto en un lector de CD Audio convencional
como en un lector de CD Rom, que tenía una pista de datos (no reproducible en
equipos de sonidos) que el usuario que no tenía computadora no debía utilizar
(el equipo de sonido no reconocía la pista de datos como no ejecutable) y esto
convertía al POWER CD en un producto mixto que podía ser utilizado como un
simple Compact Disc convencional o como un CD Rom. Pero al poco tiempo
aparecieron POWER CD cuya pista de datos es obviada por los equipos de sonidos
los cuales solo ejecutan las pistas con música, es decir que el sistema
denominado Extra CD no obliga a saltar ninguna pista especial cuando se utiliza
un lector de CD Audio Este tipo se emplea en los CD relacionados con música
clásica, sus autores e intérpretes. Los CD aplicados solo al sonido aparecieron
en 1982
Igor Galo en su
"Diccionario de Internet" (Madrid: Acento Editorial, 2001) define el
CD-ROM como el "Disco capaz de almacenar texto, sonido, imágenes o
cualquier tipo de datos. Es uno de los principales soportes de la revolución
multimedia dada su gran capacidad de almacenaje, hasta 700 Megas de
memoria..."(Op. cit.; p.24)
Un CD-ROM constituye un
libro electrónico, con la ventaja de no sólo tener texto e imágenes, como en
los libros en papel, sino que además permite incluir sonidos, vídeos,
animaciones y películas, aunque la calidad de reproducción de imágenes no es de
óptima calidad, sobre todo cuando se incluyen fragmentos de vídeos y películas.
Esta limitación se ha solucionado con el nuevo disco óptico, el DVD (Digital
Versatile Disc), que presenta dos tipos: DVD-RAM, que permite la grabación y
borrado de datos informáticos de forma repetida y el DVD-ROM con información
grabada que no puede ser borrada ni modificada. El DVD cuyo origen se remonta
recién a 1995, tiene, entre otras, una característica que lo hace superior al
CD-ROM ya no sólo en cuanto a reproducción de imagen de altísima calidad, sino
en cuanto a cantidad, porque permite almacenar 25 veces más información que los
CD-ROM actuales. Un CD normal admite unos 700Mb, mientras que en cada una de
las capas o sustratos del DVD (el CD posee una sola cara y una capa donde
grabar, en tanto que el DVD puede llegar a tener dos caras, cada una de ellas
con una o dos capas de sustratos) caben casi 4,5 Gb, es decir un total, en sus
4 sustratos, de 17 Gb. Si el CD nació para reproducir música, el DVD lo hizo
para reproducir películas, sin embargo muy pronto ambos tipos de discos ópticos
mostraron las posibilidades fabulosas de permitir libros de soporte magnético.
En poquísimo tiempo nos
hemos ya familiarizado con estos libros electrónicos, que tiene la ventaja,
entre otras cosas, de comprimir miles de páginas en uno o unos pocos discos.
Quién se iba a imaginar, por ejemplo, que
Pero no solo será este
tipo de obra de característica voluminosa (por abarcar o pretender abarcar todo
el conocimiento humano en sus más variadas expresiones) sino, como ya se ha
hecho, se va poder disponer de las obras completas de un solo autor y ello en
un solo CD y una colección de autores en unos pocos CD, para no hablar de la
gigantesca capacidad de los DVD que van a poder permitir incluir ya verdaderas
bibliotecas.
Otra gran ventaja de los
discos ópticos es la facilidad y practicidad de su utilización. Imaginemos la
utilización del Diccionarios de
Asimismo otra gran
ventaja de estos libros en soporte magnético (CD-ROM) es el poder interactuar
con el libro. Veamos un ejemplo recurriendo al excelente trabajo realizado por
Discovery Multimedia, en formato de CD-ROM «El Nilo: Un Viaje por Egipto» donde
a bordo de un falucho y con una guía de voz muy agradable, hacemos un viaje a
través del Nilo, llevando un diario y una cámara fotográfica para tomar fotos a
lo que uno desee y poder guardarlas en el diario. En ese diario uno puede hacer
anotaciones en base al grado de conocimiento que se posea y que las imágenes
que se van viendo le sugieran, para después poder ser aprovechadas o como un
simple pasatiempo lúdico. Pero también queda la posibilidad de limitarse a un
simple paseo por el Nilo y las maravillas del Egipto antiguo, porque el CD
permite aprovecharlo sin previa instalación en el disco duro de la computadora,
pero en este caso ya no se puede utilizar el diario de a bordo. El CD trae,
además, para niños y jóvenes (en realidad para todas las edades) juegos muy
interesantes. La forma de aprender es realmente extraordinaria. Sin embargo
debemos reconocer, por la experiencia en el campo educativo escolar, que a
pesar de ser un material realmente maravilloso este y otra gran cantidad de CD-ROM,
tal vez atraen en un primer momento al niño y al joven, pero como de lo que se
trata (y aquí, valgan verdades, no es tan significativa la forma como se trate)
es de cultura, y que ello exige leer o prestar atención al audio, a los
cuadros, a los vídeos, etc., el niño y el joven que no tienen el hábito de leer
por placer, pronto pierden interés en dedicarle el tiempo necesario. Pero si
este tipo de material cae en manos de los que tienen el hábito de la lectura en
el libro de papel, de inmediato se opera un gran interés y lo que es más
importante, un interés sostenido, es decir un verdadero interés, que lo lleva a
"leer" completamente este libro electrónico, tal como lo hace con el
libro de papel. Veremos un poco más adelante, entre sus inconvenientes de los
libros en discos ópticos el problema de su lectura, en cuanto se refiere a lo
que en el hay de texto, cosa que también vale para los textos en internet. Pero
antes de esto debemos reseñar otras grandes ventajas de los libros en discos
ópticos.
Con relación a los
libros en papel que utilizan fotos, como es el caso de libros donde el material
fotográfico es muy importante por tratarse de obras de arte u obras de
cualquier índole pero profusamente ilustrado, sabemos que dichas obras son
relativamente muy costosas y por lo general fuera del alcance de las personas
de recursos económicos medio, a pesar de que muchas de ellas son editadas bajo
las auspicios de instituciones empresariales, lo cual baja el costo, pero aún
siguen siendo alto. En cambio contamos con CD-ROM originales (la piratería de
CD-ROM y DVD al igual que la de los libros, cosa que no es solo de estos
tiempos como algunos piensan, es muy grande y con implicancias que reseñaremos
muy brevemente más adelante) que son de precio muy módico y que realmente fue
muy difícil que alguien se imaginara que pudiera hacerse realidad y sobre todo
al alcance de un público muy amplio. Me estoy refiriendo por ejemplo a los
libros de arte, específicamente a CD-ROM dedicados a los Grandes Museos de
Europa editados por E.E.M.E. ACTA., incluso presentados en estuches de 14cm x
19cm x 1cm, que semejan a un libro y que pueden ser guardados en un estante
conjuntamente con los demás libros de formato pequeño. Lo propio ocurre con
No puedo dejar de
referirme al mencionar CD-ROM dedicados al arte a una obra excelente no solo
por tratarse del Museo del Louvre sino también por la avanzada tecnología
utilizada. Me estoy refiriendo a «Le Louvre visite virtuelle» de Dominique
Brisson, en 3 CD-ROM (Collections et palais 1997, les Antiquités1998 y visite
virtuelle 1999), una copublicación y coproducción de Montparnasse
Multimedia-Réunion des Musées Nationaux, de la cual también existe versión
española de 1998, en un solo CD (El Louvre colecciones y palacio), por supuesto
también con la misma excelente calidad. En el caso de la versión francesa el
CD-ROM de las visitas virtuales nos permite un recorrido a través de sus salas
utilizando excelentes filmaciones. Para mayor comodidad de los usuarios la
colección francesa de los 3 CD viene en un elegante estuche que permite
ubicarlo al lado de los libros.
En el caso del Perú se
cuenta con tres CD-ROM de una gran calidad: El Señor de Sipán, Los Incas de
María Rostworoswski (que también se encuentra en internet) y Chavín de Luis G.
Lumbreras, que los mencionamos en estas líneas por la gran cantidad de material
fotográfico, vídeos y animaciones y en el caso de El Señor de Sipán por el
empleo magistral de los recursos más avanzados de la multimedia para hacernos
conocer vívidamente este sensacional hallazgo arqueológico. Los tres CD
mencionados cuentan con los auspicios de Telefónica del Perú. También son muy
importantes
Todas estas y otras
muchísimas ventajas más de los CD-ROM ha llevado a que algunos lo califiquen
como "The New Papyrus ", refiriéndose a aquel soporte milenario del
mundo egipcio, que constituyó un soporte dúctil de la escritura ampliamente
utilizado en la antigüedad y en buena parte del alto medievo.
Mencionábamos que uno de
los inconvenientes de los libros electrónicos es el referente a su lectura en
el monitor o pantalla de la computadora, que tiende a producir muy rápidamente
fatiga ocular. Además de que la lectura es similar a la lectura de los rollos,
porque hay que ir "desenrollando" para que el texto y todos los
medios de multimedia utilizados vayan apareciendo a nuestros ojos. Lo común es
que se pueda leer textos breves, pero cuando es material relativamente extenso
lo que se hace es imprimir el material o «bajarlo», muchas veces copiando en
word, para luego configurar la página, establecer el formato y la fuente,
transformar tablas en texto y de esta manera imprimirlo y poder leer con
comodidad y con la posibilidad de hacer anotaciones, así como también para
poder ubicar con facilidad los datos que se requieren y que son fácilmente
identificables, porque las hojas de papel resultan mucho más manejables que los
textos en el monitor, por lo menos hasta el momento, porque, como veremos un
poco más adelante, nuevas innovaciones están brindando una mejor interfaz entre
usuario-computadora o usuario-nuevos sistemas de presentación de información en
línea. Recordemos que en 1995 Negroponte, en su obra que hemos mencionado,
escribía: «...,en el mejor de los casos la interfaz
actual es rudimentaria y está muy lejos de ser algo con lo que uno desearía
irse a la cama.» (Op. cit.; p.25).
Además, los materiales
que se encuentran sobre todo en internet, por lo general, suelen presentar
muchos errores gramaticales (ortográficos y de sintaxis) muy chocantes para las
personas acostumbradas a la lectura de libros y revistas, donde también se
deslizan dichos errores, pero en una escala muy pequeña. Muchas veces uno se ve
obligado a grabar lo que nos brinda Internet en el formato que aparece, para
luego vía Front Page hacer las modificaciones necesarias y terminar luego
imprimiendo para su lectura. Por supuesto que este hecho tiene de positivo
(¿siempre?) el que se puede interactuar en el mundo informático, consiguiendo
subsanar los errores que se hubieran podido escapar, Aunque, se nos informa, se
está generando el problema de la propiedad intelectual, lo que se agrava porque
algunos internautas no saben como consignar los datos conseguidos en Internet
y, otras veces, en la red no figuran datos que permitan identificar al autor de
un texto, salvo en casos como www.monografías.com donde, como
debería ser la regla, todos los trabajos tienen consignados sus autores y en
algunos casos estos consignan su especialidad o si pertenecen a alguna
institución educativa o profesional, lo cual tiende a dar un poco más de
confiabilidad a la fuente consultada por el internauta, auque lo único seguro
es la lectura y su análisis crítico a partir de lo que uno ya conoce y
contrastando fuentes, tal como se hace con las fuentes escritas en soporte
tradicional. Además los autores de los trabajos consignan su e-mail, lo que
facilita trabar contacto con ellos, lo cual resulta útil si uno desea conocer
más acerca del tema desarrollado o el hacerle llegar comentarios o inquietudes.
Es muy importante leer el trabajo "Cómo citar recursos electrónicos"
de Assumpció Estivill y Cristóbal Urbano, en Information World en español,
setiembre de 1997 (http://www.debiblio.vol1.netnet/articulos/rt2.html)
Frente a este
inconveniente (lectura en la pantalla del monitor) sin embargo tenemos que
reconocer que existen CD-ROM que han sabido sortear esta dificultad. Es el caso
de «Grandes Inventos: Ciencia, Tecnología e Historia de las cosas que nos
rodean» (Santiago de Chile: UNLIMITED S.A.,1996), que
hace uso del audio para las explicaciones, de tal manera que el usuario logra
un conocimiento muy bueno (a nivel de niños y jóvenes) observando en forma muy
activa y escuchando acerca de los grandes inventos, vía los parlantes de la
computadora.
En cambio, si bien es
cierto que la excelente Enciclopedia Encarta tiene una opción de lectura de
textos, ya del artículo completo que se está consultando o del texto que el
usuario selecciona sombreándolo, sin embargo la versión española de esta
enciclopedia tiene una voz femenina, que a pesar de las modulaciones que
permite la opción de leer, no es agradable al oído. Esto me parece que es fácil
de solucionar, porque en diversos CD ROM que conozco, la voz utilizada en el
audio resulta agradable al oído, como tiene que ser para poder concitar la
atención. Un ejemplo de cómo se ha utilizado el audio lo más adecuadamente
posible lo apreciamos en «Civilizaciones Antiguas» de Microsoft Home, donde
encontramos diversas voces, masculinas y femeninas, en la opción de exploración
de las culturas egipcia, griega y romana mediante guías, los cuales adoptan la
personalidad de un determinado personaje de esas culturas, en atención al
estatus social que tuvieron. Lo propio en todos los CD-ROM dedicados al arte en
los cuales las explicaciones a través del audio son impecables. Estas
explicaciones no solo se dan en los CD-Roms dedicados a las artes visuales
(escultura, pintura, etc) sino también en las obras musicales, como es el caso,
por mencionar solo dos ejemplos, de Beethoven’s 5th
, en español, (©1994 InterActive Publishing Corp. Program) y la
colección Clásicos Imprescindibles (Planeta DeAgostini S.A. , 2000)
También considero muy
importante destacar la gran calidad del CD-ROM "Grandes batallas de
Lo referente al audio en
los CD-ROM nos lleva a los llamados «Libros Hablados Digitales" que tratan
de sortear el problema señalado del cansancio visual al leer en una pantalla.
Existen realmente dos enfoques diferentes frente a este relativo problema de la
lectura en pantalla. Uno usa la voz para facilitar la lectura, es decir, cambia
la vista por el oído para evitar el cansancio visual que produce la lectura de
la pantalla de la computadora. El otro enfoque busca mejorar la imagen que ve
el usuario de forma tal que la actividad de leer el texto sea cómoda y
agradable gracias a la calidad de la imagen que se visualiza. Estos dos
enfoques no son excluyentes y pueden ser usados de forma complementaria, aunque
todavía no hay productos que los combinen. Es posible que las mejores
soluciones se consigan al final, con el uso combinado de vista y oído para
hacer que la lectura de textos digitales sea un placer, pero en estos momentos
ninguno de estos dos enfoques ha conseguido, usándolos por separado, alcanzar
la aceptación generalizada que tienen los textos impresos.
«... puedo imaginarme un
futuro sin libros de papel, pero no sin libros ».(
Juan Cruz,
director de
«Uno, ante estos
augurios, se queda perplejo. No puede concebir un mundo en el que todos los
libros quepan en un solo tomo, ni sabría renunciar a la individualidad de la
obra, ni querría aceptar la inexistencia física de El cuarteto de Alejandría . Pero las ventajas prácticas del
e-libro son tan apabullantes, que no habrá metáfora cultural que se resista. Y,
el futuro, oiga, no hay quién lo pare ». (Tomado de un chat de
"El camino que se
nos ofrece no es tan sencillo como nos lo presentan los «misioneros
digitales»" ni tan simple como lo consideran los «bibliófilos
tradicionales»"
"... Estoy seguro
de que las nuevas tecnologías volverán obsoletos muchos tipos de libros ... " (Umberto Eco)
Carlos Sáez en su
trabajo citado «El libro electrónico» nos dice: «En primer lugar, el llamado
papel digital, un descubrimiento del Instituto de Tecnología de Massachusetts
cuyo director, Nicholas Negroponte, comenzó a darle publicidad hace ya algunos
años. Este invento hace posible la fabricación de libros iguales a los de
siempre, con su mismo tacto, peso y olor, pero que poseen las cualidades de una
pantalla de ordenador. Asimismo, pueden adoptar la forma de periódicos que se
materializarán en una pantalla plana recargable que evitará el uso del papel.
