LA MOLIENDA DE MANZANAS
Por Jorge A. A. Flores Clerfeuille
Los cuentos de Jorge Flores C. nos devuelven al mundo casi mágico, pero real, del alma campesina que ha estado con nosotros hasta hace poco, pero que desaparece rápidamente y se funde con la modernidad. La Molienda de Manzanas surgió cuando en una conversación le pedí que escribiera un cuento que reflejara la forma de hablar campesina que era normal escuchar en tiempos de nuestra juventud (aclarando que tendremos cincuenta y tantos, pero que no nos consideramos viejos aún). Lo quería para mis clases de antropología, concretamente para trabajar el concepto de cultura del lenguaje. Aclaro que esta forma de hablar --este sociolecto-- representa la manera corriente de lo que habríamos escuchado en el interior de la región que queda entre el Bío Bío y Valdivia, sin olvidar que habían diferencias y variaciones en alguna expresiones. La Molienda de Manzanes era una de las tantas actividades que solían concentrar a los vecinos de un sector rural, como la trilla, la minga o mingaco (cosecha) de papas, la construcción de un puente, etc. reforzando los lazos de amistad, de reciprocidad y sentimientos comunes, dando vida a la sociedad rural y campesina. Disfrútenlo o analícenlo, pero no les quepa duda que el autor reunió las expresiones comunes del sector, con las que se hizo hombre, al extremo que, nos asegura, todas estas expresiones son las que solía escuchar por estos alrededores y en Temuco mismo. Tomás Austin
![]()
El
Mingo despertó al segundo canto de la diuca, había re’soñado una y otra vez con
la molienda del día a venir, tal cual su taita lo hizo en vida, verdadera fiesta
de fin de verano y empiezo del otoño. La guarda de la chicha era re’importante,
debía durar pa’to’o el resto del año. Se dio gueltas y gueltas pensando la mejor
manera a realizarla y no pudiendo soportar más la pallasa, saltó sobre la Meche,
echo pie en tierra, se puso las chalas y partió gualetiando a despertar al Toño,
pa’que saliera al tiro a rodear los mansunes, meterlos en la cogotera del yugo
sujetándolos a través de coyundas bien sobadas y luego, tesar a los cachúos pa’
colgarles la carreta, enyugarlos, amarrando bien aprietao el varal al yugo con
el cabresto. El viaje va’ser largo, de inmediato, agarrar la garrocha,
picanearlos y haciéndolos recular hasta el gualpón pa’cargar los tiestos y
llenarlos hasta las cachas, luego taparlos y que por ningún motivo fuera a
entrarle aire. Enseguida, jue aprender fuego, poner la pava grande y la
infaltable olla de fierro dispuesta hacer la huañaca o el caldo de papas, o
sino, pal’zanco con cebollas, todo esto, antes de servir el mate acompañado
del cafecito de tostao. El día se iba a estirar cómo la cuerda de la cogote de
yegua. Salió al patio, se ganó al la’o del hacha, se escupió las manos y picó un
par de palos, Posteriormente, tranqueo un poco desabrochándose el marrueco y
arrimándose a las tablas, comenzó a echar una miaita; al terminar, sacudió la
pichula endilgando a la arteza llevando la intención de echarse una manito de
gato, sacarse las lagañas y encajarse el cucho de siempre. ¡Chupalla!. Estaba
listo. Entonces, resolló profundo lanzando un grito donde el gallo quedó mudo.
Aurizmáos frente a tal despertar, los quiltros calchentos y cascarrientos,
ladraron a coro diciendo: ¡Quién llegó, que yo no lo sentí!. Los gansos
graznaron pidiendo puerta, los pavos haciendo gala de su nombre, volaron muy
sueltos de cuerpo desde el boldo tupio; No fuera cosa que quedaran sin su
ración. Mala cosa sería. Las gallinas regañaban preocupadas, presentían un
desenlace no halagüeño, así que esa mañana no esperaron la cachilla y rajaron
matas a dentro. Por el momento, las lanúas seguirían en el corral hasta que
levantara el rocío. Recién comenzaba el cahuín.
