Lo �nico que comparten nuestro Osorno con el Osorno de Palencia en Espa�a es esa condici�n de hito caminero, de parada de postas, de gasolinera del desierto, que hace que todo el mundo diga que pas� por all�, pero que nunca se qued� a profundizar ni en su historia ni en sus gentes. Ni siquiera don Garc�a Hurtado de Mendoza, que fund� la ciudad y nos leg� este nombre, se qued� aqu� por mucho tiempo. Tampoco regres� nunca para ver si prosperaba o estaba moribunda.

Hay muchas ciudades que en un principio fueron eso: un lugar donde se cruzaban los vientos de los cuatro puntos cardinales. Su suerte es diversa. Osorno de Palencia hoy es un peque�o poblach�n de Castilla, con una gasolinera y con un buen hotel para dormir cuando se va camino del Pa�s Vasco, de Portugal o de Madrid. No pasa de los 4.000 habitantes. La gente transita por all�, pero nunca se queda m�s de un d�a o dos.

�Qu� ha sucedido para que algunas de estas ciudades de paso se cuenten entre las m�s importantes de nuestro mundo? La respuesta es simple: la visi�n de sus gentes. Fue la iniciativa de un ganadero, Phil Tobin, la que hizo que Las Vegas se convirtiera en la gran urbe que es hoy. Tobin sostuvo, en 1931, que legalizar el juego era imprescindible para que el estado de Nevada recaudara los impuestos suficientes para mantener las escuelas p�blicas sin establecer nuevas cargas para los ciudadanos. Y hoy Las Vegas, con su pasado de g�nsters y sus hoteles-casino, ostenta el t�tulo de ser una de las ciudades con mejor calidad de vida de EEUU.

Don Garc�a Hurtado de Mendoza sin duda ten�a una visi�n. Cuando lleg� al r�o de las Canoas vio "un llano de muy hermosa vega y en buena comarca. Y pareci�ndole que era muy buen sitio y convenible, fund� una ciudad y cre� alcaldes y Cabildo, y la intitul� ciudad de Osorno" nos cuenta Ger�nimo de Vivar en su Cr�nica y Relaci�n Copiosa y Verdadera de los Reinos de Chile. Entonces, el Osorno de Espa�a era un hito importante en la peregrinaci�n del Camino de Santiago y amenazaba con convertirse en un gran burgo como le ocurri� a otras ciudades como Pamplona o la misma Santiago de Compostela. Por eso compartimos ese nombre.

Pero era una visi�n, la de don Garc�a, que no pod�a resistir el paso de los tiempos sin que otros hombres tuvieran la suya propia y contribuyeran a engrandecer esta comunidad. Osorno de Espa�a cay� en el olvido cuando la secularizaci�n de la sociedad acab� con los peregrinos. Osorno de Chile fue destruido por el alzamiento de Pelantaro. Y aunque Ambrosio O'Higgins la mand� refundar y la cuid� y mim� con intenciones estrat�gicas, su visi�n tambi�n qued� superada.

Es probable que desde hace m�s de 40 a�os nuestra ciudad no haya contado con una aut�ntica visi�n de su destino. Hace mucho tiempo encontr� en un s�tano un ejemplar destinado a la conmemoraci�n del Cuarto Centenario de Osorno y all� descubr� por qu� los nombres de las calles no est�n puestos por azar. Efectivamente, el alcalde Ren� Soriano se merec�a una avenida, y el Parque Schott no se llama as� porque s� no m�s. Hubo una �poca, en los a�os 30, 40 y 50 en que Osorno fue una ciudad con posibles, pujante, de una gran riqueza que daba y recib�a bienestar. Junto con la Cooperativa Agr�cola y Lechera de Osorno (CALO), la Sociedad Agr�cola y Ganadera de Osorno (SAGO) era una de las instituciones m�s importantes del pa�s. Osorno contaba, adem�s, con una larga lista de visionarios: Julio 2� Buschmann, Ernesto Riedel, Alfredo Neumann, Alfonso Sanhueza, Andr�s Rozas Vargas, Gustavo Bittwer, Ricardo Bello, Pablo Burgos, etc.

Todo eso se fue hace ya mucho tiempo. No pod�amos permanecer impasibles ante el paso del tiempo. La estructura econ�mica del pa�s cambi�, la agricultura y la ganader�a perdieron peso dentro del Producto Geogr�fico Bruto y, por consiguiente, los motores econ�micos de la zona fueron desplazados de los procesos de toma de decisiones. Aquella hist�rica e inolvidable frase del "c�manse las vacas"  fue la puntilla del sector ganadero y lechero que ya a esas alturas hab�a perdido hasta el derecho a pataleo. Desgraciadamente, ni en ese momento ni antes hab�a surgido la visi�n de destino que Osorno necesitaba para sustituir con un sector emergente el potencial econ�mico que �bamos perdiendo.

