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La simulación computarizada en el proceso de
enseñanza aprendizaje de Electronica |
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Enviado por Leandro Arias Labrada |
Resumen.
La explotación de los
nuevos medios técnicos, frutos de la actual revolución científico–técnica,
deviene necesidad para optimizar el proceso de aprendizaje de los estudiantes.
En el presente artículo se defiende, desde posiciones psicológicas y
metodológicas, que el valor didáctico de los medios técnicos se lo imprime el
contexto metodológico en el que se explotan sus cualidades, independientemente
de sus potencialidades implícitas; así como que el empleo de los simuladores
computarizados en el contexto metodológico, puede constituirse en
procedimiento, y no en método propiamente. En este sentido, se ofrecen algunas
consideraciones para el empleo de la simulación como procedimiento
metodológico, tanto para la formación de conceptos, como para la sistematización
de instrumentaciones.
Palabras claves: simulador, simulación,
procedimiento, metodológico, método, medio, medios técnicos, medios de
enseñanza, medios de aprendizaje, recursos personales, enseñanza, aprendizaje,
acciones, habilidades, formación de conceptos, nuevas tecnologías.
Ante un nuevo orden
mundial, la globalización de la economía, avances vertiginosos en la ciencia,
la tecnología, las comunicaciones y la información, cambios que afectan los
sistemas de producción y la organización social de los países, el mundo laboral
se muestra particularmente exigente y requiere profesionales con conocimientos,
instrumentaciones, actitudes y valores acorde a estas exigencias. Éstas, por
ende, son transferidas por vía curricular al proceso de formación de
profesionales, por lo que las instituciones creadas con estos fines, debe
experimentarse también una revolución en las formas y métodos para dirigir el
aprendizaje de los estudiantes.
Pero a estas
instituciones no sólo llegan las exigencias para la formación de profesionales,
también llegan nuevos medios para facilitar y optimizar el proceso de enseñanza–aprendizaje. Relacionado con su explotación hay
ejemplos, incluso, de tendencias a erigirlos como la solución a muchos de los
actuales problemas en la enseñanza y el aprendizaje, desestimando el carácter
mediador del contexto donde se desarrolla el proceso, de los demás estudiantes,
de la metodología a través de la que se dirija el aprendizaje, etc.; sin
considerar que éstos adquieren sentido y propósito educativo, cuando son
adecuadamente insertados en el contexto metodológico. Con ello, se ha estado
más atento a la justificación de la bondad de las nuevas tecnologías para el
aprendizaje de los estudiantes, que al estudio de los requerimientos teórico–metodológicos para que el uso de los nuevos medios
sea efectivo, de calidad y contribuya de modo significativo a la mejora del
aprendizaje (Escudero Muñoz, J. M., 1992). Ahora bien, ¿la designación de
medios, en el proceso de enseñanza–aprendizaje, es
privativa de los recursos materiales con se cuenta en el mismo para enseñar y
aprender?
Conceptuando
los medios de enseñanza y los medios de aprendizaje.
Desde las posiciones
teóricas asumidas, la metodología de la enseñanza y el aprendizaje es entendida
como la ciencia que estudia los métodos, técnicas, procedimientos y medios
dirigidos a la enseñanza de una disciplina dada (Marinko,
I. y Atoliarov, I., 1982; Rusavin,
G. I., 1990; Hernández Castillo, A., 1988; citados por Bermúdez Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo,
M., 1996). De aquí que, a diferencia de algunas tendencias pedagógicas como la
tecnología educativa, que sitúa a los medios técnicos como centro del proceso
de enseñanza–aprendizaje, éstos se vean, junto a los
procedimientos, como elementos para instrumentar los métodos.
Por otra parte, entender
que el aprendizaje no está sólo "... determinado por la existencia de una
cultura, que condiciona tanto los contenidos de los cuales los educandos deben
apropiarse, como los propios métodos, instrumentos, recursos (materiales y
subjetivos) para la apropiación de dicho contenido, así como los espacios y las
situaciones específicas en que se lleva a cabo el mismo" (Castellanos Simons, D. et. al, 2002, pág.
