Cuento Rojo
En la fábrica:
Soñamos con ser torre y desde el punto más alto de la ciudad espiar hacia las dos inmensidades que nos rodean: al oriente, el desierto y al mar, que está a occidente.
Sabemos que algún día lo haremos...Es nuestro destino. Lo sabemos desde nuestra dolorosa creación, que fue un verdadero parto.
Primero las yeguas -efímeros molinos de tracción a sangre- nos pisotearon para mezclar el barro primordial del cual estamos formados con la paja que nos alimentó y nos fortaleció.
Luego Rosa y su esposo Jacinto moldearon prolijamente a cientos de nosotros y nos dejaron endurecer bajo el ardiente sol de la llanura.
Fuimos, finalmente, purificados por el fuego -robado a las entrañas de ese sol- en un templo de barro construido sobre nosotros que Rosa y Jacinto llamaron "Horno".
Con este bautismo de fuego nos hicimos más duros, más secos, un poco más diferenciados unos de otros (no mucho, convengamos) y adquirimos este deseado tono rojizo que queremos lucir, orgullosos, en la cima de la ciudad.
Hoy cuando nos vengan a buscar en un camión vamos a dar otro paso hacia nuestro glorioso destino de contemplación de coloridos amaneceres y desgarradores ocasos.
Con que uno solo de los 10.000 que somos, este expuesto a esa gloria, la gloria se transmitirá a todos nosotros, así seamos parte de un sótano.
Estamos trémulos de emoción.
En el corralón
-Che Julio. Andá a buscar al horno de Jaacinto esos diez mil ladrillos que terminó de cocinar la otra semana y lleváselos urgente al molino de Sandivar que tiene un pedido de polvo para 10 canchas de tenis. Apurate che que los quiere hoy.