Cada nuevo día tendremos acceso desde ellas a las noticias que los editores
pongan en circulación». Estos libros son los llamados e-book (electronic book)
y comenzaron a comercializarse a finales de 1998. Sáez nos informa que diversas
empresas americanas y japonesas han lanzado o pretenden lanzar al mercado un
objeto, del tamaño y forma de un libro convencional, que no esconde sino un
ordenador de pequeño formato dotado de una o dos pantallas, equivalentes a una
o a las dos páginas que un lector ve en un libro abierto, en color o blanco y
negro, por las que pueden pasar con absoluta fidelidad las páginas de un libro,
incunable o manuscrito, de una revista o de un periódico que el usuario pueda
descargar a su gusto, eso sí, previo pago de un canon en concepto de enlace o
suscripción (Sáez, Carlos. Op. cit.). Parece que estamos cerca de aquella Biblioteca Total con la que Borges
soñaba y en la cual los lectores podrán tener a su disposición una biblioteca
con todos los libros imaginables, independientemente de donde se encuentren
físicamente, porque han sido digitalizados y con ello se han convertido en
ubicuos, es decir están en todas partes y a la vez en posesión de muchas
individualidades..
En pocas palabras,
aunque conceptualmente preciso, se puede definir al libro electrónico como un
material digital de lectura. Su visualización más común es la pantalla del
monitor de la computadora, ya sea en las de escritorio o las portátiles
(laptop). Actualmente se pueden leer también, aunque su difusión es todavía muy
reducida, en agendas electrónicas como las Palm y en dispositivos especiales
("eBook Readers"), diseñados específicamente para este fin, con una
gran capacidad de almacenamiento (entre 1.500 y 500.000 páginas de texto) y la
posibilidad de descargar nuevos títulos directamente desde Internet. En los
Estados Unidos, cuna del "eBook", se está trabajando intensamente para ofrecer
hardware y software asequible, seguro y fácil de utilizar tanto para los
empresarios como para los consumidores. Estos esfuerzos parecen estar dando
resultados: en Estados Unidos los "eBooks" están ya siendo utilizados
por muchos profesionales, tales como abogados, médicos y farmacéuticos.
Asimismo, las librerías americanas más importantes, como Barnes & Noble, ya
están vendiendo programas de lectura y libros electrónicos. De hecho, los
analistas esperan que el mercado para los eBooks y otros documentos
electrónicos alcance los 70 mil millones de dólares (unos 61 mil millones de
euros) en los próximos años. (Ver:«Breve
historia del libro electrónico» http://virtualibro.com).
En la historia del libro
electrónico 1971 marca un hito muy importante porque en ese año Michael
Hart digitalizó
Un aspecto muy
interesante, desde el punto de vista pedagógico, es el concerniente al
pensamiento de Hart con relación a los libros y a la lectura. Al planteársele
su opinión y su posición con relación la lectura, considerando que los
especialistas en educación señalan que ella no pasa necesariamente por
soluciones de alta tecnología (high tech),sino mas bien tiene que ver con
hábitos de conducta, relaciones familiares, valores, culturales, etc. Hart
señala que el Proyecto Gutenberg, en realidad no implica alta tecnología. Que
lo que él hace es poner a disposición de potenciales lectores, completamente
gratis, una biblioteca totalmente a la mano. Que ello no asegura la lectura, es
cierto, y él pone un ejemplo: «Tú puedes llevar un caballo al agua, pero no
puedes obligarle a beber». Sin embargo es optimista con relación a los
beneficios de su proyecto: "En cualquier caso, creo que habrá mucha gente
que leerá y utilizará nuestros libros. Creo que los libros electrónicos son muy
útiles para los estudiantes. A mí me hubiese gustado tenerlos cuando era un
estudiante".Al preguntársele que haría al llegar a su meta de diez mil
libros, respondió que tal vez la extendería a cien mil o un millón de libros y
probablemente extendería el campo de acción a periódicos, revistas, música,
cine, etc.
José Antonio Millán en
su artículo "Biblioteca Universal. El proyecto Gutenberg y otras muchas
iniciativas quieren llenar la red de libros" al referirse al proyecto de
Hart, dice: "Es pues, un proyecto altruista, muy en línea de los primeros
momentos de
Hay otros proyectos de
textos electrónicos, mencionados por J.A. Millán, como The Etext
Archives, más dedicado a obras políticas y religiosas; The English
Server, con textos de humanidades; Internet Public Library, The Naked Word, e incluso Project Bartleby, en memoria del escribiente de la obra de
Melville.
En el interesantísimo
artículo publicado por Sophie Boukhari, en el Correo de
Pero, como señala Sophie
Boukhari, existen algunos problemas todavía insalvables, entre ellos la
realidad de los países pobres donde la democratización de la cultura, y por
ende el acceso a Internet, está muy lejos de hacerse realidad. Al respecto
Boukhari, escribe:
«A primera vista, las
bibliotecas virtuales son una bendición para los habitantes de los países
pobres: les brindan acceso a la memoria del mundo, ampliamente concentrada en
el Norte. Pero para ello necesitan además una computadora, una conexión a
Internet y dinero. "En numerosos países en desarrollo, el acceso a
Si hasta no hace mucho
había muy pocos libros en la red en idioma castellano, actualmente ha aumentado
considerablemente, aunque está muy distante de lo que aparece sobre todo en
inglés. Sin embargo no quiero dejar de mencionar la excelente Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes Saavedra (http://cervantesvirtual.com/), donde podemos encontrar
no sólo libros, algunas veces de una misma obra varias importantes ediciones,
algunas muy bien ilustradas, sino también importantes artículos, discursos (
como el pronunciado, en 1905, por el Sr. Alejandro Pidal y Mon; Juan Valera,
por encargo de
Asimismo encontramos que
algunas editoriales digitalizan obras o algunos capítulos de obras de su fondo
editorial. Es el caso de la muy importante Biblioteca Digital del Fondo de
Cultura Económica, Fondo 2000. Cultura para todos. (http://omega.ilce.edu.mx3000/index.htm) (http://omega.ilce.edu.mx3000/biblioteca/sites/fondo/2000/htm)
Esta biblioteca digital
contiene capítulos muy interesantes de obras de autores muy prestigiosos y que
abarca los siguientes campos: Biografías, Computación, Filosofía Política,
Física, Gastronomía, Historia, Lengua y Literatura, Psicología y Tauromaquia.
El número de obras dedicadas a la historia de México (FCE es una editorial
mexicana) es bastante importante y de obras muy significativas.
No quiero dejar de
mencionar en esta brevísima relación de bibliotecas virtuales a las cuales
tenemos acceso los usuarios, en forma totalmente gratuita, (porque existen
otras bibliotecas virtuales que permiten el bajar [«download»] los libros pero
previo pago de dinero, que por lo general es económico si lo comparamos con el
precio del mismo libro en papel), a una revista tan importante como es El
Correo de
En el campo educativo se
cuentan con importantes digitalizaciones de literatura infantil.
En los años 80 del siglo
XX apareció el DYNA BOOK, un prototipo librario
bastante distante del formato del libro tradicional, que se independiza de la
computadora y que permitía «leer» los CD-ROM de manera cómoda como se suelen
leer los libros tradicionales. En su folleto de
presentación, leemos: "DynaBook puts the incredible power of CD-ROM into a
compact 14’5"x 2’75" electronic book weighing a mere 16 pounds…
DynnaBook makes reading from CD-ROM data as sitting down with a good
book".
Dyna Book no era sino la
expresión tecnológica en una pantalla LCD (Liquid Cristal Display) de simple
lectura, liberada de la computadora (en aquella época todavía de tamaño grande)
y conectada a ella como periférico necesario, que actuaba a manera de
concentrador de información o discoduro. Era el Dyna Book una pantalla táctil
transparente como un cristal y exenta de teclado. Utilizaba un
"driver" CD-Rom con convertidor analógico digital. Tenía también
posibilidades de audio. Uno de sus mayores logros era la interacción por tacto
con la pantalla. Sin embargo el DynaBook se extinguió muy rápidamente, porque
en el fondo era tan sólo un lector particular de CDs.
En 1981 aparece el Diccionario Electrónico Random House, considerado el primer
libro electrónico disponible comercialmente. En 1986 los editores Franklin
Electronic agregan un diccionario electrónico en un dispositivo del handheld,
produciendo el primer libro electrónico.
Conocemos los intentos
de la firma Sony a principio de los 90 (1992), con su Bookman; así como los de
Franklin Electronic Publishers, que carecieron de popularidad porque el intento
de leer, en pantallas no del todo adecuadas, como las corrientes de aquellos
años, distaba mucho de las calidades de las hojas de cualquier texto o libro
impreso.
Poco después, las firmas
Canon, Fujitsu, IBM, JVC, Matshushita, Microsoft, Minolta, Ricoh, NEC, y la
misma Sony, junto con otras varias empresas, emprendieron un proyecto que
debería tener todas las condiciones adecuadas para, si no de forma inmediata,
sí en un período relativamente breve, intentar una alternativa digital al
modelo tradicional.
No son muchas, sin
embargo, las patentes y aplicaciones que en los últimos años del siglo XX y
comienzos del XXI se han acercado, en menor o mayor medida, al libro
electrónico-digital ideal. Las más han mimetizado el modelo computacional en
sus primeras experiencias para permitirle prácticamente las mismas
virtualidades que posee la computadora. Quizá el persistir en la tendencia
absolutamente obsesiva por seguir dependiendo de la computadora, como punto de
partida por parte de las empresas que trabajan en este nuevo modelo, frustra las
posibilidades de verdadera ergonomía libraria que ha hecho fortuna durante más
de medio milenio. No obstante, como tales presentaciones constituirán la
protohistoria del nuevo soporte, vamos a verla aunque muy esquemáticamente.
En octubre de 1998, en el
foro de la 1ª Feria del Libro Electrónico,
bajo el patrocinio del NIST ( National Institute of
Standars and Technology ) celebrada en Gaithersburg, Medford, USA, fue
presentada la denominada iniciativa Open eBook (OEB) .Tal iniciativa se basaba
en un acuerdo de especificaciones sobre la estructura de un modelo universal
que utilizara las normas html y xml. Se consideraba este paso como esencial,
dadas las características del naciente mercado electrónico, a la hora de
uniformar los formatos de edición, lenguajes, contenidos, iconografías,
conectividad, etc... "La pronta adopción de un formato estándar
constituiría una piedra miliaria en el mundo de la edición
".
"La presente
convergencia de las tecnologías hará finalmente viable la publicación digital y
se presenta como un atractivo desafío ". Tanto
las firmas SoftBook como Novo Media´s RocketBook adoptarán sustancialmente
dicha expresión normativa .
Un prototipo que
comenzaba a parecerse al libro tradicional fue presentado en 1998 por la
empresa americana SoftBook Press, fundada por Jim Sachs y Tom Pomeroy. en Palo Alto, California. SoftBook Press Inc. es un líder en
el emergente mundo del libro electrónico . Es una
compañía cuyo objetivo es desarrollar la sociedad sin papel por medio de las
extensiones SoftBook y SoftBook Network, aprovechando las prestaciones de
INTERNET. Parte de la idea de que Book + Technology = SoftBook. Su apariencia,
sin embargo, lo asemejaba al mismo libro, a pesar de tratarse de un modelo
monopágina, protegido en este caso por una cubierta de piel. La información se
incluye en el softbook por medio de flash cards que permiten un almacenamiento
de hasta casi las 100.000 páginas (también puede cargarse el modelo vía red).
Fue presentado como tal en la feria Seybold de San Francisco el 30 de agosto de
1999. El 18 de octubre de 1999, el Atheneum de Chicago premiaba esta idea con
el premio del Museo de Arquitectura y Diseño. Estudiado en profundidad, dicho
modelo se parece más a los desarrollados PDA ( Personal
Digital Assistent ) que al sistema librario que pretende mimetizar. Su modelo
más avanzado es el Palm Pilot de la firma 3Com. En septiembre de 1999 la firma
presentaba la posibilidad de ofrecer por este sistema los medios Newsweek y
Washintong Post, así como un grupo de revistas: Time, Fortune, Money, New York
Times, etc.
En la misma línea se
encuentra el Rocket eBook ideado por los consultores californianos Martin
Eberhard y Marc Tarpenning, a partir de 1996. Consiste este libro electrónico
en una pantalla manejable con una mano, y que puede contener unas 4.000
páginas, o sea alrededor de 10 novelas normales. El Rocket ebook contiene en el
sangrado de su pantalla un programador de sistema de visualización; un
orientador de página, que permite leer en sentido vertical y horizontal en la
pantalla; una barra de navegación, con un indicador de la situación corriente
de lectura, con respecto al texto total; un localizador índice de títulos y un
menú de opciones como: marcado de página, subrayado, notas, etc.
Otro modelo de esta
misma firma lo constituye el denominado Everybook, de Daniel Munyan, en el que
se obvian las carencias ergonómicas de la pantalla única, y se inclinan por la
más aparente de la doble pantalla -doble página- ligada al libro tradicional.
El diseño y concepción del Everybook es radicalmente diferente al de otros
libros electrónicos. Cuando se abre el periférico de lectura (
libro ) aparecen dos páginas similares a las de un libro impreso, en las
que puede desplegarse cualquier libro, así como periódicos, revistas, etc....
Fue creado por la empresa Everybook Incl. fundada por
Daniel E. Munyan en 1995. Este modelo supone un salto entre los modelos
computacionales y el mismo libro en sí. Puede ser utilizado por estudiantes,
profesionales y por el público en general. "Este libro electrónico recoge
toda la sensibilidad del lector acerca del libro tradicional, y permite el
almacenamiento masivo, acceso rápido a cualquier información, y servicio en
tiempo real ".Resuelve, mejor que otros modelos, los problemas de:
transportabilidad, producción, distribución, ecología, etc
Sin embargo todos los
modelos enunciados hasta aquí -que constituyeron el consorcio Novo Media- no
han tenido en principio el éxito deseado, además de por su precio considerable,
porque no dejan de ser una cierta transformación del ordenador más sofisticado,
y por ende su peso es desproporcionado como para ser manipulados con relativa
facilidad.
Otro de los grandes
proyectos de libros electrónicos es el del equipo del Dr. Joseph Jacobson del
MIT (Massachusetts Institute of Technology), que tiene la ventaja de pretender
brindarnos un libro electrónico que en apariencia es exactamente igual que un
libro cualquiera de hojas de papel y tapas duras, excepto por un par de botones
que lleva en el lomo. Basta pulsar uno de ellos y en pocos segundos en sus más
de 200 páginas aparece impreso el texto. El modelo del año 1999 se basa en un
nuevo pigmento, la denominada tinta electrónica: millares de partículas esféricas
sensibles a la corriente eléctrica, blancas por un lado y negras por el otro,
en la proporción de 250.000 por pulgada. Esa tinta, extendida por un papel
especial, en contacto con unos microscópicos hilos, se activa de tal manera,
que ofrece un texto similar al producido en el mismo papel por un procedimiento
de impresión tradicional, e incluso de un contraste mayor al de la impresión
láser. El correlativo movimiento de las esferillas activadas producirá otra
página de texto, y así sucesivamente. Por otra parte la capacidad de
almacenamiento del sistema es muy grande, ya que se puede cargar desde una
computadora, una tarjeta o un disco óptico de alta densidad. Posee también la
virtualidad de interactivar el contenido del texto con imágenes en movimiento,
u ofrecer cortos independientes. Limitaciones, las tiene y muy considerables:
además del alto precio por ejemplar -lo cual tiene su compensación a nivel de
sus innúmeras posibilidades secuenciales de uso-, nos encontramos frente a un
sistema excesivamente sofisticado y que necesariamente, según el proyecto,
precisa de un disco duro, que aunque permita realmente -dada la capacidad
actual de los mismos- transportar una biblioteca entera, no podrá eludir el
alto BER ( Bit Error Rate ) que produce cualquier periférico de este tipo, amén
de su peso y fragilidad. Pero será el tiempo el que discrimine entre los
sucesivos modelos.
