paranoia
(ejercicio de taller literario, escribir sobre algo sin nombrarlo)
De tu desconocido fondo surgen oscuros temores o hilarantes fantasías.
¿Quién alguna vez no sintió miedo pensando que podías morderlo?
¿Quién no se rió imaginando que eso pudiera sucederle a su más secreto, íntimo enemigo?
Pero yo, y creo que solamente yo, sé que no sos motivo de admiración o de risa. Tu suave aspecto, tus agradables colores y tu risible vocación por devorar fetideces no me engañan.
¡No!.
Sé que escondés el horror en tus entrañas. También sé que me estás persiguiendo.
Si, desde hace muchísimos años me perseguís a todas partes. He fatigado innumerables ciudades y te he visto en todas ellas. He concurrido a casa de amigos que yo creía sinceros conmigo y al espiar hacia el interior allí estabas, agazapado tras la puerta, con tu abierta boca esperando a que yo te alimente (o caiga en tus fauces).
Hay madrugadas, generalmente de domingo en que una esperanza renace en mi cerebro al encontrarte destruido sobre una pila de basura amontonada desde el día anterior.
Me regodeo examinando tu destrozado cuerpo, los restos de tus agradables curvas. A veces recojo y guardo como reliquia algún pedazo tuyo para exhibirlo ante mis supuestos amigos -tus cómplices- y escupirles en sus traidoras caras:
-Miren, lo vencí, está muerto-.
Pero, ¡ay corta alegría la mía!. Nuevamente te cruzo en cualquier casa, o te veo endiosado en vidrieras y revistas.
He llegado a la horrible, inevitable conclusión que sos una especie de hidra polimorfa.
No solo tenés innumerables cabezas, cada una de ellas con su boca dispuesta a devorarme, sino que tenés miles de formas, las más recónditas. Podés exhibir tu lujo o podés ser muy humilde o, incluso, espectacular.
Recuerdo aquella vez en la Patagonia cuando muy necesitado de vos -eso es lo más terrible del castigo y lo más horroroso: te necesito- pregunté al dueño de una cabaña dónde estabas.
-Alejate 50 metros de la casa y desde alllí, hasta el canal de Beagle... - fue su misteriosa respuesta.
Huí. Huí. Huí.
Todos esos bosques de cipreses, todos esos diáfanos lagos y ríos, todas esas montañas nevadas, esos atardeceres, esos campos de frutillas, todo eso eras vos. Desde el Río Colorado hasta el Canal de Beagle, desde el Pacífico al Atlántico, todo eso eras vos. Grandiosa...espectacular...omnipresentemente vos.
Fue una de tus más pérfidas jugadas. La más sucia.
Pero...
Algún día debo volver al Bolsón a visitar a ese muchacho para averiguar qué trato tiene con vos para mantenerte alejado 50 metros de su casa... O quizá tenga algún amuleto secreto, algún objeto bendecido, alguna palabra mágica...
Tengo que investigar y hacer mío el secreto. Estoy seguro de conseguirlo, así deba apelar al engaño, al robo o incluso a la tortura y al asesinato...
En ocasiones desearía ser sordo para no escuchar el sonido de placer que emitís cuando devorás tus alimentos. Lo imagino similar al triple rugido de Cerbero protegiendo la salida de los siete infiernos. Tu aliento parece también proceder de allí. Es lógico: te alimentás de cosas fétidas, no podés tener aliento a rosas... o a mentas.
Yo sé que toda esta persecución tuya a mi persona tiene un solo objetivo y a él adhieren mis supuestos amigos.
Ellos tratan de convencerme que estoy volviéndome paranoico.
Vos estás esperando a que la paranoia me haga mierda para luego devorarme.
Este relato se refiere -sin nombrarlo- a........y lo mezclé con un poco de ficción paranoica (aunque a veces me surgen dudas si esto es realmente ficción o paranoia Je.Je.Je.)