La casa ya había tomado vida, más bien los recintos de la huerta,
algunas alentá entraron a sacar aldas de verduras; habas, arvecas, costinas,
porros, acos, cilantro, chascúos y un cuantu’ay. El patio se las arreglaba
amontonando bestias y el fogón, bramaba esperando las ahuinás de la Meche,
mujer de Mingo, esta empezó a traquetear poniendo la cocina en orden, en espera
de los comensales tragaldabas que estaban invitados a la recogía de manzanas, y
lo más importante, no jueran a salir pelando. Eso sí que no, por ningún motivo
mostrar escasez. Tenía que ser lo mismo que’pa San Juan, un impajaritable
estofao y que náide se juera a irse mostrando diente largo. Que no se viera
pobreza. La más temida en estos menesteres, era doña Elcira, llegando ordenaba a
todos sin hacer nada, se creía con el derecho de manijar a medio mundo y sino le
hacían caso, se sancochaba arriscando la cola y amurrándose, sin embargo, se
transformaba frente a la gente haciéndose la dicharachera, una verdadera chicha
fresca; se le reconocía cómo una sabionda, según mentaban los del lugar. Había
sido escueliá.
La única manera que rindiera la mañana; primero, el desayuno a los
cabros chicos, estos iban hacer los encargados de andar cómo peo a la siga de
las gallinas pa’tirarles el cogote, entrar la leña, sacar agua y lo más
importante, no fueran a molestar a los hombres que saldrían pronto a la
faena. Los coltros llenos, dejarían de joder, así tampoco se atreverían a
fastidiar en los quehaceres cotidianos, ya que después del medio día, cuando el
care’gallo se hallaba para’ito, al ratito comenzaba asomar la tarde y venía la
matanza del chancho, había que pelar papas, amasar, hacer sopeipillas, machacar
el merquén en varias piedras, pero antes que todo, no olvidarse de darles a
llevar la bolsa con tostao pal’roquín, porque mientras apaliaran los manzanos,
se asorochaban. Había que acordarles; no fueran a dejar de llevar un gualato,
por si las moscas, pa’bajar los ganchos más altos. El atao de ñocha pa’cer la
pita y tener con qué coser los sacos, en realidad, esta vez no eran sacos,
sino sacas, la razón de esto, es que daban justo treinta litros y cada
carreta tenía que llevar una pipa vacía con quince sacas. Por lo tanto, no faltó
el que dijo: ¡Té juistes al chancho Mingo!. El pago se iba hacer a la vuelta a
través del comistrajo. Una cazuela de gallinas flor de habas, o algunita de las
cenizas y más la huacha negra mala sacadora, acompañada de un poco de chuchoca
jaspeada de cilantro, sin contar los chicharrones, pan amasado, la tapaguata
estofá con pebre cuchariao y ají cacho de cabra para rasparlo bien en la orilla
del plato, intentando hacer sed. Eso, pa’empezar.
La mesa estaba puesta pal’desayuno, esperaba impaciente a los
convidados; en el centro, a la vista de todos, con la intención que no fueran
hacer manoseados, se hallaba el pan, la tortilla de rescoldo y más a la orilla
de ajuera, harina tostada, merquén con piedra y to’o, azúcar, miel, yerba
entera, en la sartén varios huevos revueltos en ajos, leche con nata, un queso
fresco partido en cuatro y un litro de alambre de púa, además, la infaltable
botijuela luciendo un par de potrillos pa’la chupilca. Los dueños de casa tenían
que mostrarse hostigosos. En suma, alardear un poco.
La zalagarda empezó a llenar todos los rincones de la cocina, esta se
repletaba a medida que entraban los comensales, al abrir la puerta, se hacían
acompañar por unos. ¡Buenos días comairita! Y al tiro giraban la cabeza
aguaitando arriba del dintel, si estaba la cruz de palqui contra el malo,
pa´persinarse de insofacto, otros, sólo un. ¡Buenos días doña!. Estos dichos y
movimientos inusuales, molestaron profundamente al gato. Maulló con desagrado
tras el desorden de esa mañana y rejunjuñando se refugió bajo la cocina a leña,
no le dejaron alternativa ni ratón cercano y de los huesos, no agarraría nuño.