El sistema
Sagredo-Hidalgo.( Patente P9801927 ) pretende también
un libro electrónico que tenga las virtudes del libro tradicional y supere los
inconvenientes de los libros electrónicos hasta el momento diseñados. El propio
Sagredo, especialista que realmente nos iluminó muchos conceptos que no
teníamos suficientemente claros acerca de los e-books y a quien venimos
citando, señala que la diferencia esencial de este modelo con los anteriores,
reside en que se desprende del contexto computacional en gran medida, para
confeccionar un prototipo cercano al libro en su apariencia, y muy próximo a su
vez, a los soportes más avanzados de información, ya que al fin y al cabo el
libro no deja de ser un soporte de información. No se trata en él de expresarse
en modos de computadoras más o menos perfeccionadas. Importa sobre todo extraer
toda la rentabilidad de una pantalla universal de alta definición, como las que
existen hoy en el mercado, y convertirla en hoja iluminada sucesivamente por el
contenido de las de un libro tradicional; para mayor ergonomía, adoptamos la
hoja doble y enfrentada, como en el mismo tipo librario. Este sistema está
dotado de una serie de comandos, no más de 10, que permiten funciones de paso
de página, subrayado, aumento del tamaño de la letra, color, etc... sin incidir en otras virtualidades multimedia, que
complican, por el momento, el sistema adoptado. El texto no está en ningún
disco duro, sino que se contiene en una tarjeta óptica que, editada en
cualquier editorial avanzada, podrá ser adquirida en librerías, tiendas de
artículos diversos o en un quiosco tradicional. El sistema, por tanto, está
dotado esencialmente de un simple lector de tarjeta óptica de avanzada
tecnología, basada en las potencialidades de los discos de la última
tecnología; o bien de un lector de banda óptica o del denominado papel digital,
que en su día fuera patentado por CREO Products. Lo que busca este sistema es
desprenderse de cualquier soporte circular, de lectura normal en espiral y con
cabeza óptica; para pasar al modelo secuencial de barrido de un soporte
rectangular y de lectura similar a la que nuestro ojo produce sobre el papel
tradicional. Dado el desarrollo de tarjetas de este tipo, ideadas por CANON y
DREXLER, resulta sumamente sencillo, nos dice Sagredo, incorporar dicho
elemento, y, además, su precio es irrisorio en comparación con el de cualquier
ejemplar, libro o revista. De este modo, asimismo, este sistema pretende
desprenderse de la celulosa para siempre; (Según Sagredo lograr que los árboles
nos enseñen el bosque). Y, lo que es más importante, se pretende lograr que el
nuevo ebook pueda ser llevado con nosotros, si así lo deseamos, hasta los
lugares más remotos del universo. Asimismo, y dadas las capacidades y autonomía
de las actuales pilas de energía, no es difícil adoptar un modelo que permita
una autonomía, como la de cualquier artilugio que hoy manejamos a diario:
teléfono portátil, casete, cámara digital, etc... Cualquiera podrá adquirir o
recargar las tarjetas que desee, con los libros que se adecuen mejor a su
función profesional, científica, cultural, recreativa, personal o colectiva, y
transportarlos fácilmente a cualquier lugar. Al conjunto del sistema sus
creadores (Sagredo-Hidalgo) lo han denominado, con marca patentada, BIBLIOTRON.
Algunos futurólogos
consideran que para el cercano 2006 los libros electrónicos estarán ofertándose
en las librerías tradicionales y quioscos, de tal manera que para el 2009 la
venta de libros electrónicos superará a la venta de libros de papel,
previéndose que para el 2015 las bibliotecas digitalizarán todas sus obras.
¿Se alejará el libro a
una velocidad cada más creciente y terminará por abandonar
Actualmente contamos con
varias obras que se presentan tanto en formato de átomos como de bites.
Seguramente se aprovecha el proceso de digitalización previo que ahora se
emplea para la publicación de los libros (varios especialistas y entre ellos
Negroponte han señalado este hecho, aparentemente paradójico que los libros
aparecen primero, dentro de su proceso de preparación, en formato digital y es
por ello que Negroponte lanzó como propuesta que las editoriales deberían
brindar un ejemplar digital de cada obra que publicaran).
Considero que podemos
estar seguros que no se producirá el fin del libro, mucho menos de la lectura,
a pesar de que algunos Francis Fukuyama de este campo así lo crean. La
tecnología no se detendrá y por lo tanto nuevos soportes de la escritura han de
aparecer, siempre para delicia, así lo esperamos, de los que amamos la lectura.
La prueba la tenemos en la propia evolución que viene sufriendo el novedoso
soporte de los libros electrónico, es decir la pantalla del monitor de las
computadoras, utilizada por todos aquellos que de una u otra manera tenemos que
ver con la cultura, sea para informarnos o para aportar algo de lo poco que uno
sabe, en cualquiera de los dos casos llevados de nuestro afán por aprender y
gozar. Como nos dicen Félix Sagredo Fernández y Ma Blanca Espinosa
Temiño en "Del libro al libro electrónico-digital": «La pantalla, con
todos sus inconvenientes para las funciones rutinarias de lectura y fijación y
captación del conocimiento, no así para la gestión del mismo, también ha
experimentado mutaciones trascendentales. Desde los modelos fosforescentes de
primera generación, hasta sus actuales de cristal líquido o plasma, y otros que
aún se desarrollan en laboratorios especializados, ha
recorrido, en menos tiempo que el libro, como realidad connatural con el mismo
tiempo que nos toca vivir, un espacio considerable. Tiene además, en general, y
como soporte, una serie de ventajas inconmensurables. El texto, la imagen
estática o en movimiento, y los modelos multimedia, pueden desfilar por su
"brillante página" sin necesidad de funciones de borrado e
inutilización del soporte correspondiente, como sucedería con el soporte papel;
es decir, puede ser utilizada o reutilizada en las mismas tareas culturales
interactiva e indefinidamente, con un consumo elemental de materia prima. En
pocas palabras, ha dotado a la ciencia y a la cultura de unas potencialidades y
dinámica, incluso a distancia, que el papel jamás pudo soñar ni ofrecer».
La mente tan lúcida de
Umberto Eco nos hace notar las posturas, para nosotros las más de las veces
risibles, que enfrentan a los «misioneros digitales» con los «bibliófilos
tradicionales». No entendemos, por ejemplo, como se puede trastocar conceptos y
verdades evidentes y convertirlas en pensamientos vacuos, en los cuales el
mínimo sentido analítico y reflexivo se pierde, como queriendo darle la razón a
Giovanni Sartori, que en verdad consideramos que no la tiene, al menos no
totalmente. Nos estamos refiriendo a conceptos como el que a continuación
transcribimos, que es una muestra representativa de lo que repiten muchos
«misioneros digitales»: "Mucho del futuro del hipertexto está ligado a su
implantación en el modelo de enseñanza-aprendizaje en la educación básica; hay
que formar en los niños y adolescentes una nueva forma de leer, más orientada a
la interacción que brinda la informática, que a la pasividad soñolienta que
ofrece el libro". Y líneas abajo el mismo autor escribe: "La
hipermedia es un modelo muy similar al modelo hipertextual en sus fundamentos
básicos y prácticos, también se caracteriza por su no linealidad, por no tener
un centro definido por el autor, porque no tiene límites definidos, porque no tiene
principio ni fin y porque no hay conclusiones diferentes a las de del lector.
Pero con un elemento más natural, el texto es reemplazado por sonidos, dibujos,
animaciones, imágenes y vídeos, es decir volvemos a la cultura visual y oral
tratando de eliminar la cultura del texto" (Cote, Eduardo. UNINET –
Colombia.http://www.clasevirtual.net/publicaciones/hipertextos.htm).
Realmente resulta deplorable la pobreza de conocimientos y conceptos tan
elementales en personas que actúan en niveles educativos superiores. Atreverse
a decir que los libros escritos en soporte de papel proporcionan una lectura
pasiva y soñolienta significa, o bien que estos «talibanes digitales» no han
leído nunca (a un lado la «lectura obligatoria»-que ya sabemos no es verdadera
lectura-de la escuela o de la universidad), es decir no han encontrado el
placer que brinda la lectura y que, justamente por ello, su bagaje cultural es
tan ínfimo que pueden escribir tales trivialidades («la ignorancia es
atrevida»), o que en su defecto leyendo también libros en átomos, como lo
reconoce el propio Negroponte en cuanto a las virtudes que poseen, sólo
pretenden una confrontación con los «bibliófilos tradicionales», que a veces,
es también necesario reconocer, adoptan posturas de bibliófilos con mentalidad
inquisitorial, que pretenden nuevamente hacer renacer el Index (índice de
libros prohibidos, catálogo de libros proscritos por
En una entrevista hecha a
Alberto Manguel (que si tiene la solvencia intelectual para hablar y escribir
sobre los libros), al recordársele que al inicio de su libro «Una historia de
la lectura» en una de las tres citas que le dedica al lector de su obra (de
Robert Darnton, Virginia Woolf y Denis Diderot), justamente Diderot se
pregunta: «Pero, ¿quién será el amo?. El escritor o el
lector?», al inquirírsele sobre su opinión, él dio la
siguiente respuesta: «Los escritores vivimos pensando que somos los amos, pero
creo que ese rol le corresponde, sin ninguna duda, al lector. Él es el
amo". ("El Dominical" de "El Comercio" de Lima, 1 de
agosto de 1999; pp. 11-13). No podía ser de otra manera, porque todo buen y
solvente escritor es un ávido lector, aunque la mayor parte de ávidos lectores
no escriban una sola línea, salvo cartas o e-mail. Esto último lo digo ex
profeso, porque frente a una pregunta que le hicieron a Thierry Leterre,
catedrático del Instituto de estudios Políticos de París, sobre si las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación han convertido en obsoletos los
modos de escritura y de comunicación tradicionales, dio la siguiente respuesta:
«El mayor secreto de la sociedad de la información es el prodigioso renacer de
la escritura, gracias al correo electrónico, a los sitios, a los foros de
discusión. En este sentido, la informática es un soporte cultural bastante
tradicional. Desmiente la idea tan extendida de una sociedad audiovisual. En
realidad, la escritura es un prodigioso vector de información. Mejor aún: se
están redescubriendo formas de escrituras olvidadas, como la escritura diaria,
lo que se llama el "billete"»
El otro aspecto que
quiero comentar, es el referente a la afirmación de ciertos «amantes
desorientados de la digitalización» sobre como la escritura puede ser
reemplazada por sonidos, dibujos, animaciones, imágenes y vídeos y con ello
volver a la cultura visual y oral eliminando la cultura del texto. Considero
que no reflexionan adecuadamente los que piensan y escriben esto. No me imagino
cómo podrían expresar sus pensamientos, concepciones básicamente abstractas con
un lenguaje solo basado en lo audiovisual. Por supuesto que podrían
replicar que empleando el audio podríamos conocer sus ideas, sus concepciones
nuclearmente abstractas. Lo que no comprenden es que así como el pasar de la
llamada "galaxia Gutenberg" a la "galaxia digital"
significa un paso gigantesco en la evolución de la humanidad, de la cultura
humana, así también el paso de la oralidad, de la cultura oral, a la cultura
escrita significó uno de los más grandes avances hechos por el hombre. Lo oral
es temporal por excelencia, es efímero. Exige, además, un desarrollo
extraordinario de la memoria, de la memorización. ¿Acaso no saben estos
«amantes desorientados de la digitalización», que se desarrolló de tal manera
la facultad de memorización que se podía aprender textos tan extensos como los
poemas homéricos, los cuales eran recitados a un público oyente que solo tenía
esa única posibilidad de gozar con esas creaciones? El público oyente dependía
del aeda o rapsoda, del juglar o del trovador. No tenía la posibilidad de
volver en el momento que él quisiese a eso que escuchó y que le encantó. Por
supuesto que se me replicará que esta nueva etapa de oralidad no será igual,
que podremos volver cuando lo deseemos a esas y a cualquier otra creación
porque digitalizadas han sido también perennizadas, pero lo que me resulta
inadmisible es la fobia a la escritura, toda vez que también ella es
digitalizada y por lo tanto no debería hacerse cuestión de estado su acceso a
ella si así se deseara o creyera conveniente, quedándonos ahora la posibilidad
de escoger entre leer o escuchar. Por ejemplo, puedo tratar de informarme sobre
las computadoras u ordenadores y para ello recurro a una enciclopedia como Encarta,
versión 2002, que da la opción de instalar la enciclopedia íntegra en la
computadora y con ello evitar el tener que colocar cada vez un disco y luego
tener que cambiar de disco cuando quiero saltar a un hipervínculo determinado.
Ya en el artículo puedo escoger entre el leer el texto del artículo o
escucharlo –texto íntegro o fragmento seleccionado- (que no lo hago por razones
ya expuestas), pero dependerá de mi elección el decidir. ¿Cuál sería la ventaja
entre el escuchar un «texto» y el leerlo?. Considero
que realmente la lectura trae muchas más ventajas, primero porque la lectura es
privada, silenciosa, muy rápida (ese ritmo depende de las capacidades lograda
por el lector). Es más fácil detenerse y volver sobre el mismo texto, sin tener
necesidad de emplear las manos para detener la reproducción del sonido y volver
a iniciar la reproducción. Segundo, porque el escuchar a través de los
parlantes, se puede causar malestar o distracción a otras personas (imagínense
en una biblioteca no personal), y en el caso del uso de audífonos, que
solucionarían el inconveniente señalado, los que a veces los utilizamos,
sabemos que no es lo mismo escuchar que leer, porque el audio es volátil
(aunque se pueda rebobinar y volver sobre él), que lo escrito en átomos o bits
está allí y depende de nosotros, con nuestra simple mirada, o con un simple
voltear una página o usando nuestro mouse o el teclear «page up» o «page down»,
el releer lo que consideramos necesario de una nueva relectura. Sin embargo,
los que somos realmente amantes de la cultura y de la lectura aprovechamos al
máximo, o así lo pretendemos, todas las innovaciones tecnológicas al servicio
de la cultura. Sólo para dar un ejemplo, pude satisfacer mi curiosidad
escuchando varias veces la llamada telefónica entre Vicente Fox, presidente de
México y Fidel Castro, que por algunos días fue noticia política importante y
formarme una idea más exacta de lo conversado y sus implicancias, lo que no
había podido apreciar adecuadamente escuchándolo en la televisión. Me es muy
gratificante escuchar algunas voces de personajes muy importantes (aunque sea
por un minuto o menos) a través de internet en Museo de la Voz, tales como don
Miguel de Unamuno, Dámaso Alonso, Óscar Wilde, Ramón Menéndez Pidal, Pablo
Neruda, Jorge Luis Borges, etc. (http://www.portaldelibro.com)
Como se puede apreciar
el avance tecnológico está poniendo a nuestra disposición posibilidades maravillosas
para informarnos, aunque no sólo ello, pero innegablemente uno de los aspectos
más valiosos de la red informática es su carácter de «gran biblioteca», la
biblioteca más grande creada por el hombre y que crece cada segundo, de tal
manera que la llamada «infoxicación» es una realidad y que hoy más que nunca se
ha extremado la necesidad de potenciar las capacidades de análisis crítico y
discriminación cualitativa (tener presente que mucho de lo que aparece en
internet tiene escaso valor), así como también la capacidad de síntesis. Esas
capacidades, como nos los recuerda el profesor Thierry Leterre son justamente
las que se aprenden o deben aprenderse en las escuelas. La reactivación del
mito de la escuela sin profesor, del aprendizaje sin profesor, es eso, un mito.
Los casos excepcionales de niños que sin pisar una escuela luego han destacado
en algún campo de la cultura, es eso, una excepción, e incluso en estos casos
se explica ello porque debido a su solvencia económica estuvieron con
profesores particulares o con padres o familiares cercanos que a la vez
actuaron como docentes de sus hijos. Los autodidactas por lo general pisaron
las escuelas por algún tiempo y por esos misterios que tiene el hábito de la
lectura se convirtieron en ávidos lectores, lo cual aunado a cierta genialidad,
cuya naturaleza y génesis no es fácil explicar, terminan por destacar en
diversos campos de la cultura. Pero aún para los que pisaron escuelas y
universidades, la verdad es que lo que se sabe es gracias a un autoaprendizaje.
Es por eso que hoy se pone mucho énfasis en el aprender a aprender, que todos
sabemos que es el verdadero aprendizaje, pero que valgan verdades mucho se
habla de ello y relativamente poco se hace en ese sentido, muchas veces porque
hay equivocadas prácticas que pretenden ello. ¿Acaso no vemos que se pretende
que los niños y jóvenes aprendan a aprender pero sin darles los basamentos para
ello?. Se les manda a «investigar» y no se les
proporciona el mínimo de orientación para que puedan iniciar esa búsqueda de
información y muchas veces, aunque duela decirlo, porque el docente que
pretende que el niño o el joven se informe sobre un tema determinado, no puede
proporcionar la orientación adecuada, simple y llanamente porque desconoce las
fuentes hacia donde hay que orientarlo.
Antes de enlazar lo que
venimos tratando con lo que ocurre en la escuela, debemos referirnos, aunque
someramente, a las implicancias benéficas del libro electrónico con relación al
medio ambiente, lo que se está analizando como la relación libro – ecología.