26); sino que tiene, al mismo tiempo, una naturaleza individual, al constituir
un proceso de construcción personal, mediado por las "... capacidades,
ritmos, preferencias, estrategias y estilos de aprendizaje, unidos a la
historia personal, los conocimientos previos y la experiencia anterior... " (Castellanos Simons, D. et.
al, 2002, pág. 26); y por tanto, que el aprendizaje depende esencialmente del
ser que aprende y no de forma directa de lo que desea o se propone el que
enseña (Gimeno Sacristán, J. y Pérez Gómez, A. I., 1992; Ferrández
Arenaz, A., 1992; Bermúdez Serguera,
R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996; Valle Arias, A.
y González Cabanach, R., 1998; González Serra, Diego
J., 2000; Pozo, J. I. y Gómez Crespo, M. A., 2001; Castellanos Simons, D. et. al, 2002); implica que los medios de enseñanza
y aprendizaje sean vistos, desde una visión global, como todos aquellos
recursos personales o condiciones con las que debe contar, el profesor para
enseñar, y el estudiante para aprender, respectivamente.
Vistos así, cualquier
condición o recurso puede ser un medio, y por tanto, constituir instrumentación
del procedimiento correspondiente (Bermúdez Serguera,
R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996). Esto conlleva a
su vez, a clasificarlos en personales (aquellos recursos propios de la
personalidad del sujeto: conocimientos, instrumentaciones, estrategias de
aprendizaje, recursos metacognitivos, etc., que le
permiten actuar efectivamente) y técnicos (aquellos recursos materiales que le
facilitan la interacción, estudio, y/o modelación de la realidad: láminas,
televisores, computadoras, videos, etc.). A su vez, atendiendo a su finalidad,
estos se clasificarán en medios de enseñanza y en medios de aprendizaje:
"... los recursos personales, utilizados en el contexto de enseñanza,
serán conceptuados como medios de enseñanza, mientras los recursos personales o
condiciones propias de la persona que aprende han de denominárseles medios de
aprendizaje" (Bermúdez Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996, pág. 39).
Desde esta perspectiva,
las computadoras personales constituyen medios técnicos de especial
significación para el contexto metodológico actual. Pero, ¿son las
potencialidades implícitas de los medios, y en especial de las computadoras
personales, lo que determina su valía en dicho contexto?
El valor didáctico de
los medios técnicos se lo imprime el contexto metodológico en el que se
explotan sus cualidades.
A criterio de numerosos
autores (González castro, V., 1990; Escudero Muñoz, J. M., 1992; Pons, J. de P., 1992; Romero Morante, J., 2000) los medios,
e incluso los que son fruto de las nuevas tecnologías, no definen 'per sé' un determinado modelo educativo, aún cuando
condicionan en gran medida la metodología empleada en la enseñanza y el
aprendizaje. En este sentido Cark y Salomón (1986) expresan
que "... los medios de enseñanza no son en sí mismos factores causales del
aprendizaje, pero pueden propiciar de hecho la utilización de metodologías
innovadoras en el aula" (Cark y Salomón, 1986,
citados por Pons, J. de P., 1992, pág. 148).
En especial, acerca del
uso de las computadoras personales, muchos llaman a interrogarnos en qué medida
las mismas pueden "... contribuir a cambiar la metodología de enseñanza,
el contexto educativo o los instrumentos puestos al servicio del profesor"
(Pons, J. de P., 1992, pág. 148). Tal interrogante no
puede parecernos exagerada, pues éstos pueden adoptar, de una manera dinámica,
las características de otros medios, al poseer una capacidad de representación
e integración no antes vista, de aquí que se consideren metamedios,
como señalan Kay (1984) y Pons,
J. de P. (1992).
Sin embargo, a pesar de
las potencialidades de los nuevos medios técnicos para facilitar la
representación, modelación e interacción con la realidad, el valor pedagógico
de los mismos se lo imprime el contexto metodológico en el que se explotan sus
cualidades (Jiménez, J. A., 1992; Romero Morante, J., 2000; Pifarré,
Manoli y Jaume Sanuy, 2000). Refiriéndose, específicamente a la diversidad
de los resultados obtenidos con el uso de computadoras personales para
facilitar el aprendizaje, y haciéndolo desde una perspectiva sociocultural, Pifarré, M. y Jaume S. (2000) referenciando a Clements y Sarama
(1997) y a Salomon y Perkins
(1998), expresan que las mismas pueden explicarse por las características de
las variables del contexto educativo, entre las que señalan: el contenido de
aprendizaje, las características de las actividades de enseñanza y aprendizaje,
la función del profesor, la interacción entre los alumnos, entre otras.