En eso, apareció el Tito galopiando montado en el rocillo y trayendo a la Tencha
al anca, al bajarse, se tiró la faja desabracándose, después de ese gesto, se
dispuso ayudar apear a su hembra haciéndola resbalar lentamente entre el
caballo y su cuerpo; no pasaba de ésta reunión y terminarían en casorio, más
atrás, venían tranqueando, Peiro y retoitita la familia sin sacarse cómo de
costumbre, el pitillo de la boca y cómo siempre, desparramando pulchen por
todos lados. El José traía a la cola a su hijo baldao y escupiendo por el
colmillo, le guiñó el ojo a la María que se encontraba arriando al cabrerío de
coltros para que no se fueran a peliar. Entretanto, la Ester, una puta madre
pa’las tallas, infalible en cada junta del sector; la razón, su cuncuna, ésta la
hacía hablar y era su costumbre, mientras la desenfundaba, le ponía tintan, del
otro, o del que juera, total, permanecía calibrada pa’cualquiera. El objetivo,
agarrar juersas pal’día. Por ahora, palo en mano espantaba a los bravos que se
hallaban asustados de ver tal gentío y mal que mal, siendo los dueños de casa,
no iban a permitir que otros pulguientos vinieran a señoriar en sus territorios.
Los huesos se quedaban en casa. Sus amos pasaban, pero ellos, nica. Sólo se
podían echar a descansar los que bajaban la cola y bien lejito.
Al poco rato, ya todos desayunados, los hombres y cabrerío a la quinta.
Las mujeres recién se sentarían a matiar; entre ellas, la Dionisia, mujer
respetada debido a que santiguaba y quebraba el empacho, yunta de la Filomena
que hacía sahumerios y se lo pasaba enredando lana para que las otras envidearan
su nuevo punto. Luego, vendría una ardua tarea. La chiquellería siguió a los
hombres, pese a los chiflidos del mujerío. Se abrieron las trancas y el primero
en pasar, por supuesto, el dueño de casa, éste dio unos mordisco a diferentes
manzanas dando la pauta. En primer lugar, las limón, pasarían por las puchacai,
seguidas de las candelarias y pa’rematar, las ca’eza de niño. Comenzó el
ensaque; los perros olisqueaban y mascaban de vez en cuando alguna tratando de
encontrarles el gusto. El ambiente estaba alegre, las tallas iban y venían, el
guevón, la mierda y las conchas de su maire subían y bajaban de los árboles a
los guasos brutos. Más de un chiquillo recibía una chuleta por el poto, o le
calentaban el lomo para que se enrielara y dejara de ponerse cargoso, si
seguía, entonces un manzanazo huacho por el coco trataba de ablandarle la
mollera. En varias ocasiones la garrocha servía de garfio bajando a las más
altas, la gracia era, completar lo antes posible la carga y enseguida rumbíar a
la moledora donde esperaba la prensa que dejaría estilar al jugo después del
apriete para recibirlo en baldes, he ir llenando las pipas. En la casa esperaba
la intrigante recompensa; el chancho, las cazuelas y retoitito lo que uno se
pudiera imaginar, un cuantu’ay. Pa’variar, él cacha las nunca de Mardónes,
recién venía apareciendo junto con el Tripa solitaria o guata de lápiz, otro San
Juan de buenas peras.