Para esto seguiremos el importantísimo artículo "Los enemigos de los
libros y la batalla por su neutralización" tomado de "El Cuidado de
los Libros y Documentos" de John Mc Cleary y Luis Crespo. (http://www.portaldellibro.com/encuadernacion/enemigos.htm)
Ocurre que en los
inicios de la fabricación artesanal del papel se utilizaban materiales de
desecho, como eran trapos de algodón y lino, con alto contenido de celulosa,
que no exigían el empleo de aditivos nocivos. Además estos papeles eran de
altísima calidad en cuanto a su durabilidad, porque muchos de ellos ya tiene varios siglos de existencia. Pero el crecimiento
brusco de la demanda de este material para la impresión (el papel aparece
primero que la imprenta) obligó a buscar nuevas técnicas y nuevos materiales
para la fabricación del papel y consecuencia de ello fue la utilización de
aditamentos nocivos y del uso de árboles, a un ritmo muy acelerado y que es una
de las causas (no la única) del proceso de deforestación de los grandes bosques
de árboles madereros, así como también la aparición de papel de mala calidad.
La introducción del alumbre (que al descomponerse en presencia de ciertos
niveles de humedad termina por formar ácido sulfúrico dentro del propio papel),
lo mismo que del cloro como blanqueador (porque se tenía que usar trapos de
color conforme crecía la demanda). El cloro (utilizado a partir de 1774) era
uno de los peores enemigos del papel si no se eliminaban totalmente los
residuos del mismo durante el tratamiento para el blanqueo de los trapos de
color. Todo esto se agravó a partir de 1850 cuando al combinarse el azufre con
la colofonia –una resina obtenida de los pinos– para precipitar este material
en las fibras. La colofonia había reemplazado a la gelatina para encolar porque
se podía añadir directamente en la tina con la suspensión de fibras evitando su
aplicación después de la formación de las hojas, lo cual quiere decir menos
trabajo y más rapidez de elaboración y, por lo tanto, beneficio económico para
el fabricante. Pero la combinación del alumbre, una sal ácida, con la
colofonia, un oxidante, provocaba una friabilidad –fragilidad física– prematura
y un oscurecimiento del papel fabricado a máquina.
Fue René Reaumur quien,
en 1719, señaló, nada menos como consecuencia de sus observaciones sobre los
nidos de las abejas fabricados con «papel» de madera, la posibilidad de
utilizar la madera para la fabricación de papel, la cual comenzó a utilizarse a
mediados del siglo XIX y que tuvo una gran ventaja adicional y decisiva: su
bajo costo. La pulpa, conocida como pasta mecánica, se obtiene de los troncos
de los árboles, sin la corteza, cuando se trituran con una rueda de piedra
giratoria. La pulpa obtenida por este método retiene todos los componentes de
la madera, incluyendo la dañina lignina, (la cual es factible de ser eliminada)
aunque algunos compuestos solubles en agua se eliminan durante el proceso de la
trituración. Pero allí no quedan los males. Para agravar la situación existían,
y existen aún hoy, otras fuentes de acidez: los residuos de los productos
químicos utilizados para blanquear; los gases presentes en la atmósfera que
invaden las ciudades por la combustión de los derivados del petróleo que
consumen los coches, calefacciones, etc; las fábricas que vomitan gases nocivos
al aire tales como el anhídrido sulfúrico, los óxidos de nitrógeno, los
peróxidos y el ozono.
Es triste saber que a
gran parte del papel fabricado hoy día se le estima una vida media máxima de
cincuenta años. ¡Menuda esperanza de vida cuando se
compara con la de los papeles de tiempos pasados que ya han cumplido muchos
cientos de años en un estado de conservación perfecto. La triste realidad de la
mala calidad del papel fue puesta en evidencia por una investigación encargada,
en 1959, por el Council on Library Sources (Consejo de Recursos Bibliotecarios)
de los Estados Unidos de América a William J. Barrow, donde se concluye, en
base a la utilización de libros publicados entre 1900 y 1930, que el 90% se
habían hecho con un papel con una esperanza de vida aproximada de 50 años y que
solo el 1% del papel investigado podía clasificarse como durable. El reto, y
esto es lo valioso de la investigación y sus consecuencias, fue el desarrollar
una pasta tratada químicamente que fuera igual o superior al papel de alta
calidad. La investigación, hecha conjuntamente con industriales, demostró que
ello sí era posible, sin la utilización de aditivos nocivos e incluso con la
introducción de cargas de carbonato para neutralizar cualquier residuo ácido.
La solución técnica había sido hallada, el escollo sería ahora el problema
económico, porque el nuevo papel era más costoso y los productores no estaban
seguros de la rentabilidad del mismo. La presión hacia los gobiernos para que
estos a su vez presionar a las empresas productoras correría y corre a cargo de
los archivos y bibliotecas del mundo.
En Estados Unidos, uno
de los países pioneros en la búsqueda de un papel de mejor calidad, tanto por
el interés de los profesionales relacionados de un modo u otro con los libros
como por el poder económico para llevar a cabo su desarrollo e implantación,
fue un camino largo y difícil de atravesar. Sin embargo, en el mes de octubre
de 1990, una resolución política sobre la necesidad de utilizar el papel
permanente fue convertida en una Ley Pública (núm. 102-423) que regulaba las
normas a seguir en la fabricación y en el uso estatal para dos tipos de papel.
En primer lugar, la
obligación de usar papeles permanentes libres de ácido, con un pH no inferior a
6.5, para publicaciones federales a las que se les estime un valor documental
permanente; en segundo lugar, la obligación de usar papeles de calidad de
archivo libres de ácido para aquellos documentos federales a los que se les
asigne un valor documental permanente. Los papeles así designados son aquellos
con un valor de pH no inferior a 7.5 y con una reserva mínima de carbonato
cálcico del 2% (el cual actúa como una barrera protectora frente a los residuos
ácidos) más ciertos requerimientos físicos tales como una cierta resistencia al
plegado, al desgarro y al mantenimiento de su color.
Finalmente, conviene
destacar que el 8 de septiembre de 1996, el National Archives and Records
Administration (Administración Nacional de Archivos y Documentos) publicó una
guía para la aplicación de
Papel alcalino: Papel
con una duración de, por lo menos, 100 años bajo condiciones normales de
utilización y almacenamiento. El papel alcalino no tiene en su composición
pasta de madera mecánica, con un valor pH mínimo de 7 y una reserva alcalina de
un 2% o más.
Papel genérico: Papel
sin un valor de pH específico y sin reserva alcalina. La duración del papel
genérico varía y es incierta pero muchos oscilarán entre 50 y 100 años. Este
tipo de papel es el empleado para la elaboración de guías telefónicas,
anuncios, boletines, etc.).
Papel permanente: Papel
que durará cientos de años sin un deterioro significativo bajo condiciones
normales de uso y almacenamiento. El papel permanente no contiene pasta de
madera mecánica, tiene un pH de 7.5 o más, con una reserva alcalina del 2% o
más, y otras propiedades de comportamiento que permiten la utilización y
conservación de los documentos durante un enorme período de tiempo.
En Australia, desde 1991
y después de una larga pugna por parte de los conservadores, archiveros y
bibliotecarios para que se fabricara papel permanente, la batalla se ganó.
En Canadá, en enero
1992, el Ministerio de Comunicaciones anunció su decisión de usar a escala
nacional el papel permanente para los documentos de un valor documental
permanente, y delegó en sus Archivos Nacionales para que éstos decidieran, en
concomitancia con otras agencias gubernamentales, qué tipo de documentos
requerirían tal tipo de papel.
En Europa, el European
Librarians and Publishers Working Group –ELP- (Grupo de Trabajo de
Bibliotecarios y Editores Europeos) anunció que el uso del papel libre de
ácido, resistente al envejecimiento, es urgente y publicó al respecto una lista
de recomendaciones como base para la salvaguarda a largo plazo de la palabra
impresa. El ELP ha recalcado que las normas relativas al papel deben ser
compatibles dentro de
Esto nos lleva a la
conclusión que la tecnología actual puede compatibilizar las necesidades de la
producción de papel con la necesidad perentoria de cuidar el medio ambiente y
que ello hará factible un papel que no sea un factor agresivo en la depredación
de árboles madereros.
El libro electrónico al
ser un producto que no afecta el medio ambiente, significa también un gran
avance en este importante campo de la interrelación del hombre con su medio.
Todo lo anteriormente
dicho no significa desconocer que la cultura del papel, con un papel de calidad
que proteja el medio ambiente todavía tiene para largo, porque muchísimo de lo
que uno obtiene vía Internet es almacenado en los discos duros o en los
disquetes a veces en su forma original pero en otras copiado en word y para
ello dándole una nueva configuración en cuanto a formato, fuente, convirtiendo
tablas en texto, etc. y en una gran proporción luego impreso, claro que
perdiéndose la hipertextualidad en el formato impreso pero sabiendo que a dicha
intertextualidad podemos volver cuando lo deseemos porque lo tenemos almacenado
en nuestros disquetes o disco duro.
Retomemos la
perspectiva pedagógica, que es nuestra especialidad y nuestra preocupación, y
veamos cómo se considera que actualmente, con estas últimas generaciones, se
está perfilando lo que ha dado en llamarse la «generación clic» la cual va a
terminar por sustituir a la «generación zapping» y ello va a implicar
(realmente ya lo está haciendo) la aparición de una escuela clic, que ha
convertido en un fetiche la computadora e internet (no se puede negar el
carácter de fetiche también del libro).
Ya hemos citado el
artículo, muy importante por las ideas y datos que en el se encuentran,
titulado «Je clique, donc je pense» (http://www.sciences-po.fr/observatoire/obs4/clique.htm) y en el cual leemos
acerca de la grave preocupación que en Francia existe por el relativo atraso de
ese país, con relación a otros países desarrollados, en lo que se refiere a
internet en el sistema educativo. El «Je clique, donc je pense» presentado a la
manera del «cogito ergo sum» de Descartes, refleja a la generación clic. Pero
como señal Thierry Leterre si bien es cierto que hay cierta semejanza entre las
características de las generaciones zapping y clic, sin embargo también hay
importantes diferencias, que favorecen a la segunda. Cuando se hace zapping,
quien determina lo que se quiere ver no es el que tiene en su manos el «control
remoto» sino el canal de televisión, en tanto que cuando se hace clic se salta,
es cierto, de un sitio a otro, pero esto se hace en función de un interés
personal y se puede imaginar lo que le espera al hacer el salto y, por otra
parte se busca lo que uno desea. Podemos estar, por ejemplo, con un CD-Rom,
«leyendo» una enciclopedia y ella abrirnos la posibilidad de conectarnos a
internet sobre el tema del cual estamos informándonos. Es verdad que haciendo
clic haremos el salto e iniciaremos la «navegación» como cibernautas, pero
quien ha decidido salir de la enciclopedia e internarse en el ciberespacio
somos nosotros y sabemos a donde nos dirigimos. Ello es, innegablemente, una
diferencia cualitativa muy grande entre el zapping y el cliqueo. Nos espera
pues una escuela y un sistema educativo que ha de superar los graves problemas
y daños acarreados por la escuela zapping. Ha de superarse la escuela zapping y
podrá lograrse la gran síntesis entre los valores de la escuela tradicional y
los de la llamada escuela nueva, logrando una escuela donde los alumnos salgan
"sabiendo muchas cosas" pero además aprendan a pensar, desarrollen su
recto juicio y grandes virtudes morales. Una escuela donde se haya hecho carne
la idea de que no existe contradicción alguna entre el "saber mucho"
y "pensar bien", sino por el contrario que ambos fenómenos son
mutuamente causa y efecto en un proceso de retroalimentación (Ignacio Massun).
Se podrá hacer realidad el «hombre integrado» es decir el salto
cualitativamente superior con relación al «homo videns», uniendo, como dice
Yolanda Osterling, "lo antiguo con lo nuevo, el concepto y la visión, la
imaginación verbalizada y la imagen conceptualizada..." (Osterling H.,
Yolanda ‘Homo videns’, "El Comercio" de Lima, 9 de setiembre de 1998,
sección A, página 3).
Como dice Patricia
Halaban: "Podemos presumir que en el futuro, el libro y el ordenador coexistirán,
y que cada uno de ellos se utilizará en beneficio de las funciones y de las
necesidades personales y sociales que puedan satisfacer, sin desmedro del resto
de las tecnologías, donde se integrarán la autoridad emanada de los autores
legitimados, la pluralidad de mundos de documentación y la multiplicidad de
creaciones individuales". (Halaban, Patricia, "Texto e Hipertexto:¿Muerte del libro?" Universidad Blas Pascal.
Córdoba-Argnetina; http://www.utec.edu.sv/campus/campus.htm)
En fin, una escuela y en
general una sociedad que ha de disponer todavía por algún tiempo, y en armónica
coexistencia, del libro en dos soportes: sobre papel y digitalizado. Ya hemos
dicho que el libro escrito imitó al libro manuscrito y que actualmente el libro
electrónico trata de aprovechar al máximo las bondades del formato del libro
escrito sobre papel. Pero asimismo el libro tradicional recibirá (ya la está
recibiendo) la influencia de la informática y comenzará a utilizar, con las
limitaciones enormes que es fácil comprender, los recursos de Internet y los
libros electrónicos. En el "Diccionario de Dudas" de Ramón Sol
(Barcelona: Editorial Planeta-De Agostini S.A., 2001), leemos: "Además, un
sencillo sistema de remisiones al final de algunas entradas permitirá al lector
«navegar» por el texto –como se dice ahora en el ámbito del omnipresente
Internet-, o sea, conocer otras palabras que presentan problemas parecidos
desde el punto de vista léxico, gramatical o conceptual" (Op. cit.’ P.
13). Y en verdad que este sistema logra su objetivo de hacer que saltemos de
una a otra u otras palabras para comparar y reforzar conocimientos.
Si el libro impreso
comenzó buscando que asemejarse a los libros manuscritos y los libros electrónicos
tratan de tener todas las bondades del libro tradicional, no nos debemos
extrañar que las cosas buenas (y una de las grandes cosas creadas por el hombre
es el libro) no mueran en realidad sino que pervivan adoptando solo nuevas
modalidades y que en realidad solo se tratan de nuevos soportes. Como nos dice
Edwin S. Gleaves, el libro, como el gato, tiene muchas vidas, porque puede
presentarse en diversos formatos e incluso en diversos soportes, aunque esto
implique un concepto amplio del libro en sí mismo. El autor citado nos dice que
actualmente el libro puede salir en varios formatos: hardback, paperback, en
revistas, en screenplays, en libro parlantes (grabados), para no hablar de los
libros multimedia (CD-ROM) y de los e-book. El libro y sobretodo la lectura
tienen su vida asegurada y, en el caso del libro, está garantizado que
sobrevivirá cuando ya se haya extinguido la especie humana, de no mediar la
desaparición no solo de la especie humana sino del planeta todo por algún
cataclismo cósmico. ¿Para quiénes y para qué sobrevivirán los libros creados
por el hombre a través del tiempo y del espacio? .
Solo Dios lo ha de saber.
Ligado íntimamente con
el futuro del libro y el libro del futuro se encuentra el futuro de la biblioteca y la biblioteca
del futuro. En un ensayo muy interesante publicado por José Miguel
Oviedo en el Suplemento dominical de "El Comercio" de Lima, de 14 de
julio de 2002, titulado «Biblioteca sin libros» se analiza como las bibliotecas
actuales, en los Estados Unidos, tienden a ir reemplazando los libros en átomos
por los libros en bites y ello como consecuencia de que al ritmo como crecen
algunas bibliotecas en cuanto a libros, revistas y periódicos se está generando
un problema que se va convirtiendo en inmanejable, cual es el concerniente a la
exigencia de cada vez mayor cantidad de espacio para guardar esos materiales y
que por ello el almacenamiento electrónico es la solución. Por supuesto que
esto se da en las bibliotecas de los países ricos, porque en los países pobres
las bibliotecas públicas, las bibliotecas escolares, las bibliotecas
universitarias carecen de los fondos necesarios para la adquisición de material
bibliográfico y de otros tipos. Pero volviendo a los países ricos, allí ya se
va haciendo realidad la biblioteca que almacena su material en forma
electrónica. Esta nueva biblioteca, nos señal J.M. Oviedo, permitiría que el
tránsito de los lectores por ella así como el número de personal de la misma
pueda reducirse significativamente y sin afectar a los usuarios, "pues
estos podían consultar las obras desde su computadora doméstica, leer e
imprimir cuanto quisieran , sin molestar a nadie y sin tocar un solo
libro..." ¿Una biblioteca sin libros, una mera "chipoteca",
según expresión de Oviedo?. La incineración de
materiales bibliográficos poco o nada leído y que solo ocupan espacio es ya una
realidad en los Estados Unidos. Como nos recuerda Oviedo es la ficción de
Fahrenheit 451 (la temperatura a la que arde el papel) hecha realidad. Oviedo
finaliza su artículo diciéndonos: "La era informática nos ha abierto
maravillosos horizontes, pero ha cerrado otros. Nos está haciendo olvidar que
no solo leemos para estar informados, sino por puro placer, donde no hay reglas
ni datos cuantificables".
