Crónica

 

Un sueño entre copas

 

Resulta fascinante contar un historia, pero lo es aún más cuando eres parte de ella. Esta noche lo pude comprobar siendo parte del equipo de barman´s de un conocido bar de Lima y llegué a la conclusión de que por más fácil que aparentaban ser las cosas, estaba muy equivocada.

 

Nunca imaginé que podía llegar a ser una bartender o por lo menos jugar a serlo hasta el día de hoy. Contacté al dueño de el bar Time out y le pedí que me conceda esta increíble oportunidad. Al llegar estaba muy emocionada, poco después apareció el dueño que muy amablemente me recibió con una sonrisa diciéndome: “toda buena barwoman siempre debe sonreírle al cliente”, seguidamente dirigió a los barman´s que se encontraban en el atendiendo en el bar y les dijo: “esta noche la señorita será una más de nosotros” y me abrieron la puerta que daba al bar. Apenas entré pidieron un ron con coca cola y uno de los chicos que atendían me dijo: “este lo preparas tú”, en ese momento los nervios se apoderaron de mí y empecé a temblar.

 

El cliente esperaba su trago muy confiado, y yo no podía demostrarle mi miedo y fue entonces que recordé las palabras del dueño: sonreír siempre. Mostré mi mejor sonrisa y me sentí más segura. Cogí un vaso y disimuladamente le pregunté a mi compañero de trabajo la medida y el me susurró: “cuenta hasta ocho mientras que echas el ron” y eso fue lo que hice con un pequeño detalle: contaba muy lento y en vez de ocho parecía dieciséis. El cliente, un joven de aproximadamente 30 años riéndose me dijo: “que generosa eres, pero deja un poquito de espacio para la gaseosa”, inmediatamente solté una risa y ruborizándome le respondí: “es la primera vez que preparo un trago” y los dos nos volvimos a reír.

 

Poco a poco fueron llegando más clientes y con ellos más pedidos. La noche iba avanzando y yo agarraba más experiencia. Ahora no sólo servía la medida exacta de hielos y los tragos sin derramar, sino que también adornaba los tragos con limón, naranja, sombrillas y cañitas de distintos tamaños y colores y conversaba con los clientes sobre temas de actualidad (felizmente en los últimos días había leído el periódico y estaba informaba de los hechos relevantes dentro y fuera del país).

 

Luego de casi 2 horas el bar se empezó a llenar y los pedidos se incrementaron en mayor medida y los barman´s estaban desesperados por cumplir todos los pedidos lo más rápido posible, apareció el dueño y salí a agradecerle, nos sentamos en una mesa y me invitó una Inca Kola sin hielo, conversamos acerca de mi experiencia, le volví a agradecer cada una de sus gentilezas y me dijo: “regresa cuando quieras”. Finalmente me despedí de todos “mis compañeros” y uno de ellos me acompaño a la puerta del local. Al ver la calle y al escuchar el ruido de los carros sentí que había despertado a la realidad sintiendo una gran pena de que esta experiencia haya acabado pero feliz por haber podido experimentar una nueva oportunidad que marcó un hecho importante en mi vida.

 

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