Los medios técnicos que
se emplean en contextos metodológicos, pueden o no ser diseñados con estos
fines. Puede tratarse de materiales ad hoc (software
para aprender un contenido curricular, un programa de televisión para ejercitar
algún idioma extranjero, etc.), diseñados con fines didácticos, y adecuadamente
fundamentada su explotación desde posiciones psicopedagógicas; o productos no
diseñados originalmente con fines didácticos, pero poseedores de
potencialidades aprovechables con estos fines. En cualquier caso, ponemos a consideración
algunos criterios a tener en cuanta para el diseño de situaciones educativas
que utilicen herramientas tecnológicas como la computadora personal, resultado
de la sistematización teórica realizada (Jiménez, J. A., 1992; Clements y Sarama, 1997; Salomon
y Perkins, 1998; Romero Morante, J., 2000; Pifarré, M. y Jaume S., 2000), y
de la experiencia acumulada en la explotación de éstos medios:
Tanto en el contexto de
la enseñanza, como de la actividad científica contemporáneas, es muy frecuente
la explotación de la computadora para la simulación de procesos y fenómenos, y
así acceder a su esencialidad a partir de la modelación.
A decir de González
Castro, V. (1990), la simulación "... resume toda la teoría relacionada
con el proceso en el cual se sustituyen las situaciones reales por otras
creadas artificialmente... y de las cuales el estudiante debe aprender ciertas
acciones, habilidades, hábitos, etc., que posteriormente deberá transferir a la
situación de la vida real con igual efectividad" (González Castro, V.,
1990, pág. 284). Para este propio autor, la misma intenta romper la diferencia que
hay entre el aprendizaje de conceptos en el ámbito teórico y su transferencia a
situaciones prácticas. O sea, y como explícitamente lo reconoce, considera la
simulación como una actividad en la que el estudiante no acumula información
teórica, sino que la lleva a la práctica, con lo cual esta se identifica con el
entrenamiento puramente.
Sin embargo, ello es
desestimar las potencialidades de la simulación como fuente de obtención de
conocimientos. La simulación inicia con la modelación de una parte de la
realidad, en la que ocurren procesos o fenómenos que por lo general no puede
ser estudiados por su velocidad, complejidad, por lo
costoso de su estudio por vía experimental, etc. Esta implica, en primera
instancia, la construcción de un modelo, que representando lo real, posibilita
más fácilmente su estudio. En segundo término, la puesta en funcionamiento del
mismo, con lo cual se estudia virtualmente ese proceso o fenómeno, penetrando
en su esencialidad. Considerando entonces que el modelo reproduce fielmente las
características de la realidad, "... es posible hacer predicciones,
evaluar comportamientos y adquirir conocimientos con relación a la realidad
modelada" (Sureda Negre,
J., 1986). En la simulación computarizada, por su parte, "se trata de
presentar el funcionamiento de un sistema o dispositivo a través de la
realización de una analogía matemática, realizada sobre ordenador"
(Sevillano García, Ma. L., 1995, pág. 273).
El empleo de la
simulación en el proceso de formación de profesionales tiene sus particularidades,
dadas en la explotación de simulaciones que modelen actividades de aplicación,
preferiblemente incluyendo la presencia de instrumentos virtuales (Martín
Rodríguez, A., et. al., 2001), funcionamiento de circuitos, dispositivos,
procesos productivos, etc., con vistas a potenciar una actuación de los futuros
profesionales acorde a los requerimientos de su futuro contexto laboral.
Respecto a la contrastación experimental tradicional, la simulación
ofrece las siguientes ventajas:
Las características y
ventajas antes referidas, evidencian que en el proceso de simulación pueden
desarrollarse acciones orientadas a la consecución de un determinado fin u
objetivo. ¿Puede, entonces, considerarse la simulación un procedimiento
metodológico?
Existe consenso entre la
mayoría de los autores consultados (Lerner, I. Ya y Skatkin, M. N., 1981; Amaros y Llorens,
1986; Diseño Curricular Base, 1989, García Nadal, R. et. al., 1992; Coll y Valls, 1992; Pozo y Gómez
Crespo, 2001), en entender los procedimientos como un conjunto de acciones
ordenadas, orientadas a la consecución de una meta u objetivo.