Tanto las yuntas cómo los mancos, pastaban en la orilla de la quinta
esperando que terminaran la carga, a ellos, les llegaría al piguelo tirando, les
saldría espuma por las verijas, llegarían a sacar la lengua por cada espuelazo
y picanazo recibido. Al Mingo se le esperó a que terminara para que saliera
punteando el carretío. El que primero hizo carga, fue el Pililiento, él
canillas de huilque segundo, seguidos por él Carelaucha, atracito, vino el
perejil sin hojas de Manuel y así siguieron terminado uno a uno la flora y fauna
del sector. Colgaron carretas y salieron tranqueando a la siga del dueño de
casa; contentos cómo mojón por la’gua tras la chichera. El camino, daba paso y
lugar a la charla amena, los cuentos, chistes, mentiras verdaderas, ciertitas,
juradas por la santa señal de cruz; cómo aquel huevo de yegua, que fue más
grande que un zapallo, del cual habían comido cien familias durante un año y
cómo tenía pepas, se había hecho un almácigo de diez haciendas, donde se
perdió la novillada de todo el sector y pa’rodearlas, tuvieron que esperar un
año, las vacas venían todas paridas, las mostrencas se habían vuelto bueyes, los
toros habían crecido a dos metros de alto y cuando el conjunto de bestias
bajaron a tomar agua, secaron el río, no dejaron gota viva y pa’salvar a las
truchas, hubo que recurrir a los pozos y con baldes irlas mojando, a otras,
darles con gotario intentando revivirlas, menos mal, que tamaño movimiento hizo
las veces de guillatún, empezando a llover a la horita después. Los mocosos con
las velas colgando y la java abierta, escuchaban extasiados tragándose el polvo
del camino. También porque no decirlo, más de alguna mosca. Entretanto, a falta
de mangas, se recurría a la falda de la camisa.
Llegando, comenzaron la faena de inmediato, unos tendrían que girar la
rueda hasta ver candelillas pa’que picara la fruta, otros recibirían una parte
del jugo en el cajón y luego el orujo envuelto en lienzos o sacos de yute,
pasaba a la prensa. El hilo sinfín apretaba cómo ahí no más había, un hombre por
cada lado, se llegaban a colgar dando vueltas la rueda. Después, sólo quedaba
recoger el jugo a baldás de la batea echándolo a través del embudo de cuntra en
las pipas. Cada vaciada llevaba consigo un, Mire ve no, lo que son las cosas.
Ya pus gancho, no se las sujete tanto. No se haga el cebollas pa’bajo.
Ese día se había echado de menos a los del rincón del alto, en su
reemplazo aparecieron unos gueñecitos de la reducción Huechucura trayendo de
embeleco, una chaigua colmaíta de motemei y no faltó el que hizo la pregunta.
¿No se encontraron con los Benavente? La respuesta fue al unísono. Venga,
venga y continuaron riéndose afanados en la tarea. En el aire, volaban
prendiéndose “¡los guendar!”, “cateé no más”, “aguaite’qué” y los “loreé”
rempujando los “pare’que”. Todos reconocían la demora de los últimos en llegar,
estos vivían en la cresta del mundo, de chuchunco pa’entro, donde el diablo
perdió el poncho y la virgen se asustó con el grito de la perdiz. (Es por eso
que ésta no tiene cola). Ella le dijo, según pare’que: “Por asustarme, no
tendrás más cola, al tercer vuelo estarás cansada y tendrás que correr”; en
menos que canta un gallo, la pájara quedó sin rabadilla hasta el día de hoy.
El mestro’Beto, hombre aplicao, arreglaba todo, no tenía un pelo
e’leso. Tampoco faltaron los champúrrias de Fulers, gallos coyoncos picao de la
araña, machos guapos, se levantaban con la diuca en la mano y pobre de las
chiquelas que pasaran sonriendo, las matas de pica-pica se convertían en
vulgares alcahuetas, lo curioso, es que estas se las arreglaban para pasar justo
por ese lugar. Aunque al más chico, pare’que le habían dado aguita de canoa, la
Norma había salido una colihuacha y se lo había agarrado sin asco, otros
decían; No es más que un sopas tontas. Era el único de esa familia que había
echado el poto pa’las murras. Más que seguro, no le habían dado permiso. Esa
mujer, siempre había sido cargosa. Cosa seria y al Fulercito le pasaría lo
mismo que al gallojiro. Se lo comería la zorra al no avisparse.
