Hace algunos a�os, mi amigo osornino Hern�n Vargas Teuber que regresaba de una visita a Gran Breta�a (d�nde acababa de descubrirse el llamado �mal de las vacas locas�), vaticin� a la sombra del Palacio de  El Escorial de Madrid que el sistema europeo de explotaci�n ganadera se hundir�a en una grave crisis en menos de una d�cada.

Tuvo raz�n, aunque se equivocara parcialmente en el diagn�stico de la causa. Vargas pensaba que el movimiento ecologista acabar�a con la explotaci�n intensiva del ganado, ya que la acumulaci�n de purines (heces) de grandes masas ganaderas plantea un grave problema de contaminaci�n de los r�os y las aguas subterr�neas.

Al final ha sido el �mal de las vacas locas� o Encefalopat�a Espongiforme Bovina (EBB) la que amenaza ahora a todo el sistema ganadero europeo, hasta el punto de que en Alemania han debido dimitir dos ministros (de Agricultura y Sanidad) y sus colegas en todos los pa�ses de Uni�n Europea est�n en el disparadero, quiz�s preparando sus renuncias.

Nuestro agr�nomo osornino tuvo buen ojo en el diagn�stico. En vez de dejarse encandilar por la enorme rentabilidad  de un sistema de explotaci�n intensivo (�por qu� en Chile no podemos hacerlo igual?), por sus establos gigantescos, sus lecher�as mecanizadas, sus hormonas para producir m�s leche y crecer m�s r�pido,  fue capaz de percibir que la m�quina productiva se hab�a forzado hasta desnaturalizarla.

La respuesta a porqu� los europeos consegu�an criar 20 vacas en una hect�rea de pasto, mientras en Osorno se necesitaban cuatro hect�reas para una sola vaca, era sencilla: la ausencia de pasto, la comida natural de un bovino, era suplida con harinas de origen animal o vegetal hasta llegar a convertirse en su nutriente principal. Y fue en las harinas animales donde se produjo el problema. Las harinas c�rnicas eran preparadas con restos de cordero. En �stos se hab�a detectado la existencia de una enfermedad -el �scrapie�-, similar a la EBB. Las vacas, de alguna manera, se hicieron carn�voras. Al poco tiempo, las vacas comenzaron a presentar los s�ntomas del �scrapie�: hab�a nacido el �mal de las vacas locas�.

Lo peor ocurri� a finales de la d�cada de los 80 cuando se descubri� que la enfermedad era capaz de transmitirse al hombre por la cadena alimenticia. Se describi� entonces el mal de Creuzfeld-Jakob que es la versi�n humana de la Encefalopat�a Espongiforme Bovina. Tambi�n se detect� el agente que hab�a introducido el mal: las harinas de origen animal utilizadas intensivamente en la explotaci�n de la caba�a vacuna.

Ingenuamente, los gobiernos europeos pensaron que el mal podr�a mantenerse confinado en las islas brit�nicas, donde se recomend� la prohibici�n de utilizar harinas animales. No ocurri� igual en Europa continental. A finales del a�o 2000, tanto Francia, como Alemania y Portugal, debieron reconocer que el mal se ha extendido entre la poblaci�n bovina. Espa�a, que pens� que cerrando las fronteras impedir�a el paso del mal, ha visto como los casos se multiplican a medida que los an�lisis -que antes eran pocos y seleccionado- comienzan a volverse rutinarios.
Se habla ya, en Espa�a, de sacrificar 180.000 reses. Es obligatorio el car�simo an�lisis para detectar la EBB en toda vaca de m�s de 30 meses que haya sido sacrificada. Pero ahora parece que tendr�n que ser analizadas todas las vacas, pues si al principio se cre�a que el mal no lo desarrollaban hasta los 30 meses, ahora se ha descubierto que tambi�n pueden sufrirla desde antes.