Un viejo dicho se�alaba que los males de Osorno proced�an del hecho de que Valdivia siempre tuvo mejores pol�ticos. En un pa�s dominado por el intervencionismo radical como el de las d�cadas del 40 y 50 eso pod�a tener sentido. El que mejor colocaba sus peones, sacaba ventaja. (Y a Osorno no le fue mal con ese sistema. La tr�ada -radical, bombero y mas�n- funcion� y la ciudad se apoy� en esos pilares para crecer a buen ritmo). Pero en el Chile de hoy, m�s pr�ximo a la ley de la selva, ese es un pobre consuelo. Y en general, soy reticente ante las teor�as conspirativas y tiendo a pensar que lo que nos ocurre es, b�sicamente, culpa nuestra y de la falta de esa visi�n compartida de lo que debe ser el futuro de nuestra regi�n que acabe de una vez con la idea de que Osorno es una voluntad amortizada, un voto seguro, un rumiante apacible que abreva con la misma parsimonia con que lo hacen nuestras vacas.

Por no estar, Osorno no ha figurado ni en los planes militares. A finales de 1978, cuando el hospital base y los techos de los colegios aparecieron pintados con grandes cruces rojas porque el conflicto del Beagle presagiaba una invasi�n argentina, de este lado de la cordillera nos hall�bamos pertrechados con el fiel regimiento de ingenieros "Arauco" y con nuestro padres encuadrados en aquella leva de carne de ca��n que eran los "Huasos de Bueras" que se entrenaban haciendo "gimnasia bancaria" los d�as h�biles y evitando caerse de la montura los fines de semana.

Despu�s se ha sabido que Argentina dispon�a del equivalente a cuatro divisiones blindadas al otro lado del paso Puyehue, cuya mayor virtud es que est� despejado todo el a�o sin importar las condiciones clim�ticas. Es cierto que el Ej�rcito cre� la Agrupaci�n Puyehue, con unidades anticarros, pero ya se pod�an inflar destruyendo blindados invasores en la ruta 215 con bazucas. El error de planificaci�n militar fue tan gordo que en 1981, una de las mejores unidades blindadas del pa�s, el regimiento "Coraceros", tuvo que abandonar su soleado acuartelamiento de Vi�a del Mar y trasladarse a nuestra ciudad.

En fin, conform�monos con nuestra condici�n de cruce de caminos, de ciudad de paso, y contruyamos desde all� nuestra visi�n, proyectando una ciudad que tenga ciertas singularidades y que permita dar una vida m�s digna a sus habitantes.

Si convenimos que el ser un cruce de caminos nos aboca a ser una ciudad de servicios, procuremos que estos sean los mejores del sur de Chile. Para ello no s�lo se requiere empresas serias, innovadoras y activas sino un nivel de cualificaci�n profesional importante. En ese sentido, el surgimiento de la Universidad de Los Lagos es un proyecto esencial para proveer al mercado de profesionales que persigan la excelencia y evitar as� la fuga de talento. Pero el proceso de reconversi�n de regi�n agr�cola y ganadera en regi�n de servicios pasa por grandes obst�culos. Uno de los prejuicios del mundo agr�cola es, precisamente, su desprecio por el trabajo intelectual unido a una cierta desconfianza campechana, parecida a la que se tiene ante los carromatos de los vendedores de el�xires del Lejano Oeste. La Universidad ha hecho un gran esfuerzo por superar esta desconfianza y probar que es un foco de desarrollo, saneando as� una imagen muy deteriorada por el activismo pol�tico que antepon�a el estudio obsesivo de realidades extra�as frente al an�lisis de lo que nos rodea y debe ocupar nuestra atenci�n.

Los servicios requieren, adem�s, infraestructuras. Y aqu� surge una de las mayores carencias de nuestra regi�n, evidente adem�s desde el an�lisis geopol�tico. Para estar abierto a los cuatro vientos, Osorno est� mucho mejor orientado en el sentido norte-sur que en el este-oeste. La costa, sencillamente no existe, esta descoyuntada de la capital de la provincia, fragmentada por los malos caminos, no tiene puertos (ah� est� ese monumento fara�nico que es Bah�a Mansa), ni medios modernos de telecomunicaci�n. La integraci�n de los territorios costeros no s�lo tiene que ver con el turismo o con el comercio que, eventualmente, crear�a un buen puerto de mar,  sino con la incorporaci�n de todo ese acervo ind�gena que ha estado viviendo malamente a nuestras espaldas y que se incorpora a Chile a trav�s de los mercados rahuinos. Son nuestros vecinos que nunca han pedido mucho y a los que nunca Osorno ha prestado mucha atenci�n. All� hay una fuerza inexplorada que una visi�n de futuro compartida no puede seguir postergando.