Las carretas se fueron cargando y una a una empezaron a relamerse
haciendo hambre, teniendo por meta la ansiada llegada a las casas en espera de
la comilona. La tarde sacó pecho exclamando. ¡Tarea cumplida!. Llegando,
descargaron acomodando barriles y pipas en los banquillos. Pepe, el maestro
carpintero, mazo en mano tenía la venia pa’brir el último barril dejado
especialmente para ésta ocasión. Tomó la llave de madera y de un combo la sumió
haciendo saltar el corcho al interior, de hay en adelante, el chorro fue
continuo. Cada cual agarraba la media caña y alcanzando solamente a decir
salud, bastaba, de ahí en avante el guerguero repetía tragando: Hasta verte
cristo mío. Se vino la tarde entre risas, chascarros y la música a cargo del
tarro de manteca vacío, un pito de cicuta, la cuncuna y la cogote de yegua que
no había para’o de avivar la cueca desde que llegó. Apareció la noche y los
cabros no se detenían de brincar y dar saltos des’te porte, ellos se
encontraban de fiesta. Se comió el estofao, el asao de cinchón, la tapaguata, se
tomó el barril, el tintan, igualmente el otro. Faltó claro, el alambre de púa,
pero a falla de’se, bien valía otra caña de chicha, la del estribo, la que
apuntalaba la huella, en realidad, siendo justos, todos quedaron abutagados,
mejor dicho: Más ya era vicio. Por hacer daño, pa’no acostumbrarlos a
mezquinos. Entonces, cuando la luna comenzó alumbrado el camino de regreso, el
tuetué traía la consabida invitación para el otro viernes en casa de los
champúrrias; no cabía duda, deberían ir todos, aunque con el culo pa’la
pared, pero teniendo la certeza; qué donde hay uno hay otro. Los perros habían
dejado un par de huesos a los otros, en verdad, no es que se hubieran portado
generosos, sencillamente, no eran culo pa’más, fuera de todos los enterrados,
para mascarlos en esas noches largas de añoranzas bajo la luna. Quizás también
sospechando en algún día no muy lejano, ellos estarían en las mismas
condiciones.
La molienda de Mingo estaba finalizada y en buena hora, muy pronto
vendrían de todos los rincones a comprar la afamada chicha de dos tipos. La
cocía con pasas y la juerte remojada con dos de’os del de púa de uva, que se
esmeraba tratando de deshumedecerla.
El día terminó, la luna ya estaba puesta y las
estrellas guiñaban para que todos fueran sacando cuentas alegres en contar los
días faltantes pal’otro viernes y como ya todos sabían, también sería la
oportunidad que tendrían pa’ irse colocando de acuerdo con el regalo del
matrimoneo del Tito y la Tencha, sin olvidarse por ningún motivo, de la chigua
pal’ que venía encargao.
![]()
GLOSARIO
Atao:
Paquete
Al tiro: De inmediato
Aprietao: Apretado
Artesa : Tiesto
confeccionado de madera para lavar ropa.
Aurizmao: Sorprendido
Alentá: Hacendosa, ágil
Aldá: Medida dada por un
delantal lleno de verduras
Arveca: Arveja
Acos: Ajos
Amontonar bestias: Juntar
en un sector a los caballos
Ahuinás: Arreglar con
motivo de algo( poner mantel a la mesa, limpiar más de la cuenta)
Arriscar la cola: Acto de
enojo con gestos de desagrado
Amurrarse: Estar enojado
y callado
Andar cómo peo: Pasar al
lado corriendo
Asorocharse: Acalorarse
Alambre de púa: Nombre
dado al aguardiente ( licor a base del orujo de uva)
Aguaitar: Mirar desde un
punto sin moverse
Apaliar: Apalear, sacudir
ramas o hacer cualquier acto de golpear con varas largas
Ají cacho de cabra:
Especie de ají picante de color verde intenso y rojo cuando seco
Al anca: Ir montado
atrás de la montura en el caballo
Apear: Desmontar del
caballo
Agarrar juersa: Acto de
tomar vigor
Atracito: Atrás
Aplicao: Experto en
Aguita de canoa: Acto de
dar a beber en sexo femenino para mantener al hombre al lado
Al gallojiro: Dicho, se
lo comió la zorra
Avisparse: Estar atento,
despierto, alerta
Avivar la cueca: Acto de
levantar el ánimo
Asao de cinchón: Carne
asada de cerdo, de una variedad negra, con una franja blanca en el abdomen
Abutagados: Quedar en un
estado, en que no se puede comer más
Baldás: Tiesto de metal (
balde en femenino)
Baldao: Inválido
Boldo tupio: Árbol nativo
perenne de floración invernal de ramas frondosas que sirve de techo para los
animales
Barril: Envase de madera
cerrado para contener, vinos, sidras, o cualquier liquido alcohólico no más allá
de 200 litros.