En fin, el consumo de carne de vaca ha ca�do un 30%, seg�n las estimaciones m�s optimistas y los ganaderos han decidido no llevar m�s reses a los mataderos. La desconfianza de los consumidores es palpable ante un mal que parece que se le ha ido de las manos a las autoridades.

Las harinas de origen animal fueron prohibidas por la Uni�n Europea el a�o pasado. Pero los productores de harinas c�rnicas, que se ol�an la medida, sacaron su producto al mercado a baj�simos precios antes de la prohibici�n y el consumo se dispar� el a�o pasado. Algunos ganaderos inescrupulosos, adem�s, prefieren correr el riesgo y siguen utilizando harinas c�rnicas que obtienen bajo cuerda a precios tirados.

Al final, las autoridades tambi�n han prohibido la comercializaci�n de las v�sceras, el cerebro, los ojos, el espinazo y el costillar de las vacas porque presentan el mayor riesgo de transmisi�n de la enfermedad al hombre. El problema es que hay que deshacerse de esos despojos y un plan de incineraci�n es costos�simo. Por lo tanto, ya han comenzado a descubrirse los enterramientos ilegales de despojos y vacas enfermas, que traen el consiguiente riesgo de mandar los factores de contagio a las aguas subterr�neas y de all� a r�os y mares.

El escenario es tan apocal�ptico como pudo imaginarlo Hern�n Vargas Teuber hace casi una d�cada. Al final, lo que ha entrado en crisis no son los sistemas de control de calidad del producto o el control sanitario de pestes o enfermedades, sino el sistema de explotaci�n ganadero regido por la premisa de sacarle siempre un euro m�s a cada vaca que, llevado al paroximo de convertirlas en carn�voras, ha estallado provocando una grave crisis de confianza entre los consumidores. El negocio est� literalmente hundido.

La gente, que durante a�o ha estado apoyando el proteccionismo de los ganaderos europeos, ahora mira con a�oranza los filetes y costillares que se producen en EEUU y en Sudam�rica, donde, todav�a, el cr�dito de los productores, contin�a a salvo.
Es una paradoja de la modernidad y la globalizaci�n que nuestro sistema de producci�n tradicional -basado en la compleja idea de darle pasto a una vaca- ahora se haya convertido en una ventaja comparativa.

Tanto Brasil, Uruguay, Argentina y Chile tienen una importante tradici�n como productores de carne de vaca. Ser�a muy interesante que estos pa�ses actuaran de manera concertada para evitar que el mal se extienda a estas regiones. Por lo pronto, ser�a necesario que se universalizara en la zona la prohibici�n de utilizar harinas de origen animal en la alimentaci�n de los bovinos, tal como aprob� tard�amente la Uni�n Europea a finales de 2000. La tradici�n de seguir alimentando como herb�voras a las vacas en el sur de Chile sin duda que har� m�s f�cil la aplicaci�n de una medida as�.
Por otra parte, es preciso establecer una marca o sello de garant�a, una denominaci�n de origen de la carne, con el fin de reflejar el aut�ntico valor a�adido de que �sta se haya producido seg�n los c�nones tradicionales. Estoy seguro de que muchos europeos terminar�n pagando mucho m�s por la carne de res si �sta ofrece las m�ximas garant�as.

La ventana de oportunidad existe,  porque los productores europeos tendr�n que adoptar medidas tan dr�sticas con su negocio que su cr�dito no se recuperara en varios a�os y retomar la crianza con m�todo naturales, cuando en Europa escasea el suelo, convertir� la carne en art�culo de lujo.

En la desgracia de las vacas europeas reside una oportunidad para los pa�ses del Mercosur y muy especialmente para la regi�n de Osorno. Si los productores se organizan y se mueven r�pido, podr�n abrir -con la ayuda de esta crisis de confianza del consumidor europeo- uno de los mercados mundiales que parec�a cerrado a cal y canto.
�Carne de Osorno en Madrid?
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