Autor: Carlos Ruiz Miguel,  Catedrático  de Derecho Constitucional Universidad de Santiago de Compostela

 
¿Círculo vicioso en el Sáhara? Jerónimo Saavedra y la desviación del PSOE  


El ex-ministro socialista y presidente del PSOE de Canarias ha tomado posición a favor de Marruecos en el conflicto del Sáhara Occidental, dando un espectacular giro a la tradicional postura de su partido sobre esta cuestión. Para justificar su cambio ha echado mano del ya muy ajado argumento de la estabilidad. A su juicio, se trata de elegir entre tener a 100 km. del Archipiélago canario "un régimen político estable con la garantía de los Estados Unidos" (refiriéndose a Marruecos) o "un régimen
inestable con fundamentalismos que pueden desarrollarse en cualquier momento o montar misiles en la costa" (queriendo aludir a la RASD). En esta nueva posición, alentada en el fondo por Felipe González, ha incidido también Trinidad Jiménez, responsable de política internacional del PSOE que ha animado al Frente Polisario a tomar en consideración el proyecto de acuerdo marco. ¿Qué hay de verdad en el argumento de Saavedra?

 Hace 26 años, Hassán II consiguió conjurar las gravísimas amenazas que amenazaban su trono mediante la invasión del Sáhara Occidental, que aunque se diga que fue ocupación pacífica" (en la frontera noroccidental del territorio entraban en el Sáhara los integrantes de la "Marcha Verde"), fue una invasión militar en toda regla (en la frontera nororiental lo hacía el Ejército marroquí matando a cuanto saharaui se interponía en su camino.  Con aquella operación,  se consiguió el objetivo de dar a su régimen un triunfo exterior que permitiera silenciar la oposición interior y dar a Marruecos "estabilidad".
 Sin embargo, aquella "solución" se demostró un fracaso. Marruecos está aquejado de una gravísima inestabilidad política, con una presencia política del Ejército y una influencia social de los islamistas mucho mayor que en 1975. ¿Por qué? Por varias razones. La
primera es que Hassán, en lugar de aprovechar tan favorable situación para acabar con las causas internas de la inestabilidad interna de su régimen y poder impulsar a su país hacia el futuro, lo que hizo fue agravar aún más todas esas causas de la inestabilidad interna y además crear un foco de inestabilidad externa.
 
Las dos grandes causas internas de la inestabilidad política de Marruecos eran la tiranía y la corrupción. Ambas no hicieron sino
agravarse tras la entrega del Sáhara.

 En primer lugar, la tiranía política. En efecto, con la entrega (que no "devolución" como ha dicho algún columnista español, pues nunca Marruecos lo poseyó antes) del Sáhara, Hassán acentuó más, si cabe, su política criminal (torturas, "desapariciones" y represión) ensañándose de forma sádica muy en especial (aunque no únicamente) con los opositores saharauis. El nuevo triunfo exterior también le permitió ejercer su sadismo con los opositores internos marroquíes que se pudrían en cárceles secretas de triste recuerdo. Ni qué decir tiene que el fraude sistemático y masivo de las "elecciones" que se celebraban en Marruecos no mereció el más mínimo reproche en Occidente, lo cual no pudo dejar de animar al Rey a continuar con estas prácticas.
 
En segundo lugar, la corrupción. En la nueva situación Marruecos recibió cuantiosas ayudas económicas de sus aliados para afrontar la guerra del Sáhara así como apoyo político para recibir ingentes cantidades de España, Francia y la Unión Europeo en concepto de "ayudas", la última de ellas consistente en más de mil millones de pesetas de la Junta de Andalucía. Es notorio que de toda esta inmensa cantidad de dinero una buena tajada fue a parar a los bolsillos del rey, mientras el pueblo se empobrecía aún más. Y todo ello por no hablar de la pavorosa corrupción moral del Rey, de sus depravaciones sexuales, de sus gusto por el
sadismo, etc.

 Junto a estas causas internas de inestabilidad, la entrega del Sáhara a Marruecos supuso la creación de un importante foco de inestabilidad en todo el norte de África. Esta inestabilidad vino producida no sólo por la guerra del Sáhara que enfrentó a los saharauis contra Mauritania (hasta 1979) y contra Marruecos, sino por las tortuosas maniobras de debilitamiento de Argelia (país que ya en 1963 sufrió una guerra de agresión por parte de Marruecos -la "guerra de las arenas"- y que luego apoyó a los saharauis). Entre esas maniobras no fue la menor el apoyo de todo tipo que ofreció el régimen de Hassán a los terroristas islámicos
que ensangrentaron a su odiada Argelia.

 Tras la muerte de Hassán el panorama es desolador. Un Marruecos que políticamente no es sino el coto privado del Rey y donde la democracia y las libertades no existen. Un Marruecos corroído por la corrupción del "Majzén" en cuya cúspide está el Rey. Un Marruecos dominado por el islamismo, que no reconoce en absoluto la supuesta autoridad religiosa del rey como "comendador de los creyentes" que le atribuye la "Constitución" marroquí. En efecto, después del "ejemplo" argelino, los islamistas se han convertido en la única fuerza que verdaderamente se opone al sistema, al "Majzén" por lo que son la primera fuerza social del país. En definitiva, una situación explosiva.

 En esta situación, hoy como hace 26 años se habla del Sáhara Occidental como "solución" a los problemas internos de Marruecos, como forma de conseguir esa "estabilidad" tan pregonada por Saavedra. Hoy como hace 26 años se dice que un triunfo exterior, como el que supondría reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, solucionaría la gravísima crisis interna marroquí. Sin embargo, ¿cuánta influencia política tenía el Ejército antes de 1975 y cuánta tiene hoy? ¿cuánta influencia social tenía el islamismo antes de 1975 y cuánta tiene hoy?

La respuesta, evidente, a estas preguntas ya nos indica que la repetición de la fórmula usada en 1975 no puede llevar sino a un
agravamiento de la situación. En efecto, no es fácil adivinar que si se otorga ahora a Marruecos este nuevo triunfo exterior, las dos causas de la inestabilidad interna marroquí no desaparecerían. Por un lado, el Rey se sentiría más fortalecido para continuar manteniendo el régimen tiránico y corrupto del "Majzén" y, por otro, el islamismo, única fuerza de oposición al "Majzén" seguirá creciendo haciendo que la situación sea aún más explosiva. Pero además, por si esto fuera poco, aparecería un nuevo e inopinado problema. Dado que es notorio que los saharauis no quieren ser marroquíes, la consagración de la soberanía marroquí si bien
podría conducir a poner fin a la guerra exterior del Sáhara (apagada desde el alto el fuego de 1991), no por ello impediría el surgimiento de movimientos de protesta internos, incluso violentos, en el territorio del Sáhara Occidental. Ante esta nueva situación, el régimen respondería con más represión, la cuál permitiría acallar cualquier disidencia ante el ejercicio de la corrupción, la cual a su vez incrementaría la influencia social del islamismo con el consiguiente riesgo desestabilizador.
 
La pregunta es: ¿interesa un Magreb estable? Creo que si la respuesta es "sí", está claro qué es lo que "no" debe ocurrir Sr. Saavedra.

 

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