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LIBERTAD
DURADERA PARA EL PUEBLO SAHARAUI
Ahmed Muley Ali
Delegado
saharaui en la comunidad de Madrid,
Madrid, 18 de Octubre de 2001
El 11 de septiembre es el comienzo de una
nueva etapa o de una nueva forma de reflexionar. Independientemente de
lo que se le llame, se ha llegado a una conclusión: la obligación
de pensar en cómo hacer que toda persona, etnia, civilización
o pueblo, pueda vivir en democracia y bienestar social, con el objetivo
de crear un mundo en paz y tranquilidad para todos.
Desde la caída del famoso
muro, muchos intelectuales comenzaron a llamar la atención a los
métodos de gestión económica y política, equivocados,
con los que se intenta regir el mundo. Gritaban que la justicia aplicada
es la del más fuerte. Que la riqueza la está llevando la
minoría, dejando la mayoría de la humanidad pobre. Que la
democracia implantada de manera forzada a pueblos ignorantes y pobres es
un error, si no se les prepara y se les ayuda y el no impulsar el desarrollo
económico y político, no el militar, en Africa, América
Latina, Oriente Medio y Asia, ya que los dirigentes en los países
del Tercer Mundo utilizan el poder del estado para usurpar las riquezas
y presionar, aniquilar, toda oposición o resistencia a sus políticas
devastadoras, lo que genera un grave desorden mundial, que abre las puertas
del mundo a lo inimaginable: desde la muerte en pateras al suicidio organizado.
Desgraciadamente, si los que rigen
el mundo hubieran hecho caso, no se hubiera llegado a esta situación.
Partiendo de esto podemos plantear
ciertas preguntas esenciales. ¿Desde cuándo existía
el terrorismo?. ¿A qué se refiere?. Si el terrorismo es todo
acto salvaje, cruel e inhumano contra el ser humano yo la humanidad, no
hubo regímenes (o sus servicios secretos) que cometieron atrocidades
impensables?. Incluso regímenes (o grupos) adiestrados por potencias
“coronadas” con la democracia y la libertad?.
Creyendo (para empujar hacia el
bien) que son errores o equivocaciones o intereses, lo cierto es que hoy
estamos ante una verdad y es la necesidad de una transformación
profunda y fundamental en todos los aspectos, basándose en el respeto
a la justicia, la democracia, sin olvidar un factor primordial: la interdependencia
de todos, ya que cualquier estado por muy potente que sea, en el futuro
si actúa aislado fracasará.
El 11 de septiembre ha puesto de
manifiesto que el mundo en general, y Occidente en particular, no podrá
tener paz y libertad duradera mientras exista injusticias y el no respeto
a la dignidad y a los derechos humanos, sobre todo si partimos de la teoría
de la globalización inevitable.
Toda esta introducción, la
he hecho para recordar a la comunidad internacional, un acto de terrorismo,
ocurrido hace más de un cuarto de siglo, contra un pueblo, su única
culpa es exigir su derecho a la autodeterminación: el pueblo saharaui.
El régimen marroquí
y sus aliados invadieron con más de 35.000 soldados armados hasta
los dientes, con armamento americano y francés, a lo que se llamaba
“Sahara Español”.
Masacraron humanos, separaron familias,
desaparecieron cientos de personas y bombardearon con napalm los campamentos
(más información en www.arso.org). Fue un terrorismo, un
genocidio, que la historia guardará como una de las atrocidades
de la humanidad.
Incluso cuando se obligó a Marruecos
a reconocer el derecho de autodeterminación y hace diez años
se firmó un plan de paz de las Naciones Unidas (que desgraciadamente
aún no se ha aplicado) la comunidad internacional no se interesa
por eliminar un foco de inestabilidad, guerra y sufrimiento de un pueblo
que no quiere más que la aplicación de un derecho universal
de todo ser humano, en lugar de estar empujándole a toda clase de
lucha para defenderse.
Este pueblo, que nunca hizo ningún
acto terrorista contra el pueblo marroquí durante su lucha, es pacífico,
humilde y generoso. Pero es valiente y audaz si se le quiere intimidar
y como todos tiene un límite de paciencia que se está acabando.
Si el 11 de septiembre es una barbaridad
criminal, ¿qué podemos llamar al genocidio en el Sahara Occidental?,
acto ocurrido en el silencio cómplice de las potencias llamadas
“libres y democráticas”.
El mundo está obligado a revisar
sus ideas y reflexionar sobre cómo readaptarlas para construir un
mundo nuevo. Esta concepción es necesario aplicarla al Magreb Árabe
para llegar a una estabilidad política que abra las puertas a las
soluciones adecuadas a los problemas conocidos en esta zona de Africa:
pobreza, terrorismo, drogas, derechos humanos, subdesarrollo, etc.
España, que está involucrada
en la batalla de la libertad duradera, debería interesarse por los
problemas cercanos a sus fronteras, y sobre todo su papel es fundamental
por muchas razones conocidas. ¿Acaso no es hora de permitir al pueblo
saharaui gozar de su libertad duradera?. No es más justo y estratégico
sacrificar algunos intereses, que se relacionan con un Marruecos en declive
si sigue su trayectoria política actual?.
No cabe la menor duda de que la solución
del problema saharaui, basándose en las resoluciones adoptadas por
la comunidad internacional, abrirá al desarrollo económico
y social , acto que crea estabilidad política, factor fundamental
para acabar con toda clase de radicalismo y comenzará la verdadera
construcción del Magreb Árabe en todos los aspectos, garantizando
así los intereses de todos: estados y pueblos.
Ahmed Muley Ali
Delegado saharaui en la comunidad de Madrid
[email protected]
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