Botijuela: Envase de
vidrio forrado en mimbre, con capacidad de 5 litros
Batea: Recipiente de
madera abierto para recibir líquidos
Carretío: Conjunto de
carretas
Cueca: Baile folclórico
nacional chileno
Chiflidos: Silbidos
Chigua: Cuna colgante para
mecer a los recién nacidos
Cachúos: Nombre dado a
los bueyes en jerga campesina
Cogotera: Cavidad echa en
los extremos del yugo
Coyunda: Tiras de cuero
que sirven para amarrar el yugo a los cachos de los bueyes
La cogote de yegua:
Guitarra
Cucho: Sombrero viejo y
ajado
Calchas: Pelos largos
colgando de los animales
Cascarrias: Barro y mugre
pegada a pelos o lanas de los animales
Cachilla: Nombre dado al
trigo ( Voz mapudungún)
Cahuín: Fiesta, reunión
( Voz mapudungún)
Costinas: Clase de
lechuga, de hojas duras y verde intenso
Chascúos: Tomillo, planta
aromática que sirve de condimento en las comidas
Cuantu’ay: De todo
Chicha fresca: Locuaz,
coqueta
Cabros: Niños
Coltros: Se refiere al
más pequeño de una camada, también se dice a niños chicos (Voz mapuche)
Coltros llenos: Niños
satisfechos después de comida
Care’gallo: El sol
Chupilca: Bebida de vino
con harina tostada
Comairita: Comadre (
parentesco religioso)
Cruz de palqui: Palos
cruzados y del arbusto Palqui hecho para que no entren hechizos malos a la casa
Calentar el lomo: Dar o
recibir golpes en la espalda con una varilla
Coco: Cabeza
Cacha las nunca: Dicho
del que no entiende de inmediato nada
Cómo mojón por la’gua:
Dicho por aquel que anda feliz por la vida
Chichera: Lugar donde se
muele y se estruja la manzana
Chaigua: Receptáculo
hecho de fibra vegetal natural ( Voz mapudungún)
Colmaita: Llena,
completa, no resiste más.
Cateé: Mire, vea
Champurrias: Hombres
mestizos, extranjeros con oriundos( Voz mapudungún)
Coyoncos: Aves sin cola
Chiquela: Niña en edad
de la pubertad
Colihuacha: Coqueta,
movedora de caderas, pizpereta
Chuchoca: Maíz molido,
más entero que harina
Chalas: Calzado artesanal
hecho de cuero, o neumático amarrado a la pierna( ojota)
Chuleta por el poto: Un
puntapié en el culo
Conchas de su maire:
Conchas de su madre (frase en calidad de insulto o cariño según el tono)
Canilla de huilque: De
piernas largas y delgadas
Comistrajo: Comida
Cuntra: Vejiga de animal
que sirve para guardar líquidos, también se dice de las mamas femeninas
Dicharachera: Locuaz,
alegre
Dejar de joder: Dejar de
molestar
Diuca en la mano:
Expresión dado al hombre que anda con las manos en el bolsillo y se le acusa
de permanente aprismo.