Es innegable que la
biblioteca al igual que el libro tiene asegurada su existencia. Innegablemente
sufrirá los cambios que la tecnología le impone. Ya una biblioteca no sólo es
un repositorio de libros, revistas y periódicos. Cuenta con vídeos, películas,
CD de audio, CD-ROM y por supuesto las infaltables computadoras u ordenadores e
Internet. Considero que la biblioteca del futuro ha de seguir deparando a los
verdaderos amantes de la lectura ya no solo textos sino también imágenes,
animaciones, películas, vídeos, etc. También los excelentes cederrón despiertan
similar sentimiento posesorio y amatorio por parte de los amantes de la
lectura. Una videoteca, por ejemplo, es capaz de brindarnos no sólo excelente
información sino un placer inimaginable; se puede aprender en forma placentera.
(Véase si no los programas grabados de los canales de cable dedicados
exclusivamente a temas culturales en las más variadas áreas de la cultura
humana). Aquí también debemos dejar a un lado la novofobia. Y, por otra parte,
debemos tener presente que los países ricos apenas constituyen 1/6 de la
población mundial y que por lo tanto su supuestos o reales problemas no lo son
de toda la humanidad. Aparte que consideramos que la tendencia a la biblioteca
electrónica no ha de eliminar, por lo menos en un futuro a corto y mediano
plazo la presencia del libro, la revista y los periódicos físicos. Cuando esto
ocurra solo habremos evolucionado de una soporte a
otro de la escritura. Y si la bibliotecas mesopotámicas estaban conformadas por
libros hechos en tabletas de arcilla, las egipcias de papiro, para después
surgir las de libros en pergamino y luego aparecer las de libros en papel, tal
vez en un futuro lo sean en un soporte electrónico que ha de requerir un
material (monitor actualmente) para hacerse tangible, aunque esta tangibilidad
sea transitoria pero eterna y ubicua. La reapertura de la celebérrima
Biblioteca de Alejandría es una muestra de la biblioteca actual. Su monumental
edificio tiene capacidad para 8 millones de volúmenes (cuenta ahora sólo con
240.000 volúmenes) y alberga, además, un centro de conferencias para 3200
personas, un planetario y cinco institutos de investigación entre los que se
encuentran
El proyecto costó 220
millones de dólares, de los cuales 120 fueron aportados por el Estado egipcio y
el resto por donaciones. El más insólito de los benefactores fue Saddam
Hussein, cuyo cheque, por 21 millones de dólares, alcanzó afortunadamente las
arcas de la biblioteca una semana antes de su invasión de Kuwait, en 1990.
Al llegar al final de
este trabajo deseo terminar con las palabras de Edwin S. Gleaves. Referidas
justamente al futuro del libro, de las bibliotecas y en general la cultura
basada en el libro. Él nos dice: «Yo creo que podemos vivir en este mundo sin
tener que abandonar la cultura libresca, ni la profesión bibliotecaria (el se
desempeñaba como State Librarin and Archivist en el Estado de Tennessee). Un
futuro sin esta cultura, un futuro sin esta profesión, sería, creo yo, un
cuerpo sin corazón, un futuro sin futuro».
A lo largo del trabajo
hemos citado la bibliografía utilizada y establecido los links que consideramos
de gran importancia Aquí sólo me limitaré a mencionar los estudios que
considero imprescindibles de ser consultados para iniciar cualquier
investigación sobre el tema, tanto en formato tradicional como estudios valioso
que se encuentran en internet
-Abaitua, Joseba e Iván
Fernández Peláez "Texto e Hipertexto" Programa de doctorado en
Lenguas y Literatura. 1996/97 y 1998/99. Facultad de Filosofía y Letras.
Universidad de Deusto.
URL:
http;//www.serv-inf.deusto.es/abaitua/konzeptu/htxt/hipertxt.htm#crono
Consultado: 31-032003
-Aguadero, Francisco.
"La sociedad de la información" (Madrid: Acento Editorial, 1997)
-Aguirre Romero, Joaquín
Mª "El futuro del libro" (http://www.ucm.es/info/especulo/numero5/futlibro.htm)
-Battro, Antonio, M. y
Percival J. Denham "
http://www.byd.com.ar/edwww.htm
-Bianchini, Adelaine
"Concepto y definiciones de hipertexto"
http://www.ldc.usbvel~abiannc/hipertext.html
-Birkerts, Sven "Elegía a Gutenberg. El futuro de la lectura en la era
electrónica" (Madrid: Alianza Editorial S.A., 1999)
-Bueno, Gustavo.
"Telebasura fabricada y telebasura desvelada" ABC Madrid, sábado
23/02/2002/. ABC Cultural N° 52. Portada y páginas
URL: http://www.fbueno.es/hem/2002b23.htm . Consultado el
06/03/2003
-Calvet, Louis-Jean
"Historia de la escritura. De Mesopotamia hasta nuestros días"
(Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A.; 2001)
-Calvo Revilla, Ana.
"Lectura y escritura en el hipertexto" (En: Espéculo. Revista de
estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. 2002)
El URL de este artículo es
http://www.ucm.es/info/especulo22/numero/hipertex.html
-Cavallo, Guglielmo
(Director). "Libros, editores y público en el Mundo Antiguo. Guía
histórica y crítica" (Madrid: Alianza Editorial S.A. Alianza Universidad,1995)
-Cavallo, Guglielmo y
Roger Chartier. (Directores) "Historia de la lectura en el mundo
occidental" (Madrid: Santillana S.A. Taurus, 1998)
-Chartier, Roger.
"Libros, lecturas y lectores en
-Chartier, Roger.
"El concepto del lector moderno" En: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes .- http://cervantesvirtual.com/historia/CarlosV/cultura.shtml
-Checa Cremades, José
Luis "El Libro Antiguo" (Madrid: Acento Editorial, 1999)
-Croatto, José Severino
S.J. "Origen y evolución del alfabeto" (Buenos Aires: Editorial
Columba, 1968)
-Czarny, Marcela
"La escuela en Internet, Internet en la escuela. Propuestas didácticas
para docentes no informatizados" (Rosario-Argentina: Homo Sapiens
Ediciones, 2000)
- Dahl, Svend.
"Historia del libro" (Madrid: Alianza Editorial S.A., 1999)
-Eco, Umberto "El
futuro del libro" (http://www.utec.edu.sv/campus/intelecto/libro.htm)
-Estivill, Assumpció y
Cristóbl Urbano "Cómo citar recursos electrónicos"(En: Information
World en Español; setiembre de 1997)
URL del artículo: http://www.debiblio.vol1.netnet/articulos/rt2.html
-Fenoy Blanca, Liliana.
"El fin del libro o el destino de los hijos de Atenea"
http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/zacatecas/libro/comunicaciones/fenoy.htm
- Fernández, Stella
Maris "Ambientes y tiempos para que viva la lectura" (Facultad de
Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires) http://www.ifla.org/IV/ifla62/62-fers.htm
-Galo, Igor.
"Diccionario de Internet" (Madrid: Acento Editorial, 2001)
-García «Garanz»,
Fernando. "Libros en Internet" (Madrid: Editorial Espasa Calpe S.A.
1998)
Gleaves, Edwin S. "¿
Cómo será el futuro? La tecnología, la lectura y las biblioteca en el siglo XXI.(Ponencia preparada para
URL de esta ponencia:
-González-Manet,
Enrique. "Introducción a la era de las nuevas tecnologías"
http://www.cubaperiodistas.cu/enfoques/sis/era.htm
-Halaban, Patricia.
"texto e hipertexto:¿Muerte del libro?" En:
Campus en línea. Revista de
URL: http://www.utec.edu.sv/campus/campus.htm
Consultado el:
31/-03/2003
-Halaban, Patricia.
"Nuevas tecnologías de la información y de la comunicación: Luces y
sombras en el proceso educativo" En: Campus en línea. Revista de
URL: http://www.utec.edu.sv/campus/campus.htm
Consultado el:
31/-03/2003
-Lameiro, Máximo y
Roberto Sánchez, "Vínculos e Internet. Investigación cualitativa acerca de
nuevas formas de vincularse" (http://www.campogrupal.com/vinculos.html)
- López de Prado,
Rosario. "Historia del libro y de la biblioteca" Museo Arqueológico
Nacional (BIBLIOTECA) [ http://www.geocities.com/zaguan2000/000.html
]
-Manguel, Alberto.
"Una historia de la lectura". (Santa Fe de Bogotá: Editorial Norma,
1999)
-Massun, Ignacio
"La escuela zapping" (http://www.metodos.com.ar/docente/zapping.html)
-Mazzilli, Román.
"Algunas imprecisiones sobre nuestra realidad virtual: La tecnofobia de
Gutenberg a Internet" (http://www.campogrupal.com/tecnofobia.html).
-Moreno de Alba, José G.
"Del incunable al disco compacto""
http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/zacatecas/libro/ponencias/moreno.htm
-Negroponte, Nicholas,
"El mundo digital. El futuro que ha llegado a ser" (España: Suma de
letras, S.L.,Biblioteca Bolsillo; 2000)
-Pastor Sánchez, Juan
Antonio y Tomás Saorín Pérez "El hipertexto documental como solución a la
crisis conceptual del hipertexto. El reto de los documentos cooperativos en
redes" [<http://debiblio.yoll.net/articulos/art13.html
> Consultado el 24/03/2002]
-Quiroga, Marcelo "El
futuro del libro: Del papel al byte" (Aparece en formatos pdf y html)
http://biblio.ivic.ve/simposios/informacion/papers/pdf/paper09.pdf.
http://www.google.com/search?q=cache:fogJGvNNM_YC:biblio.ivic.ve/simposios/informacion/papers/pdf/paper09.pdf+el+futuro+del+libro&hl=es&ie=UTF-8
(versión html del archivo)
-Reynaga Morales,
Adriana. "La comunicación organizacional en la sociedad de la
información". (México, 2001)
URL: http://dgep.posgrado.unam.mx/ppcpys/ciberland/articulo/articulo-comunicacion-
organizacional.htm
-Rojas, Enrique "El
hombre light. Una vida sin valores" (Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1998)
-Sáez, Carlos. "El
libro electrónico" (http://scrineum.unipv.it/saez.html)
-Sagredo Fernández,
Félix y Ma Blanca Espinosa Temiño. "Del libro al libro
electrónico-digital"(http://www.ucm.es/info/multidoc/multidoc/revista/num9/cine/sagredo.htm#titulo-Sartori,
Giovanni "Homo videns. La sociedad teledirigida" (Buenos Aires:
Taurus, 1999)
-Wilson, Tom "La
publicación electrónica y el futuro del Libro" (Presentado en el
Congreso Internacional sobre Ciencia del Libro en conmemoración del 450
aniversario del primer libro lituano, Universidad de Vilnius, Lituania, 24-28
de septiembre de 1997)
http://www.bibnal.edu.ar/paginas/recursosbiblio/future.htm
HISTORIA DE
Historia de la lectura
en el mundo occidental
Guglielmo Cavallo, Roger Chartier - Coordinadores.
Editorial Taurus
http://www.lander.es/~lmisa/histlect.html
(Actualmente ya no se halla la página)
Consultado: Octubre 2002
Incluyo esta página web
que ya ha sido retirada porque varias personas me hicieron notar que el URL que
citaba ya no figuraba y como lo señalo en la introducción incluso me
solicitaron, de ser factible, alcanzarles un copia. Además de ser muy valiosa
considero que su lectura digital, que es tan sólo una pequeña parte de la obra
total, servirá como un poderoso atractivo (tal como fue en mi caso) para leer
la obra completa que Ediciones Taurus publicara en tapa dura en 1998 y en
edición rústica, pero en un hermosa presentación con una práctica cajita
protectora en su edición 2001.
El simple acto de la
lectura implica, en realidad, miles de significados que este libro -la primera
gran síntesis histórica en la materia- nos revela. Leer uno o varios textos, en
voz alta o en silencio, rápidamente o descifrándolos con dificultad, en un
manuscrito o en un ordenador, equivale, cada vez, a recrear el sentido de lo
escrito en función de nuestras propias competencias y expectativas.
Fruto del trabajo de los
máximos especialistas en el tema, esta Historia pone en evidencia los cambios
fundamentales que han tenido lugar en la lectura -de la lectura silenciosa en
INTRODUCCIÓN
Por Guglielmo Cavallo y Roger
Chartier
La Grecia arcaica y clásica. La invención de
la lectura silenciosa.
Por Jesper Svembro
Entre el Volumen y el Codex. La lectura en el
mundo romano.
Por Guglielmo Cavallo
La Alta Edad Media.
Por Malcolm Parkes
Leer por leer: Un porvenir par la lectura.
Por Armando Petrucci
VOLVER AL TEXTO ORIGEN Índice de Historia de la Lectura...
INTRODUCCIÓN
Por
Guglielmo Cavalo y Roger Chartier
Una historia de largo
alcance de las lecturas y los lectores ha de ser la de la historicidad de los
modos de utilización, de comprensión y de apropiación de los textos. Considera
al «mundo del texto» como un mundo de objetos, formas y ritos cuyas
convenciones y disposiciones sirven de soporte y obligan a la construcción del
sentido. Por otro lado, considera asimismo que el «mundo del lector» está
constituido por «comunidades de interpretación» (según la expresión de Stanley
y Fish), a las que pertenecen los lectores/as singulares. Cada una de esta
comunidades comparte, en se relación con lo escrito, un mismo conjunto de
competencias, usos, códigos e intereses. Por ello, en todo este libro se verá
una doble atención: a la materialidad de los textos y a la practica
de sus lectores.
«Los nuevos lectores
contribuyen a elaborar nuevos textos, y su nuevos significados están en función
de sus nuevas formas». De ese modo designa D.F. McKenzie con sobrada agudeza el
doble conjunto de variaciones -las de las formas de lo escrito y las de la
identidad de los públicos- que ha de tenerse en cuenta toda historia deseosa de
restituir el significado movedizo y plural de los textos. En la presente obra
hemos sacado provecho de la constatación de diferentes maneras: descubriendo
los principales contrastes que, a la larga oponen entre sí a las diferentes
maneras de leer; caracterizando en sus diferencias las prácticas de las
diversas comunidades de lectores dentro de una misma sociedad; prestando
atención a las transformaciones de las formas y los códigos que modifican, a la
vez, el estatuto y el público de los diferentes géneros de textos.
Semejante perspectiva,
si bien está claramente inscrita en la tradición de la historia del libro,
tiende, sin embargo, a desplazar sus cuestiones y trayectorias. En efecto, la
historia del libro se ha dado como objeto de la medida de la desigual presencia
del libro en los diferentes grupos que integran una sociedad. De lo cual se
infiere, en consecuencia, la construcción totalmente necesaria de indicadores
aptos para revelar las distancias culturales: por ejemplo, para un lugar y un
tiempo dados, la desigual posesión del libro, la jerarquía de las bibliotecas
en función del número de obras que contiene o la caracterización temática de
los conjuntos a tenor de la parte que en ellas ocupan las diferentes categorías
bibliográficas. Desde ese enfoque, reconocer las lecturas equivale, ante todo,
a constituir series, establecer umbrales y construir estadísticas. El
propósito, en definitiva, consiste en localizar las traducciones culturales de
las diferencias sociales.
Esa trayectoria ha
acumulado un saber sin el que hubieran resultado impensables otras
indagaciones, y este libro, imposible. Sin embargo, no es suficiente para
escribir una historia de las prácticas de la lectura. Ante todo, postula de
modo implícito que las grandes diferencias culturales están necesariamente
organizadas con arreglo a un desglose social previo. Debido a ello, relaciona
las diferencias en las prácticas de ciertas oposiciones sociales construidas a
priori, ya sea a la escala de contrastes macroscópicos (entre las élites y el
pueblo), ya sea a la escala de diferenciaciones menores (por ejemplo, entre
grupos sociales jerarquizados por distinciones de condición o de oficio y por
niveles económicos).
Y lo cierto es que las
diferenciaciones sociales no se jerarquizan con arreglo a una rejilla única de
desglose de lo social, que supuestamente gobierna tanto la desigual presencia
de los objetos como la diversidad de las prácticas. Ha de invertirse la
perspectiva y localizar los círculos o comunidades que comparte una misma
relación con lo escrito. El partir así de la circulación de los objetos y de la
identidad de las prácticas, y no de las clases o los grupos, conduce a
reconocer la multiplicidad de los principios de diferenciación que pueden dar
razón a las diferencias culturales: por ejemplo, la pertenencia a un género o a
una generación, las adhesiones religiosas, las solidaridades comunitarias, las
tradiciones educativas o corporativas, etc.