Ubicándolo dentro del
contexto metodológico, el procedimiento deviene instrumentación del método,
"... es un detalle del método, es decir, es una operación particular práctica
o intelectual de la actividad del profesor o de los alumnos" (Labarrere Reyes, G. y Valdivia Pairol,
G. E., 2001, pág. 106); el que a su vez se instrumenta a través del
correspondiente sistema de medios que emplea la persona para la consecución de
la tarea (Bermúdez Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996). A pesar de ello, y como señalan
algunos autores (Labarrere Reyes, G. y Valdivia Pairol, G. E., 2001) de la misma manera que no se puede
concebir el método como un conjunto de procedimientos, el procedimiento fuera
del contexto del método, pierde su significación.
Visto desde el proceso
de enseñanza, el procedimiento es un conjunto de acciones del profesor
encaminadas al logro de un objetivo, que jerárquicamente se deriva del que
orienta al método que se emplea para dirigir el aprendizaje de los estudiantes,
y que tienen lugar por medio del conjunto de experiencias de naturaleza
cognitiva e instrumental que ha acumulado, así como de los correspondientes
soportes técnicos. Desde el aprendizaje, el procedimiento constituye el
conjunto de acciones que desarrolla el estudiante para ir penetrando
gradualmente en la realidad que estudia, y la consiguiente construcción de un
sistema cognitivo–instrumental que le permitirá
seguir penetrando en ella.
La simulación, por
tanto, se constituye en procedimiento, tanto para la formación de conceptos y
construcción en general de conocimientos, como para la aplicación de éstos a
nuevos contextos a los que, por diversas razones, el estudiante no puede
acceder desde el contexto metodológico donde se desarrolla su aprendizaje. De
hecho, "buena parte de la ciencia puntera, de frontera, se basa cada vez
más en el paradigma de la simulación, más que en el experimento en sí..."
(Pozo, et. al, 2001, pp. 24–25).
Desde el punto de vista
metodológico, a pesar de las potencialidades para ejecutar acciones orientadas
a la consecución de determinados fines, la simulación se identifica como
procedimiento metodológico, y no como método propiamente, por varias razones:
Como se ha expresado
anteriormente, la simulación puede utilizarse como procedimiento, tanto para la
formación de conceptos, como para la sistematización de conocimientos e
instrumentaciones. En el primer caso, su objetivo fundamental es la
actualización de conocimientos, a partir de las exigencias de esa parte de la
realidad modelada; en el segundo, la sistematización de instrumentaciones,
tomando como referente los invariantes instrumentales que caracterizan la
actuación de los profesionales de ese contexto.
Para que el proceso de
simulación devenga procedimiento metodológico para la formación de conceptos,
se sugiere que el mismo se desarrolle a través de las siguientes etapas:
Para ser usado como
procedimiento metodológico para la sistematización de acciones, o sea, básicamente
como entrenador, se recomienda que la simulación cuente con las siguientes
etapas:
Independientemente de
sus potencialidades implícitas, los medios técnicos de enseñanza, e incluso aquellos fruto de la actual revolución científico–técnica
(como es el caso de la computadora personal) carecen de valor didáctico fuera
de un contexto metodológico que complemente esas potencialidades inherentes.
Ello explica por qué, aún cuando la computadora personal puede ser definida
como metamedio por el número de prestaciones que
ofrece, su empleo no determina la existencia de un nuevo modelo educativo.
El empleo de la
simulación computarizada parece restringido exclusivamente al desarrollo de
habilidades como resultado de la sistematización, en contextos virtuales, de
acciones por parte de los estudiantes; desestimando su explotación como fuente
de obtención de conocimiento, a partir de la modelación de la realidad que se
puede lograr en estas, y que ayuda, como a veces ningún otro procedimiento, a
penetrar en su esencia.
A pesar de sus
posibilidades como fuente de generación de acciones orientadas a fines u
objetivos, la simulación no puede conceptuarse como método propiamente. La
naturaleza de la misma, las características de los simuladores empleados, hacen
necesario una complementación metodológica para que sean explotados en el
estudio de la realidad, con el empleo de otros procedimientos.
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Datos del autor:
Leandro Arias Labrada.
Profesor del
Departamento Eléctrica–Economía. Facultad de Ciencias
Técnicas. Universidad Pedagógica "José de
Licenciado en Educación,
especialidad Física y Electrónica, y aspirante al grado científico de Doctores
en Ciencias Pedagógicas.