Estrellas ![]()
De las noches que pasamos en vela atendiendo el pausado transcurrir de las estrellas sobre el negro manto del cielo, no se tienen registros en los archivos de los hombres.
Distinto sucede con esas mismas estrellas que mucho recuerdan habernos visto ya sea en el frío glacial del invierno como disfrutando de ellas en la calidez del verano
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Si se tuviera en cuenta el tiempo pasado mirando cielos diversos para medir el desarrollo de nuestros desvelos, estos alcanzarían niveles universales. Nos hemos despertado entumecidos por el duro suelo y doloridos por los guijarros sueltos en innumerables
ocasiones, hemos temblado de frío en incontables otoños; espantamos insectos hasta que ya cansados de hacerlo, los dejamos hartarse a destajo, con nuestra sangre en aquellas noches de veranos en que la pesadez del clima presagiaba inminentes tormentas.
Las estrellas son testigos de todo ello y aún más. No quiero relatar las noches en que abrazados y enamorados del cielo, caímos en la cuenta repentinamente en que también
estábamos enamorados de nosotros -uno del otro- y el amor nos llevaba a amarnos bajo nuestras queridas y, afortunadamente, imperturbables amigas.
La infatigable búsqueda de supuestos viajeros de otros planetas también nos consumió abundantes horas nocturnas, porque pensábamos que un amor tan grande como el nuestro, debía tener necesariamente su imagen especular en las lejanas estrellas. ![]()
Dudo que haya alguien que al levantar la vista en una noche estrellada y detenerse a mirar no se pregunte quien hizo todo eso, donde termina, por qué estamos acá
Me cuesta concebir que una persona, al menos una vez en su vida, mirando el cielo nocturno no se haya hecho las preguntas elementales: qué somos?; de donde venimos?; para qué estamos aquí? . ...aunque después se haya sumergido nuevamente en la vorágine de la vida y se haya olvidado de las estrellas, las preguntas y sus ansias de saber...
Hoy se supone que somos más inteligentes, despiertos y avisados que hace, por ejemplo, 20 mil años. Pero fueron los hombres de entonces - y los anteriores- que iniciaron con sus dudas y temores todo lo que hoy llamamos saber y que no es más que la natural curiosidad que cobijamos desde el día que por primera vez alguien -un pitecántropo, un neardenthal- levantó la vista y se quedó entre sorprendido e hipnotizado con el espectáculo que las estrellas le brindaron. Cuando se le pasó ese estupor inicial, y si ya tenía, por el momento cubiertos sus necesidades básicas (comida, abrigo, ...), seguramente se preguntó que era todo eso, qué hacía allí arriba, Quien lo había puesto y para qué y quizá, qué provecho podría él sacar de todo eso, ya sea pidiéndole protección o consuelo. ![]()
Nosotros, amantes descendiente de aquellos amantes eternos, simplemente nos extasiamos viéndolas y le pedimos que sean discretas con nuestras cuitas y desmesuras amatorias