Desabracarse: Acomodarse
los pantalones, cinturón o faja, después de desmontar del caballo
Echar una miaita: Acto de
orinar
Endilgar: Encaminar,
acompañar un tramo del camino a otro, ir a dejar
Echarse una manito de
gato: Acomodarse en razón de peinarse, lavarse, y pintar la casa
Escueliá: Se dice de
aquella persona que recibió educación fuera del lugar
Envidearan: Envidiar
Enredar lana: Acto de
tejer
Encargo o encargao:
Expresión dicha por la preñez antes del matrimonio
El poto pa’las murras:
Dicho que indica arrepentirse
El tuetué: Pájaro
nocturno que emite dicho sonido y se le atribuye ser un brujo
Embeleco: Regalo
novedoso traído con cariño
Embudo de cuntra: Embudo
hecho de cuero( vejiga de animal)
El mestro Beto: El
maestro Alberto
Estofao: Estofado,
comida hecha con todo tipo de carnes
El cebollas pa’bajo:
Dicho hacerse el leso
Gallojiro: Gallo de color
negrusco con las plumas de la cola y cogote amarillentas
Guata: Abdomen en los
hombres
Gueltas: Vueltas
Gualetiar: Caminar con el
calzado sin amarrar
Garrocha: Vara de coligue
con un clavo en la punta para manejar a la yunta de bueyes
Gualpón: Galpón
Ganarse al la’o:
Colocarse al lado, ponerse al lado
Guevón: Voz chilena
empleada para todo según el tono
Gualato: Azadón en forma
puntiaguda muy usado en la siembra y cosecha de papas
Guillatún: Fiesta de
rogativa y gracias de origen mapuche
Gueñe: Hongo parásito
adosado a un árbol ( voz despectiva en mapudungún)
Guendar: Bien bueno
Guerguero: Garganta
Guiñear: Cerrar un ojo o
ademán inconcluso
Guaso: Nombre dado al
hombre del campo o también a una actitud tímida
Galopiando: Galopando, un
tiempo de movimiento del caballo (andar, trote, galope carrera)
Guata’e lapiz: Sin
abdomen, hombre delgado
Huilque: Zorzal ave (Voz
mapudungún)
Hostigoso: Cargante
Hasta las cachas: Dicho,
llenar algo completamente
Huacho-a: Solo-a (Voz
quechua)
Huañaca: Caldo donde se
hirvió carne, a la cual se le agrega cebolla y se sirve en la mañana acompañada
de un plato de harina tostada (Voz quechua)
Hasta verte cristo mío:
Dicho para el acto de beber sin dejar nada y sin descansar
Impajaritable:
Obligatorio
Insofacto: De inmediato
Jue a prender fuego:
Acto de encender fuego en la cocina a leña
Jue: Fue
Juiste: Irse, ser
Juerte: Fuerte
Jueran a salir pelando:
Fueran hacer comentarios negativos
Java abierta: Boca
abierta
Lanúas: Nombre dicho a
las ovejas
La cuncuna: Instrumento
musical (acordeón)
Las limón, puchacai,
candelarias, ca’eza de niños: Tipos de manzanas
La del estribo: La
última copa o vaso de licor antes de retirarse del lugar
La ñocha pa’cer la pita:
Planta de hojas largas fibrosas que al calentarse sirve para hacer hilos
Loree: Mirar de reojo
Matrimoneo: Matrimonio
Meche: Apodo de las
Mercedes
Mingo: Apodo de los
Domingos
Mansunes: Nombre dado a
los bueyes (voz mapudungún)
Marrueco: Cremallera del
pantalón
Manijar: Modismo de
conducir, o guiar cualquier acto por una persona
Mala sacadora: Expresión
dicha a la gallina que no sirve para empollar
Manoseados: Tomar cosas
en forma reiterativa sin sacar
Matiar: Acto de tomar
mate
Manco: Caballo
Mollera: Parte blanda en
la cabeza de los niños
Motemei: Maíz cocido sin
cáscara
Media caña: Vaso con
capacidad de ½ litro
Mostrencas: Hembra de los
animales que no queda preñada
Merquén: Ají ahumado
molido ( Voz mapudungún)
Murra: Zarzamora
Mentar: Decir, comentar
de alguien muy conocido y bien
Niuno: Ninguno
Nica: Por ningún motivo
Nadie se juera a irse
mostrando diente largo: Qué nadie se fuera a ir con hambre