Para cada una de las
«comunidades de interpretación» así identificadas, la relación con lo escrito
se efectúa a través de las técnicas, los gestos y los modos de ser. La lectura
no es solamente una operación intelectual abstracta: es una puesta a prueba del
cuerpo, la inscripción en el espacio, la relación consigo mismo o con los
demás. Por ello, en el presente libro, se ha prestado una atención muy
particular a las maneras de leer que han desaparecido o que, por lo menos, han
quedado marginalizadas en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, la lectura en
voz alta, en su doble función de comunicar lo escrito a quienes no lo saben descifrar, pero asimismo de fomentar ciertas formas de
sociabilidad que son otras tantas figuras de lo privado, la intimidad familiar,
la convivencia mundana, la connivencia entre cultos. Una historia de la lectura
no tiene que limitarse únicamente a la genealogía de nuestra manera
contemporánea de leer, en silencio y con los ojos. Implica igualmente, y quizá
sobre todo, la tarea de recobrar los gestos olvidados, los hábitos
desaparecidos. El reto es considerable, ya que revela no sólo la distante
rareza de prácticas antiguamente comunes, sino también el estatuto primero y
específico de textos que fueron compuestos para lecturas que ya no son las de
sus lectores de hoy. En el mundo clásico, en
Contra la representación
elaborada por la propia literatura y recogida por la más cuantitativa de las
historias del libro, según la cual el texto existe en sí, separado de toda
materialidad, cabe recordar que no hay texto alguno fuera del soporte que
permite leerle (o escucharle). Los autores no escriben libros: no, escriben
textos que se transforman en objetos escritos -manuscritos, grabados, impresos
y, hoy, informatizados- manejados de diversa manera por unos lectores de carne
y hueso cuyas maneras de leer varían con arreglo a los tiempos, los lugares y
los ámbitos.
Ha sido ese proceso,
olvidado con harta frecuencia, el que hemos puesto en el centro de la presente
obra, que pretende localizar, dentro de cada una de las secuencias cronológicas
escogidas, las mutaciones fundamentales que ha ido transformando en el mundo
occidental las prácticas de lectura y, más allá, sus relaciones con lo escrito.
A ello se debe la organización a la vez cronológica y temática de nuestro
volumen, articulado en trece capítulos que nos llevan desde la invención de la
lectura silenciosa en
VOLVER AL TEXTO ORIGEN Índice de Historia de la Lectura...
Por Jesper Svenbro
En su artículo «Silent
Reading in Antiquity» (1968), Bernard Knox cita dos textos del siglo V a.C. que
parecen demostrar que los griegos -o para ser más precisos, algunos de ellos-
practicaban la lectura silenciosa, y que en la época de la guerra del
Peloponeso, los poetas dramáticos podían contar con una familiaridad de su
público con ella. El primero de esos textos era un pasaje del Hipólito de
Eurípides, que data del
El segundo texto de Knox
es un pasaje de Los caballeros de Aristóteles, fechado en
La escena de Los
caballeros es especialmente instructiva, por menos de entrada, porque indica
que la práctica de la lectura silenciosa no era una cosa conocida por todos en
424 (Platón tenía entonces cinco años), aunque se daba por supuesto que el
público de la comedia la conocía. Era una práctica reservada a un número
limitado de lectores, y sin duda desconocida por buen número de griegos, sobre
todo -cabe pensar- por los analfabetos, que no conocían la escritura más que
«desde fuera». Además, conviene recordar que los dos documentos citados eran de
procedencia ateniense; en lugares como Esparta, donde se esforzaban por limitar
la enseñanza de las letras a «lo estrictamente necesario», la lectura
silenciosa debió ser todavía menos susceptible de ser conocida, y menos
practicada. Para el lector que leía poco y de manera esporádica era probable
que el desciframiento lento y a tientas de lo escrito no engendraría
la necesidad de una interiorización de la voz, ya que la voz era precisamente
el instrumento mediante el cual la secuencia gráfica era reconocida como
lenguaje. Ya hemos visto que la sonorización de lo escrito se programaba,
negativamente, mediante la ausencia de intervalos. Y si esa sonorización era un
valor en sí, ¿por qué s iba a sentir la necesidad de abandonar la scriptio
continua, obstáculo técnico al desarrollo de la lectura silenciosa?
Porque la ausencia de intervalos
era un obstáculo, y lo siguió siendo. Pero no fue un obstáculo insalvable, como
cabría creerlo partiendo de la experiencia medieval, en la cual, según Paul
Saenger, la word division fue una condición necesaria para que pudiera
difundirse la lectura silenciosa, practicada por monjes que copiaban textos en
silencio. Porque, como acabamos de comprobar, los griegos parecen haber sabido
leer en silencio, aun conservando la scriptio continua.
Como sugiere Knox, el manejo frecuente de grandes cantidades de texto abrió la
posibilidad de una lectura silenciosa en
La introducción del
intervalo no bastó para generalizar la lectura silenciosa en
VOLVER AL TEXTO ORIGEN Índice de Historia de la Lectura...
ENTRE EL VOLUMEN Y EL
CODEX.
Por Guglielmo Cavallo
¿En qué momento
podemos empezar a hablar de la presencia de verdaderos libros en Roma y de la
aparición allí de una práctica real de la lectura? En
En el
El fenómeno está
relacionado con dos hechos de capital importancia y que connotan la cultura
romana entre los últimos años del siglo III y de los inicios del siglo I a.C.:
el nacimiento de una literatura latina basada en modelos griegos, y la llegada
a Roma de bibliotecas completas griegas, provenientes de botines de guerra, en
una época en la que cada vez eran más importantes las influencias helénicas,
junto con la aparición de un maniático coleccionismo de objetos de producción
griega. De este modo, los libros griegos importados representaron el modelo
para el libro latino que estaba a punto de nacer. Obras como
LAS MODALIDADES DE
La lectura del libro
literario requería un alto grado de dominio técnico y cognoscitivo. En otros
casos era suficiente tener un cierto nivel de alfabetización: en concreto, la
lectura de manifiestos, documentos o mensajes se hacía más fácil por la
repetición de ciertas fórmulas. Hasta los siglos II y III d.C. «leer un libro»
significaba normalmente «leer un rollo». Se tomaba el rollo en la mano derecha
y se iba desenrollando con la izquierda, la cual sostenía la parte ya leída;
cuando la lectura terminaba, el rollo quedaba envuelto todo él en la izquierda.
Estas fases, así como algunos gestos y momentos complementarios, están
ampliamente testimoniados en las representaciones figurativas, sobre todo en
los monumentos funerarios. En ellos encontramos: el rollo dentro de dos
cilindros mantenidos pro ambas manos que delimitan una sección más o menos
amplia del texto que se estaba leyendo; el rollo abierto a modo de «lectura
interrumpida» sostenido por una sola mano que, asiendo los dos cilindros por
los extremos, deja libre la otra mano; el rollo por la última parte, asomando
hacia la derecha, pues ya la lectura se estaba concluyendo; y por último, el
pergamino completamente enrollado de nuevo, sujeto en la mano izquierda.
Algunas fuentes, tanto iconográficas como literarias, demuestran también la
utilización de un atril de madera que mantenía el rollo mientras se leía y que
está apoyado en el regazo del lector sentado, o bien montado en un pequeño
soporte. Según estas modalidades de lectura, se podía variar libremente el
segmento de apertura del rollo, de tal modo que se podía leer una sola columna
de la escritura, o, normalmente, más columnas, quizá hasta cinco o seis, a
juzgar por la medida de la parte desenrollada que muestran algunas
representaciones; en este último caso la mirada del lector se iba deteniendo
sobre la columna que leía, pasando fácilmente de una a otra durante la lectura
del texto. En el caso de los rollos ilustrados, los ojos del lector podían
«leer» una secuencia de imágenes casi simultáneamente, completando con la mente
las distancias temporales o espaciales entre las escenas representadas.
Pero las descripciones
iconográficas muestran asimismo las situaciones de la lectura. Se puede
observar al lector solo con su libro o mientras lee ante un auditorio que lo
escucha; al maestro en plena lectura en la escuela, al orador que declama su
discurso con el escrito ante sus ojos, el viajero leyendo en el carruaje, el
comensal tumbado leyendo un rollo que tiene entre la manos y a la adolescente
leyendo atentamente de pie o sentada en una galería. De fuentes literarias se
sabe que se leía también cuando se iba de caza, mientras se esperaba que la
pieza cayera en la red o durante la noche para vencer el tedio del insomnio. La
lectura, en definitiva, al igual que en los tiempos actuales, parece haber sido
una operación muy libre, no sólo en las situaciones sino también en la
fisiología.
Las condiciones para
aprender a leer resultan diferentes según las épocas, estado social y las
circunstancias. En general, el aprendizaje se producía en el ámbito familiar o
con maestros particulares o en la escuela pública. Las fases y los niveles de
adiestramiento eran variados y probablemente se procedía con letras de cuerpo
diferentes, empezando desde los más grandes. La capacidad de leer podía
detenerse en los mínimos indispensables (leer las letras mayúsculas, como
Hermerote, el personaje de Petronio), o alcanzar un aprendizaje completo con maestros
de gramática y de retórica, llegando a niveles muy avanzados, hasta un perfecto
dominio. Pero antes aún de aprender a leer se aprendía a escribir. Los niños en
edad escolar (aunque debemos advertir que esta edad se muestra desigual, según
las épocas, entre el centro y la periferia, y entre las diversas clases
sociales, por lo que no se puede determinar fácilmente) tenían que aprender
sobre todo «las figuras y los nombres de las letras» en riguroso orden
alfabético, en ocasiones con ayuda de figurillas de marfil u otros objetos
similares y entonces aprendían a escribir siguiendo el surco de las letras que
el maestro había grabado en una tabla de madera, que después ellos mismos
debían grabar con letras; las frases posteriores estaban constituidas por el trazado
de sílabas, de palabras enteras y por último, frases.
El aprendizaje de la
lectura, separado del de la escritura, se producía en un segundo momento,
aunque existían algunos casos -que habían abandonado la escuela en los primeros
grados- de personas capaces de escribir, pero no de leer. Del mismo modo, los
ejercicios iniciales de lectura tenían base en primer lugar el conocimiento de
las letras, después de sus asociaciones silábicas y de palabras completas; el
ejercicio continuaba con una lectura realizada lentamente durante largo tiempo,
hasta que no se llegaba poco a poco a una emendata velocitas, es decir, un
considerable grado de rapidez sin incurrir en errores. El aprendizaje se hacía
en voz alta, y mientras la voz pronunciaba las palabras ya leídas, los ojos
debían mirar las palabras siguientes, hecho que Quintiliano, que es la fuente
de estas noticias, considera una operación dificilísima, pues requería una
dividenda intentio animi, es decir, «un desdoblamiento de la atención». Cuando
la lectura era ya segura y desenvuelta, la mirada era más rápida que la voz. Se
trataba de una lectura visual y vocal a la vez. La expresión elogiosa de
Petronio librum ab oculo legit referida a un esclavo-lector alude a esta
capacidad del ojo experto en descifrar inmediatamente la escritura, pero queda
la duda de si se trataba de una lectura sólo visual (y, por tanto, silenciosa)
o también era vocal.
La manera más habitual
de leer era en voz alta, fuera cual fuera el nivel o el objetivo, por lo que
nos cuenta el mismo Quintiliano y por distintos testimonios. La lectura podía
ser directa o también realizada por un lector que se interponía entre el libro
y quien lo escuchaba, bien individuo o bien auditorio. En el caso de ciertas
composiciones poéticas, se alternaban varias voces lectoras, según la
estructura del texto. Estas prácticas explican asimismo la interacción tan
estrecha entre scrittura literaria y lectura. La primera estaba dominada por la
retórica, que imponía sus categorías a las otras formas literarias: poesía,
historiografía, y tratados filosóficos o científicos. Por eso aquélla requería,
sobre todo en el caso de lecturas para un auditorio, una lectura expresiva,
modulada por tonos y cadencias de voz adecuadas al carácter específico del
texto y a sus movimientos formales. No es casual que el término que indica la
lectura de la poesía es con frecuencia cantar y canora, pues es la voz la que
interpreta. En suma, leer un texto literario era prácticamente ejecutar una
partitura musical. Ya desde la lectura escolar en Roma se prevé que el puer, el
adolescente, aprenda «dónde... contener la respiración, en qué punto dividir la
línea con una pausa, dónde se concluye el sentido y dónde empieza, cuándo hay
que alzar o bajar la voz, con qué inflexión se debe articular cada elemento con
la voz, cuál es más lento o más rápido, o debe decirse con más ímpetu o más
dulzura». Se iniciaba este tipo de ejercicio con la lectura de Homero y
Virgilio; luego se pasaba a los líricos, a los trágicos y a los cómicos, pero,
por ejemplo se leían de Horacio sólo unos fragmentos y se evitaban las partes
más licenciosas; se leían también a los poetas y prosistas arcaicos, En
definitiva, en las escuelas de retórica se leían a los oradores y a los
historiadores, en silencio, siguiendo por el libro la lectura del maestro, o se
turnaban para leer en voz alta, pues de este modo conseguían resaltar los
posibles defectos formales del texto. El hecho de leer en profundidad a un
autor complejo significaba no detenerse en la «piel», sino llegar hasta la
«sangre» y la «medula» de la expresión verbal.
Del esfuerzo que a veces
requería la lectura en voz alta da testimonio la terapia del ritmo, que se
refiere a la lectura como uno de los ejercicios físicos beneficiosos para la
salud, aún más si se piensa que aquélla se acompañaba con movimientos más o
menos acentuados de la cabeza, del tórax y de los brazos. De este modo, se
puede explicar el motivo iconográfico -frecuente en el caso de la lectura de
rollos- de la «lectura interrumpida»: ésta se interrumpía no sólo por motivos
ocasionales (explicar un fragmento, comentar algo, hacer una pausa), también
para dejar libre una mano y destacar con mayor gestualidad algunos momentos. La
voz y el gesto daban a la lectura el carácter de una performance.
La lectura expresiva
condicionaba a su vez la escritura literaria, que, por estar destinada a ser
leída habitualmente en voz alta, exigía la práctica y el estilo propios de la
oralidad. Así, las fronteras entre el libro y la palabra se muestras muy
difuminadas. Y, por tanto, la composición del texto acompañada por el susurro
de la voz se autógrafa, o se dicta, o bien por la lectura-ensayo del texto,
realizada por el autor a los amigos -también de ésta encontramos numerosos
testimonios- eran medios funcionales para un escrito que sustancialmente estaba
destinado al oído, y que podía resentirse de las excepciones de las rigurosas
normas estilístico-retóricas. Así pues, la voz entraba a formar parte del texto
escrito en cada fase de su recorrido, desde el remitente al destinatario. «Se
deberá componer siempre del mismo modo en el que se deberá dar voz al escrito»,
teorizaba Quintiliano. De todos modos, existían diferencias de sonoridad en la
lectura en voz alta, según las ocasiones y las tipologías textuales.
Dejando aparte el caso
de los lectores expertos o profesionales, la lectura era una operación lenta.
Una primera dificultad podía ser el tipo de escritura, a veces «librera»,
caligráfica, y otras veces semicursiva o cursiva y adornada con complicados
lazos: no todos lo que tenían práctica en una de ellas eran capaces de leer
fácilmente (o incluso solamente leer) la otra. La cadencia sonora, además,
frenaba la velocidad de la vista, y cuanto más se frenaba la voz más clara era
la lectura, pues se articulaba la pronunciación de los tonos. Pero había además
otros factores que dificultaban la lectura rápida. Hasta el siglo I d.C. en
Roma se utilizaban interpuncta, los puntos que indicaban la separación la
separación entre las palabras; pero a partir de finales de siglo prevaleció
incluso en los textos la scriptio continua, muy arraigada en el mundo griego.
La escritura era bastante confusa, ya que como era continuada impedía a una
vista no suficientemente avezada individualizar enseguida la separación de las
palabras y captar el sentido. Para la comprensión del significado del texto era
una ayuda segura la articulación vocálica del texto escrito, pues el oído, aún
mejor que la vista, podía captar -una vez descifrada la escritura- la sucesión
de las palabras, el significado de las frases, el momento de interrumpir la
lectura con una pausa. Los signos ortográficos o de puntuación eran funcionales
no tanto para la interpretación lógica sino más bien para la estructuración
«retórica» del escrito, y tenían como objeto señalar pausas de respiración y de
ritmo para la lectura en voz alta; por ello se utilizaban sistemáticamente o
tenían un valor invariable.
