| �D�nde est� Julio Fuentes? Esta pregunta, cien mil veces repetidas a lo largo de los �ltimos 12 a�os en la redacci�n de El Mundo de Madrid, no encontr� respuesta anteayer. No era la primera vez que Julio (para nosotros siempre �Julito�), madrile�o de 42 a�os, desaparec�a en acci�n. En 1991, cuando se desat� la invasi�n terrestre contra Irak, estuvo m�s de 24 horas ilocalizable. Para justificar el tiempo perdido volvi� con una historia incre�ble: hab�a �liberado� Kuwait City �al mismo tiempo que los �marines� norteamericanos- a bordo de un jeep comprado en el mercado negro entre varios periodistas. En el camino, varios soldados iraqu�es se les hab�an rendido y Julio se limitaba a repetirles: �No soy militar, s�lo soy periodista�. Julito era as�: nada m�s y nada menos que un periodista. Hab�a desaparecido y aparecido en pr�cticamente todos los pa�ses del planeta. Cuando empez�, en 1980, con Cambio 16 se march� a Centroam�rica a cubrir las guerras de Nicaragua y El Salvador. Entraba en las junglas a buscar a los comandantes guerrilleros y volv�a con esmeraldas informativas que desparramaba en la mesa del redactor jefe. En 1989 particip� en la fundaci�n de El Mundo, animado por la idea de Pedro J. Ram�rez de que ese proyecto se convirtiera en un diario de grandes reporteros. Desde el principio puso la vara muy alta. Sol�a llamar desde El Salvador o desde Panam� y me pon�a al tel�fono el ruido de los bombazos y los tiros, como si quisiera demostrarme que estaba en la primera l�nea de fuego. Nunca lo dudamos. Julito, que adem�s de redactor era fot�grafo, ten�a la pulsi�n de los hombres de la imagen por estar en los sitios donde pasan las cosas. El no era de los que se inflan a martinis en el bar del hotel y despu�s imaginan lo que escriben. Tambi�n desapareci� en Croacia y en Bosnia-Herzegovina. Y aunque telefoneaba dos veces al d�a, poco a poco su alma se iba esfumando, qued�ndose enredada en las monta�as de Sarajevo. Fue el periodista occidental que m�s tiempo permaneci� en la ciudad m�rtir. Fue una de sus cr�nicas, sobre el mal estado de las incubadoras de Sarajevo, la que motiv� una formidable campa�a de solidaridad en Espa�a para salvar a esos ni�os que nac�an en medio de la muerte. Pasaban los meses y cuando ya todos los periodistas que hab�an llegado con �l hab�an salido heridos, muertos o relevados, la direcci�n del diario lo obligaba a tomarse unas breves vacaciones. Julio volv�a a Madrid, pero andaba por la redacci�n como un le�n enjaulado, pensando en volver. Y es que escond�a un secreto: �l manten�a a un peque�o grupo de ni�os abandonados en Sarajevo trapicheando con las raciones humanitarias que los estraperlistas vend�an a precio de oro a los periodistas extranjeros. No s� si los ni�os de Sarajevo saben todo lo que Julio Fuentes hizo por ellos. Volvi� a desaparecer en Liberia y en Chechenia. Se embarraba en las trincheras buscando testimonios de soldados, de civiles, de v�ctimas. Ten�a que ir siempre hasta el frente, olfatear la p�lvora y oir los estampidos. De tanto acercarse, en la famosa batalla de Basora, en la guerra de Ir�n e Irak, perdi� parte de la capacidad auditiva de un o�do. Dec�a que los hombres que hab�an visto muchas guerras �se volv�an seres transparentes�. El lo era. Por eso aparec�a y desaparec�a cuando quer�a. Pasaba ol�mpicamente de lo pol�ticamente correcto y siempre tomaba partido por los d�biles, por los que sufr�an, pero sin perder de vista las razones de su debilidad o de su sufrimiento. Al cabo de los a�os, su faceta de escritor se hizo m�s relevante y produjo tres novelas: Sarajevo, juicio final; Resistencia Humana y Rebeli�n. En ellas puede apreciarse su visi�n apocal�ptica del futuro y una opini�n de los hombres muy al estilo de Herman Hesse: crueles y tiernos a la vez. El lunes, Julio Fuentes volvi� a desaparecer, esta vez en Afganist�n, en la �ltima guerra que libramos los hombres. Aseguran que unos guerreros desalmados, a los que �l conoc�a tan bien, lo asesinaron en la cuneta de una carretera en Puli-es-the-Kam junto a tres compa�eros periodistas. S�lo las balas han impedido que no trajera otra gran historia que nos permitiera saber m�s de lo que pasa all�. Pero guardo la esperanza de que cada vez que veamos el sufrimiento que provocan las guerras, cada vez que un ni�o llore abandonado en una incubadora o que veamos c�mo un francotirador mata a una mujer a la salida del mercado, sintamos la llamada inaudible de Julio Fuentes record�ndonos que eso no debe ocurrir, pero sucede. Madrid, 20 de noviembre de 2001 |
| El hombre transparente |