Autor: José Martínez Alfaro

José Martínez Alfaro
Profesor  de economía aplicada de laUniversidad de Valencia



En el nombre de algunos dioses, del más allá o del mas acá, sus representantes han desenvainado sus aladas espadas. Y llaman a sus servidores a demostrar que tienen un corazón esforzado en el combate. Pero estos dioses se reflejan de forma distinta según el espejo en el que los miremos. 

En mi espejo al mirar el dios occidental, veo ante todo, defensa de los intereses económicos, del dólar y la estructura piramidal de poder. Como ahora el bjetivo del pueblo saharaui es obtener el territorio del que fue despojado y no enfrentarse con occidente, nada debería implicarlos en la actual cruzada. En estos momentos los problemas políticos básicos para los saharauis no se relacionan con la nueva situación. Para Estados Unidos el conflicto saharaui no es, actualmente, un conflicto entre países o pueblos que se le opongan. Por ello, una solución que conviene a sus intereses del problema saharaui no puede pasar por un cambio brusco, desestabilizador. Que, de hecho, podría incrementar el poder del fundamentalismo en Marruecos.
 Si, en cambio, por una disolución lenta del problema, jugando a beneficiarse con elenfrentamiento entre Marruecos y la RASD.  La situación está en el punto de presionar a los saharauis a que acepten un mal acuerdo que sea principio del fin del conflicto saharaui, salvando la estabilidad y prestigio marroquí.  Para ello cualquier mecanismo puede ser bueno y la actual situación puede llevar a presionarlos, aliniandolos, contra toda objetividad, en el campo de los enemigos. Como puede suceder con los movimientos antiglobalización, en otro orden de cosas. Sea cual sea el devenir político, si en algo ha de incidir la situación internacional derivada del 11 de Septiembre es en intentar que ante la comunidad internacional quede claro que los posibles enemigos de la libertad están del lado deMarruecos y en aprovechar el impulso que se ha generado contra el fanatismo. Es decir, continuar con las ideas básicas en todo el movimiento pro saharaui pero incidiendo en potenciar diversos aspectos .

En primer lugar, en evitar el fanatismo integrista dentro del total respeto a la libertad religiosa. Para ello no se puede dejar de lado que el fermento del integrismo son las desigualdades sociales.
La civilización occidental se presenta como el gran enemigo al que hay que vencer para dar paso a una nueva sociedad. Nueva sociedad que, como en todas las revoluciones habidas, se reviste de unas cualidades de primer orden que impulsan a una lucha ciega por ella. Por ello,  si la sociedad saharaui se va estructurando de forma que se evite la subdivisión en cualquier tipo de estratos y se fomenten los valores cooperativos se habrá ganado la batalla contra el fanatismo. Esta no es sólo tarea de los saharauis, sino también nuestra, de los movimientos de solidaridad. Porque si reflexionamos sobre nuestros hábitos de trabajo no  hace falta rebuscar demasiado para darnos cuenta de que frecuentemente estamos actuando como misioneros de la religión occidental.

De otra parte,  contra los intentos de desprestigio, de presentar a la RASD como un régimen autoritario, burocratizado, como podría corresponder con la imagen que Occidente da de algunas sociedades islámicas, hace falta mostrar transparencia y democracia participativa. En estas cualidades siempre ha sobresalido el pueblo saharaui frente la situación de la mayoría de los países árabes. Pero algunas potencias occidentales pueden incidir en poner en primer lugar la defensa del estado alauita, como principal instancia legitimadora e intentar presentar la realidad invertida.

Aquí de nuevo, la defensa de la una verdadera democracia pasa porque esta sea asumida cultural y cotidianamente y sea realmente participativa. De modo que solo el buen funcionamiento de la sociedad da garantías de su correcto enraizamiento. La situación de refugiado hace difícil un rodaje de la sociedad con toda normalidad. No hay mas que pensar en la producción.
Por ello es importante incidir en ir desarrollando las semillas de este funcionamiento normal, de superar la gran desventaja de ser un refugiado y actuar en todos los campos sociales venciendo la pasividad. ¿Qué impide que en los campamentos se potencie frente la industrialización, la artesanía; frente publicidad y consumismo, cultura y así en todos los órdenes?

Finalmente lo más obvio, el reforzar el campo de defensa de los derechos humanos,  el actuar contra la situación de represión generalizada en el Sahara ocupado. Hace falta ganar la batalla política de presentar a los estados occidentales como lo que son: cómplices del saqueo de las riquezas del
Sahara por parte de Marruecos. De la pesca, los fosfatos y a partir de ahora posiblemente el petróleo. 
Y sobre todo, en que se potencien las acciones democratizadoras en los territorios ocupados.  
Si en ellos los saharauis se convierten en una población activa en la medida de sus posibilidades, es muy difícil imponer una solución promarroquí para el conflicto.
 
 
 

 

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