Había además una ventaja
en el uso de la scriptio continua. Ésta proponía un texto neutro al lector, el
cual de este modo podía marcar las divisiones y pausas por iniciativa propia en
relación con la dificultad del escrito y sobre todo según su nivel de
comprensión textual, es decir, su modo de leer. De cualquier modo, a falta de
sólidos dispositivos dispuestos por el autor y de la presentación editorial del
texto, una buena lectura requería además de un cierto grado de conocimientos y
ejercicios, una adecuada preparación material del escrito mediante
intervenciones correctas para subdividir las palabras, señalar las pausas e
indicar frases afirmativas o interrogativas o estructuras métricas.
«L'un des grands
procédes des romains» fue también la práctica de la lectura en público. El
«lanzamiento» de las obras literarias se realizaba por medio de una ceremonia
colectiva, las recitationes, y en realidad recitar en lengua latina no
significa cualquier recitado de memoria, sino la «doble operación de la vista y
de la voz», es decir la lectura de un escrito realizada ante un auditorio.
Estas recitationes tenían lugar en espacios públicos: auditoria, stationes,
theatra. Su duración estaba normalmente medida por el contenido de un rollo;
por eso tenían una duración variable, dentro de los límites de las convenciones
técnico-libreras al que el rollo mismo estaba sujeto, aparte había casos concretos.
Pero lo más importante es destacar el carácter de vínculo social, de
complicidad mundana y de hábito intelectual de estas lecturas públicas, las
cuales en cuanto «ritos» literarios y sociales contaban con la presencia no
sólo de individuos preparados y cultos, menos dados a las cuestiones militares
y por ello inclinados a escuchar más que a la lectura, también asistían
individuos que no prestaban atención ni tenían interés por ella. Gracias a
estos «ritos», la participación en el «lanzamiento» de los libros y en la
circulación de ciertas obras comprendía un público más variado y no sólo el de
los auténticos lectores.
Además del ejercicio de
la lectura individual e íntima, en privado era frecuente la lectura doméstica,
ejercitada por un lector, esclavo o liberto; ésta es una figura habitual en las
casas de los romanos ricos, de la que poseemos numerosos testimonios. El mismo
Augusto tenía lectores a su servicio. Y más en general debemos creer que este
hecho normalmente lo ponían en práctica quienes eran capaces de leer por sí
mismos. Igualmente, es un dato demostrado la lectura en privado realizada por
un lector con ocasión de alguna reunión festiva; y se dan casos también de
«ensayos de lectura» que el autor de algún escrito ofrecía a unos pocos amigos íntimos.
Estas lecturas contribuían, así, a cimentar amistades, a emprender nuevas
relaciones sociales, a perpetuarlas, o, en el caso de las clases emergentes, a
imitar hábitos cultos.
Bastante menos frecuente
era la lectura silenciosa, pero no era del todo insólita. Tal vez se practicaba
fundamentalmente en el caso de cartas, documentos y mensajes, pero existen
testimonios -desde Horacio a san Agustín- de que se realizaba incluso con
textos literarios. Realmente, sobre todo en el mundo de
Las lecturas
especialmente «expresivas» concernían sobre todo a un cierto tipo de
literatura, la que estaba dominada por la retórica y sus artificios a los que
podían acceder como lectores o como auditorio los individuos más cultos, todo
aquellos que conocían los instrumentos de la retórica. Pero había otras
lecturas, que respondían a las exigencias de un público estratificado, como era
el que se individualizó en los primeros siglos del Imperio. Cuando Apuleyo, en
la introducción de su novela, dice que quería acariciar la oreja de sus
lectores lepido susurro, destina sus Metamorfosis a ese público para que hagan
una lectura individual, en voz baja. En efecto, en voz baja o silenciosa, debía
ser la lectura no sólo de la narrativa, sino más en general de la literatura de
entretenimiento, que era menos adecuada para realizar en voz alta y en público.
VOLVER AL TEXTO ORIGEN Índice de Historia de la Lectura...
Por Malcolm Parkes
La alta Edad Media heredó de
El lector había heredado
también de
Los maestros y
escritores cristianos aplicaron esta tradición de la enseñanza gramatical a la
interpretación de las Escrituras y, como consecuencia de ello, la educación
religiosa y la literaria estuvieron íntimamente ligadas a todos los niveles. Esta
situación era distinta de la que se daba en
DE
Otra novedad fue el
cambio de actitud hacia el propio acto de leer. En
Quien vaya a ser
ascendido a este rango deberá estar versado en la doctrina y los libros, y
conocerá a fondo los significados y las palabras, a fin de que en el análisis
de las sententiae sepa dónde se encuentran los límites gramaticales: dónde
prosigue la lectura, dónde concluye la oración. De este modo dominará la
técnica de la expresión oral (vim pronuntiationis) sin obstáculos, a fin de que
todos comprendan con la mente y con el sentimiento (sensus), distinguiendo
entre los tipos de expresión, y expresando los sentimientos (affectus) de la
sententia: ora a la manera del que expone, ora a la manera del que sufre, ora a
la manera del que increpa, ora a la manera del que exhorta, ora adaptándose a
los tipos de expresión adecuada.
El principiante también debía leer en voz alta a fin de que el maestro pudiese
asesorarlo. Superada la etapa elemental, la fluidez en la lectura y en el uso
del latín podía ser estimulada y supervisada leyendo en voz alta en grupo.
Durante los siglos IX y X se copiaban con frecuencia las comedias de Terencio,
y, puesto que estos textos se habían usado en
Sin embargo, a partir
del siglo VI observamos que se empieza a conceder más importancia a la lectura
en silencio. En
VOLVER AL TEXTO ORIGEN Índice de Historia de la Lectura...
LEER
POR LEER:
UN PORVENIR PARA
Por Armando
Un porvenir para la lectura, entendida como una actividad cultural o de
deleite para el hombre alfabetizado, está asegurado, en la medida en que es
cierto que en el futuro próximo continuará la otra actividad comunicativa
fundamental, propia de las sociedades alfabetizadas: la de la escritura. Hasta
que dure la actividad de producir textos a través de la escritura (en
cualquiera de sus formas), seguirá existiendo la actividad de leerlos, al menos
en alguna proporción (sea máxima o mínima) de la población mundial.
Por otra parte, no
parece que puedan surgir serias dudas sobre la continuidad en un futuro más o
menos cercano de la producción de la escritura por parte de las clases
culturales de la sociedad humana. Nuestro mundo produce actualmente, con
funciones muy diferentes, una cantidad de escritos mucho mayor de cuanto se
producía a principios o mediados de este siglo y de cuanto se haya producido
nunca en los siglos pasados; en la mayoría, sino en la totalidad de los casos,
se trata de escritura destinado a cualquier actividad de lectura inmediata o
distanciada en el tiempo, limitada o difundida socialmente. No vemos de qué
modo o por qué esta actividad esencial para el desarrollo de importantes
funciones burocráticas, informativas y productivas, podría o debería dejar de
existir. En definitiva, los hombres (o algunos de ellos) continuarán leyendo
mientras haya hombres (los mismos u otros) que sigan escribiendo para que
cuanto escriban sea leído por alguien; y todo ello nos hace pensar que esta
situación continuará existiendo al menos durante algún tiempo.
Según Robert Pattison,
«La literacy de la época de los faraones en adelante no ha padecido estragos,
sino solamente cambios»; y podemos presuponer que seguirá cambiando sin
desaparecer.
De modo que no es ésta
la cuestión que puede interesar al hitoriador-profeta o al analista de los
comportamientos socioculturales de masa. La pregunta que nos interesa es más
sutil: ¿cuál será en el futuro próximo la actividad de lectura de los hombres?,
¿cuánto se estenderá socialmente y sobre qué tratará?, ¿Qué importancia y qué
funciones tendrá en la sociedad?, ¿la demanda de lectura crecerá o disminuirá?
Y cómo se comportarán con respecto a esto las diversas áreas socioculturales
del planeta? Y por último, ¿es verdad lo que se ha
afirmado recientemente, es decir, que «la actividad de leer se retrae en la
misma medida en que la operación de leer se universaliza?».
LO QUE SE LEE, DÓNDE SE
LEE
Los historiadores nunca
han sido buenos profetas; ellos tienen, como sabemos, numerosas dificultades
para investigar e interpretar el pasado y tienen aún más para adivinar el
futuro; así pues, nadie puede pedirles que se transformen en videntes.
A pesar de ello, si es
lícito aventurar algunas previsiones sobre los comportamiento humano en un
sector complejo como el de la culturización, es posible hacerlo sólo partiendo
del análisis de los datos relativos a la situación de la alfabetización, de la
producción y de la demanda de textos, y de la circulación de publicaciones en
el mundo en la última década.
Debemos aclarar en
primer lugar que un problema como el que hemos expuesto al principio -y que es
el núcleo de este trabajo- no puede afrontarse desde una óptica limitada a los
países desarrollados de Europa y de América, sino con una perspectiva a nivel
mundial; bien porque el porvenir de la lectura está en juego no donde ésta es
una práctica habitual y consolidada, sino allí donde no lo es, bien porque las
novedades de la demanda, de la oferta, de los usos y prácticas de la lectura
sólo pueden proceder de las situaciones de frontera, allí donde la lectura, de
la mayoría y de la élite, ahora se está formando y difundiendo, en situaciones
socioculturales absolutamente nuevas respecto al pasado y respecto a los
países de antigua alfabetización. Y en el fondo, o sobre todo, también
porque, como ha escrito recientemente un historiador de la literatura con
resuelta sinceridad:
De ahora en adelante a
los intelectuales más rigurosos o sólo más honestos no les será suficiente dar
cuenta del privilegio occidental: deberán medirse con el otro, con alguien
diferente al que no siempre será posible exorcizar invocando la locura y la
barbarie del atraso.
Los datos de los que
disponemos, y que provienen de las investigaciones de
a) El
proceso de alfabetización está en lento crecimiento en términos de porcentaje,
pero el número de los analfabetos es cada vez mayor en términos numéricos y ya
ha superado los mil millones. En 1980 había una tasa de analfabetismo del 28,6
por ciento, correspondiente a 824 millones de individuos; en 1985 el porcentaje
había descendido ligeramente al 28 por ciento, pero el número total llegó a 889
millones. Las áreas en las cuales el analfabetismo estaba más difundido están
localizadas sobre todo en África (en algunos países árabes y en otros de
economía fundamentalmente rural), en América Latina (Guatemala, Ecuador, Perú,
Haití y Bolivia), en Asia sobre todo entre los países musulmanes (Pakistán,
Afganistán y Arabia Saudí). Aparte de estos casos extremos, un problema de
analfabetismo extendido está presente en casi todos los países africanos, en
gran parte de los latinoamericanos y en numerosos países asiáticos. Además,
también en muchos de los países llamados desarrollados, están presentes altos
porcentajes de analfabetismo de regreso y de analfabetismo primario de origen exterior,
situado especialmente en las grandes áreas urbanas. Aparte, tenemos el caso de
Estados Unidos, donde la difusión social del analfabetismo entre negros,
latinoamericanos y empleados urbanos es muy importante y ha dado lugar en la dos últimas décadas a encuestas y a campañas de
alfabetización, que prácticamente no han obtenido resultados.
b)
Las causas de la permanencia del analfabetismo en grandes áreas del mundo no
dependen sólo del bajo nivel económico, sino también de razones políticas e
ideológicas. Existen regímenes que no han acogido de buen grado el desarrollo
de la educación de masas (por ejemplo, Haití, Perú); otros países, como los
musulmanes, en donde la educación de la mujer está bloqueada; efectivamente,
una de las consecuencias del analfabetismo femenino, característico de los
países que viven con una fuerte ideología religiosa, es un desarrollo
demográfico incontrolado, que a su vez contribuye a mantener altas las tasas de
analfabetismo general. Las únicas campañas logradas de alfabetización social
son las de algunos países (como Cuba, Vietnam y
c) La
producción de libros crece vertiginosamente en todo el mundo, tanto en los dos
países gigantes, EE UU y URSS (al menos hasta 1989), como en Europa, como
en los países pertenecientes a otras áreas (pero sólo a partir de la última
década). En 1975 fueron producidos en el mundo 572.000 títulos; en 1980
715.000; en 1983, 772.000. A principios de los ochenta, Europa, con un 15 por
ciento de la población, producía aún el 45,6 por ciento de los libros;
d)
Por lo que respecta a la prensa, en 1982 se producían en todo el mundo 8.220
periódicos, de los cuales 4.56o en los países desarrollados (en USA, 1815). Era
muy abundante la circulación de ejemplares en países con una antigua tradición
de lectura y de información: en Gran Bretaña se contaban 690 ejemplares por
cada mil habitantes; en Japón, 751; en Suecia y en Alemania del Este, 496; y en
Francia, 205.
e)
Los préstamos de libros efectuados en las bibliotecas públicas proporcionan
datos análogos. Según el cómputo de 1980, Estados Unidos está en cabeza con 986
millones de volúmenes, seguidos de
Aparte de fenómenos
recientes, relacionados sobre todo con positivas evoluciones políticas de áreas
o países de América Latina, en África o en Asia, es, pues, evidente que la
mayor producción y la más difundida circulación de libros y de periódicos se
sitúan en los países más alfabetizados y los más poderosos económicamente; y,
en particular, en algunos países europeos con una tradición cultural antigua.
Las áreas en las que la circulación de textos escritos es menor o ínfima con
aquéllos no sólo débiles económicamente, sino también donde la presión
demográfica es más fuerte y se mantiene a la mujer al margen del proceso
educacional.
CRISIS DE
El cuadro de la
producción y de la circulación de los textos en forma de libro en el ámbito de
la cultura escrita de tradición occidental que hasta ahora se ha construido
parece dibujar un continente armoniosamente homogéneo, fundado sobre un canon
uniformemente aceptado y sobre reglas de ordenación universalmente respetadas.
Y sin embargo, las apariencias están desmentidas por recurrentes síntomas de
desestabilización y por continuas alarmas de crisis que conciernen tanto a la
editorial como a la lectura. Y en efecto, en ambos sectores las contradicciones
parecen evidentes, las incertidumbres del programa son grandes y las demandas
de intervencionismo estatal resultan deprimentes. ¿Existe, en definitiva, una
crisis de la lectura y del libro? ¿Y cómo se configura?
También en este
caso para entender es necesario analizar y distinguir. Extrañamente, las
alarmas más fuertes vienen de las áreas en que la producción y circulación de
los textos impresos son más dinámicas y están más difundidas socialmente, es
decir, de los Estados Unidos y de Europa, no de África y América Latina. Japón
constituye un caso aparte.
En Estados Unidos, que
es el país del mundo que produce más libros y papel impreso y que posee una
industria editorial muy sólida y organizada, aunque obsesionada con la idea de
una crisis que amenaza con aparecer en cualquier momento, los problemas de los
que más se resiente son el del analfabetismo creciente en las áreas urbanas y
el del progresivo descenso del nivel de preparación académica de los
estudiantes medios y universitarios de las escuelas públicas: en realidad son
dos aspectos diferentes del mismo fenómeno.
Según Robert Pattison,
el sistema escolástico americano tiende cada vez más a separar una enseñanza de
élite, instalada e impartida en los colleges más caros y más preparados,
fundado en la cultura oficial y en el absoluto respeto de los usos lingüísticos
tradicionales, de una enseñanza de masas, tecnicista y de bajo nivel. «Tenemos
-afirma aquél- una literacy del poder y de los negocios y otra literacy, aún en
formación, de la energía popular»; y concluye que si esta contraposición se
transformase en un enfrentamiento violento de clases y culturas «sería el final
del experimento americano». Por otra parte, Estados Unidos es el país en el
cual es más clara la diferencia entre una cultura juvenil mediática, volcada en
la música rock, el cine, la televisión y los juegos electrónicos y que deja en
segundo plano la lectura, limitada ésta a obras de narrativa contemporánea y
sobre todo de ciencia-ficción y tebeos; y una cultura juvenil tradicionalmente
cultivada, que se basa en la lectura de libros, en la asistencia al teatro y al
cine de calidad, en escuchar música clásica y en el uso sólo complementario de
las nuevas tecnologías mediáticas.
Una vez más, en Estados
Unidos, la lucha contra el analfabetismo urbano de masas ha sido planteada
sobre un programa de refuerzo y de difusión social de la lectura de libros. Ya
en 1966 Robert McNamara fundó una asociación llamada «Reading is fundamental»,
que hoy cuenta con cien mil colaboradores repartidos por todos los estados y
que se dirige sobre todo a la infancia; y más recientemente Barbara Bush ha
creado una Foundation for Family Literacy que ha tenido un fuerte respaldo
federal. El año
Por otra parte, según
otras fuentes, en Estados Unidos no sólo está en crisis el alfabetismo de
masas, sino también la lectura de calidad, la de los lectores preparados, que
leen frecuentemente y por convicción y que crean opinión. Según el juicio,
completamente informal, de un experto en la industria editorial estadounidense,
en todo el país (habitado por 236 millones de personas) estos lectores
experimentados no suman más de 15 ó
Europa presenta otra
cara del problema, la de una crisis convulsiva de las empresas editoriales
grandes y pequeñas, que pasan frenéticamente de una fusión a otra, de un grupo
de propietarios a otro, de un aumento de capital a otro, en espera del mítico
fin de la unidad continental y siempre atento a cuanto sucede en el mercado,
rico y desorientado, de los países del Este europeo y de
En Europa el libro no
está aún tratado del todo como una mercancía, y sobre todo los operadores
culturales y los pequeños editores se oponen a que llegue a serlo
completamente. En este sentido fue lógica la polémica que surgió en Francia en
torno a la liberalización del precio del libro.