Pa’to’o: Para todo
Pallasa: Colchón relleno
con paja puesto sobre unas tablas para dormir
Pa’: Para
Pa’la: Para las
Pava: Tetera
Pichula: Uno de los
tantos nombre dado al pene
Porros: Puerros
(Verdura)
Para’ito: Medio día
Pelar: Acto de sacar la
cáscara o corteza, cómo también Hablar mal de otros
Pedir puerta: Querer
salir
Pa’ tirarle el cogote: Acto del
sacrificio que sufre la gallina para matarla
Por sí las moscas: Por
sí acaso
Pebre cuchariao: Caldo
frío de cebolla picada, cilantro, ají y variadas verduras aliñado con vinagre o
limón y consumido con cuchara para acompañar carnes
Pa’empezar: Para comenzar
Pal’ desayuno: Para el
desayuno
Potrillo: Vaso con
capacidad de 1 litro, cría de caballar
Peiro: Pedro
Pulchen: Ceniza (Voz
mapudungun)
Poto: Culo (Voz
mapudungun)
Peliar: Pelear
Puta madre: Excelente,
extraordinario. Buenísimo
Ponerse cargoso:
Porfiado
Pipas: Envase de madera
que tenga capacidad más que un barril
Piguelo: El tramo de
metal que sujeta la rodaja de la espuela
Pililiento: Andrajoso
Perejil sin hojas: Dicho
al hombre sin nada, sin bienes
Pare’que: Parece qué
Picao de la araña:
Hombre de varias mujeres, con mucha aceptación femenina
Pa’persinarse: Para
persignarse (hacerse la señal de la cruz en la frente y pecho con la mano)
Pitillo: Cigarrillo
Que’pa: Que pasa
Quebre el empacho:
Quebrar en forma mágica un mal especifico a un niño (Depende del mal, se ejecuta
con ceniza o ají, acompañado de una letanía y un purgante a tomar, luego se toma
la piel sobre las vértebras y se hace sonar) Lo dicho aquí, es verídico.
Resuello: Respirar
fuerte y profundo
Rajaron: Partir presuroso
Rejunjuñar: Refunfuñar
Retoitito-a: Todo
Rempujar: Empujar
Roquín: Alimento llevado
para el camino, o faena larga con el objeto de aplacar hambre y sed.
Rocillo: Caballar de
cualquier color, moteado
Rumbiar: Caminar en
dirección a
Recular: Retroceder
Sabionda: Conocedora a
cabalidad de algo
Sacos: Envase de yute
con capacidad para 80 kilos ( hoy de plástico)
Sacas: Envase de yute
con capacidad para 100 kilos ( hoy de plástico)
Santiguar: Acto de rezar
y quemar unas yerbas en un brasero con el objeto de sacar el mal de ojos en los
niños ( Este mal, es la inhibición de un centro nervioso del niño, provocado
por otra persona al alabarlo sin que ella sepa) Esto es verídico.
San Juan de buenas
peras: Se dice del hombre calmado, ido, aguantador.
Sopas tontas: Ser
engañado por su mujer sin que él se de cuenta
Sancocha: A medio
cocinar, molestarse
Taita: padre
Trancas: Portones usados
en el campo
Toño: Apodo de Antonio
Tesar: Hacer retroceder a
la yunta de bueyes uncidos
Tostao: Trigo quemado
para hacer la harina tostada y más quemado se consume cómo café
Tripa solitaria: No
cansarse nunca de comer, imposible de satisfacer
Tito: Apodo de Victor
Tencha: Apodo de
Hortensia
Tintan: Vino tinto
Traquetear: Caminar
haciendo ruido
Tragaldaba: Hombre que
come de todo y harto
Te juiste al chancho:
Exagerar en lo pedido
Tortilla de rescoldo:
Pan sin levadura cocido en la ceniza caliente
Tapaguata: Sector del
abdomen de los animales
Verijas: Entre piernas
Ver candelillas: Ver
estrellas debido al esfuerzo o golpe
Va’ser: Va hacer
Velas colgando: Mucosidad
que sale de los orificios de la nariz y permanecen entre las fosas nasales y el
labio superior. Se dice de aquel que no se limpia la nariz
Yunta: Pareja de bueyes
uncidos
Zanco: Comida hecha con harina tostada, cebollas fritas, ajos, ají y toda clase de aliños disponibles, se sirve caliente.