Pero no s�lo Puacho se puede quejar de este desinter�s que Osorno sufre y devuelve a sus ciudades como si fuera una lente de aumento. Entre Lagos es una localidad fundamental, enclavada sobre una de nuestras mejores v�as y que debiera potenciarse como entidad tur�stica y de servicios, sobre todo con el inter�s que han despertado siempre los lagos. Puerto Octay bien podr�a quejarse de abandono, siendo la cuna de la colonizaci�n alemana tard�a -la que no lleg� por Valdivia- y que no deja de ser un coqueto enclave lacustre en el que se mezclan hermosas iglesias alemanas con una naturaleza furibunda. Y San Pablo, Purranque y R�o Negro, pueblos que terminan de cerrar el c�rculo de una zona donde se acrisolan costumbres y tradiciones mapuches, chilenas y alemanas.

Una mano de obra muy cualificada y unas buenas infraestructuras no son nada si el tejido social no nos brinda ese elemento que termina por amalgamar una visi�n compartida y que es el vigor de la sociedad civil. Vigor que debe expresarse  desde el club de f�tbol hasta la parroquia, donde, cada uno a su nivel, debe proveer el liderazgo que haga falta en cada momento para solucionar los problemas que les afectan. Lo importante es que la visi�n a largo plazo sea positiva y no muera en manos de las rencillas y peque�as mezquindades que utilizan los mediocres para mantener calientes sus asientos.

A la distancia, Osorno presenta muchas ventajas, aunque no todas ellas le son �nicas. Por eso hay que darle un valor a�adido que todo el mundo admira hoy: calidad. Si estamos condenados a ser una ciudad de paso, lo mejor es que los servicios -p�blicos y privados- que prestemos sean de la mayor calidad. Si la ganader�a o la agricultura se siente en retirada ante la nueva econom�a, es preciso fijarle nuevos est�ndares de calidad (y no s�lo de rentabilidad) para que la carne y la leche de Osorno sigan siendo un producto singular, estableciendo estrictos par�metros de producci�n y creando una denominaci�n de origen. Lo mismo ha de ocurrir con nuestras instituciones educativas que deben buscar la excelencia a todo coste. Una exigencia similar debe presidir el gobierno de los asuntos p�blicos.

La sociedad osornina, adem�s, tiene la ventaja de presentarse como extra�amente multicultural en un pa�s exageradamente unitario: es aqu�, en este sitio ins�lito del sur del mundo, donde se unen las tradiciones mapuches, chilenas y alemanas, un valor cultural y tur�stico irrepetible, al que se suman las inmigraciones posteriores sobre todo de ciudadanos de origen �rabe.

Hoy Osorno, sin quererlo, puede ofrecer eso -calidad de vida- a niveles que son imposibles de so�ar en otras latitudes para un segmento privilegiado de la poblaci�n (la relaci�n calidad/precio de la educaci�n en Osorno es muy superior a la de Santiago, por ejemplo). El desaf�o es crear m�s valor a�adido y, adem�s, permitir que este llegue a toda la poblaci�n.

Uno de los hombres que mas visiones tuvo en el siglo XX fue John Kennedy. Gracias a una de ellas, la Humanidad fue capaz de llegar a la Luna. Una de sus an�cdotas preferidas cuando ten�a que estimular a sus colaboradores era la historia de su gorra favorita. Contaba el asesinado presidente norteamericano que cuando ni�o, �l y sus hermanos jugaban a saltar las vallas que separaban las casas de veraneo de Hyannis Port. La mayor�a eran f�ciles, pero cuando se topaban con alguna que era muy alta y dif�cil de saltar, John cog�a su gorra de b�isbol m�s querida y la arrojaba al otro lado del muro. "Ahora no nos queda m�s que saltar si quiero recuperarla", dec�a a sus hermanos.
Quiz�s haya llegado la hora de que los osorninos lancemos nuestra prenda m�s querida al otro lado de la muralla del futuro. As� no nos quedar� m�s alternativa que saltarla.
La necesidad de
una visi�n de futuro
Hosted by www.Geocities.ws

1