Por su parte, si en
nuestro continente, los viejos mitos son difíciles de destruir, asimismo es
cierto que las editoriales europeas, siguiendo el camino de las
estadounidenses, se encuentran alteradas por un fenómeno de desculturización
que agrede al proceso de producción del libro a todos los niveles, del que dan
cuenta la selección, la manipulación editorial, la traducción y la presentación
gráfica de los textos, y que provoca la caza del autor y el libro de éxito, la
frenética creación del instant book y el anclaje pasivo en autores del pasado
(vid, el «re-descubrimiento» de los clásicos en ediciones modernizadas). Este
cambio radical de orientación y de procedimientos, llevado a cabo especialmente
por las grandes editoriales en constante transformación y desvastadas por
repentinas variaciones de los equipos de trabajo y las programaciones, no
consigue conquistar nuevos espacios de mercado y nuevo público, debido también
al efecto de una feroz competencia, con dimensiones nacionales y continentales.
En esta situación las empresas editoriales más débiles, como es el caso de la
italiana, se encuentran en mayores dificultades respecto a las más fuertes y
más capacitadas, como la inglesa, la alemana y la española.
A pesar de ello, en
estos últimos años las editoriales europeas (incluida la italiana) publican
cada vez más, diversifican los productos, traducen abundantemente, y en
conjunto se muestran más activas y dinámicas de lo que eran hace algunas
décadas; pero no consigue crearse un espacio de mercado seguro y en expansión;
y viven (como la estadounidense) en el miedo a una progresiva (o imprevista)
reducción del ya de por sí limitado público interesado.
El caso japonés es una
cuestión aparte, como ya se ha apuntado, ya que los habitantes del Imperio del
Sol constituyen la más grande concentración de lectores «experimentados» que se
conoce, a lo que corresponde una industria editorial moderna, altamente
organizada y sofisticada, que produce casi 40.000 títulos al año con una tirada
total de cerca de mil millones y medio de ejemplares y que cuenta con unas
5.000 empresas.
El lector japonés lee
abundantemente porque posee un nivel cultural muy elevado y porque considera un
deber estar informado y formado por la cultura escrita, en un país en el que el
prestigio de la escuela y la universidad están fuera de toda discusión. Los
sectores de mayor éxito son los manuales, la literatura de entretenimiento y de
información y los tebeos; los precios además con muy bajos. En conjunto se
trata de un fenómeno de lectura generalizada de masas, con características de
consumo inducido, probablemente único por la naturaleza autoritaria y
jerárquica de la sociedad japonesa y por ello no es fácilmente exportable a
ningún otro lugar.
EL DESORDEN DE
De
Como ya se ha dicho,
esto se ha originado a causa de la crisis de las estructuras institucionales e
ideológicas que hasta ahora habían sustentado el anterior «orden de la
lectura», es decir, la escuela como pedagogía de la lectura dentro de un
determinado repertorio de textos autoritarios;
Contrariamente a lo que
sucedía en el pasado, hoy en día la lectura ya no es el principal instrumento
de culturización que posee el hombre contemporáneo; ésta ha sido desbancada en
la cultura de masas por la televisión, cuya difusión se ha realizado de un modo
rápido y generalizado, en los últimos treinta años. En Estados Unidos, en 1955,
el 78% de las familias tenían un televisor; en 1978 este porcentaje creció al
95% y en 1985 llegó al 98%. Al mismo tiempo, en la sociedad norteamericana
disminuía el número de periódicos: en 1910 había más de 2.500, que descendieron
a 1.750 en 1945 y a 1.676 en 1985. La situación europea y la japonesa son,
desde este punto de vista, similares a la estadounidense, aunque no se
presentan con las mismas características. En general, se puede afirmar con
seguridad que hoy día en todo el mundo el papel de información y de formación
de las masas, que durante algunos siglos fue propio de la producción editorial,
y, por tanto «para leer», ha pasado a los medios audiovisuales, es decir, a los
medios para escuchar y ver, como su propio nombre indica.
Por primera vez, pues,
el libro y la restante producción editorial encuentran que tienen una función
con un público, real y potencial, que se alimenta de otras experiencias
informativas y que ha adquirido otros medios de culturización, como los
audiovisuales; que está habituado a leer mensajes en movimiento; que en muchos
casos escribe y lee mensajes realizados con procedimientos electrónicos
(ordenador, máquina de vídeo o fax); que además, está acostumbrado a
culturizarse a través de procesos e instrumentos costosos y muy sofisticados; y
a dominarlos, o a usarlos, de formas completamente diferentes a los que se
utilizan para llevar a cabo un proceso normal de lectura. Las nuevas prácticas
de lectura de los nuevos lectores deben convivir con esta auténtica revolución
de los comportamientos culturales de las masas y no pueden dejar de estar
influenciados.
Como es sabido, el uso
del mando a distancia del televisor ha proporcionado al espectador la
posibilidad de cambiar instantáneamente de canal, pasando de una película a un
debate, de un concurso a las noticias, de un anuncio publicitario de una
telenovela, etc., en una vertiginosa sucesión de imágenes y episodios. De un
hábito de estas características nacen en el desorden no programado del vídeo nuevos
espectáculos individuales realizados con fragmentos no homogéneos que se
superponen entre ellos. El telespectador es el único autor de cada uno de estos
espectáculos, ninguno de los cuales se incluye en el cuadro de una cultura
orgánica y coherente de la televisión, pues, efectivamente, son a la vez actos
de dependencia y actos de rechazo y constituyen en ambos casos el resultado de
situaciones de total desculturización, por una parte y de original creación
cultural, por otra. El zapping (nombre angloamericano de esta costumbre) es un
instrumento individual de consumo y de creación audiovisual absolutamente
nuevo. A través del mismo, el consumidor de cultura mediática se ha habituado a
recibir un mensaje construido con mensajes no homogéneos y, sobre todo, se le
juzga desde una perspectiva racional y tradicional, carente de «sentido»; pero
se trata de un mensaje que necesita de un mínimo de atención para que se siga y
se disfrute y de un máximo de tensión y de participación lúdica para ser
creado.
Esta práctica mediática,
cada vez más difundida, supone exactamente lo contrario de la lectura entendida
en sentido tradicional, lineal y progresiva; mientras que está muy cercana a la
lectura en diagonal, interrumpida, a veces rápida y a veces lenta, como es la
de los lectores desculturizados. Por otra parte, es verdad que el telespectador
creativo es en general también capaz de seguir, sin perder el hilo de la
historia, los grandes y largos enredos de las telenovelas, que son las nuevas
compilaciones épicas de nuestro tiempo, síntesis enciclopédicas de la vida
consumista, cada una de ellas puede corresponder a una novela de mil páginas o
a los grandes poemas del pasado de doce o más libros cada uno.
El hábito del zapping y
la larga duración de las telenovelas han forjado potenciales lectores que no
sólo no tienen un «canon» ni un «orden de lectura», sino que ni siquiera han
adquirido el respeto, tradicional en el lector de libros, por el orden del
texto, que tiene un principio y un final y que se lee según una secuencia
establecida por otros; por otra parte, estos lectores son también capaces de
seguir una larguísima serie de acontecimientos, con tal de que contenga las
características del hiperrealismo mítico, que son propias de la ficción
narrativa de tipo «popular».
LOS MODOS DE LEER
El orden tradicional de
la lectura consistía (y consiste) no sólo en un repertorio único y jerarquizado
de textos legibles y «leyendas», sino también en determinadas liturgias del
comportamiento de los lectores y del uso de los libros, que necesitan ambientes
convenientemente preparados e instrumentos y equipos especiales. En la
milenaria historia de la lectura siempre se han contrapuesto las prácticas de
utilización del libro rígidas, profesionales y organizadas con las prácticas libres,
independientes y no reglamentadas. En Europa, durante los siglos XIII y XIV,
por ejemplo, la lectura de los profesionales de la cultura escrita, rodeados de
libros, atriles y otros instrumentos, se oponían a las libres experiencias de
lectura del mundo cortés y a las que carecían de disciplina y de reglas del
«pueblo» burgués de lengua vulgar.
Mientras ha durado, el
orden de la lectura imperante dictaba incluso a la civilización contemporánea
algunas reglas sobre los modos en que debía realizarse la operación de la
lectura y los comportamientos de los lectores; esas reglas descienden
directamente de las prácticas didácticas de la pedagogía moderna y han
encontrado una puntual aplicación en la escuela burguesa, institucionalizada
entre los siglos XIX y XX. Según tales reglas, se debe leer sentado manteniendo
la espalda recta, con los brazos apoyados en la mesa, con el libro delante,
etc.; además, hay que leer con la máxima concentración, sin realizar movimiento
ni ruido alguno, sin molestar a los demás y sin ocupar un espacio excesivo;
asimismo, se debe leer de un modo ordenado respetando la estructura de las
diferentes partes del texto y pasando las páginas cuidadosamente, sin doblar el
libro, deteriorarlo ni maltratarlo. Sobre la base de estos principios se
proyectaron las salas de lectura de las public libraries anglosajonas, lugares
sagrados para la lectura «de todos», y que en consecuencia resultan
prácticamente idénticas a las salas de lectura tradicionales de las bibliotecas
dedicadas al estudio, al trabajo y a la investigación.
La lectura, teniendo
como base estos principios y estos modelos, es una actividad seria y
disciplinada, que exige esfuerzo y atención, que se realiza con frecuencia en
común, siempre en silencio, según unas rígidas normas del comportamiento: los
demás modos de leer, cuando lo hacemos a solas, en algún lugar de nuestra casa,
en total libertad, son conocidos y admitidos como modos secundarios, se toleran
de mala gana y se consideran potencialmente subversivos, ya que comportan
actitudes de escaso respeto hacia los textos que forman parte del «canon» y
que, por tanto, son dignos de veneración.
Según una investigación
llevada a cabo por Piero Innocenti sobre un grupo de lectores italianos
completamente casual, todos ellos de cultura media-alta, los hábitos de lectura
de los italianos, al menos en niveles de edad y clase social documentados, son
más bien tradicionales. Sobre ochenta entrevistados, sólo algunos desean leer
al aire libre; doce de ellos señalan de prefieren leer sentados ante una mesa o
un escritorio; y cuatro indican también la biblioteca como lugar de lectura. De
todos modos, el espacio favorito es la casa y dentro de ella su habitación (el
que la tiene), mientras que la forma de leer varía entre la cama y el sillón;
la mayoría considera el tren como un óptimo lugar para la lectura,
prácticamente equivalente al sillón casero. Sustancialmente se trata de
respuestas que remiten a un código del comportamiento que aún está vigente
desde los siglos XIX y XX, vinculado a unas costumbres (con excepción del tren)
que se establecieron hace algunos siglos en
El convencionalismo y el
tradicionalismo de los hábitos de lectura de los entrevistados de esta
investigación provienen tanto del elevado grado de cultura, como de la clase
social, la edad y del hecho de que se trata de europeos culturizados. En este
sentido, no es casual que la única joven del grupo de menos de veinte años de
edad y que sólo tenía estudios primarios ha mostrado preferencias y hábitos
claramente opuestas a los de los demás, y entre las maneras de leer ha señalado
también la de extenderse en el suelo sobre una alfombra.
Ya se ha apuntado el
hecho de que los jóvenes de menos de veinte años de edad representan
potencialmente a un público que rechaza cualquier clase de canon y que prefiere
elegir anárquicamente. En realidad, rechazan también las reglas de
comportamiento que todo canon incluye. Como se ha escrito recientemente, «los
jóvenes afirman que leen de todo, siempre y en cualquier lugar. El tebeo tiene
esta característica, que se adapta a todos los ambientes...»
La impresión que se
tiene cuando se frecuentan los lugares de estudios superiores en Estados Unidos
y en especial algunas bibliotecas universitarias (si es que una experiencia
personal y casual puede asumir un significado general) es que los jóvenes
lectores están cambiando, como en todos los países, las reglas del
comportamiento de la lectura que hasta ahora han condicionado rígidamente este
hábito. Y esto se advierte en las bibliotecas, lo cual es aún más importante
para el observador europeo, porque significa que el modelo tradicional ya no
tiene validez ni siquiera en el lugar de su consagración, que en otros tiempos
fue triunfal.
¿Cómo se configura el
nuevo modus legendi que representan los jóvenes lectores?
Éste comporta, sobre
todo, una disposición del cuerpo totalmente libre e individual, se puede leer
estando tumbado en el suelo, apoyados en una pared, sentados debajo de las mesas
de estudio, poniendo los pies encima de la mesa (éste es el estereotipo más
antiguo y conocido), etc. En segundo lugar, los «nuevos lectores» rechazan casi
en su totalidad o los utilizan de manera poco común o imprevista los soportes
habituales de la operación de la lectura: la mesa, el asiento, y el escritorio.
Pues ellos raramente apoyan en el mueble el libro abierto, sino que más bien
tienden a usar estos soportes como apoyo para el cuerpo, las piernas y los
brazos, con un infinito repertorio de interpretaciones diferentes de las
situaciones físicas de la lectura. Así pues, el nuevo modus legendi comprende
asimismo una relación física con el libro intensa y directa, mucho más que en
los modos tradicionales. El libro está enormemente manipulado, lo doblan, lo
retuercen, lo transportan de un lado a otro, lo hacen suyo por medio de un uso
frecuente, prolongado y violento, típico de una relación con el libro que no de
lectura y aprendizaje, sino de consumo.
El nuevo modo de leer
influye en el papel social y en la presentación del libro en la sociedad
contemporánea, contribuyendo a modificarlo con respecto al pasado más próximo,
como es fácil constatar si examinamos las modalidades de conservación. Según
las reglas de comportamiento tradicionales, el libro debía -y debería- ser
conservado en el lugar adecuado, como la biblioteca, o dentro de ambientes
privados en muebles específicos, como librerías, estanterías, armarios, etc.
Sin embargo, actualmente el libro en una casa (incluso ahora también en las
bibliotecas en donde los materiales de consulta yo no son sólo los libros)
convive con un número de objetos diferentes de información y de formación
electrónicos y con abundantes gadgets tecnológicos o puramente simbólicos que
decoran los ambientes juveniles y que caracterizan su estilo de vida. Entre
estos objetos el libro es el menos caro, el más manipulable (podemos escribir
en él, ilustrarlo, etc.) y el que más se puede deteriorar. Las modalidades de
su conservación están en estrecha relación con las de su utilización: si éstas
son casuales, originales y libres, el libro carecerá de un lugar establecido y
de una colocación segura. Hasta que los libros son conservados, se encontrará
entre los demás objetos y con los otros elementos de un tipo de mobiliario muy variado
y sigue su misma suerte que es, en gran medida, inexorablemente efímera.
Todo ello termina por
tener a su vez algún reflejo en los hábitos de lectura, en el sentido de que la
breve conservación y la ausencia de una colocación concreta y, por tanto, de
una localización segura, hacen difícil, incluso imposible una operación que se
repetía en el pasado: la de la relectura de una obra ya leída, y que derivaba
estrechamente de una concepción del libro como un texto para reflexionar,
aprender, respetar y recordar; muy diferente al concepto actual de libro como
puro y simple objeto de uso instantáneo, para consumir, perder o inclusive
tirarlo en cuanto se ha leído.
Hace ya algún tiempo
Hans Magnus Enzensberger, después de haber afirmado perentoriamente que «la
lectura es un acto anárquico», reivindicaba la absoluta libertad del lector,
contra el autoritarismo de la tradición crítico-interpretativa:
El lector tiene siempre
razón y nadie le puede arrebatar la libertad de hacer de un texto el uso que
quiera; y continúa:
"Forma parte de
esta libertad hojear el libro por cualquier parte, saltarse pasajes completos,
leer las frases al revés, alterarlas, reelaborarlas, continuar entrelazándolas
y mejorándolas con todas las posibles asociaciones, recabar del texto conclusiones
que el texto ignora, enfadarse y alegrarse con él, olvidarlo, plagiarlo, y, en
un momento dado, tirar el libro en cualquier rincón"
Jorge G. Paredes M.
Lima-Perú